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30/11/2007

Fidalgo culpa a Moncloa de las cosas que pasan en CCOO

José María Fidalgo no está dispuesto a ofrecer explicaciones a la militancia de Comisiones Obreras sobre las actividades de algunos dirigentes del sindicato de su máxima confianza. Y para justificar su comportamiento, ha decidido recurrir a una vieja estrategia: presentarse como víctima de una campaña. Eso fue lo que hizo en el Consejo Confederal de CCOO, el máximo órgano entre congresos, que se reunió el pasado martes: “Esta campaña no es un ataque contra María Jesús Paredes, es un ataque contra la independencia del sindicato. Y viene de La Moncloa”, sostuvo Fidalgo, según explicaron a Público varios asistentes a la reunión.

María Jesús Paredes es secretaria general de Comfia, la federación de servicios financieros y administrativos de CCOO, y una de las pérsonas más próximas a Fidalgo. Y la “campaña” de la que habla el secretario general de Comisiones está basada en documentos públicos y oficiales de media docena de registros mercantiles y de la propiedad. Unos documentos que demuestran tres cosas: que María Jesús Paredes y su pareja, el también dirigente sindical Francisco Baquero, han acumulado un patrimonio inmobiliario valorado en más de dos millones de euros; que ambos han compatibilizado sus cargos sindicales con actividades empresariales y que el administrador único de los negocios de Paredes y Baquero ha montado un grupo empresarial cuyo principal cliente es la propia CCOO.

El Consejo Confederal se inició con la lectura de un informe de Fidalgo, en el que no mencionó el caso, pero anunció que el turno de intervenciones lo cerraría María Jesús Paredes, que ha anunciado su intención de dejar su cargo en Comfia el 19 de diciembre.

Pese al silencio inicial de Fidalgo, varios dirigentes hablaron del caso Paredes durante sus intervenciones. Y eran miembros tanto de la mayoría que apoya a Fidalgo, como de la minoría del sector crítico. Al primer grupo pertenecen por ejemplo Joan Coscubiela y Joan Sifre, secretarios generales de CCOO en Catalunya y País Valenciano, respectivamente.

De acuerdo con las fuentes consultadas por este diario, ambos coincidieron en reclamar un debate sereno que permita llegar a una especie de código de conducta de los dirigentes, de forma que se delimiten las fronteras entre las actividades privadas y las sindicales. Público intentó hablar ayer con Coscubiela y Sifre, pero sus portavoces se negaron a comentar las “intervenciones realizadas en un órgano interno”.

Un planteamiento similar mantuvieron Salce Elvira y Cecilio Silveira, ambos del sector crítico. Elvira pidió que el asunto se debata “en profundidad”, pero advirtió de que el procedimiento adecuado no era el planteado por Fidalgo: un turno de intervenciones en el que de antemano se fija que será la propia Paredes quien cierre el debate. Cecilio Silveira aseguró que había que tener la “valentía” de afrontar el tema “y no mirar para otro lado”, porque esta última actitud tiene un alto coste para la imagen de CCOO.

Todas estas voces no tuvieron eco en Fidalgo y sus fieles. El secretario de Comunicación, Fernando Lezcano, insistió en la idea de que las informaciones periodísticas eran “un ataque al sindicato” y consideró que la estrategia adecuada era no entrar al trapo, no sacar ni una nota de prensa para evitar así que el asunto crezca mediáticamente.

María Jesús Paredes repitió los mismos argumentos utilizados la semana pasada en cuatro entrevistas concedidas a El Mundo, El Periódico, Expansión y Cinco Días: su patrimonio es producto del ahorro de varias décadas y de la buena gestión de sus inversiones.

El Consejo Confederal terminó con las palabras de Fidalgo, en las que defendió sin fisuras a Paredes y acusó a Moncloa de montar una campaña para atacar la independencia del sindicato. Fidalgo y Zapatero mantienen unas frías relaciones, que contrastan con la buena sintonía que el secretario general de CCOO mantiene con el PP.

El informe de Fidalgo fue aprobado por una amplísima mayoría: 114 votos a favor, 13 abstenciones y 13 votos en contra.
30/11/2007 07:11 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

Tuve que salir corriendo porque temí ser agredido

JOSÉ MARÍA GARRIDO

Nunca pude imaginar que cubrir un acto de Nuevas Generaciones podría acabar por convertirse en una aventura tan peligrosa de la que tuviera que salir corriendo y terminar pidiendo a gritos un taxi por las calles de Madrid.

Nada más empezar la conferencia que convocaban los jóvenes del PP en apoyo a Pio Moa, el Secretario General de Nuevas Generaciones del Partido Popular, del distrito del madrileño barrio de Salamanca, Ángel Carromero, decidió arremeter contra El Plural, el periódico digital para el que trabajo. “¡Mal empezamos!”, pensé. Carromero se quejaba que desde este periódico hubiéramos calificado como “radicales” a los jóvenes del PP por organizar un acto de tales características.

Sin embargo, poco después parecía que todo volvía a su calma. Pio Moa legitimaba el franquismo, Fernando García de Cortázar realizaba, como siempre acostumbra, un discurso más que conservador, y la periodista Isabel San Sebastián se mostraba una vez más implacable con el Ejecutivo de Zapatero. Lo dicho, tal y como esperaba.

Sorprendentemente, alrededor de las 9 de la noche, todos los conferenciantes habían finalizado su intervención. Fue entonces cuando se abrió un turno de palabra de tan sólo dos preguntas porque el señor Moa aseguró tener mucha prisa. Como soy periodista, y me pagan por preguntar, decidí levantar la mano y formular una pregunta muy simple y de fácil respuesta para cualquier demócrata convencido: ¿Condena Nuevas Generaciones así como el resto de personas que intervienen en esta conferencia el franquismo? “De aquí no salgo vivo”, me lamenté poco después de formular esta cuestión.

En realidad, los primeros insultos que recibí fue cuando antes de formular la pregunta me identifiqué como un periodista de elplural.com. Desde ese momento, y hasta que tuve que abandonar corriendo el salón de actos donde se celebraba esta conferencia debieron de transcurrir no más de 5 minutos, pero sinceramente, este breve período de tiempo se acabó convirtiendo para mí en toda una eternidad.

La gente me insultaba, me gritaba; las señoras que estaban sentadas a mi lado se levantaron de sus asientos exclamando: ¡Qué asco!, ¡Qué asco! Fue entonces cuando pensé: “¡Sal corriendo!”. Pero entonces me di cuenta de que el remedio podría ser peor que la solución.

La situación empeoró cuando Pio Moa afirmó que no condenaba el régimen de Franco. El historiador filofascista recibió una enorme ovación de todos los allí presentes. Mientras tanto, los insultos hacia mi persona y El Plural aumentaban. ¿Pero donde estoy, en un acto organizado por el PP/ Nuevas Generaciones, o por Ynestrillas o Democracia Nacional?, pensé. Tal fue el enfado de Moa por mi pregunta que el historiador decidió abandonar el acto sin despedirse de sus seguidores.

Hace menos de una semana tuve que entrevistar a 10 de los más importantes líderes de la extrema derecha de este país. Les puedo asegurar, que entonces pasé menos miedo. “¡Vienes a provocar!”, me a acusaban los que ya me esperaban impacientes en la salida. “Sólo estoy trabajando”, fue lo único que acerté a decir.

Afortunadamente, en ese momento intervino la periodista Isabel San Sebastián. Estoy seguro que si no llega a ser por ella el acto podría haber acabado mucho peor. La periodista conservadora, aparte de condenar el franquismo, pidió a los asistentes respeto para su “compañero”. Sebastián rogó que me respetaran, que me dejaran trabajar, supongo que porque ella también ha padecido los insultos y descalificaciones de nacionalistas radicales.

El gesto que tuvo Isabel San Sebastián es algo que no podré olvidar fácilmente. Fue entonces cuando pensé: “Esta es tu ocasión para salir corriendo de aquí”. Y así hice. Huí, intentando que ninguna de las personas que me insultaba decidiera pasar a mayores.

El único taxi que encontré cercano al lugar donde se celebraba el acto –residencia universitaria Tagaste, situada en la calle General Pardiñas 34-, estaba ocupado por el historiado Pio Moa, quien como he comentado, también acababa de abandonar el acto.

“¡A correr!” me dije entonces. Y corrí como no recuerdo haberlo hecho en mucho tiempo. Llamé a la redacción y desde allí me tranquilizaron. Como no encontraba un taxi, y aunque todavía temía que algún energúmeno me pudiera reconocer, decidí volver al trabajo en Metro.

Fue entonces, en el Metro de Madrid, cuando me di cuenta de lo que acababa de vivir. Afiliados y simpatizantes del Partido Popular y de Nuevas Generaciones, aplaudian y ovacionaban a un historiador que no condena una dictadura que provocó, durante tanto tiempo, tanto dolor en nuestro país. ¿De verdad creen que en otros países normales de Europa, en Alemania, o en Italia, un partido democrático que aspira a gobernar podría defender a Hitler o Mussolini? No, esto sólo pasa en España.

Esta es la triste realidad. Este es el ¿centro derecha? que tenemos en España. Sí en plena precampaña electoral son capaces de mostrar tal desprecio y rencor hacía el otro, hacía el contrarío, no quiero ni imaginarme que pueden ser capaces de hacer si el Partido Popular gana las próximas elecciones generales.


30/11/2007 07:04 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: POLITICO. No hay comentarios. Comentar.

29/11/2007

Caldera analiza la reforma de la Seguridad Social

La Ley de Medidas en Materia de Seguridad Social, que hoy aprobará el Congreso de los Diputados, contiene una reforma global del sistema que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, según afirma el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, que analiza los principios básicos de la nueva norma

No es exagerado afirmar que una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX es la creación y consolidación de sistemas públicos de Seguridad Social. Ya entrado el siglo XXI, la sociedad española es consciente de la necesidad de preservar este patrimonio como mejor garantía del progreso y la cohesión social. Tal es precisamente el motivo de la aprobación de la Ley de Medidas de Seguridad Social.

Esta ley contiene una reforma global del sistema de Seguridad Social que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, incrementando la capacidad de encarar el futuro con tranquilidad. La reforma se asienta en tres principios fundamentales: consenso, responsabilidad y solidaridad.

l Al igual que el resto de medidas de política social adoptadas por el Gobierno de España a lo largo de la legislatura, ésta es una reforma fruto del consenso. Los objetivos perseguidos por la ley son compartidos por agentes sociales y partidos políticos. De un lado, el germen de la nueva norma es un acuerdo suscrito por el Gobierno con sindicatos y patronal en julio de 2006, como resultado del proceso de diálogo social. Y, de otro, la reforma ha recibido un fuerte respaldo en su tramitación parlamentaria, algo que no debe extrañar al tratarse de medidas que siguen las recomendaciones del Pacto de Toledo.

Que la reforma haya sido consensuada supone algo tan importante como que todos (partidos políticos y agentes sociales, y por extensión los ciudadanos) podamos sentirnos partícipes de ella; éste es el modelo de Seguridad Social que quiere la sociedad española.

El segundo principio que inspira la reforma es el de responsabilidad. Todas las medidas son fieles a un objetivo: garantizar la sostenibilidad futura de la Seguridad Social. En verdad, la salud financiera del sistema es hoy excelente, como acreditan el superávit de los últimos años y los 52.000 millones de euros que en 2008 alcanzará el Fondo de Reserva. Pero todos debemos ser conscientes de que estos datos no nos hacen inmunes a los desafíos futuros, algunos tan previsibles como el envejecimiento de la población.

Por ello, una parte de las medidas pretende corregir las disfunciones que actualmente afectan al sistema, así como adaptar la protección a la nueva realidad social. Así sucede con la modificación del régimen de la jubilación parcial, con la mejora de la coordinación entre entidades gestoras y los servicios de salud en la gestión de la incapacidad temporal, con la nueva fórmula de cálculo del complemento de gran invalidez o con la redistribución de la pensión de viudedad en el supuesto de concurrencia de beneficiarios.

Lo importante es que estos ajustes, marcados por un sentido de responsabilidad, permiten reforzar la buena salud de la Seguridad Social, algo que repercute positivamente en la capacidad de anticipación para evitar dificultades futuras.

l Por último, la reforma está presidida, sobre todo, por el principio de solidaridad. Siempre de forma responsable y equilibrada, la nueva ley mejora los derechos de protección social de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Así, entre las medidas más destacadas, el aumento de los incentivos para trabajar más allá de los 65 años, como la subida de la pensión en un 15% por la jubilación a los 70 años; un incremento de hasta 63 euros de la pensión de quienes se jubilaron anticipadamente antes de 2002; la extensión de la pensión de viudedad a las parejas de hecho y la creación de una prestación temporal sustitutiva para supuestos hasta ahora no protegidos; una subida de la base de cotización de los parados mayores de 52 años; la posibilidad de disfrute íntegro de la prestación por desempleo tras la incapacidad temporal, o la reducción del periodo mínimo de cotización para acceder a la pensión de incapacidad permanente en el caso de los menores de 31 años.

Un Gobierno responsable trata de estimular el compromiso, el orgullo y la identificación de los ciudadanos con sus instituciones; de este modo se fortalece la democracia. La defensa del sistema público de Seguridad Social como pilar esencial de nuestro Estado social avanza en esa dirección y nos convierte en una sociedad más cohesionada y justa, de ahí la importancia de la nueva ley.

Jesús Caldera

 

Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

29/11/2007 21:25 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

Caldera analiza la reforma de la Seguridad Social

La Ley de Medidas en Materia de Seguridad Social, que hoy aprobará el Congreso de los Diputados, contiene una reforma global del sistema que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, según afirma el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, que analiza los principios básicos de la nueva norma

No es exagerado afirmar que una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX es la creación y consolidación de sistemas públicos de Seguridad Social. Ya entrado el siglo XXI, la sociedad española es consciente de la necesidad de preservar este patrimonio como mejor garantía del progreso y la cohesión social. Tal es precisamente el motivo de la aprobación de la Ley de Medidas de Seguridad Social.

Esta ley contiene una reforma global del sistema de Seguridad Social que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, incrementando la capacidad de encarar el futuro con tranquilidad. La reforma se asienta en tres principios fundamentales: consenso, responsabilidad y solidaridad.

l Al igual que el resto de medidas de política social adoptadas por el Gobierno de España a lo largo de la legislatura, ésta es una reforma fruto del consenso. Los objetivos perseguidos por la ley son compartidos por agentes sociales y partidos políticos. De un lado, el germen de la nueva norma es un acuerdo suscrito por el Gobierno con sindicatos y patronal en julio de 2006, como resultado del proceso de diálogo social. Y, de otro, la reforma ha recibido un fuerte respaldo en su tramitación parlamentaria, algo que no debe extrañar al tratarse de medidas que siguen las recomendaciones del Pacto de Toledo.

Que la reforma haya sido consensuada supone algo tan importante como que todos (partidos políticos y agentes sociales, y por extensión los ciudadanos) podamos sentirnos partícipes de ella; éste es el modelo de Seguridad Social que quiere la sociedad española.

El segundo principio que inspira la reforma es el de responsabilidad. Todas las medidas son fieles a un objetivo: garantizar la sostenibilidad futura de la Seguridad Social. En verdad, la salud financiera del sistema es hoy excelente, como acreditan el superávit de los últimos años y los 52.000 millones de euros que en 2008 alcanzará el Fondo de Reserva. Pero todos debemos ser conscientes de que estos datos no nos hacen inmunes a los desafíos futuros, algunos tan previsibles como el envejecimiento de la población.

Por ello, una parte de las medidas pretende corregir las disfunciones que actualmente afectan al sistema, así como adaptar la protección a la nueva realidad social. Así sucede con la modificación del régimen de la jubilación parcial, con la mejora de la coordinación entre entidades gestoras y los servicios de salud en la gestión de la incapacidad temporal, con la nueva fórmula de cálculo del complemento de gran invalidez o con la redistribución de la pensión de viudedad en el supuesto de concurrencia de beneficiarios.

Lo importante es que estos ajustes, marcados por un sentido de responsabilidad, permiten reforzar la buena salud de la Seguridad Social, algo que repercute positivamente en la capacidad de anticipación para evitar dificultades futuras.

l Por último, la reforma está presidida, sobre todo, por el principio de solidaridad. Siempre de forma responsable y equilibrada, la nueva ley mejora los derechos de protección social de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Así, entre las medidas más destacadas, el aumento de los incentivos para trabajar más allá de los 65 años, como la subida de la pensión en un 15% por la jubilación a los 70 años; un incremento de hasta 63 euros de la pensión de quienes se jubilaron anticipadamente antes de 2002; la extensión de la pensión de viudedad a las parejas de hecho y la creación de una prestación temporal sustitutiva para supuestos hasta ahora no protegidos; una subida de la base de cotización de los parados mayores de 52 años; la posibilidad de disfrute íntegro de la prestación por desempleo tras la incapacidad temporal, o la reducción del periodo mínimo de cotización para acceder a la pensión de incapacidad permanente en el caso de los menores de 31 años.

Un Gobierno responsable trata de estimular el compromiso, el orgullo y la identificación de los ciudadanos con sus instituciones; de este modo se fortalece la democracia. La defensa del sistema público de Seguridad Social como pilar esencial de nuestro Estado social avanza en esa dirección y nos convierte en una sociedad más cohesionada y justa, de ahí la importancia de la nueva ley.

Jesús Caldera

 

Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

29/11/2007 21:25 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

Caldera analiza la reforma de la Seguridad Social

La Ley de Medidas en Materia de Seguridad Social, que hoy aprobará el Congreso de los Diputados, contiene una reforma global del sistema que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, según afirma el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, que analiza los principios básicos de la nueva norma

No es exagerado afirmar que una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX es la creación y consolidación de sistemas públicos de Seguridad Social. Ya entrado el siglo XXI, la sociedad española es consciente de la necesidad de preservar este patrimonio como mejor garantía del progreso y la cohesión social. Tal es precisamente el motivo de la aprobación de la Ley de Medidas de Seguridad Social.

Esta ley contiene una reforma global del sistema de Seguridad Social que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, incrementando la capacidad de encarar el futuro con tranquilidad. La reforma se asienta en tres principios fundamentales: consenso, responsabilidad y solidaridad.

l Al igual que el resto de medidas de política social adoptadas por el Gobierno de España a lo largo de la legislatura, ésta es una reforma fruto del consenso. Los objetivos perseguidos por la ley son compartidos por agentes sociales y partidos políticos. De un lado, el germen de la nueva norma es un acuerdo suscrito por el Gobierno con sindicatos y patronal en julio de 2006, como resultado del proceso de diálogo social. Y, de otro, la reforma ha recibido un fuerte respaldo en su tramitación parlamentaria, algo que no debe extrañar al tratarse de medidas que siguen las recomendaciones del Pacto de Toledo.

Que la reforma haya sido consensuada supone algo tan importante como que todos (partidos políticos y agentes sociales, y por extensión los ciudadanos) podamos sentirnos partícipes de ella; éste es el modelo de Seguridad Social que quiere la sociedad española.

El segundo principio que inspira la reforma es el de responsabilidad. Todas las medidas son fieles a un objetivo: garantizar la sostenibilidad futura de la Seguridad Social. En verdad, la salud financiera del sistema es hoy excelente, como acreditan el superávit de los últimos años y los 52.000 millones de euros que en 2008 alcanzará el Fondo de Reserva. Pero todos debemos ser conscientes de que estos datos no nos hacen inmunes a los desafíos futuros, algunos tan previsibles como el envejecimiento de la población.

Por ello, una parte de las medidas pretende corregir las disfunciones que actualmente afectan al sistema, así como adaptar la protección a la nueva realidad social. Así sucede con la modificación del régimen de la jubilación parcial, con la mejora de la coordinación entre entidades gestoras y los servicios de salud en la gestión de la incapacidad temporal, con la nueva fórmula de cálculo del complemento de gran invalidez o con la redistribución de la pensión de viudedad en el supuesto de concurrencia de beneficiarios.

Lo importante es que estos ajustes, marcados por un sentido de responsabilidad, permiten reforzar la buena salud de la Seguridad Social, algo que repercute positivamente en la capacidad de anticipación para evitar dificultades futuras.

l Por último, la reforma está presidida, sobre todo, por el principio de solidaridad. Siempre de forma responsable y equilibrada, la nueva ley mejora los derechos de protección social de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Así, entre las medidas más destacadas, el aumento de los incentivos para trabajar más allá de los 65 años, como la subida de la pensión en un 15% por la jubilación a los 70 años; un incremento de hasta 63 euros de la pensión de quienes se jubilaron anticipadamente antes de 2002; la extensión de la pensión de viudedad a las parejas de hecho y la creación de una prestación temporal sustitutiva para supuestos hasta ahora no protegidos; una subida de la base de cotización de los parados mayores de 52 años; la posibilidad de disfrute íntegro de la prestación por desempleo tras la incapacidad temporal, o la reducción del periodo mínimo de cotización para acceder a la pensión de incapacidad permanente en el caso de los menores de 31 años.

Un Gobierno responsable trata de estimular el compromiso, el orgullo y la identificación de los ciudadanos con sus instituciones; de este modo se fortalece la democracia. La defensa del sistema público de Seguridad Social como pilar esencial de nuestro Estado social avanza en esa dirección y nos convierte en una sociedad más cohesionada y justa, de ahí la importancia de la nueva ley.

Jesús Caldera

 

Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

29/11/2007 21:25 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

21/11/2007

El abrazo de la lectura (Fernando Fernán Gomez)

El libro se abre ante nosotros como se abre de piernas la amante entregada y posesiva. Como abren los brazos para acogernos el amigo y el familiar.En mi prehistoria se abrieron para mí los brazos diminutos, débiles y sucios de los primeros cuentos de calleja. Ya entre ellos se observaban diferencias sociales. Los más baratos cabían en la palma de la mano, su letra era casi ilegible y tenían las mejillas manchadas de tiznones como de carbón o de tinta de escribir palotes, curvas y garrotes. No parecían pensados para que los leyeran los niños, sino las abuelitas, desojándose, al borde de la cuna. En cambio, los más caros, en octavo, se leían con facilidad y tenían letras de oro en la portada.

Vinieron después los libros de aventuras. Cuando aún no se ha llegado a la adolescencia, cuando aún no nos han amaestrado y no nos han inyectado en el cerebro la suficiente cantidad de resignación, nos asombra dolorosamente la monotonía de la existencia. ¿Cómo es posible -se pregunta el niño-, haber pasado ocho años padeciendo esta sórdida repitición cotidiana?. Los libros de aventuras, con su mentira piadosa, le abren las puertas de la esperanza.

Los libros escondidos. Los libros secretos. Hay que tenerlos debajo de los libros de texto. Leerlos cuando no nos ven nuestros mayores o los profesores, en el colegio. Son libros de aventuras, novelas folletinescas, policiacas. Y muy pocos anos después -no años, meses-, novelas pornográficas. Qué inefable placer me proporcionan esas lecturas. Aldous Huxley dijo: "una orgía real nunca excita tanto como un libro pornográfico". Y con esto no intento sugerir a nadie que abandone las orgías.

Pero también el libro tiene enemigos entre los de su propia especie. En mi caso personal, fueron los libros de texto del bachillerato. Qué repulsión, qué aversión me inspiraron. Odio al libro, odio a la lectura, odio al conocimiento. Por fortuna, había en Madrid muchísimos puestecillos callejeros en los que vendían a mitad de precio noveluchas de segunda mano, o de tercera o cuarta, sobadas y requetesobadas, noveluchas de aventuras, policiacas y también verdes. Aquellos puestecillos hicieron que se conservara vivo mi amor al libro, que los catedráticos escritores habrían conseguido asesinar. En la guerra de libros -como no puede ocurrir en las guerras de verdad-, ganaron los pobres.

Aparecieron después los que algunos consideran enemigos del libro: el cine, la radio, la televisión... son, es cierto, otros medios de difusión de la poesía, y también de la música y de las artes plásticas. Pero, aunque enemigos en cierto aspecto, es dificil que derroten al libro, ni creo que pongan en ello interés, El libro les lleva la ventaja de la corporeidad, de la cercanía. El libro lo tengo, lo poseo, puedo incluso darle achares, no mirarlo, no leerlo y, sin embargo, conservarlo. No es efímero. Puedo también tenerlo en las manos, acariciarle el lomo como a un perro amigo, hojearlo, sobarlo, puedo besar algunos de sus renglones si me han conmovido. Tanto si es un libro lujoso, encuadernado en suave piel, como si es un libro popular, de los que se doblan y se pliegan sumisos para ser leidos en la cama, con los que uno puede acostarse sin muchas dificultades ( ... )

Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Sí sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho.

21/11/2007 22:15 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: YO. No hay comentarios. Comentar.

14/11/2007

El fabuloso patrimonio de una jefa de Comisiones Obreras

Trabajar como sindicalista y amasar un importante patrimonio inmobiliario no son circunstancias incompatibles. Así lo demuestra al menos la trayectoria de María Jesús Paredes, máxima responsable de Banca de Comisiones Obreras y una de las personas de absoluta confianza del líder del sindicato, José María Fidalgo.

De acuerdo con los datos de diversos registros de la propiedad, a los que ha tenido acceso Público, Paredes y su pareja son dueños de un chalé en una urbanización de lujo de Madrid, una vivienda en uno de los barrios más caros de la capital, un piso en la sierra madrileña, una vivienda unifamiliar adosada en Manilva (Málaga) y dos apartamentos en Denia (Alicante). El valor de mercado de estos bienes supera actualmente los dos millones de euros.

Liberados sindicales

María Jesús Paredes es secretaria general de Comfia, la federación de servicios financieros y administrativos de CCOO. Ocupa este cargo desde el año 1987. Su pareja, Francisco Baquero, también es miembro de la Ejecutiva de Comfia. Ambos son empleados del BSCH, aunque llevan décadas trabajando como liberados sindicales. Es decir, su sueldo lo paga el banco y ellos trabajan en Comisiones.

De acuerdo con información interna del BSCH, Paredes y Baquero tienen categoría de administrativos de nivel 8 y una antigüedad superior a los 30 años. Según el convenio colectivo del banco, un empleado en dicha situación debería cobrar de sueldo alrededor de 35.000 euros brutos al año.

Fuentes de Comisiones Obreras explicaron a este diario que el sindicato también paga una dieta mensual a algunos de sus cargos ejecutivos, que como media se sitúa en los 600 euros. Como secretaria general de Comfia, Paredes debería cobrar dicha cantidad.

Inversores inmobiliarios

La mayor parte de las compras de la pareja se produjeron en un periodo reducido de tiempo: entre el 16 de diciembre de 1999 y el 28 de julio de 2005. En esos cinco años y medio, Baquero y Noriega adquirieron la vivienda de Manilva, un piso en el centro de Madrid, otro en la sierra madrileña y los dos apartamentos en Denia. Además, en diciembre de 2004, suscribieron una hipoteca garantizada con el chalé  que tienen en una lujosa urbanización de Pozuelo de alarcón (Madrid).

Como resultado de todas estas operaciones, en el verano de 2005, Paredes y Baquero tenían vivos tres préstamos hipotecarios por un importe que superaba los 600.000 euros. Según los datos de los registros de propiedad, las tres hipotecas siguen vigentes en la actualidad.
Este diario intentó, sin éxito, conocer la versión de la pareja sobre el origen de su Patrimonio. 

María Jesús Paredes anunció el pasado lunes su intención de dimitir como secretaria general de Comfia a finales del próximo mes de diciembre, un año antes de que finalice su mandato.

Más de 600.000 euros en hipotecas


Entre abril de 2002 y julio de 2005, la pareja formada por María Jesús Paredes y Francisco Baquero suscribió tres hipotecas inmobiliarias, por un importe total de 618.333 euros. Una capacidad de endeudamiento ciertamente llamativa tratándose de dos sindicalistas liberados, cuya categoría laboral es de administrativos de banca.

El hecho de que ambos sean empleados del sector bancario les permitió suscribir las hipotecas con mejores condiciones que las del mercado, como se admite en la escritura de uno de los préstamos.

Pese a ello, en 2005, las cuotas mensuales que debía afrontar la pareja por las tres hipotecas superaba los 3.000 euros. Una cantidad similar debería pagar en la actualidad, salvo que haya amortizado capital.

¿Cómo es posible dedicar 3.000 euros mensuales sólo al pago de hipotecas? Paredes no ha querido responder a esta pregunta planteada por ‘Público’.

Un precio de compra muy sospechoso

Una de las adquisiciones inmobiliarias de María Jesús Paredes y Francisco Baquero tendría que haber llamado la atención de la Agencia Tributaria. El motivo es que declararon un precio de compra de un piso en Madrid que estaba muy por debajo del valor de mercado. De esta forma, la pareja redujo la cantidad que debía abonar a Hacienda en concepto de Impuesto de Transmisiones Patrimoniales.

La vivienda, situada en la Plaza del Conde del Valle de Suchil, tiene una superficie total de 133 metros (incluyendo 11 de terrazas) y fue adquirida por 192.323 euros. Ello supone un valor oficial inferior a 1.500 euros por metro cuadrado, una cantidad ridícula para dicha zona en la fecha de compra del inmueble (abril de 2002).

Así lo confirma la tasación del piso realizada para solicitar una hipoteca al BSCH, que valoró la finca en 319.600 euros. Por tanto, el desfase entre el precio declarado y el precio de tasación fue de 127.277 euros.

14/11/2007 23:14 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

13/11/2007

El poder decisorio de la 'izquierda volátil'

Los votantes centristas no son los fundamentales para lograr el triunfo electoral en España, sino aquellos que oscilan entre el PSOE, IU o la abstención. El PP puede ganar, pero lo tiene 'a priori' cuesta arriba.

La creencia de que las elecciones generales en España son decididas por los votantes centristas es incorrecta. La evidencia empírica muestra que estos votantes, definidos como aquéllos cuyo voto oscila entre el PSOE y el PP, tienen escasa relevancia. Los votos decisivos son los de la izquierda volátil, aquellos que oscilan entre el PSOE, IU y la abstención. Esto equivale a decir -y sé que la equivalencia no es obvia- que en las elecciones generales el PP siempre juega en campo contrario: las puede ganar, pero lo tiene a priori cuesta arriba. En este artículo me propongo mostrar que estas afirmaciones y equivalencias están respaldadas por los datos electorales y, también, extraer algunas consecuencias que me parecen interesantes.

En primer lugar, analizaré los resultados de las elecciones generales desde 1982 con el objetivo de cuantificar el voto centrista y el de la izquierda volátil. En segundo lugar, y aunque este artículo trate de elecciones generales, recogeré algunas enseñanzas de las elecciones locales del 27 de mayo pasado. En tercer lugar, me detendré en la relación que existe entre el voto al PSOE, por una parte, y la abstención y el voto a IU por la otra. En cuarto lugar, discutiré hasta qué punto un incremento notable de la abstención en Cataluña puede hacer perder al PSOE las elecciones de 2008. Por último, haré observaciones sobre las estrategias de los dos grandes partidos estatales.

Con una única excepción: en el último cuarto de siglo, España ha votado mayoritariamente izquierda. Desde 1982 ha habido siete elecciones generales. En seis de ellas la izquierda (PSOE, IU y sus antecesores) obtuvo entre un mínimo de 2,3 y un máximo de 3,5 millones de votos más que la derecha (PP, aliados regionales y sus antecesores). Sólo en las elecciones de 2000, que tuvieron la tasa de participación más baja de la actual etapa democrática (69%), la derecha superó en votos a la izquierda: la diferencia fue de 1 millón de votos. En 2000 la izquierda perdió 2,7 millones de votos respecto a 1996, de los cuales 2 millones fueron a incrementar la abstención. Esos 2,7 millones de votos los volvió a ganar en 2004. La derecha ganó 0,6 millones de votos, alcanzando su máximo histórico de 10,3 millones, pero los volvió a perder en 2004. Me parece razonable utilizar estas cifras para cuantificar los colectivos que antes he denominado votantes centristas e izquierda volátil. Los primeros pueden estimarse en 0,6 millones, que son los votos que ganó la derecha en 2000 tras una etapa de gobierno en minoría del PP en la que hizo gala de moderación y de buena administración. Esta cifra coincide con los votos perdidos en 2004 tras una etapa de mayoría absoluta en la que la arrogancia sustituyó a la moderación y en la que se tomaron decisiones, como la guerra de Irak, alejadas del sentir de muchos ciudadanos. Cabe señalar que esos 0,6 millones de votos no decidieron las elecciones de 2000: el PP hubiese seguido gobernando aunque no los hubiese obtenido. Lo decisivo fue el desplome de la izquierda por la huida del voto volátil. Esta izquierda volátil puede estimarse en unos 2 millones de electores: los que votaron a la izquierda en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votarla en 2004.

Las elecciones locales de mayo de 2007 ilustran bien que el voto de la izquierda volátil es decisivo en España no sólo en las elecciones generales, sino también en elecciones de otro tipo. En el conjunto de España, y relativo a las elecciones locales de 2003, el PSOE perdió 240.000 votos, pero el PP sólo ganó 38.000. La aplastante victoria del PP en el municipio de Madrid resultó de una pérdida de 139.000 votos para el PSOE y de una ganancia de tan sólo 709 (sí, setecientos nueve) para el PP. La izquierda volátil volvió a decidir, esta vez a nivel local. No hay trazos de un trasvase significativo de votos del PSOE al PP. Además, el carácter decisorio del voto de la izquierda volátil no es un rasgo exclusivo de la actual etapa democrática. En las elecciones de 1933, la izquierda volátil -entonces el anarquismo- se abstuvo. Y ganó la derecha. En 1936, los anarquistas fueron a las urnas y los votos se incrementaron en más de 1 millón. Ganó la izquierda. No tengo ni conozco ninguna explicación convincente de por qué en España la izquierda volátil tiene este carácter decisorio, que no ha menguado ni tan siquiera con la aparición de una numerosa clase media en la segunda mitad del siglo XX. Sea cual sea la explicación, en esto los españoles somos atípicos. En la mayoría de los países de nuestro entorno la alternancia en el poder la deciden los votantes de centro, que votan ora a la izquierda ora a la derecha. Aquí, por algún motivo, somos diferentes.

Paso ahora a desarrollar el tercer punto de mi argumentación. Si bien, según mis definiciones, derecha y PP son casi sinónimos, izquierda y PSOE no lo son. En 1996 la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,76 millones. En 2004 se repitieron las cifras: la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,72 millones. En el primer caso ganó las elecciones el PP y en el segundo el PSOE. La diferencia la marcó el resultado de IU, que obtuvo un 11% de los votos totales en 1996, su máximo histórico, tras la memorable pinza Aznar-Anguita, y solamente un 4% del total en 2004. Un análisis estadístico de los datos electorales utilizando modelos sencillos de regresión, que cualquiera puede replicar descargando los datos del Ministerio del Interior en una hoja de cálculo, ofrece los siguientes resultados:

1. Existe una relación estadística muy significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PSOE, por una parte, y el porcentaje de participación en las elecciones y el porcentaje de voto a IU, por la otra parte; un aumento de la participación electoral de un 1% causa un aumento del porcentaje de voto al PSOE del 0,6%, mientras que un aumento del porcentaje de voto a IU del 1% causa una disminución del porcentaje del voto al PSOE del 1%.

2. No existe ninguna relación estadística significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PP y el porcentaje de participación en las elecciones. En román paladino, estos resultados quieren decir lo siguiente: con una participación lo suficientemente alta y con un voto a IU lo suficientemente bajo, el PSOE siempre ganará unas elecciones generales, haga lo que haga el PP. Esta "ley de hierro" fundamenta las afirmaciones y la equivalencia enunciadas en el primer párrafo de este artículo.

Con los parámetros mencionados en el párrafo anterior se puede construir una tabla de doble entrada para estimar el porcentaje del voto total al PSOE en función de la participación electoral y del porcentaje de voto a IU. Esta tabla, que, insisto, todo el mundo puede construirse, muestra que es improbable que el PSOE gane las elecciones de 2008 si el voto a IU se mantiene en el 4% y la participación cae por debajo del 71% (en 2004 fue el 76%). Si el voto a IU subiese al 6%, el PSOE necesitaría una participación del 74% o superior para ganar. Si bien una participación superior al 71% parece probable, una participación del 74% (coincidente con la media histórica) parece más difícil de conseguir. Este mismo tipo de tabla puede utilizarse para evaluar los efectos que tendría un gran aumento de la abstención en Cataluña, como resultado de la sensación de desgobierno que podrían tener los votantes de esa comunidad. Si la participación catalana cayese hasta el 64%, el mínimo histórico alcanzado en 2000, el PSC podría perder 3 o 4 escaños y entonces el PSOE necesitaría una participación mínima del 73% en el resto de España para seguir gobernando, algo que me parece complicado pero no imposible. No pueden descartarse participaciones inferiores al 64% en Cataluña. En este caso, el PSOE lo tendría muy difícil para ganar en 2008.

Para concluir, quiero recalcar que la metodología agregada y "de arriba abajo" usada en este artículo ignora aspectos tan importantes del proceso electoral como la Ley d'Hondt o la incorporación al censo de nuevas cohortes. Sin embargo, considero que es la mejor para obtener una visión de conjunto de la problemática electoral, que muchas veces se pierde en el análisis desagregado por circunscripciones. La izquierda volátil es un conjunto heterogéneo con pocos denominadores comunes, todos ellos negativos. Es común su rechazo frontal al PP y a todo lo que representa la derecha. Es común también su desdén hacia el PSOE, al que votan tapándose la nariz cuando le votan. Por lo razonado hasta aquí, el objetivo principal de una campaña electoral, de cualquier campaña electoral, en España debe ser para el PP que no vayan a votar los que le detestan y para el PSOE que acudan a las urnas los que le desprecian. ¿Son consistentes sus estrategias electorales con estos principios?

César Molinas es socio fundador de la consultora Multa Paucis.

13/11/2007 21:58 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: POLITICO. No hay comentarios. Comentar.

09/11/2007

Matilde Fernández, portavoz del Grupo Socialista en la Asamblea de Madrid:

Veterana política socialista, ex ministra y diputada nacional a lo largo de varias legislaturas, tras la crisis del Partido Socialista de Madrid ha sido designada portavoz de su grupo en la Asamblea de la Comunidad madrileña por parte de la gestora que provisionalmente dirige esta federación (hasta el congreso extraordinario de finales del próximo mes de julio). Matilde Fernández analiza la situación interna del PSM y las posibles causas del triunfo de la derecha, al tiempo que se muestra crítica con la actitud del presidente del Gobierno por su participación directa en la designación de los candidatos socialistas en Madrid.


Qué está pasando en la federación madrileña del PSOE?
—El hecho es que los socialistas hemos perdido mucho espacio de responsabilidad en los municipios, y no
hemos cubierto la expectativa electoral que teníamos en la Asamblea. ¿Por qué? Hemos de ser rigurosos para analizar las responsabilidades internas del PSM, y los condicionantes externos, sin buscar culpables. Creo que habría que sentarse con sociólogos, con politólogos, con responsables de centros de investigación sociológica para recibir de ellos unas informaciones útiles para hacer ese análisis. Mi opinión individual –que estoy dispuesta a someter a toda crítica- es que creo que hay factores externos, de ámbito internacional: el socialismo democrático ha perdido cohesión en discurso, en este mundo globalizado; ha perdido cohesión en sus líderes, Blair no dice lo mismo que los escandinavos, la Internacional Socialista, el Partido Socialista Europeo hemos dejado de tener líderes internacionales para tener líderes muy nacionales, muy adaptados, con un componente pragmático, a su realidad.
Esto ha desorientado a hombres y mujeres de izquierdas. Segundo, ha habido temas de la agenda nacional que ha sabido utilizar en Madrid, de forma especial, la derecha, aunque no han podido usarlo igual en otras regiones –probablemente por no ser tan centro geográfico, mediático y político-; Madrid, a veces, desaparece para ser España. En Madrid la política nacional afecta mucho más intensamente que en otros lugares. La agenda de mi Gobierno socialista ha sido una agenda de seguir descentralizando, con los estatutos de autonomía, llevando el poder a las administraciones autonómicas –y, ojalá pronto a las locales- para acercar a los ciudadanos la gestión de lo que les afecta. La derecha ha querido usar estos estatutos para asustar con que se rompe España. Ese discurso ha calado más que el de que se descentraliza España, como toda Europa, para acercar a los ciudadanos la gestión de sus vidas cotidianas. También el intento de acabar con ETA y firmar la paz y la convivencia, tan importante, la derecha lo ha puesto en negativo y lo ha rentabilizado.

—Las encuestas establecen que son mayoría los madrileños que se definen políticamente de centro-izquierda, ¿Cómo puedellevar tanto gobernando la derecha y aumentando sus resultados?
—En nuestra región hemos tenido que cometer errores. Errores en cómo nos hemos organizado. Cuando la Ejecutiva me enviaba por la región, he visto a gente que estaba bastante sola, que los dirigentes de la vieja Ejecutiva no se movían lo que se tenían que mover para estar con la gente: Ha habido esa deficiencia organizativa. Creo que el discurso no hemos sabido comunicarlo bien. Una ciudadana me paró en el hospital de mi área y me dice, "Matilde, ¿por qué estáis en contra de los hospitales?". Yo le dije que no estamos en contra, sino que aún pedimos más. De lo que estamos en contra es de que se gestionen de forma privada. La derecha ha sabido llegar con un discurso simple. El nuestro en defensa del sector público no se lo hemos sabido hacer llegar a la ciudadanía o nos hemos preadelantado. La derecha ha convencido a la gente con el cortísimo plazo. Luego, tal vez, defendiendo lo público, nosotros abrimos un abanico de economía mixta, pero mayoría pública; empezamos a hablar de matices, de más inspectores para controlar al sector privado. Eso es muy largo, y la derecha dice: "Yo, quien me lo gestione más barato". Ese simplismo llega a una parte de los votantes mucho más fácilmente que lo nuestro, que tiene mucho más de pedagogía, de proyecto de sociedad, de unas políticas públicas que no sirvan sólo para quien tiene menos renta. El modelo socialdemócrata en Europa ha ido orientado a conseguir una sociedad más igualitaria y para universalizar políticas. También es posible que estuviéramos demasiado centrados en la rabia de haber ganado las autonómicas en 2003 y dos cabritos, si me permiten decirlo, se dejaron comprar por una UTE de intereses de la construcción (tremendo que los socialistas hayamos tenido gente como esa en nuestras listas).

—De todos modos, la FSM, ahora PSM, siempre ha sido un foco de conflictos internos.
—Madrid es un territorio complicado, que igual que a la hora de hablar de la información, casi todo se convierte en nacional, pues aquí existen unos líderes y unas voces nacionales que están en el mismo territorio, y casi haciendo el mismo trabajo que los dirigentes del PSM. Se solapan cosas, aquí militan altos cargos que provienen de otros lugares del país, hay muchas tensiones de las lógicas (o ilógicas) del poder. Lo que comparto es que si en Madrid se sigue funcionando un poco con las viejas reglas de grupos de familias, vamos mal. Y yo vengo del guerrismo, pero soy guerrista para hablar de ideas, no para decir "detrás de mí hay tantos y, por ello quiero tanta cuota de poder". Esas cosas hay que superarlas, pero no sólo en Madrid, también en Valencia, en Murcia y en muchos lugares.

—Pero, ¿cómo se sale de una situación en la que ha pesado tradicionalmente la presencia de tres familias (guerristas, renovadores e Izquierda Socialista) en la federación?
—Buscando un liderazgo que sea capaz -y eso lo hizo Rafael Simancas, que pacificó mucho el partido, sumó de todos- de unificar. Ahora necesitamos seguir con esa cultura, buscar unos líderes, un equipo que tenga el respeto de la organización (y no tanto el peso numérico) que llegue a superar esa realidad sumando lo mejor de todos.

—¿Es reconciliable lo que hay?
—Sí, sin lugar a dudas. De hecho, lo que hay que analizar son las cosas realizadas por este partido, y no sólo los últimos datos. En el fondo, esta dialéctica de las familias existe en todo el partido, en todas las regiones. En tal caso, esta es la parte negativa de aquello que apareció en un momento, el felipismo y el guerrismo, que tenía una base en el modelo de partido y las prioridades políticas, más socialdemócratas o más social-liberales, según cada opción. Pero dejó de ser eso para ser utilizado sólo en clave orgánica, en clave de poder. Que aparezcan todas las sensibilidades en nuestro partido y que haya unas prioridades políticas y que se discuta sobre eso, pero no que se utilice para hacer grupitos de poder, de negociación del poder en las estructuras del partido. Es el reto que tenemos los socialistas de toda España. Eso sólo se consigue con liderazgos carismáticos -y no sólo uno-.

—Ya mencionaba esa mezcla que se da en Madrid entre las estructuras del poder nacional del PSOE y los órganos regionales. A la hora de elegir cargos públicos madrileños influye mucho la decisión de los órganos nacionales, ¿no es así? Ahí está el ejemplo de Miguel Sebastián.
—Eso ha sentado mal a militantes. Y es verdad que, tal vez ahí, José Luis Rodríguez Zapatero ha pasado los límites de su liderazgo como secretario general. Él no ha ido a otras regiones, no ha ido a Sevilla o a Logroño a plantear su propuesta de alcalde. Tal vez no tendría que haberlo hecho en Madrid. Rafael Simancas fue cariñoso y respetuoso con el secretario general nacional, pero José Luis Rodríguez Zapatero se pasó -dicho con sonrisa, y entre comillas- un poquito, e incluso administró mal los tiempos. No se puede nombrar a Trinidad Jiménez para un cargo en Exteriores, produciendo un vacío, y a partir de ahí, decir que ese vacío lo va a rellenar él, y empezar a hablar de ex ministros, hasta llegar a Sebastián. Eso fue un desgaste. Ahora, responsable de los resultados de Madrid, pues es posible que el que menos haya sido el propio Sebastián, porque tuvo el coraje de decir que sí, y es muy difícil, a falta de dos o tres meses para unas elecciones, siendo una persona que era conocida por menos del 20 por ciento de la población, poder encabezar una lista. Los sociólogos analizan que para encabezar una lista nunca puedes colocar a una persona que sea conocida por menos del 65 por ciento de los electores.

—Hablando de liderazgos, ¿qué le parece el ofrecimiento del alcalde de Parla, Tomás Gómez, para ponerse al frente del PSM tras el congreso de julio?
—Me parece bien. Tomás es un dirigente joven, comprometido con el Partido Socialista que, de pronto da el salto a la responsabilidad de ser alcalde. Se ha convertido, además, en el alcalde más votado de toda España en los dos últimos procesos electorales (75, 53 y 74,43 por ciento de los votos). Y cuando tú vas a Parla, tiene una forma tan cercana de hacer política... Ha sido un joven socialista con éxito político institucional, querido por la gente. Yo quiero ser prudente y respetuosa con la organización, porque quiero esperar en los tiempos de este proceso electoral interno que se proponen. Hoy creo que estamos con una persona con muchísimas posibilidades de continuar con el liderazgo que inició Rafael Si-mancas, y que se ha visto truncado por esta hiperresponsabilidad ante este fracaso. Y digo hiperresponsabilidad, porque los compañeros de la Ejecutiva Federal han sido injustos; se han cebado en Madrid, y la Comunidad Valenciana tiene peores resultados, Murcia tiene peores resultados, o en Cantabria, que estamos gobernando y hemos pasado a ser la tercera fuerza política, donde el populismo de los regionalistas nos ha adelantado. Ha habido fallos en estos procesos electorales que tienen que analizar todas las estructuras del partido. Y sin flagelarnos, porque nos quedamos en este pensamiento crítico que tiene la izquierda, y no disfrutamos ni cinco minutos de que vamos a gobernar en más comunidades y en muchos más ayuntamientos. Y para mí eso no es poder; es responsabilidad para sacar adelante los problemas de la gente.

— Hay miedo en el PSOE a perder las elecciones generales? ¿Qué ha de hacerse para evitar esa eventualidad?
—Hay que extraer buenas conclusiones de esto que hemos hablado. Hay que saber rentabilizar el buen trabajo del Gobierno socialista, que los ciudadanos sepan lo que se está haciendo, e incluso, para que entiendan la lógica de cómo algunas cosas se tienen que acabar haciendo con la lealtad de las responsabilidades autonómicas y municipales. En este país hay muchas transferencias; el Gobierno puede hacer una ley marco, como la de Dependencia, y poner un presupuesto económico, pero tiene que acabar transfiriéndolo a las comunidades autónomas, y éstas a los ayuntamientos, para que se desarrolle ese derecho. En política social, en política económica, en política internacional, el Gobierno de España vuelve a recuperar altos niveles de respeto en el ámbito internacional. Esperemos poder comunicar esto bien para poder seguir un ciclo más largo, de segunda modernización. Los socialistas debemos estar ocupados en comunicarnos con los ciudadanos acerca de lo que se ha hecho y de lo que se tiene que seguir haciendo. Es un trabajo de día a día, además de poner medios y recursos humanos para desarrollar esas políticas.

09/11/2007 12:53 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: POLITICO. No hay comentarios. Comentar.

LA TEMPORALIDAD RESISTE

Los datos de la reciente Encuesta de Población Activa revelan un leve repunte de la temporalidad, destaca el autor. Una tendencia al alza que, en su opinión, pone de relieve el relativo fracaso de la reforma de 2006 y su agotamiento y que exige la revisión de este marco jurídico
Si los datos del desempleo registrado han comenzado, en los últimos meses, a encender algunas señales de alarma, como he tenido ocasión de comentar en estas páginas recientemente (Malos vientos para el empleo, Cinco Días de 10 de septiembre de 2007), los indicadores del mercado de trabajo que resultan de la Encuesta de Población Activa (EPA) suscitan las mismas inquietudes. La última EPA, en efecto, correspondiente al tercer trimestre de este año, si por una parte pone de manifiesto la continuidad del crecimiento de la ocupación y de la creación de empleo, también revela un aumento del desempleo y un repunte de la tasa de paro, que vuelve a superar el 8% de la población activa.

Se sigue creando empleo, pero el ritmo de creación se ha ralentizado claramente y apenas supera ya el 3%. Ello hace que continúe bajando el desempleo entre aquellos que tratan de acceder a su primer empleo, por lo que las posibilidades de acceso al mercado de trabajo siguen siendo todavía elevadas. Pero se alimenta el desempleo desde todos los sectores productivos: no sólo la construcción incrementa el número de parados, sino que lo mismo sucede en los servicios y en la industria. Además, se acentúan tendencias anteriores: crece más el paro masculino, cuya tasa de crecimiento casi duplica la del femenino, y el de los extranjeros, cuya tasa crece hasta el 11,78%, muy por encima de la de los nacionales, que se reduce ligeramente hasta situarse en el 7,4%.

Pero quizás el dato más llamativo de la EPA es el del leve repunte de la temporalidad: después de la caída de dos puntos desde los niveles de 2006, habiendo pasado del 33,8% al 31,8%, la tasa de temporalidad aumenta ligeramente hasta alcanzar el 31,94%. Nos alejamos, pues, del punto de partida (el 31,2% del año 2004) y volvemos a encontrarnos con un volumen de contratación temporal en nuestro mercado de trabajo que se resiste a desaparecer. La acumulación de contratos temporales de los años 2005 y 2006 ha sufrido una importante corrección, pero cuyo efecto no ha sido otro que el de permitir volver a las tasas que parecen haberse hecho estructurales, superiores en todo caso al 30%.

De confirmarse esta tendencia, y todo parece indicar que va a confirmarse, la conclusión que se impone es la del relativo fracaso de la reforma laboral de 2006. En la medida en que se trataba de una reforma dirigida a aumentar la estabilidad del empleo y a mejorar, por tanto, la calidad del mismo, puede considerarse por una parte que su éxito ha sido muy limitado y, por otra, que sus efectos están prácticamente agotados. Los meses finales de 2006 y los primeros de 2007, como consecuencia de las previsiones normativas dirigidas a incentivar la conversión de contratos temporales en indefinidos, conocieron una reducción de la temporalidad que hizo pensar que la reforma podía conseguir, en este terreno, sus objetivos. Sin embargo, parece evidente que, agotados esos incentivos a la conversión de contratos, ni los estímulos para la celebración de contratos indefinidos iniciales ni el endurecimiento de las posibilidades de recurrir a las diversas modalidades de contratación temporal han tenido el mismo éxito en la lucha contra la temporalidad. Si la reforma laboral trataba de matar la excesiva temporalidad, habría que decirle, en estas fechas que vuelve el Tenorio, que ’los muertos que vos matáis gozan de buena salud’.

Por tanto, si no queremos resignarnos a un mercado de trabajo fuertemente impregnado de temporalidad, tendremos que buscar nuevas vías de actuación. Y ello exige, ante todo, hacer, de una vez por todas, las cuentas con la realidad. El problema de la temporalidad no radica en una inadecuada comprensión, por parte del mundo empresarial, de sus verdaderos intereses. Ni tampoco en una ignorancia de las ventajas de la estabilidad y de las relaciones indefinidas. Mientras se siga pensando que el problema es que existe una cultura de la temporalidad y que, para enfrentarla, es preciso, fundamentalmente, emprender una labor didáctica que, acompañada eso sí de una eficaz política sancionadora, convenza a los empresarios de las bondades de la contratación estable y de lo infundado de su afición a los contratos temporales, nos seguiremos tropezando con el mismo muro.

Hay que ser conscientes de que el recurso a la contratación temporal, en España, en aquellos casos en que la temporalidad no está estrictamente justificada por la naturaleza temporal de la prestación laboral requerida, se produce, fundamentalmente, por motivos de flexibilidad. A través del contrato temporal se obtiene el margen de flexibilidad requerido por las circunstancias productivas y que no está garantizado en el marco jurídico actual de la contratación por tiempo indefinido.

Sólo la revisión de este marco jurídico, por medio de una verdadera reforma laboral, permitirá disponer de relaciones laborales al mismo tiempo más flexibles para las empresas y más seguras y estables para los trabajadores. El principio de prueba y error ya ha puesto de manifiesto cuál es el camino equivocado. No queda, a los agentes sociales y al Gobierno, sino superar las resistencias al cambio y transitar, con decisión y con imaginación, el de las verdaderas reformas.


Federico Durán López. Catedrático de Derecho del Trabajo y socio de Garrigues


09/11/2007 12:43 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

LAICIDAD Y CIUDADANÍA (Luis Gomez Llorente)

I.- LAICIDAD Y LAICISMO:
Es importante distinguir entre laicidad y laicismo, y distinguir bien, saliendo al paso de la versión tergiversada que el clero hace del laicismo.
Sabido es que en su relativa reconciliación con el mundo moderno, llevada a cabo sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, el clero ha aceptado por fin el hecho consumado de la laicidad del Estado, pero sigue condenando el laicismo, al que atribuye los torvos propósitos a los que luego nos referiremos.
Su potencial de propaganda es tan intenso como para que muchos se retraigan y rehuyan utilizar la palabra laicismo como si fuera signo de extremosidad y falta de cordura.
De ahí que convenga poner los puntos sobre las ies para saber a qué atenernos, y para evidenciar la intención que subyace en esa maniobra consistente en dar por aceptable la laicidad y simultáneamente demonizar el laicismo.
Tomemos nota, por ejemplo, de que la prensa católica más afín al sector ultraconservador del episcopado, no cesa en su constante denuncia del laicismo que imputa al Gobierno de Zapatero, tratando como es obvio de enfrentarlo con el sector del electorado sobre el que dicha prensa ejerce cierta influencia.
De ahí que sea oportuno comenzar deslindando los conceptos de laicidad y de laicismo, así como la relación existente entre lo uno y lo otro.
La laicidad es una propiedad, carácter o condición de algo, generalmente aplicable a las instituciones, y por excelencia al Estado. De ahí las expresiones “laicidad del Estado” y “Estado laico”.
Dicha propiedad consiste en la neutralidad de la institución con respecto al hecho religioso, a las distintas religiones, confesiones o creencias de la sociedad.
También se puede definir en función de su contrario: Así puede decirse que el Estado laico o la laicidad del Estado son lo contrario de la confesionalidad del Estado, es decir, del compromiso del Estado con una determinada religión, de la que se declara protector, y cuyas reglas o principios morales asume como inspiración y como límite de las leyes, con lo cual, obviamente se otorga un gran poder de ingerencia a la Iglesia
sobre el ordenamiento civil que afecta a todos los ciudadanos, sean o no sean creyentes.
De la laicidad o neutralidad del Estado con respecto al hecho religioso se sigue la no ingerencia del poder público en cuestiones de fe o de moral religiosa. Se sigue así mismo el reconocimiento de la libertad de conciencia y de cultos; una igual libertad para la creencia y para la increencia. Esto es, la no discriminación por motivos religiosos.
Toda esta proyección práctica de la idea de laicidad requiere una plasmación jurídica, que suele ir desde la definición en el texto constitucional, hasta las distintas leyes que afectan a cuestiones de conciencia, y muy en particular a la Ley de Libertad Religiosa.
Por tanto, la laicidad de las instituciones es una cuestión de hecho, algo dado, si bien que con mayor o menor grado de integridad y coherencia en cada país.
Nuestra actual Constitución, pongamos por caso, incorpora la idea de laicidad del Estado de forma muy atenuada o edulcorada, pues si bien consagra el principio de no discriminación por razón de religión en el artículo 14, en el 16 deja tocada la neutralidad del Estado ante el hecho religioso, cuando a renglón seguido de afirmar que “NINGUNA RELIGIÓN TENDRÁ CARÁCTER ESTATAL”, establece un mandato claro: “LOS PODERES PÚBLICOS TENDRÁN EN CUENTA LAS CREENCIAS RELIGIOSAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA Y MANTENDRÁN LAS CONSIGUIENTES RELACIONES DE COOPERACIÓN CON LA IGLESIA CATÓLICA Y LAS DEMÁS CONFESIONES.
Sin olvidar que por el 27,3 el Estado se obliga a garantizar que en cualesquiera centros docentes se imparta formación religiosa a elección de los padres, y que el 27,9 abre la puerta de la subvención pública a la escuela privada confesional.
Todo lo cual nos hace pensar a algunos que no tenemos un Estado propiamente laico, aunque tampoco sea confesional, sino algo intermedio a lo que se ha dado en llamar “aconfesional”.
No parece que un Estado propiamente laico, sea por ejemplo el recaudador anual de las donaciones de los fieles a la Iglesia, ni el patrón laboral de un profesorado de religión nombrado y removido a gusto de la Jerarquía, ni que la Iglesia católica goce de amplios espacios semanales fijos en los principales medios de comunicación públicos.
Todo ello, como Vds bien saben, es el resultado de los pactos de la transición, que benditos fueron en tanto que permitieron restablecer la democracia en España. La situación no daba para más, en esta como en otras materias. Más valía tener una Constitución que garantizase los derechos y libertades fundamentales, consolidada por el respaldo de un amplísimo consenso.
Ahora bien, dicho esto, el análisis de ese régimen atenuado de neutralidad, más erosionado o limitado todavía por los Acuerdos con la Santa Sede, y por la interpretación que se les ha venido dando, nos da idea del tipo de laicidad que acepta el clero cuando afirma enfáticamente que ellos son los más auténticos defensores de la verdadera laicidad del Estado, y que lo reprobable es el laicismo y la política preconizada según ellos por el laicismo.
Significados eclesiásticos, y el propio Papa, así como toda su cohorte de comentaristas, suelen afirmar que el laicismo es un movimiento antirreligioso que pretende arrinconar la religión en la intimidad de las conciencias excluyendo toda referencia y toda presencia religiosa de la vida pública, reduciendo su exteriorización a la práctica del culto llevada a cabo en el interior de los templos. O como ha dicho un conocido prelado español, lo que se pretende es “expulsar a Dios de la sociedad”.
Pero todo esto es falso, y conviene replicarlo, porque se ha construido artificialmente una imagen maniquea del laicismo con el fin de frenar su impulso y de estigmatizar a sus defensores. El laicismo no es antirreligioso; el objeto fundamental del laicismo es defender la libertad de conciencia. En materia de religión, lo que el laicismo defiende es la total ausencia de coacción para creer o no creer, que es en lo que cabalmente consiste la verdadera libertad religiosa, fundamento a su vez de la libertad de cultos.
Las ideas fundamentales del laicismo surgieron precisamente para evitar las persecuciones por motivos de conciencia. En aquella Europa inmediatamente posterior a la Reforma luterana, desgarrada por las guerras de religión, y por sangrientas luchas intestinas, alguien concibió que la neutralidad del Estado ante el hecho religioso seria la forma más adecuada para garantizar la libertad de todos, la paz civil, e incluso la legítima autonomía de las iglesias. La separación entre la Iglesia y el Estado fue concebida y realizada entonces poco a poco por hombres creyentes, eso sí, por hombres
creyentes que no querían servirse del poder político para imponer a otros sus creencias, ni para sofocar y hacer enmudecer a sus adversarios.
El laicismo se enriqueció también de los ideales de la Ilustración que hablan de una humanidad que accede a la mayoría de edad y se emancipa de seculares tutelas.
Ideales que hablan de autonomía moral, de conciencia autolegisladora, y de obrar por conciencia del deber, sabiendo distinguir claramente entre moralidad y legalidad.
Partiendo de esa lógica, el laicismo asumió que una sociedad compuesta por seres humanos capaces individualmente de gobernarse a sí mismos, tenía que ser una sociedad en su conjunto capaz de gobernarse a sí misma, es decir, asumió la soberanía del pueblo y su capacidad irrestricta para dotarse a sí mismo –por medio de representantes libremente elegidos- de sus propias normas de convivencia. De ahí que reclamara la más estricta independencia y laicidad del Estado.
Y siguiendo la senda de Rousseau, quiso un tipo de escuela que respetase la formación libre de la conciencia del niño, no imbuyéndole prematuramente ideologías que no pudiera comprender, ni inculcándole amenazas terroríficas que le indujeran a obrar por el temor, y no por amor a la belleza y por aquello que la sencilla razón indica como más conveniente.
Así se forjó ese movimiento teórico-práctico, transversal a distintos idearios de partido, y a distintos estratos de las clases sociales, al que llamamos laicismo.
Nosotros afirmamos que los principios del laicismo constituyen un valor ético porque creemos que sirven para orientar la conducta y saber discernir en cada caso a favor de la libertad que le permita a cada uno ser fiel a sí mismo. Y creemos que la práctica o militancia laicista es un valor moral porque consiste en el compromiso personal de cada uno con esa causa emancipadora.
Dicho lo cual se puede resumir en pocas palabras la relación entre laicidad y laicismo: Existe hoy un cierto grado de laicidad en las instituciones porque hubo laicismo, y si no se retrocede, sino que se sigue profundizando y ampliando las libertades es porque el laicismo contribuye manteniéndose vivaz y vigilante, mal que a algunos les pese y pretendan denigrarlo.


II.- LAICIDAD Y CIUDADANÍA
Sobre la laicidad inherente al concepto de ciudadanía.
Hemos hablado de laicidad; hablemos ahora un poco de ciudadanía para poder fundamentar la relación entre ambas.
“Ciudadanía” es un término polisémico, y de entre sus varios significados la Real Academia define en primer lugar esta acepción: “Calidad y derecho del
ciudadano”.
Sin embargo yo preferiría hablar de condición o de estatus del ciudadano.
Porque ese derecho [o conjunto de derechos] al que alude la Academia lo que viene a configurar es el marco de posibilidades que el ciudadano tiene para poder ejercitar su libertad, moldeando a través de esas opciones sucesivas lo que va a ser el contenido explícito de su existencia.
El estatus de ciudadanía define por tanto los ámbitos posibles en los que puedo realizar mi vida. De ahí que prefiera la palabra estatus, porque el ser ciudadano es un modo de estar en el mundo harto distinto de aquel desgraciado estar que tuvieron los esclavos, los siervos, los súbditos y los apátridas.
En cuanto a su contenido, al elenco de derechos y obligaciones que componen el estatuto de ciudadanía, lo primero que salta a la vista es la historicidad del concepto de ciudadanía, su carácter procesual o evolutivo. Baste cotejar la diferencia existente entre la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la Revolución Francesa [de 1789] y la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de 1948.
Enseguida se aprecia el notable enriquecimiento de contenidos del segundo con respecto al primero, pues el de 1948 ya incorpora lo que se designa por los expertos como “derechos humanos de segunda generación”, todo ello sin olvidar que a impulsos del ecologismo ya se plantea el definir los llamados derechos de tercera generación.
Hemos citado dos textos famosos que han servido de referencia o paradigma para definir en distintos países su propio estatuto de ciudadanía. La gran diferencia entre ambos, no es menor que la diferencia existente hoy día entre distintos países, con respecto a su respectivo estatus de ciudadanía, incluso entre los que se consideran más desarrollados y progresivos.
Todo lo cual nos hace pensar que el concepto de ciudadanía es algo “in fieri”, en proceso abierto de elaboración y maduración, tanto en la mente de los teóricos como en la praxis política de las naciones.
La evolución del concepto de ciudadanía refleja en definitiva la evolución de la idea que el ser humano se va formando acerca de sí mismo, y sobre todo la idea que va configurando acerca del fin de la convivencia social. Cuando esa reflexión del espíritu humano se transforma y se formula en términos de ideales políticos surge la voluntad de cambiar las normas, y casi siempre el choque con los intereses de quienes estaban mejor establecidos en la situación precedente.
A grandes rasgos cabe distinguir entre dos orientaciones o si se quiere, dos fases sucesivas, en el diseño del modelo de ciudadanía: 1º) El modelo de ciudadanía liberal.
2º) El modelo de ciudadanía social.
El modelo de ciudadanía liberal tuvo como definición arquetípica la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y su núcleo central es la proclamación de los derechos y libertades civiles y políticas del individuo, habiendo representado –en su momento- un gigantesco paso histórico sumamente positivo.
La ideología que subyace en este modelo recoge los frutos de todo ese largo proceso de exaltación del individuo que parte del humanismo renacentista, que favorecen y difunden algunas de las doctrinas luteranas, como la del libre examen y la del rechazo a todo dogma o mandato impuesto por la jerarquía, el decisivo impulso cartesiano que afirma como único criterio de verdad la evidencia testimoniada por la razón individual, y finalmente, el ansia de libertad y de ruptura propios del romanticismo.
Todo el aparato político concebido por el liberalismo no tiene otro fin sino proteger y preservar en todo lo posible la autonomía individual, tanto en el pensamiento y la conciencia, como en la libre disposición de la propiedad. Las dos ideas clave del liberalismo político, el régimen de gobierno representativo, y la separación de poderes, son instrumentales. Su fin no es otro sino limitar el poder público, delimitando restrictivamente las facultades de los gobernantes, limitándoles el tiempo de los mandatos, y estableciendo un contrapeso entre los distintos poderes del Estado.
Pero este modelo liberal de estatus ciudadano lleva consigo una carga de irrealidad o de falsedad objetiva derivadas de la mentalidad burguesa en que se había producido.
En efecto: todo ese mecanismo fue concebido para proteger al individuo frente al poder del Estado y al poderío de la Iglesia, que eran ciertamente los elementos que afligían y coartaban la libre iniciativa y el libre pensamiento de la clase propietaria emergente. Con respecto a los demás seres humanos, a la burguesía le era suficiente que el nuevo poder público garantizase estrictamente la propiedad y penalizara severamente el incumplimiento de los contratos.
Pero resulta que la libertad real de los más no está oprimida sólo por el Estado y su adláter espiritual, sino también por las relaciones despóticas de dependencia del criado con respecto al amo, del campesino al terrateniente, del obrero al patrón, del empleado al empleador o empresario. Y sobre todo, la libertad se torna irreal y evanescente por la carencia vital, o por la ignorancia alienante, así como por la sujeción al estricto imperativo de hacer lo inevitable para poder sobrevivir.
Por ello, el siglo de las nuevas revoluciones sociales acabaría dando paso, tras la IIª Guerra Mundial a un nuevo concepto de ciudadanía en Europa, o como gusta decir a algunos, a un nuevo contrato social, por virtud del cual a cada uno se le garantizan no sólo unos derechos civiles y políticos, sino una serie de derechos sociales y coberturas frente a la vejez y el infortunio, como marco objetivo posibilitante para el ejercicio real de las libertades.
Toda la segunda mitad de la Declaración de los Derechos Humanos, de 1948, expresa, al menos como objetivo, ese nuevo elenco de derechos sociales que nos
permiten hablar hoy con relativa satisfacción de ciudadanía europea.
Dicho lo cual estamos en condiciones de abordar la relación entre laicidad y ciudadanía, para lo cual hemos de considerar ahora el estatus de ciudadanía como fundamento de la unidad de un pueblo, o por lo menos como factor de cohesión social importantísimo, que fomenta la unidad y solidaridad del país.
En este sentido, el estatus de ciudadanía social emerge como un nexo unitivo dado que iguala de algún modo a los que son desiguales. Aunque de una manera todavía bastante imperfecta, no sólo iguala en la posesión de unos derechos y libertades antes quiméricos para la mayoría, sino que iguala (a través de las prestaciones y servicios sociales) en unas mínimas condiciones de supervivencia, y en una razonable esperanza de mejora sin tener que apelar ni los unos ni los otros al recurso fatal de la violencia.
Ahora bien, fijémonos en que el saludable efecto cohesivo y unificador del estatus común de ciudadanía se basa en afirmar, definir, y garantizar a todos algo que les sea común, algo que todos posean o puedan poseer, como es la libertad de pensar y de expresarse, el acceso a la salud, a la escuela, el derecho a intervenir en la vida pública, etc. etc. Esos y otros muchos aspectos puede recoger el estatuto de ciudadanía.
Pero en el orden de las ideologías y creencias ni somos iguales, ni conviene que lo seamos, pues de la diversidad y de la confrontación dialéctica de los opuestos es precisamente de lo que se nutre el progreso y desenvolvimiento del espíritu.
De donde que al estatuto de ciudadanía le es inherente la laicidad, la neutralidad, habiendo de limitarse en materia de ideas y creencias a afirmar la plena libertad de todas ellas, y a favorecer las condiciones objetivas que fomenten el libre acceso y circulación
de las mismas.
La universalidad, nota característica del estatus de ciudadanía, el ser igual y el mismo para todos los participes de una sociedad, tan solo puede significar a este respecto, la plena libertad y respeto hacia todas las convicciones.
Sólo los regímenes tiránicos, en los que por definición desaparece la condición de ciudadanía, pretendieron imponer la unificación o uniformización de la fe y del pensamiento, consiguiendo al menos sofocar la exteriorización del pluralismo y de la disidencia.
Todo esto tiene su reflejo en el modelo de Estado, porque a cada modelo de ciudadanía corresponde un modelo de Estado. La teoría y la organización del Estado evolucionan obviamente conforme al modelo de sociedad que se quiere obtener, es decir, con respecto al tipo de ciudadano que se desea fomentar.
Al modelo de ciudadanía liberal corresponde el Estado gendarme, mínimamente intervencionista, dejar hacer, dejar pasar. Al modelo de ciudadanía social corresponde el llamado Estado Social de Derecho, que yo preferiría llamar Estado redistribuidor de la riqueza, o corrector de las tremendas desigualdades sociales que genera el mercado y utilizando los mecanismos fiscales para asegurar la universalidad de la prestación de los servicios propios del estatuto de ciudadanía social.
Nótese bien, que pese a esa enorme diferencia entre el modelo de Estado liberal
y el Estado social, tan inherente es la laicidad a todo concepto de ciudadanía, que ambas formas de Estado reclaman para sí la condición de Estado laico, siendo algo patológico, contradictorio, e intrínsecamente conflictivo, el inestable modelo que pretende aunar confesionalidad y liberalismo, cual ocurre en la España de la Restauración.
No cabe verdadera libertad de cultos, sino a lo sumo un ambiguo régimen de tolerancia, ni plena libertad de expresión, ni de cátedra, en un Estado confesional.
Recordemos los conflictos de la cuestión universitaria en el reinado de Isabel IIª, y toda la problemática de la llamada “cuestión escolar” que se prolonga hasta el advenimiento de la IIª República.
En España ha sido –y es- muy difícil la edificación de un verdadero Estado laico porque desde hace más de quinientos años se viene mezclando religión e identidad nacional. Son los viejos problemas de familia que no se solventan pretendiendo ignorarlos, y menos todavía cuando la gente de talante más conservador se empeña en resucitar el espíritu de D. Marcelino Menéndez y Pelayo, como hace con frecuencia el cardenal Rouco Varela, a quien le encanta la expresión “España será católica, o no será”, verdadera antitesis de una fundamentación laica de la convivencia nacional.
Durante los primeros años de la transición, cuando en aras de facilitar un consenso básico pusimos entre paréntesis determinados debates en torno a la Historia de España, los pragmáticos y los tecnócratas se movieron a sus anchas, y hubo que
soportar como de forma altiva despreciaban las reflexiones sobre estos asuntos
tachándolas de temas trasnochados y carentes de toda vigencia.


Puro desconocimiento tecnocrático de lo que Unamuno hubiera llamado nuestra intrahistoria. No se habían enterado de que se estaban moviendo sobre un volcán en
reposo donde subsisten las viejas pasiones, en un país en el que todavía viven por lo menos dos generaciones con el alma llena de cicatrices.
Ha bastado que el actual Gobierno intentara avanzar un poco más en la ampliación de los derechos civiles de grupos sociales secularmente preteridos, o que
intentara profundizar en el régimen autonómico, o que se planteara hacer memoria reparadora de las victimas de la dictadura, para que desde distintos flancos haya saltado
sobre el tapete la indecisa cuestión de la identidad nacional, uno de cuyos componentes, nada baladí, es y sigue siendo la cuestión religiosa, el estatuto de las creencias, y el
papel de la Iglesia católica dentro de la sociedad española.
Para entender las raíces más profundas de este problema que tanto dificulta el arraigo de la laicidad en nuestro país, no cabe olvidar la obra certera de D. Fernando de
los Ríos en la que muestra con todo rigor la decisión intransigente con la que los Austrias asumieron el diseño de unidad nacional trazado por los Reyes Católicos: Una
sola corona, una sola lengua, una sola religión. Esquema no corregido por los primeros borbones, quienes implemente añadieron al concepto de unidad de la corona la idea de
uniformización institucional, suprimiendo la relativa autonomía de los antiguos reinos.
Esto es, unidad entendida como uniformidad a rajatabla, de donde se deriva la exclusión y la persecución de toda disidencia.
Como dice de los Ríos, el Estado quedó enfeudado a los fines de la Iglesia [¿Recordáis? – “España martillo de herejes” que decía D. Marcelino]. Excediéndose de sus propias funciones la Iglesia asumió el papel de censor de las costumbres, aduana del pensamiento, y controladora de todo el aparato cultural y educativo, y el resultado final de aquella política anacrónica no fue otro sino una larga decadencia política, científica y económica, en la que nunca llegó a forjarse una burguesía capaz de implantar y consolidar un verdadero régimen liberal. Aquí nadie resituó a su debido tiempo a la Iglesia en el lugar que le corresponde.
Este secular retraso en el proceso de nuestro devenir histórico determinó que la irresuelta cuestión religiosa acabara entreverándose con la lucha de clases en su periodo
más virulento, y que la Iglesia, por su inequívoca alianza con las fuerzas más conservadoras acabara situándose frente al proletariado, de tal modo que una guerra
civil promovida por la contrarrevolución acabó siendo bendecida y glorificada como Cruzada.
Cuando recordamos esto no se trata de evocar un remoto pasado, que no tenga apenas nada que ver con el presente. Quienes hemos sufrido los rigores del nacionalcatolicismo
sabemos con qué fuerza y con qué virulencia llegaron aquellos tristes planteamientos hasta el presente histórico, y sabemos detectar sus huellas y sus flecos.
Porque conocemos a fondo, y porque hemos reflexionado mucho sobre esta tormentosa historia, no somos indiferentes, ni equidistantes, sino que nos sentimos
comprometidos con el laicismo, y a la vez queremos liberar al laicismo de todo rastro antirreligioso, siquiera fuere por respeto a los muchos creyentes convencidos de que la
laicidad de las instituciones constituye la mejor garantía de la verdadera libertad religiosa, y que se sienten profundamente molestos y en cierto modo traicionados como
miembros de la Iglesia al constatar la instrumentalización de la religión al servicio de causas que no tienen nada que ver con el cristianismo evangélico.
No vamos a negar que bajo las banderas del laicismo también se han cobijado y se cobijan quienes consideran que la religión es un arcaísmo cultural, algo anticientífico,
y una rémora para el progreso de la humanidad. Pero aún siendo tan respetable como cualquier otra esta postura, siempre que no se torne en displicente menosprecio de los
creyentes, conviene declarar y clarificar que ateismo y laicismo son cosas bien distintas, porque de otro modo tendría razón Ratzinger cuando una y otra vez tergiversa las cosas
atribuyendo al laicismo una animosidad antirreligiosa que en verdad no le corresponde.
Otra cosa es el anticlericalismo. En España no faltan nunca motivos para ser anticlericales. Personajes como el cardenal Cañizares, por ejemplo, cada vez que hablan
abonan abundantemente el jardín del anticlericalismo hispano. Yo tengo varios amigos sacerdotes que me han confesado más de una vez que ellos también son anticlericales.
Son clérigos que desearían ver a la Iglesia liberada de todos los privilegios que aún conserva, y a quienes molesta tanto como a nosotros la vieja propensión de la Jerarquía
Eclesiástica a servirse del poder civil y de la legislación estatal para imponer a todos la moral que ellos preconizan.
No obstante, resulta fácil distinguir entre estar en contra de las posturas clericales, sobre todo del alto clero, y el estar en contra de la creencia, o el estar dominado por un prejuicio tan intenso como para no reconocer lo que de positivo tiene el impulso religioso de la caridad cristiana.
Con todo esto, como ven, hemos ido derivando hacia el terreno de los sentimientos y de las actitudes. No es extraño, pues la noción de ciudadanía implica bastante más que un cierto estatuto jurídico.
Ser ciudadano no es sólo saberse titular de un elenco de derechos y deberes, sino que la ciudadanía comporta así mismo un componente moral y afectivo importantísimo.
Siempre, inevitablemente, se es ciudadano de una ciudad, de una polis o sociedad política determinada, y por eso la conciencia de ciudadanía implica un sentimiento de
pertenencia al colectivo humano que garantiza mi seguridad y posibilita mi libertad, con el que por elemental reciprocidad tengo deberes.
Nosotros queremos además que ese sentimiento de pertenencia sea activo, participativo, que sea una ampliación del horizonte vital de cada ciudadano, que sea algo superador del egocentrismo y le permita sentir como propio lo que es de todos, es decir, que le permita engrandecer su ánimo con la virtud cívica.
Ese es cabalmente el propósito esencial de la nueva asignatura “Educación para la Ciudadanía”, y por ello vamos a concluir dedicando algunas palabras en torno a la tremenda polémica que ha suscitado.


III. EDUCAR PARA LA CIUDADANÍA
Digámoslo claro desde el principio: La agria polémica suscitada por la nueva asignatura, y la campaña de resistencia civil que se ha pretendido levantar contra la misma, es el terreno elegido por el sector más duro de la Jerarquía y afines, para dar la batalla a un Gobierno que aborrecen.
La materia por sí misma, por sus contenidos curriculares, no merece tanto escándalo, ni tan altisonantes declaraciones, como lo demuestra el hecho de que si hubiera sido planteada como asignatura alternativa obligatoria para los alumnos que no cursen religión confesional, nada habría ocurrido, sino que por el contrario habría merecido todo pláceme y bendición, como en su día ellos mismos dijeron.
Así mismo, los argumentos de rechazo a la nueva materia, son tan poco convincentes como para que todo un sector tan importante como es el de la escuela confesional católica, (FERE-CECA) se haya negado a seguir las consignas que le pedían boicotear la materia negándose a impartirla en sus centros. [Recordemos a este respecto el anatema lanzado por Cañizares: Impartir la materia es “cooperar con el mal”]
Todo lo cual demuestra que esto es una batalla incursa en una guerra más amplia, cuyas causas exceden con mucho a la cuestión de la asignatura en sí misma.
Hay un sector de la cúpula episcopal -con fuerte poder de arrastre sobre sus colegas- que aborrece al actual Gobierno de España no sólo por este motivo, sino por toda la trayectoria que en materias conexas ha seguido durante toda la legislatura, que empezó por dejar en suspenso el régimen de enseñanza de la religión que tenían pactado
unilateralmente con el PP, del que resultó fiel reflejo la Disposición Adicional segunda de la LOCE.
En efecto, como recordareis, una de las primeras disposiciones del actual Gobierno fue suspender por Decreto la norma de igual rango que regulaba el calendario de implantación de la LOCE, es decir, de la contrarreforma que venía a desbaratar la reforma educativa emprendida por el Gobierno Socialista de Felipe González.
Al quedar aplazada la aplicación de la LOCE se abría un compás de espera que dio lugar a la tramitación parlamentaria de la actual LOE, ley que viene a rectificar errores de la legislación anterior pero que se sitúa substancialmente en la línea primigenia de la reforma educativa.
Aquella súbita quiebra del pacto Iglesia-PP sobre la enseñanza de la religión les desconcertó, y más de uno recordaría nuestras advertencias: Los intereses temporales de
la Iglesia sólo se pueden garantizar de forma estable y duradera mediante un consenso con el sector laico.
Lo que tenían pactado con el PP era su desideratum de siempre: El imponer una asignatura alternativa obligatoria y evaluable a quienes rehusaran la enseñanza de
religión confesional. Es decir, aquello que venimos diciéndoles desde hace lustros que jamás aceptarán los socialistas, para quienes el ejercicio positivo del derecho a recibir
enseñanza de la religión confesional por parte de algunos, no puede implicar obligación académica de ninguna especie para aquellos otros que la rehúsen.
No se esperaban, como no se esperaba el resto de la derecha, el resultado de las elecciones de marzo, y de ahí el desencanto y el resentimiento con el que se enfrentaron
desde el principio al proyecto de la nueva Ley educativa que venía a restablecer, perfeccionando, la reforma educativa de nuestro sistema escolar.
Cuando se hizo público el diseño del nuevo proyecto en el librito titulado “Una educación para todos y entre todos” emergió de lleno su mal humor, descalificándolo de
raíz, y concentrando su crítica desde entonces sobre la propuesta de Educación para la Ciudadanía, que por vez primera aparecía oficialmente en dicho texto, del que por
cierto, desaparecía a la vez la imposición de una materia obligatoria alternativa a la religión confesional, concebida exclusivamente para penalizar la disidencia de los
paganos.
Esa profunda disconformidad de la Iglesia con respecto al régimen de enseñanza de su religión, agravada por la frustración de quienes creyeron haber triunfado por
goleada con apoyo del PP, es en realidad el telón de fondo de la polémica sobre la ciudadanía, y el elemento generador de tanta acritud y despecho.
Pero no sólo eso, hay más: Ellos ponen como en las páginas de un cuaderno de agravios junto a esta cuestión, otras tales como el reconocimiento del derecho de las
parejas homosexuales a contraer matrimonio, la modificación del derecho de familia en el sentido de lo que llaman peyorativamente “divorcio-exprés”, y las medidas que
otorgan mayor amplitud a la investigación biológica con células madre.
Y sobre todo, el factor quizá más importante que enmarca la actual polémica sobre la ciudadanía, es el difuso malestar de la Iglesia jerárquica ante el creciente
proceso de secularización de la cultura, de las formas de vida de la gente, y más en “Laicidad y ciudadanía” proceso imparable de secularización en el que ciertamente
cada vez ocupa menos espacio la religiosidad.
Un error de diagnóstico sobre las causas de ese fenómeno social, el atribuirlo en alto grado a la influencia maléfica de un laicismo antirreligioso imperante, y no al tipo
de desarrollo económico que realmente lo genera, determina que aquel difuso malestar se proyecte como aversión a un Gobierno, y a las iniciativas de este Gobierno, que para
algunos es la encarnación viva del famoso relativismo, en el que al parecer se están diluyendo corrosivamente los fundamentos morales de occidente.
Digo todo esto, amigos míos, con verdadera preocupación, porque me parece muy negativo que se vuelva a abrir un abismo entre el discurso eclesiástico hegemónico,
y el discurso secular del resto de la sociedad civil, lo que debiera inducirnos a pensar en la necesidad de un diálogo a todos los niveles que recomponga el necesario
entendimiento. Nadie, por motivos religiosos, debiera sentirse como nuestro adversario.
No debe dejar de preocuparnos que una cosa como Educación para la Ciudadanía, que fue concebida desde sus orígenes –puedo asegurarlo- sin ningún ánimo
de combatir a las creencias, ni a la moral de ninguna Iglesia, se haya interpretado por un importante sector de la sociedad como una infame agresión a sus sentimientos. Un
semejante desentendimiento de ese calibre no augura nada bueno para la convivencia pacífica.
La primera descarga contra Educación para la Ciudadanía, lanzada antes incluso de que se publicara el currículo, consistió, como recordareis, en tildarla de añagaza de
los socialistas para difundir su ideología partidista en las aulas y manipular la conciencia de los niños. Tremenda acusación totalmente carente de sentido, y mucho
nos tememos que dicha de mala fe. Porque ellos saben muy bien lo que hay que hacer para asegurar la ortodoxia doctrinal en la enseñanza escolar.
Ellos han utilizado desde siempre las aulas para transmitir su doctrina, y acaso por eso imaginan que los demás pretenden hacer lo mismo. Ellos saben muy bien,
porque lo practican desde hace siglos que para asegurar la estricta fidelidad a la doctrina la clave reside en el nombramiento de profesores fieles, y en la expedita deposición de
los infieles. Para ser profesor en la Edad Media hacia falta tener la venia docendi. Ahora los profesores de religión tienen que tener la misio canónica o el certificado de
idoneidad dicho en términos más burocráticos; son propuestos por el obispo, y el obispo puede retirarles la licencia como es bien sabido. Así mismo los libros de texto que
utilicen para impartir sus enseñanzas han de tener lo que tradicionalmente se llamaba el nihil obstat.
En la enseñanza privada la cosa es más simple; aunque siendo concertada pague el Estado, la titularidad del centro es quien contrata y despide a los profesores, y quien
sin más miramiento determina el libro de texto.
Eso es lo que hay que hacer para controlar ideológicamente unas enseñanzas.
Pero ellos sabían y saben que ni este, ni ningún otro gobierno constitucional puede hacer cosas semejantes en la escuela pública, aunque consienta que se siga haciendo en
las clases de religión. Ellos saben que los profesores que han de impartir Educación para la Ciudadanía son personal funcionario, inamovible por razón de ideología o creencia, protegido por la libertad de cátedra, muy plural ideológicamente de hecho, y saben que cada Departamento puede elegir libremente los libros de texto, y cualesquiera otros
materiales didácticos de entre la rica variedad que ofrecen las editoriales en el mercado, fiel reflejo a su vez del pluralismo ideológico de la sociedad.
¿Podía en estas condiciones decirse de buena fe que el PSOE iba a adoctrinar partidistamente a los niños con la nueva asignatura?
¿No fue tremendamente chabacano compararlo con la Educación política de la Dictadura, impartida por personal designado ad hoc por el Movimiento, y con manuales
de la misma procedencia? – Sin embargo, este grosero argumento fue uno de los más repetidos por los adversarios de la nueva materia.
Una vez publicado oficialmente el contenido curricular para los diversos cursos en que habría de impartirse, las criticas adquirieron otro calado: En los documentos y
declaraciones de los obispos se ha tachado a la asignatura de estar imbuida por el relativismo moral, de estar implícitamente fundamentada en una antropología que no
cuenta para nada con la transcendencia; de no remitirse en ningún momento a la verdad.
También se la ha acusado de insistir en el rechazo a la homofobia, y de reflejar la ideología de género.
En consecuencia, se le ha imputado que invade ilegítimamente el ámbito de la formación de la conciencia, y en particular el derecho de los padres a elegir el tipo de
educación religiosa y moral que deseen para sus hijos.
Parece claro que algunas de estas críticas más que verdaderos argumentos no son otra cosa que un juicio o proceso de intenciones, obsesionados por la idea de que
alguien pretende vehicular una ideología de grupo o de partido. Tal es el caso de la imputación referente a la supuesta imposición de la ideología de género, sin otro
fundamento sino que en el currículo se utilice el término género en lugar de sexo, terminología más amplia de uso convencional común en la actualidad, ya incorporada
incluso al lenguaje jurídico y de manejo habitual por los expertos.
¡Qué decir de lo del rechazo a la homofobia! ¿Es que a estas alturas no es signo de liberalidad y tolerancia el rechazo a la homofobia, del mismo modo que a cualquier
otro tipo de discriminación peyorativa?
Insisten mucho en lo del relativismo (eso viene de Roma, como sabéis), en la antropología subyacente, en la no referencia a la verdad ...
Es decir, en el fondo lo que se rechaza es la laicidad de la asignatura, su exquisita neutralidad a los planteamientos religiosos, y por supuesto, a cualquier
fundamentación teológica de la moral y del sentido de la vida.
Sin embargo, no han podido señalar ni un solo epígrafe que implique menosprecio o desconsideración de las creencias, porque en cambio si que existen
sendos pasajes del currículo orientados a glosar la libertad de conciencia y la libertad religiosa. 
No podía hacerse de otro modo, pues conforme analizamos anteriormente, al concepto de ciudadanía le es inherente la laicidad. Una materia escolar común a todos
los alumnos no puede fundamentarse sino en principios de racionalidad secular, ni afirmar otros valores que los asumidos a través de una dialéctica dialogal por la
sociedad, y por excelencia aquellos que consensualmente quedaron plasmados en la Constitución del Estado.
Cada cosa tiene su lugar, y entendemos que el lugar propio para impartir doctrina referente a una antropología de la transcendencia, a un objetivismo moral
fundamentado en la ley natural (trasunto de la voluntad de Dios creador), a un sentido de la vida ultraterreno, y a una verdad incuestionable ante la que debe ceder la razón
individual, es la clase de religión que imparten los ministros de las confesiones, cada cual por cierto de acuerdo con su fe y con sus tradiciones. Todo ello es sumamente
respetable, pero no puede ser el fundamento de una ética civil, substrato común de la convivencia, que es a lo que tiene que servir la Educación para la Ciudadanía, que
diciéndolo con mayor simplicidad no puede ser –como no lo va a ser- ni teológica, ni antiteológica.
Menor sentido todavía tiene toda esta polémica, basada como argumento principal en el derecho a elegir de los padres, en un país como el nuestro, que tiene en
este momento una red amplísima de centros privados concertados, sostenidos con fondos públicos, de mayoría confesional, en los que esta asignatura, como cualquier
otra, va a ser impartida por el profesor que designe la entidad titular del colegio, y de acuerdo con el ideario o carácter propio del mismo.
Pese a todo lo cual, los prelados y las asociaciones de signo más conservador (digámoslo claramente, más furibundamente antigubernamentales), han intentado
promover un grave conflicto de desobediencia civil en estos meses que no por casualidad son preelectorales.
No podemos ignorar que si hubieran tenido éxito tales propósitos, si toda la enseñanza privada concertada de este país se hubiera negado a impartir la asignatura,
desobedeciendo la ley del Parlamento y los Decretos del Gobierno, habríamos estado ante una crisis seria cuyas consecuencias habrían afectado a miles de familias
perturbando seriamente la paz social.
Merece a este respecto un gran elogio la capacidad persuasiva y la habilidad negociadora de D. Alejandro Tiana, sensible a limar del currículo algún epígrafe que
hubiera podido interpretarse equívocamente, y sobre todo dando oportunamente las garantías –que legalmente no podía negar- a los centros privados de que en esto,
exactamente igual que en todo lo demás, la ley les ampara para que procedan en conformidad a su respectivo ideario.
Hay quien no quiere entender que la ética civil y la moral religiosa no tienen porque ser necesariamente contradictorias, sino que pueden y debieran ser
complementarias.
Desde esa convicción convivencial que supone la complementariedad algunos venimos trabajando desde hace muchos años en pro de la ética cívica.
Victorino ciertamente ha sido uno de los que más ha hecho por introducir la Educación para la Ciudadanía, y la Fundación Cives ha hecho y hace una excelente
labor en el mismo sentido. Ello les honra. Por eso nos hemos reunido esta noche para testimoniarles nuestro afecto en la persona de mi viejo y entrañable amigo Victorino
Mayoral, excelente ciudadano, para quien yo recabo el aplauso de todos ustedes porque él es el verdadero protagonista de este acto.
Nada más y muchas gracias.

09/11/2007 11:04 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: POLITICO. No hay comentarios. Comentar.

01/11/2007

INMIGRACIÓN, CAPITALISMO, PROTECIONISMO E IDENTIDAD: EL CASO ESPAÑOL (El

LA MUERTE DE LA INMIGRACIÓN.
Es cierto (y sabido) que, cuando amenaza crisis económica, de pronto los medios de comunicación comienzan a mostrar mozas dotadas de esplendidos caracteres sexuales segundarios; mensaje subliminal, vaya, para indicar a las féminas que lo bueno es la maternidad, el hogar y… dejar puestos de trabajo libres para los varones. Ahora es extremadamente revelador (y alarmante) ver como el concepto de raza y su utilización en las ciencias sociales vuelven al galope. ¿Es para separar los que deben ser privilegiados de los demás? Por ejemplo, se comenta la aparición de un libro de Didier y Eric Bassin titulado “De la question sociale a la question raciale?”1. Un paso importante desde que, en su libro “Face au racisme”2, P. A. Taguieff subrayara que “la incapacidad de una determinada izquierda progresista para pensar el renacimiento de los estereotipos xenófobos y antisemitas…, y el ascenso del Front Nacional, precisamente han permitido tomar conciencia de las ilusiones y de los límites de la acción antirracista tal y como ha sido llevada hasta ahora… La lucha contra el racismo o la xenofobia… no puede ya obviar trabajos e investigaciones de las ciencias sociales… Esto es un aviso a los antirracistas del futuro: un día, tendrán que adaptarse”. Jean Birnbaum, a su vez, explica que “hoy el movimiento antirracista conoce una crisis sin precedente… Algunos investigadores sociales intentan considerar no ya el … sino la como representación colectiva y como categoría ya inviable:… Lo que era ocultado se ha tornado omnipresente, lo callado es hoy un lugar común… [Se habla de] recolocar el hecho racial en primera fila y ello por dos motivos: por una parte, se asiste a la liberación de un discurso tendente a la estigmatización de tal o cual población en función de sus orígenes o de su color de piel… Por otra parte, hay que reconocer que los mismos marcadores identitarios pueden, a la inversa, ser utilizados para luchar contra la discriminación”3. Concluye Taguieff que “la raza se ha transformado en un arma política, utilizado por los actores para defender intereses, atraer electores, reivindicar posiciones y consolidarlas”.

Lo cierto es que, el 06-XI-2006, el diario británico “The independent” publicaba una “carta étnica de Gran Bretaña” en la que distingue entre “blancos”; mestizos “subdivididos en hijos de blancos y negros del Caribe”, ídem “de África”, de “blancos y asiáticos”, y “otros de origen mixto”; “asiáticos o ingleses de Asia”, subdivididos en iraníes, paquistaníes, blangladíes, y otros; “negro o ingles negro”, subdivididos en caribeños, africanos, y otros origen negro; “chinos y otra población étnica”, subdivididos en chinos, y “otros”… Y así ya están identificadas, por ejemplo, las zonas donde hay más paquistaníes (el barrio de Frizinghall, en la ciudad de Bradford: 73% de la población), judíos (en Salford), mestizos (Princes Park, en Liverpool: 11%).

Y en la misma dirección se va en Francia: la encuesta del INSEE (o sea la Seguridad Social) se prepara, en el futuro, a “recoger informaciones sobre el origen de las personas, las pertenencias étnicas declaradas y los factores discriminatorios (color de la piel, acento, prácticas alimentarías, etc)”. Y es que, como afirma la socióloga Dominique Schnapper, “el establecimiento progresivo de estadísticas étnicas se ha tornado, sin duda, inevitable”. El propio Presidente de la República, Sarkozy, se ha declarado “favorable a la mención de los orígenes tanto en las empresas como en las estadísticas de delincuencia”4. Igualmente, en los USA, y ya desde el año 2000, se pregunta si la persona es “Spanish/Hispanic/Latino” o “Puerto Rican”, o bien “Mexican, Mexican Am, Chicano” o “Cuban”, y si son de raza blanca, o “Black, African Am, or negro” etc, etc, etc. En Holanda a su vez se pide, en el censo, el lugar de nacimiento del censado más el de los dos progenitores.

Es cierto que, en algunos casos, hurgar en el origen racial se ha debido originariamente a los efectos de la concesión de conocer la situación e importancia de las minorías raciales discriminadas a afecto de compensaciones administrativas y de otro tipo; pero, en otros casos, el mensaje es claro: dejar de escuchar a los que afirman (inmigraccionistas de extrema izquierda, liberales-libertarios, y determinados neo-liberales ultras) que no hay que hacer nada para impedir la inmigración salvaje pues de lo que se trata, con la inmigración, es de un aspecto más de la mundialización neoliberal, y que la inmigración salvaje no sería rechazable si de lo que se trata es de cambiar el mundo. Pero hoy, prohibir las regulaciones masivas y regular el flujo migratorio se esta transformando en un imperativo político, económico y social (cuando no incluso también religioso); y, cuando eso no es posible, se termina procediendo a repatriaciones cada vez más intensas (caso de Europa), o masivas (caso de Malasia, por ejemplo), o edificando muros y vallas (USA, España,…), o/y zonas tampón (por ejemplo el Maghreb ante de la frontera sur de la UE).

Demasiado Estado o demasiado mercado matan, respectivamente, al Estado o al mercado… y demasiada inmigración matará, tarde o temprano, a la inmigración, previo pase por cerrojazos, broncas, enfrentamientos étnicos, y lepenización de las mentes. Así, según sondeo de TNS-SOFRES5 26% de los franceses “se declaran de acuerdo con las ideas de J. M. Le Pen… y sólo un entrevistado de cada tres franceses juzga sus posiciones inaceptables…”.

Tomemos ahora el caso español: 5 millones de españoles se estima que emigraron a América Central y del Sur posteriormente a Colón. La misma cifra ha entrado en España en los últimos 5 años; sólo que tan sólo a España, y no a las dos terceras partes de un inmenso continente. ¿Entonces? Siendo el pueblo español un pueblo acogedor, consciente de haberse instalado, a veces violenta y masivamente, por todo el ancho mundo, es lo cierto que “demasiado es demasiado”, tanto en cantidad como en velocidad de los flujos. Y no es exagerado pensar que, para cada vez un mayor número de españoles, esta inmigración es tan masiva que recuerda el aserto de Jordis Lohausen6: “Una inmigración puede sustituir una invasión”

Van cambiando las percepciones, y de forma inquietante pero lógica. Porque a los españoles nos van a malograr. Por ejemplo: Sobre si los inmigrantes pueden traer sus familias, la respuesta es, generosamente, “si” para el 73%; acceder a la educación pública, generosamente: 92,5%; tener asistencia sanitaria gratuita: generosamente 81·%; obtener un puesto de trabajo en igualdad de condiciones que los españoles: generosamente 86,4%, etc. No nos importa mucho, generosamente, que lleguen a ser a nuestros jefes o casarse con un familiar nuestro, o que vayan a los mismos colegios que nuestros hijos… Si, pero, cuando en el Barómetro del CIS de Noviembre de 2005, la inmigración era el tercer problema (detrás del paro y del terrorismo), en el de Septiembre del 2006, se transformó en el primer problema (casi el 60%), el segundo el paro, y el tercero la vivienda (pero es que ambos tienen que ver con la cuestión migratoria). ¡Cuanta ceguera frente hacia donde nos encaminamos! Pues ya en el Barómetro noviembre del 2005: 1) el 92,9% de los españoles consideraban que los inmigrantes eran, entre “bastantes” y “demasiados”; 2) 6,8% consideraban que había que permitir la “entrada libre” frente a 90,7% que se muestra partidario de algún tipo de limitación. Y sin embargo la clase dominante, claramente apoyada por patronales, sindicatos, y medios de comunicación, no sólo no se da por aludida, o escurre el bulto, sino que insiste una y otra vez en que lo que la “sobreinmigración” no sólo es “inevitable”, sino “beneficiosa”…

PRIMER MITO: “TODOS CONTENTOS”. La inmigración se hallaría, dicen, en el origen del crecimiento español. En realidad, el agente principal del crecimiento español ha sido el ingreso en la UE, el 01-01-1986. Desde entonces hemos crecido 20 puntos, es decir, un punto por año. Como señala Concha Martín8 “buena parte de los avances se explican por los fondos a los que España ha podido acceder y que suman más de 150.000 millones de euros en estos últimos 20 años”. Financiación de la agricultura, de las infraestructuras, ayudas a empresas, al desarrollo regional, a la cohesión, a la formación: una auténtica lluvia de dinero que hay que sumar a algo menos aludido (y por ello menos conocido): los latigazos económicos provocado por el acceso del mercado europeo, la devolución de la moneda, cuando se pasó al euro, y además por los colosales déficits y endeudamientos tanto de las autonomías como de los municipios9. No significa esto que el aporte económico de la inmigración haya sido despreciable pero, como veremos, ha sido mucho menor de lo que afirma el “molinillo de rezos” del “pensamiento cero”, y con muchas más disfunciones de lo reconocido… De hecho hay toda una mitología sobre la inmigración, sostenida tanto por la izquierda “bien pensante” “caviar”, y por las clases dominantes y… también por las ONG, tan atentas ellas a un mercado tan expansión como es el de los pobres, de allá y de acá10, tan en expansión y tan rentable a la hora de mamar de los presupuestos estatales.

SEGUNDO MITO: “LOS INMIGRANTES VIENEN A DESEMPEÑAR TRABAJOS QUE LOS AUTÓCTONOS YA RECHAZAMOS”: Falso. Vienen a desempeñar trabajos que están muy mal pagados. Si la remuneración fuera decente, esos puestos de trabajo estarían ocupados por los españoles o por los “comunitarios”. Y cualquier sociólogo sabe que (desgraciadamente) el estatus social está hoy prácticamente determinado por la remuneración (antaño lo era por el prestigio social). Lo bien pagado es lo hoy valorado, y no es abandonado a terceros. Comparen ustedes estas dos noticias, 1) “Uno de cada tres nuevos médicos en España ya es extranjero”11; y 2) “Mil médicos españoles emigran cada año mientras las autonomías fichan a extranjeros”12. Y no es sólo aquí: afirma Heidi Przybyla13 que, en los USA, “un creciente número de economistas no cree que los estadounidenses no estén dispuestos a aceptar empleos modestos; son los salarios, y no el trabajo en si, lo que los mantienen al margen. Los estudios de esos economistas demuestran que muchos estadounidenses quieren los empleos que toman los inmigrantes, sólo que no pueden aceptarlos por las menguantes pagas y prestaciones…. [Por todo ello] la idea de que se necesitan personas para cubrir los empleos que no aceptamos es una locura”.

Pero, y además (y seguimos siendo los españoles “buenos chicos” pues, en el Barómetro de Noviembre de 2005, tan sólo el 47% pensaban que “por general, los sueldos bajan como consecuencia de la llegada de personas que vienen a vivir y a trabajar a España”), es evidente que la inmigración tira los salarios a la baja14. Hasta hace poco había una relación inversa entre la desigualdad interior y la exterior. Así, 1) la Francia de Luís XIV no tenía un nivel de vida medio inferior del Imperio chino, pero en ambos países la desigualdad interior era brutal; 2) la desigualdad se redujo en Europa durante la era del Keynesianismo, a la par que aumentaba la desigualdad entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado. Hoy, da la casualidad de que, aumentan simultáneamente la desigualdad interior y la entre naciones…. Pues bien: en ese proceso mucho tiene que ver la inmigración, y (como veremos) también las deslocalizaciones. Es sabido que existe una ley en economía de libre-cambio: los salarios tienden a alinearse sobre aquellos pagados en los países en los que peores salarios se pagan. Súmese a eso el hecho de que la inmigración permite importar los salarios bajos de los demás y se podrá comprender por que el salario medio de los españoles no ha aumentado desde ¡1997! El obrerito español (y europeo) ha podido ser “calmado a la fuerza” en sus reivindicaciones, antaño mediante un ejercito nacional de parados, y hoy por uno mundial. De ahí la felicidad de las patronales por una parte, y de los sindicatos “compradores”, vendidos15, por otro: en el primer caso, producto de una miopía económica drástica pues salarios más bajos implica demanda global deprimida (excepto endeudamiento de las familias hasta las cejas, caso de España; pero ¿por cuánto tiempo sostenible?) y, lo que es peor para los patronos, freno a ganancias reales productividad. Así, explica Guillermo López Casanovas, de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que hay que rechazar la idea que la inmigración aumenta la productividad: “La mayoría de los inmigrantes trabajan en sectores de productividad débil y en peor forma de todo la UE. La llegada de inmigrantes permite quizá evitar que algunas fábricas cierren, pero sólo hace retrasar la solución del gran problema de la economía española, a saber la productividad. Sin la inmigración, el necesario proceso de adaptación ya habría comenzado”. Mismo sonido de campana desde Xavier Salai Martín, de la Universidad de Columbia: “los inmigrantes, cuando llegan aquí, empujan los salarios a la baja e interrumpen las evoluciones tecnológicas”16. En cuanto a los sindicatos, favorecer sistemáticamente a los inmigrantes, o sea alinearse sobre la patronal y aceptar la competencia desleal para con el trabajador autóctono en material salarial, les conducirá, no a lo que ellos creen a (aumentar la afiliación o a compensar las pérdidas de la misma), sino a perder la base estable nacional, europea, sobre la que se asientan. Corren hoy los sindicatos por la misma pendiente de una izquierda por la que es cada vez más difícil hacer votar a las clases obreras….

TERCER MITO: “ACOGIENDO LOS POBRES DE LOS PAÍSES EMISORES, CONTRIBUIMOS A ALIVIAR, ALLÁ, ADEMÁS DE COYUNTURAS NEGATIVAS PERSONALES, COYUNTURAS NEGATIVAS NACIONALES”.
Si la inmigración impide, acá, la mutación necesaria en la productividad, impide en parte allá, es decir en origen, el necesario despegue económico y científico. Y ello porque esos países son sangrados de los mejor de sus cuadros… Porque no son aquellos con una mano delante y otra detrás los que mayoritariamente vienen acá, sino los que están formados (a costa del erario público) y los que tienen capacidad (individual, grupal, o familiar) de generar el excedente con el que pagan el cayuco, al traficante, … y al funcionario del Estado que mira para otro lado. En otras palabras, como afirma Ángel Aranda17, dando cuenta del “Estudio sobre Inmigración y Transformación Social en España”18: “Sorprendentemente, y contrariamente a lo que suele pensarse de forma generalizada, la pobreza de los inmigrantes no es un factor predominante a la hora de trasladarse a miles de kilómetros de distancia con la esperanza de iniciar una vida mejor”. De hecho, según los catedráticos Enrique Argullol y Guillem López (también de la Pompeu Fabra, de Barcelona), “los inmigrantes que se asientan en España no son los más pobres de sus países. Cuando más pobre se es, menos se emigra”….

El drenaje de cerebros: En cuanto a la formación, el 20,7% de los inmigrantes a España la poseen universitaria (contra 23,2% en los autóctonos)19”. Y se trata de un fenómeno generalizado: El informe “International Migration, Remittances & Brain Drain” del Banco Mundial20, afirma que “una proporción importante de las poblaciones con educación de los países pobres abandonan estos, lo cual es particularmente preocupante en ámbitos tan cruciales como la salud o la enseñanza”21. El daño provocado a los países de origen puede reflejarse en la noticia de que hay más médicos de Malawi en Manchester que en todo Malawi… ¿Suplen las remesas esa hemorragia?

CUARTO MITO: “LOS INMIGRANTES APORTAN MÁS DE LO QUE CUESTAN”. Falso doblemente, ni con carácter inmediato, ni a término, es cierta esa afirmación. Y además, depende de “¿para quién?”. Es evidente que, si a largo plazo, los inmigrantes frenan los incrementos de productividad, a corto plazo son muy rentables para el capital, tratándose de mano de obra barata, sumisa y paciente. Ello por ahora; porque téngase en cuenta que con la generación aquí nacida, o aquí traída desde la infancia, el panorama variará considerablemente, acabándose (véanse Francia y sus suburbios) lo que para muchos suple el “mito del buen salvaje”. Tomemos esta afirmación de H.M. Enzensberger22: “Nadie emigra sin promesa. Antaño, lo que vehiculaba la esperanza eran las leyendas y los rumores. La Tierra Prometida, la Arabia feliz, la legendaria Atlántida, el Dorado, el Nuevo Mundo: tales eran los relatos mágicos que incitaban a las masas a emprender el camino. Hoy, son sustituidos por la imágenes… que la red mediática planetaria manda hasta el último pueblecito del Tercer Mundo”. Ahora bien, aquí reside uno de los factores que explicarían la relación real, existente, entre sobrecriminalidad y sobre inmigración.

Porque ese mundo ideal descrito es ficticio también en este caso. Volvamos a Enzensberger (pág. 25): “Dichas imágenes contienen aún menos realidad que las leyendas de moda en el inicio de los tiempos modernos, pero su efecto es incomparablemente más potente. En particular, la publicidad es vista…, en el Tercer Mundo, como la descripción fiable de un modo de vida posible”. Con consecuencias muy graves. Porque ¿qué pasa con los hijos de los inmigrantes, aquí instalados? Se tratará de personas que, mentalmente, han pasado de agradecer (más o menos), a exigir (más), y ya no se conformarán con un “salario de clandestino”. Y, o bien obtendrán más que aquello con que sus padres conformaban, o bien tenderán a la sobredelincuencia, generando por cierto un incremento del gasto público y privado en materia de lucha contra la delincuencia, pero también en otros ámbitos…

Y con la cuestión de la inseguridad estamos entrando en si la inmigración es un gran negocio no sólo para el capital, sino también para él español de a pie. Ya hemos visto que se disparan, por la inmigración, los gastos públicos en materia de seguridad ciudadana y justicia23. También lo harán en otro ítem como es la sanidad. Lo harán vía muchos factores, pero en particular por las interconsultas y los medicamentos; y si no se incrementa el gasto (porque se comprima), entonces asistiremos a una degradación de la asistencia sanitaria: de hecho las listas de pacientes de muchos médicos de la Seguridad Social no recogen aquellos numerosos enfermos carentes de tarjetas sanitarias. Lo mismo acontece con la enseñanza en la que hay que gastar mucho más si queremos detener la caída en picado del nivel en las escuelas públicas a pesar de los esfuerzos desesperados del profesorado. El caso de Madrid es perentoriamente ilustrativo: La población inmigrante en Madrid representan el 12,1% del total. Sin embargo, consume el 46% de la factura en programas sociales de la región, entre los que se incluyen prestaciones por desempleo. El fomento del alumno extranjero cuesta anualmente 2.976 euros, cien más que un nacional.

Siete factores más empeoran el panorama:
1º. En breve, y como es lógico, la parte de la Europa Central ingresada en la UE detraerá una cantidad cada vez mayor de los fondos que hasta ahora eran destinados prioritariamente a España.
2º. El Sistema Impositivo español es, de hecho, cada vez más regresivo. Por ello, los sobregastos derivados de la inmigración serán financiados, sobre todo por lo que paguen las clases medias y bajas (y no por las clases altas, que son, además, las más beneficiadas por la inmigración).
3º. Cada vez más el paro recae sobre los inmigrantes, y (recuérdese el punto anterior) se disparan los gastos que los demás tenemos que financiar para cubrir el seguro de desempleo. Ya Guillem López Casanova (otro vez de la Pompeu Fabra)25 señaló recientemente que no sólo “sin la inmigración el proceso de adaptación [de la economía española] ya se habría iniciado, [sino que] a la inversa, acumulamos hoy una población en edad laboral que, en caso de crisis puede tornarse un problema”. Pues bien estas son las últimas noticias: “Casi la mitad de los nuevos parados en noviembre [del 2006] eran extranjeros… El paro se ha concentrado en sectores con gran presencia de inmigrantes (servicios y construcción)” 26. Y así seguirá y se incrementará. 4º. Y no digamos ya la sangría que se prepara cuando haya que pagar transferencias afuera de nuestras fronteras por las pensiones de jubilación.
5º. En cuanto al tan cacareado aporte de los inmigrantes frente al déficit de la Seguridad Social, el caso de Madrid es definitorio: los inmigrantes suponen un 12% de los afiliados a la Seguridad Social, pero sus cotizaciones apenas llegan al 6%....
6º. Y, además, lo que pagan los inmigrantes como fiscalidad es mucho menos de lo que suponen como gasto. Según Fernando Merry del Val y Lucía Figar (en una investigación para las Consejerías de Economía e Innovación Tecnológica y de Inmigración, ambas de Madrid)27: “el aporte global de los inmigrantes residentes en Madrid a la Hacienda estatal ascendió a 1.115 millones de euros en el 2005; mientras su gasto en servicios sociales, sanidad y educación se elevó a 1.374 millones”. O sea que “el aporte fiscal que realizan los inmigrantes es exiguo: cada inmigrante paga una media anual de 1.468 € en concepto de IRPF, IVA y cotizaciones a la Seguridad Social, mientas que sus gastos en servicios sociales, sanidad y educación ascienden a 2.097€. Por tanto, cada extranjero genera un saldo negativo de 629 € anuales a las arcas públicas”.
Añadamos a esto que si la cesta de la compra media española es de 6.577€, la de un inmigrante apenas rebasa el 50% de aquella; en ese aspecto no contribuyen sensiblemente a la inflación, pero tampoco al consumo. Si que está claro, sin embargo, que en el sector de la vivienda, el españolito medio sufre la presión inmigratoria: durante el primer trimestre del 2006, un 13,41% de los pisos fueron comprados por extranjeros, contribuyendo a disparar los precios del metro cuadrado.
7º. Atención al gasto público “no cuantificable”: porque aumentos de la población inmigrante tan brutales como el sufrido por España, y además en un tiempo record, suponen una auténtica explosión de inversiones en carreteras, conducciones de agua y gas, urbanizaciones, nuevos colegios,hospitales y centros de salud, comisarías, juzgados, prisiones, ayudas especiales a extranjeros (guarderías, comedores, ayudas para la educación…).

Pero insistamos sobre la cuestión de las ayudas y de las remesas: en julio del 2006, el número de parados extranjeros era de 133.109 personas, o sea un 21,6% más que un año antes; sin embargo el aumento de las prestaciones percibidas había aumentado (en el mismo plazo) un 33%. La importancia relativa en el gasto total pasó del 4,3 al 5,2%. Pero hay que algo peor: porque si lo percibido en concepto de paro sirviera para sostener el consumo interior, el problema sería menor. Sin embargo, en realidad, una parte considerable tanto de los salarios, como de los seguros de desempleo percibidos, sale para el extranjero bajo forma de remesas. Que ello sirva para paliar, al menos parcialmente, en el país emisor la hemorragia de personal formado a expensas del mismo29 es una cosa sin duda menos desagradable que la desinversión relativa que suponen para España esas transferencias de capital.

Se sabe que, en el Mundo, las transferencias financieras de los inmigrantes “se han multiplicado por más del doble en 10 años y alcanzan ahora 150.000 millones de dólares según cifras oficiales (en realidad más), es decir, dos veces el volumen anual total de ayudas al desarrollo”. En España, en el 2004, de una masa de 20.000 millones de euros percibidas en concepto de salarios, una estimación por lo bajo daría 8.710 millones transferidos lo cual nos sitúa en el octavo lugar en el ranking de países transferidores31, pero ¡el primero en la UE!: en el 2004, las remesas que de aquí salieron supusieron 3.258´3 millones de euros, es decir más de un tercio más que las que salieron de Alemania, y más del doble de las francesas. Cuando el peso en el PIB de nuestras remesas es de 0,39% (frente al 0,09 de Alemania y el 0,08 de Francia), el incremento de las remesas en los últimos cinco años ha sido de 14,9% (cuando en Francia ha disminuido en un 0,8%)32. De lo que acabamos de describir, se puede pensar que es una moralmente justa compensación por el daño causado al país de los inmigrantes; pero objetivamente, para nosotros, se trata de una desinversión….

QUINTO MITO: “LOS INMIGRANTES TIENDA A REJUVENECER LA POBLACIÓN Y, POR ELLO A ASEGURAR NUESTRA VEJEZ”.
Realmente aquí coexisten (y se alimentan mutuamente) dos mitos. O mejor una estafa y un mito. Comencemos por la estafa: se nos dice que corresponde a la población activa mantener a los que dejan de trabajar. ¿Sólo a ella? Es decir, ¿no tienen nada que aportar las enormes ganancias de productividad de las que año tras año se beneficia el capital? Por ejemplo: si hace 20 años se necesitaban tres turnos de 8 horas para producir 300 automóviles, y hoy tan sólo se necesita uno. ¿Nada tiene que ver esa empresa en el mantenimiento de los ya inactivos? Es decir, a productividad mayor obtenida por las empresas ¿no corresponde mayor obligación social? Por lo visto, al trabajador toda la obligación, pero al capital “si te he visto no me acuerdo….”

Ahora el mito: a saber la mayor natalidad de los inmigrantes. De hecho, estos se adaptan muy rápidamente al patrón dominante de la madre española. Es decir dos hijos por pareja como media. Contribución a una sobrenatalidad: prácticamente nada. Y, de hecho, las parejas inmigrantes adoptan ese patrón de comportamiento por los mismos motivos que las parejas españolas: no se hacen hijos con salarios bajos y con inestabilidad laboral. Pero, además, ese alineamiento sobre el patrón dominante no se consigue por la vía, barata, de la contraceptación, sino por la cara, del aborto. Así casi la mitad de los inmigrantes que abortan lo habían hecho ya antes al menos dos veces. Peor: el 10% de las inmigrantes que abortaron ya lo había hecho entre 5 y 10 veces más antes, a lo largo de su vida. Y eso no son los datos reales, pues muchas irregulares recurren al aborto clandestino. Resultado: entre el 40 y el 50% de los abortos practicados en España corresponden a inmigrantes.

Dos realidades futuras (si se permite). Demasiada inmigración, hemos dicho, matará la inmigración. Y será entonces el momento de volver a planteamientos inmigratorios mucho más selectivos34. Pero esas compuertas en muchos países abiertas de par en par35 nos van a dejar dos lamentables herencias. La primera es la evolución divergente, aquí, de la situación del obrero y del patrono. Asemejan una autopista, es decir de doble vía, donde se circula en paralelo pero en sentido inverso: el obrero hacia atrás y el patrono hacia delante. Este último se apoya en la complicidad del Estado, de los sindicatos, del poder mediático y del eclesiástico para ganar dinero como nunca. Y como con la inmigración clásica parece no bastar para detener esa bulimia de ganancias, pues les llevamos las empresas a casa: así en España según noticia del 04-12-05 “los beneficios empresariales siguen creciendo más del 20% mientras la economía crece un 3,5%...”36, pero un tal Instituto de Estudios Económicos “ligado a la CEOE”…. recomienda a las empresas que se trasladen a países con costes más bajos”37. Aquí, en España, o no hay datos o, sencillamente, no los dan; pero en Francia han quedado muy tocados por las deslocalizaciones sectores como el textil, la vestimenta, y el cuero, los electrodomésticos y el electrónico y se calcula la disminución de puestos de trabajo desde 1.270.00 en 1980 a 670.000 en el 2002.

Habitualmente, los inmigrantes son los primeros en poner el grito en el cielo cuando se habla de restringir la inmigración, y, sin embargo, una inmigración excesiva les perjudica tanto como al trabajador foráneo. No es sólo que el salario del Nacional esté estancado, sino que, además en el 2005, el sueldo real de cada extranjero cayó un 2%. Pensando en toda Europa, escribe Serge Maury39, que “alentar irresponsablemente una inmigración masiva constituye un crimen cara a millones de inmigrantes ya instalados, en situación legal o no, cuyas condiciones de existencia de vivienda, de trabajo constituyen un escándalo. Toda nueva explosión migratoria hace retroceder sus posibilidades de acceder a una vida decente”.

Segunda gran cuestión: el racismo. Y un cosa es condenar el nazismo por lo que fue, es decir, un régimen autoritario, xenófobo e imperialista, y otra cosa tragarse todo lo que la propaganda de la postguerra ha dicho sobre él. Por ejemplo, el antisemitismo antijudío fue central en el nazismo pero, créalo o no el lector, el nazismo incorpora el racismo en general como un elemento más, y no central. Y, sobre los trabajos del báltico Alfred Rosenberg empeñado en demostrarla superioridad de la “raza germánica”, es conocido el sarcasmo de Hitler según el cual “Cuando Roma era ya Roma, los germanos aún vestíamos pieles de oso”40. Y no se conocen restricciones impuestas a los/as ciudadanos/as alemanes/as para contraer nupcias con las/os demás ciudadanos/as europeos/as excepto la chorrada de ser “arios”. Paradójicamente sin embargo, se equivocaba Maurice Bardeche, el mayor teórico del fascismo en la postguerra, cuando afirma que nunca se había visto no quedar nada de un régimen que fuera tan popular. Nos guste o no: algo quedó, quizá porque responde a un elemento básico de la biología del comportamiento, cual es la llamada “ley de proximidad genética”. Y ésta nos dice que el grado de sacrificio para con otra persona está en función directa de la similitud genética. Es decir, que excepto sometiéndose a un autocontrol decidido, primero cuido a mis hijos, luego a sus primos, y sólo en tercer lugar al vecinito de la esquina. El racismo lo llevamos pues en los genes, nos guste o no. Y combatirlo requiere un nivel de conciencia y de voluntad no desdeñable. Pero, si lo llevamos en los genes, significa que cualquier error, cualquier abuso, cualquier sobrepasamiento o descuido le beneficia. Y por ello el racismo parece la única herencia del nazismo destinada a sobrevivir, y a expandirse si no se la controla, y a hacer inútiles los esfuerzos en contra si se dejan crear condiciones objetivas favorables para su alimentación. Más aún: cuando se produce sobreinmigración, se produce esa cosa tan aparentemente inesperada como la que describen Sami Nair y Enzensberger Nair: “el inmigrante, una vez integrado se vuelve… intolerante hacia los extranjeros e inmigrantes que llegan posteriormente”. Enzensberger: “Dos viajeros en un comportamiento de tren… Están confortablemente instalados, como en su casa… Las plazas libres están ocupadas por periódicos, abrigos, bolsas. Se abre la puerta y entran otros dos viajeros. Manifiestamente existe repugnancia en apretujarse, en liberar los asientos libres y espacio para las nuevas maletas. Los dos primeros viajeros, aunque no se conozcan, manifiestan una sorprendente solidaridad. Frente a los recién llegados, se comportan como un grupo. Se está disponiendo de su territorio. Cualquier que en él penetra es considerado un intruso. Se sienten naturalmente como la gente del país, del que reivindican la totalidad del espacio. No es una visión racional de las cosas. Pero está muy anclada en ellos. [Sólo que] he aquí, ahora, que otros dos viajeros más abren la puerta del comportamiento. El estatus de los dos que previamente han llegado se modifica en el mismo instante. Eran intrusos, marginales; helos aquí, de pronto, transformados en autóctonos. Desde ese momento, forman parte del clan de los sedentarios, propietarios del compartimiento, reivindicando todos los privilegios que se atribuían los predecesores. Paradójicamente defienden así un territorio [y] no sienten la menor simpatía por esos últimos llegados…. Téngase en cuenta que todo el proceso está condicionado (a la postre, determinado) entre otros, pero con especial inmediatez, por la capacidad del departamento… variable en función, volvamos a tierra, de factores económicos a su vez condicionados por la no tendencia al empobrecimiento per cápita de los ocupantes “instalados” e incluso por la no tendencia a la merma de sus expectativas”. Por ello es por lo que cada vez más inmigrantes en Francia votan por Le Pen o por Sarkozy.

Las gentes de a pie piden protección para el Pueblo frente a la mundialización y sus consecuencias (inmigraciones y deslocalizaciones masivas; arbitraria circulación de capitales; sometimiento de los bancos centrales a los imperativos del mercado, es decir a los 2000 nombres de oligarcas dominantes), y ello es absolutamente normal. Y si defender ese punto de vista es populismo o/y proteccionismo ¡pues bienvenido sean! Alguien tiene que contraponer los intereses del pueblo a los de las elites. El peligro no reside en defender al Pueblo, que falta hace, sino en qué se entiende por este, y el exceso de inmigración puede transformar la oleada populista vislumbrada43 en un tsunami etno-populista que implique a sociedades duales, con blancos protegidos por una parte, y otras poblaciones incitadas de una forma u otra a retornar a sus países de origen. Así, pueden coexistir en el tiempo, y en relación a un país como Canadá, país impensable sin la inmigración, dos noticias: la primera, del 12-12-05 explica que “Canadá quiere aún más inmigrantes. Modelo de integración, este país vive la inmigración como un enriquecimiento”; la segunda: "Fin del sueño multicultural: Canadá figuró mucho tiempo como modelico en materia de integración. Pero con la llegada masiva de nuevos inmigrantes europeos, el pais descubre la exclusión y el racismo”. Todo lo anterior explica la alarma de ver “un racismo inquieto, más locuaz y más agresivo sustituir a un racismo tranquilo”.

Epílogo.
América Latina esta virando en algunos casos hacia una izquierda populista que obviamente va a repartir rentas petroleras o/y mineras47 (ejemplo: Hugo Chávez), y en otros hacia una seudo izquierda que terminará siendo social-liberal pero mientras algo hará para la galería (ejemplo, Lula); a su vez, en el 2006, el Producto Interior Bruto del continente africano crecerá casi un 6%48. Es pues el momento de aplicar políticas claras en relación con una “sobreinmigración” insoportable no sólo para el país en si sino, y sobre todo, para las clases más desfavorecidas; política cuyos puntos mínimos serían:
1º. Hasta poder asistir correctamente a los inmigrantes ya dentro de España, cerrar puertas a los inmigrantes no europeos.
2º. Devolución incentivada de todos los inmigrantes que hayan cometido delitos importantes y, desde luego, de todos los ilegales. Primero porque no existe ningún derecho humano (ni en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa ni en la onusiana) que permita forzar la entrada a la casa del vecino (y menos aún sin aceptar cumplir con las normas básicas de convivencia de la casa huésped). Segundo, porque si la inmigración tira los salarios a la baja, la ilegal los lleva al abismo….
3º. Inmigración sólo aceptada en base a contratos previamente obtenidos y temporales (y validados, por un visado en buena y debida regla en el caso de inmigrantes no europeos): si la precariedad afecta al trabajador español y al inmigrante legal ya establecido, lo menos es que al mismo rasero sea sometido el “aspirante” no europeo.
4º. Números clausus en las empresas: en tanto se cumpla dicha limitación, aportaran las empresas una cantidad a la Seguridad Social destinada a financiar los gasto de vivienda, sanidad y educación tanto del inmigrante como de su familia “reagrupada” y coste del transporte de repatriación. En el caso de que la empresa emplee ilegales habría que duplicar esa aportación.
5º. Políticas estrictas de visados para el llamado “falso turismo”.
6º. Legalizaciones sólo caso por caso.
7º. Nacionalizaciones sólo caso por caso, tras 5 años de residencia permanente, y siempre, y cuando la entrada en el país sea legal y no se haya delinquido gravemente.
8º. Reagrupación familiar sólo en el caso de familias de nacionalidad europea. Lucha contra el fraude en la materia.
9º. Cuatro años de vida en común demostrada para obtener la nacionalidad por matrimonio o pareja de hecho.
10º. Consideración final: Los españoles somos europeos. Ciertamente tuvimos una deuda con Hispanoamérica tras la colonización de ésta, deuda ya saldada, vía inversiones, emigración, inmigración, y lo que allá dejamos. Tenemos una deuda con África por tráfico de esclavos, que habrá que saldar con ayuda masiva al desarrollo; pero somos ante todo europeos, y además Europa nos ha inundado de riqueza y solidaridad en los últimos 20 años. La apertura de Europa hacia el Este, nos obliga, moralmente, a un esfuerzo solidario en materia de inmigración procedente de dicha zona.

Junio-Septiembre, 2007.
01/11/2007 12:26 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

¿QUIÉN ES DE BAJA O ALTA EMPLEABILIDAD?

La simplificación o simpleza domina a los políticos cuando se conoce el dato mensual del paro. Cada mes se publica la cifra:sube un poco, baja unos miles, vuelve a subir mucho, baja de nuevo… Lo repetimos los periódicos, la radio y la tele. Y siempre ocurre lo mismo. Si se titula “15.000 parados menos”, el Gobierno está encantado y la oposición minimiza la importancia del dato. Si es al revés, para el Gobierno no es algo representativo y la oposición se escandaliza. En el fondo, es una simplificación. Además de que el dato global es falso (nunca hay 15.000 parados más, sino 45.000 parados más y también 30.000 empleados más, lo que da los 15.000). Y se olvida el principal problema: la masa de 900.000 parados que sufren “baja empleabilidad”, aberración semántica acuñada por expertos laborales.

¿Quién tiene “baja empleabilidad”? Aquellos que son demasiado mayores o carecen de cualificación o habilidad incluso para desempeñar trabajos sencillos. ¿Harán los políticos algo por ellos? ¿Lo haremos los hoy altoempleables y quién sabe si mañana? Pongamos dos ejemplos:

Bajoempleable número 1

William Morla Martínez, 50 años, casado y padre de dos hijas, mecánico en un humilde taller de un suburbio de Guayaquil, quien aterriza hoy, lunes, a las cinco de la tarde, en El Prat, vuelo de Iberia de 14 horas y 10 minutos de duración. Será su segundo viaje a España. Hace nueve años, William trabajó durante siete meses en un desguace de coches en Barcelona. Pero aquí, en España, tampoco consiguió salir de pobre: mayor de 40, escasa cualificación, inmigrante de piel cobriza… Carne de cañón para empresarietes insalubres. No merecía la pena. Así que regresó a Ecuador. Dos años más tarde, ante la evidencia de que su situación en Guayaquil no iba a mejorar, William y su esposa, Alexia, deciden hipotecar su casa para conseguir el dinero con que ella, en lugar de él, se vaya a España, a Barcelona, acompañada por su hija mayor, a probar suerte. Cinco años después, la segunda hija se une a su madre y a su hermana. Hoy llega William y todos se reencuentran. El visado está vigente hasta el 25 de noviembre, pero probablemente no haga falta más porque la familia se quedará, al completo, en España, gracias a las leyes de reagrupamiento de inmigrantes.

Bajoempleable número 2

Sergi Xavier Martín Martínez, 21 años, de Santa Coloma de Cervelló, Barcelona, 7.700 habitantes, conocido popularmente como Locati, es el tonto del pueblo, un clásico en los chistes. Hace unos días, agredió sin mediar palabra a la hija menor de William Morla Martínez en un tren de cercanías de Barcelona. Sin soltar el móvil. Hijo de padre alcohólico, abandonado por su madre, criado por su abuela sin posibles ni ayuda, diez años en tratamiento médico por problemas psiquiátricos, internado un año en un hospital de salud mental para adolescentes, derivado luego hacia otro centro psiquiátrico de Sant Boi para seguimiento, practicante intermitente de todas esas terapias porque la familia no le podía llevar, consumidor posterior de alcohol y drogas, responsable de heridas autoinfligidas desde niño, sin preparación, frustrado por su incapacidad de mantener puestos de trabajo eventuales, un tipo primario, malhablado y permanentemente iracundo. Un fracasado escolar más, otro macarra.

Desde hoy, cuando aterrice, William Morla estará unido a Sergi Xavier Martín por su segundo apellido y por la “baja empleabilidad” de ambos. Sin embargo, ahora William pretende quedarse, está tan empujado por todos que es posible que perciba que hoy, a diferencia de hace nueve años, goza de una gran empleabilidad en España. ¿De dónde le viene esa nueva sensación? De que, desde la agresión a su hija, ha sido agónicamente buscado, cortejado y agasajado por las máximas autoridades de Ecuador y España, que le han facilitado gratis, ante las cámaras de televisión el billete, el visado y una promesa de agrupación familiar en Barcelona. Ha sido perseguido, acosado y entrevistado por todos los medios de comunicación ecuatorianos, lo mismo que la horda de fotógrafos y cámaras en Barcelona hacen con Sergi Xavier. Y, por supuesto, esa percepción surge de que ha recibido “ofertas anónimas” de españoles para ayudarle con trabajo y dinero en una nueva vida en España, según la prensa ecuatoriana.

¿Es una patada en la cara a tu hija inmigrante, grabada por una cámara de seguridad y propinada por un nativo idiota, el factor que te proporciona “alta empleabilidad” en España cuando eres mayor de 50 años? En el caso de William Morla, parece que es así. Y seguro que no merece que sea así, porque él es mecánico de coches, desde hace mucho, mucho tiempo, y probablemente sabe tanto de motores como el que más. Lo que es seguro es que ya tiene más “empleabilidad” que Sergi Xavier, de quien no sabemos si en el futuro tendrá alguna como estrella de la televisión-basura, matón de club de carretera o en la lavandería de la cárcel. Quizá sea preferible que alguna autoridad laboral o sanitaria, antes que la judicial, se ocupe también de él.

Integración

Por él mismo, por la pobre chica insultada y salvajemente agredida y, en general, porque en España necesitamos que no haya más nativos españoles que, aquejados de “baja empleabilidad”, quieran hacer pagar a otros, los inmigrantes en este caso, su “alta empleabilidad”. Especialmente porque, si vemos estadísticas demográficas y labores, en absoluto está claro hoy quién es inmigrante o nativo, y quién poco o muy empleable. El cambio demográfico español de los últimos diez años está siendo tan profundo, como consecuencia de la baja natalidad nativa y la entrada de inmigrantes, que los conceptos de empleabilidad alta y baja han cambiado.

El camino es la integración. En 1992 comenzaron a llegar a la vida activa los 700.000 jóvenes que nacieron en España en 1976 –una España sin inmigrantes–, que fueron la mayor legión de jóvenes de la historia del país. Desde entonces, esta cifra ha ido descendiendo y lo seguirá haciendo hasta que en 2012 cumplan 16 años los nacidos en 1996, que fueron la mitad que 20 años antes: 350.000. Estos jóvenes se incorporarán a la vida activa con entre 18 y 20 años en promedio, alrededor del año 2015. Desde entonces la cifra de los nacidos en España que cumplirán 16 años volverá a aumentar lentamente, gracias a que desde 2001 los inmigrantes extranjeros están aportando más del 15% de los neonatos. Cuando todo esto empiece a ocurrir, ¿quién será más o menos empleable?
01/11/2007 11:26 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

La izquierda que no vota

En diversos países europeos, hay una izquierda sociológica abstencionista, hipotensa más que pasota. Es la que hizo que Blair resultara, en 2005, el líder elegido con menos porcentaje de votos (35,3%) de la posguerra. O la que en Polonia se ha movilizado sólo en parte (la participación fue de un 55% y se considera un éxito) por el voto útil en favor de la Plataforma Cívica y de Donald Tusk, que es centro-derecha, y en contra de los gemelos Kaczynski. Se ha dejado notar en diversas ocasiones en España, ya sea en el referéndum del Estatuto catalán, en las generales de 2000 o en las últimas autonómicas y municipales. De movilizar a esa izquierda depende Zapatero para ganar en marzo. El caso español es particular por la derecha que tiene y los temas que suscita: las banderas, la idea de España, el papel de la Iglesia católica. El PSOE cuenta con que el PP, con sus excesos, le movilice a su electorado. Si el PP supiera adoptar una línea centrista y sin aristas, la situación sería otra. Italia es una gran excepción. Incluso pagando un euro, más de tres millones de italianos acudieron a las urnas para elegir al líder del nuevo Partido Demócrata, Walter Veltroni. ¿Tendrían más éxito movilizador unas elecciones de pago?

La antigua base social de la izquierda, trabajadores manuales de sindicatos, se ha ido disolviendo
La (o las) izquierda está en crisis conceptual. Un ejemplo es Bernard-Henry Lévy -de los pocos que no se han pasado al sarkozismo (que quiere deshacerse de Mayo del 68 "de una vez por todas")-, que considera como "cuestión central" (aunque no única) que la izquierda se diferencie por su ateísmo, y apueste por la inexistencia de Dios, como si no hubiera habido y haya grandes ateos de derechas, y cristianos de izquierdas. El propio Veltroni para su proyecto necesitará a la izquierda democristiana. En países como Polonia (pero también en Italia, y por lo que vemos en España), la Iglesia (católica) tiene un poder exagerado y hace política de apoyo a la derecha desde los púlpitos, mientras una parte de la izquierda se queda en casa. Quizás sobre hoy religión -y no es lo mismo la actitud ante la religión que ante la Iglesia, en lo que sí se diferencia la derecha en algunos países-, pero le falte a la izquierda espiritualidad (atea o lo que sea) y sentimiento. Es necesario algo más, o algo menos, que el ateísmo para movilizar a los descreídos políticamente.

La izquierda se está quedando sin nuevos intelectuales, sin referentes, y algunos de los pocos que quedan se han situado en un pensamiento meloso. Anthony Giddens, apóstol de la Tercera Vía y del Nuevo Laborismo (Brown nunca despreció como Blair el viejo laborismo), escribía en este periódico que la política debe ahora centrarse en el estilo de vida, como la lucha contra la obesidad o contra el consumo de alcohol por conductores o adolescentes. La izquierda está perdiendo el rumbo, sobre todo porque no tiene respuestas claras ante la globalización y las desigualdades que ésta genera, o al menos respuestas nacionales, que son difíciles o imposibles, al tiempo que tampoco se adentra en un nuevo internacionalismo. Quizás porque su programa tradicional ha tenido éxito, se ha quedado sin proyecto alternativo, sin propuestas ilusionantes, o que no responden a los miedos identitarios de mucha gente ante la globalización y la inmigración, y sin sentimientos que la muevan. Eso se ha notado mucho en Francia, donde la izquierda socialdemócrata ha quedado rota, también con la ayuda de la atracción por Sarkozy de algunos de sus principales referentes como Kouchner y Attali, o la neutralización de Strauss-Kahn.

La antigua base social de la izquierda -trabajadores manuales organizados en sindicatos que residen en barrios homogéneos y que trabajan en cosas parecidas- se ha ido disolviendo. Como señala un sociólogo español, quedaba el radicalismo de clase media, pero estas clases medias radicalizadas (funcionarios, empleados de banca, etcétera) ya no son modelo para las nuevas clases medias internacionalizadas. La izquierda no ha sabido crear modelos de partidos movilizadores. Se ha quedado sin modelo alternativo y con partidos que más parecen agencias de empleo que instrumentos de movilización. No hay que desesperar. Frente al crecimiento de la derecha cristiana, los demócratas en EE UU se quedaron atrás, y, sin embargo, parece -de momento sólo parece- que vuelven y con algunos apoyos religiosos. Pero lo peor que le puede pasar a la izquierda, socialdemócrata u otra, es la desmovilización de su base sociológica. Que crezca la izquierda que no vota.
01/11/2007 11:17 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: SOCIAL-SINDICAL. No hay comentarios. Comentar.

LA MEMORIA Y EL ESPIRITU DE LA TRANSICION

Ahora que se encuentra en trámite la llamada Ley de la Memoria Histórica con un texto mejorado, merced a las numerosas enmiendas introducidas, distintas voces desde el principal partido de la oposición intentan desacreditarla haciéndose portavoces de un supuesto espíritu de la transición, a la que tantas trabas pusieran en su momento, defendiendo el borrón y cuenta nueva que supuso la Ley de Amnistía de octubre de 1977.

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El doble rasero parece inspirar a los defensores del ’borrón y cuenta nueva’
Treinta años que, por momentos, no parecen haber cambiado nada en una derecha política que no es capaz de asimilar sin reticencias su condena a la Guerra Civil y a la dictadura del general Franco, cuando en su seno existen mimbres generacionales que, sin lugar a dudas, sostienen posturas inequívocamente democráticas sobre la cuestión, desmarcándose de ese periodo negro de la historia de España.

Negar la evidencia de la historia no tan lejana de España es tanto como negar que destacados miembros del Partido Popular se encontraron muy cómodos durante la dictadura, pero treinta años después de su desaparición y con el caudal informativo sobre las injusticias y sobre el retraso que supuso en todos los órdenes, sociales, culturales y políticos, parecería acertado que la ciudadanía percibiera signos evidentes de readaptación a los nuevos tiempos que, dicho sea de paso, serían recibidos como una lección educativa a los nostálgicos.

En esa reticencia a condenar la injusticia se encuentra, sin duda, la base del clima de crispación de esta legislatura en la que se ha creado una tensión innecesaria que, en ningún caso, se basaba en factores objetivos y que afortunadamente parece ir remitiendo.

Cómo entender si no las continuas alusiones sobre el alcance de lo que supuso la Ley de Amnistía. Alusiones que desbordan el contenido de la misma, que declaró exentos de responsabilidad penal todos los actos de intencionalidad política tipificados como delitos y sus conexos, realizados antes del 15 de diciembre de 1976, pero que en ningún momento tuvo la pretensión de provocar el olvido de la historia y menos todavía el ser un freno a la reivindicación moral y política de los que sufrieron por defender la legalidad republicana y la instauración de las libertades.

El doble rasero y unas ciertas dosis de hipocresía son los elementos que parecen inspirar a los defensores del borrón y cuenta nueva. Y para muestra un botón: mientras se afirma que esta norma rompe el consenso de la transición por reconocer derechos elementales a los represaliados políticos -muchos de cuyos restos se encuentran todavía en fosas comunes y cunetas no existe el menor problema para que la Iglesia, dentro de la más absoluta normalidad, beatifique a cientos de sacerdotes y religiosos ejecutados en el enfrentamiento armado. Como si sólo los vencedores de la contienda, como fue el caso durante decenios, tuvieran el derecho a reivindicar la memoria de las víctimas.

Pero, si hablamos de memoria histórica, sería bueno en este debate recordar que hace ahora treinta años se aprobó la Ley de Amnistía por las Cortes españolas, eso sí, con la abstención de Alianza Popular, que no quiso participar ni siquiera en la comisión redactora del proyecto, pese a que constituida ésta y por unanimidad de sus integrantes se invitó reiteradamente a sus representantes, sin resultado alguno.

La de Amnistía fue una de las leyes claves de la transición. Discutida y aprobada tras las elecciones de junio de 1977, en plena discusión de los Acuerdos de la Moncloa y con ruido de sables al fondo, cumplía una reiterada aspiración de las fuerzas contrarias a la dictadura y daba credibilidad al proceso democrático. Se trataba de amnistiar a las decenas de miles de represaliados, muchos de ellos exiliados, que cometieron la imprudencia de oponerse al franquismo.

El acuerdo sobre la ley no fue fácil, aunque las discusiones entre los representantes de los partidos políticos estuvieron presididas por la voluntad del consenso. Hubo un gran debate sobre la fecha de aplicación en tres fases y la razón de las exclusiones habidas en cada una de ellas; la autoridad aplicante; las garantías de aplicación y el plazo máximo para ello.

El acuerdo en la Comisión redactora parlamentaria fue general en casi todos los casos, pero desde el primer momento se pudo constatar que el escollo se producía en tres aspectos concretos: la amnistía laboral; la de los presos de ETA que habían cometido delitos de sangre y la de los militares represaliados.

La amnistía laboral era necesaria para permitir a miles y miles de trabajadores y funcionarios que fueron despedidos de sus puestos de trabajo por razones políticas reintegrarse a ellos sin pérdida de derechos, cubriendo el Estado las cotizaciones a la Seguridad Social.

La amnistía de los presos condenados o acusados por prácticas terroristas, que tenían las manos manchadas de sangre, sobre todo ETA, fue harina de otro costal. Desde el primer momento UCD se opuso frontalmente a esa posibilidad, alegando esencialmente que la sociedad no lo entendería y que los militares no lo aceptarían.

En algún momento pareció que el acuerdo devendría imposible y no fue hasta el último momento del último día que el Gobierno lo aceptó, al recordársele que las objeciones carecían de fuerza moral, cuando las condenas se habían aplicado por un régimen político que basó su legitimidad en un levantamiento armado contra un Gobierno elegido democráticamente, que consolidó su existencia en la victoria en una cruenta Guerra Civil -que destrozó al país-, en la supresión absoluta de las libertades públicas y en una represión masiva y brutal contra sus opositores.

Lo cierto es que la Ley puso en libertad a todos los condenados por terrorismo, pese a la resistencia del aparato militar que les tenía encarcelados.

La gran frustración de los representantes de la izquierda en la Comisión parlamentaria redactora de la ley fue la clara insuficiencia de la amnistía militar, sobre todo la que se refería a los oficiales y mandos que fueron condenados por pertenecer a la Unión Militar Democrática, a los que no se les reintegró en sus puestos en el Ejército. La posición de UCD fue inamovible. Se podrían reconocer los derechos económicos, como se hizo, de los mandos apartados del Ejército. Se prometió que más adelante se resolvería su situación, pero su posición no cambió. La aprobación de la propia Ley se tambaleó y estuvo a punto de irse a pique. Dejar fuera a los militares demócratas constituía una injusticia flagrante, muy difícil de aceptar. Pero los representantes de UCD fueron explícitos: el vicepresidente del Gobierno, Gutiérrez Mellado, en sus intentos de neutralización al Ejército, se había comprometido con sus altos mandos en que mientras estuviera en su puesto los miembros de UMD no volverían a las Fuerzas Armadas. Y si la Ley acordaba lo contrario dimitiría de la vicepresidencia.

Antes de que se produjera esa situación, los integrantes de la delegación de UCD transmitieron la que afirmaron era la decisión del presidente Suárez. No podía permitirse la dimisión de su segundo en el Gobierno y antes de ello daba carpetazo a la Ley de Amnistía y se replanteaba la continuación de los Pactos de la Moncloa. Puesta en tal disyuntiva, la oposición entendió que se había alcanzado un acuerdo en muchas cosas positivas y no merecía la pena arriesgarse a perderlas todas.

Y ese fue el espíritu de la transición al que algunos aluden constantemente pero en el que, en ese caso, como en muchos otros, se negaron a participar.

01/11/2007 11:13 Autor: elviciosoerrante. Enlace permanente. Tema: POLITICO. Hay 2 comentarios.




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