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Fidalgo culpa a Moncloa de las cosas que pasan en CCOO

José María Fidalgo no está dispuesto a ofrecer explicaciones a la militancia de Comisiones Obreras sobre las actividades de algunos dirigentes del sindicato de su máxima confianza. Y para justificar su comportamiento, ha decidido recurrir a una vieja estrategia: presentarse como víctima de una campaña. Eso fue lo que hizo en el Consejo Confederal de CCOO, el máximo órgano entre congresos, que se reunió el pasado martes: “Esta campaña no es un ataque contra María Jesús Paredes, es un ataque contra la independencia del sindicato. Y viene de La Moncloa”, sostuvo Fidalgo, según explicaron a Público varios asistentes a la reunión.

María Jesús Paredes es secretaria general de Comfia, la federación de servicios financieros y administrativos de CCOO, y una de las pérsonas más próximas a Fidalgo. Y la “campaña” de la que habla el secretario general de Comisiones está basada en documentos públicos y oficiales de media docena de registros mercantiles y de la propiedad. Unos documentos que demuestran tres cosas: que María Jesús Paredes y su pareja, el también dirigente sindical Francisco Baquero, han acumulado un patrimonio inmobiliario valorado en más de dos millones de euros; que ambos han compatibilizado sus cargos sindicales con actividades empresariales y que el administrador único de los negocios de Paredes y Baquero ha montado un grupo empresarial cuyo principal cliente es la propia CCOO.

El Consejo Confederal se inició con la lectura de un informe de Fidalgo, en el que no mencionó el caso, pero anunció que el turno de intervenciones lo cerraría María Jesús Paredes, que ha anunciado su intención de dejar su cargo en Comfia el 19 de diciembre.

Pese al silencio inicial de Fidalgo, varios dirigentes hablaron del caso Paredes durante sus intervenciones. Y eran miembros tanto de la mayoría que apoya a Fidalgo, como de la minoría del sector crítico. Al primer grupo pertenecen por ejemplo Joan Coscubiela y Joan Sifre, secretarios generales de CCOO en Catalunya y País Valenciano, respectivamente.

De acuerdo con las fuentes consultadas por este diario, ambos coincidieron en reclamar un debate sereno que permita llegar a una especie de código de conducta de los dirigentes, de forma que se delimiten las fronteras entre las actividades privadas y las sindicales. Público intentó hablar ayer con Coscubiela y Sifre, pero sus portavoces se negaron a comentar las “intervenciones realizadas en un órgano interno”.

Un planteamiento similar mantuvieron Salce Elvira y Cecilio Silveira, ambos del sector crítico. Elvira pidió que el asunto se debata “en profundidad”, pero advirtió de que el procedimiento adecuado no era el planteado por Fidalgo: un turno de intervenciones en el que de antemano se fija que será la propia Paredes quien cierre el debate. Cecilio Silveira aseguró que había que tener la “valentía” de afrontar el tema “y no mirar para otro lado”, porque esta última actitud tiene un alto coste para la imagen de CCOO.

Todas estas voces no tuvieron eco en Fidalgo y sus fieles. El secretario de Comunicación, Fernando Lezcano, insistió en la idea de que las informaciones periodísticas eran “un ataque al sindicato” y consideró que la estrategia adecuada era no entrar al trapo, no sacar ni una nota de prensa para evitar así que el asunto crezca mediáticamente.

María Jesús Paredes repitió los mismos argumentos utilizados la semana pasada en cuatro entrevistas concedidas a El Mundo, El Periódico, Expansión y Cinco Días: su patrimonio es producto del ahorro de varias décadas y de la buena gestión de sus inversiones.

El Consejo Confederal terminó con las palabras de Fidalgo, en las que defendió sin fisuras a Paredes y acusó a Moncloa de montar una campaña para atacar la independencia del sindicato. Fidalgo y Zapatero mantienen unas frías relaciones, que contrastan con la buena sintonía que el secretario general de CCOO mantiene con el PP.

El informe de Fidalgo fue aprobado por una amplísima mayoría: 114 votos a favor, 13 abstenciones y 13 votos en contra.

Tuve que salir corriendo porque temí ser agredido

JOSÉ MARÍA GARRIDO

Nunca pude imaginar que cubrir un acto de Nuevas Generaciones podría acabar por convertirse en una aventura tan peligrosa de la que tuviera que salir corriendo y terminar pidiendo a gritos un taxi por las calles de Madrid.

Nada más empezar la conferencia que convocaban los jóvenes del PP en apoyo a Pio Moa, el Secretario General de Nuevas Generaciones del Partido Popular, del distrito del madrileño barrio de Salamanca, Ángel Carromero, decidió arremeter contra El Plural, el periódico digital para el que trabajo. “¡Mal empezamos!”, pensé. Carromero se quejaba que desde este periódico hubiéramos calificado como “radicales” a los jóvenes del PP por organizar un acto de tales características.

Sin embargo, poco después parecía que todo volvía a su calma. Pio Moa legitimaba el franquismo, Fernando García de Cortázar realizaba, como siempre acostumbra, un discurso más que conservador, y la periodista Isabel San Sebastián se mostraba una vez más implacable con el Ejecutivo de Zapatero. Lo dicho, tal y como esperaba.

Sorprendentemente, alrededor de las 9 de la noche, todos los conferenciantes habían finalizado su intervención. Fue entonces cuando se abrió un turno de palabra de tan sólo dos preguntas porque el señor Moa aseguró tener mucha prisa. Como soy periodista, y me pagan por preguntar, decidí levantar la mano y formular una pregunta muy simple y de fácil respuesta para cualquier demócrata convencido: ¿Condena Nuevas Generaciones así como el resto de personas que intervienen en esta conferencia el franquismo? “De aquí no salgo vivo”, me lamenté poco después de formular esta cuestión.

En realidad, los primeros insultos que recibí fue cuando antes de formular la pregunta me identifiqué como un periodista de elplural.com. Desde ese momento, y hasta que tuve que abandonar corriendo el salón de actos donde se celebraba esta conferencia debieron de transcurrir no más de 5 minutos, pero sinceramente, este breve período de tiempo se acabó convirtiendo para mí en toda una eternidad.

La gente me insultaba, me gritaba; las señoras que estaban sentadas a mi lado se levantaron de sus asientos exclamando: ¡Qué asco!, ¡Qué asco! Fue entonces cuando pensé: “¡Sal corriendo!”. Pero entonces me di cuenta de que el remedio podría ser peor que la solución.

La situación empeoró cuando Pio Moa afirmó que no condenaba el régimen de Franco. El historiador filofascista recibió una enorme ovación de todos los allí presentes. Mientras tanto, los insultos hacia mi persona y El Plural aumentaban. ¿Pero donde estoy, en un acto organizado por el PP/ Nuevas Generaciones, o por Ynestrillas o Democracia Nacional?, pensé. Tal fue el enfado de Moa por mi pregunta que el historiador decidió abandonar el acto sin despedirse de sus seguidores.

Hace menos de una semana tuve que entrevistar a 10 de los más importantes líderes de la extrema derecha de este país. Les puedo asegurar, que entonces pasé menos miedo. “¡Vienes a provocar!”, me a acusaban los que ya me esperaban impacientes en la salida. “Sólo estoy trabajando”, fue lo único que acerté a decir.

Afortunadamente, en ese momento intervino la periodista Isabel San Sebastián. Estoy seguro que si no llega a ser por ella el acto podría haber acabado mucho peor. La periodista conservadora, aparte de condenar el franquismo, pidió a los asistentes respeto para su “compañero”. Sebastián rogó que me respetaran, que me dejaran trabajar, supongo que porque ella también ha padecido los insultos y descalificaciones de nacionalistas radicales.

El gesto que tuvo Isabel San Sebastián es algo que no podré olvidar fácilmente. Fue entonces cuando pensé: “Esta es tu ocasión para salir corriendo de aquí”. Y así hice. Huí, intentando que ninguna de las personas que me insultaba decidiera pasar a mayores.

El único taxi que encontré cercano al lugar donde se celebraba el acto –residencia universitaria Tagaste, situada en la calle General Pardiñas 34-, estaba ocupado por el historiado Pio Moa, quien como he comentado, también acababa de abandonar el acto.

“¡A correr!” me dije entonces. Y corrí como no recuerdo haberlo hecho en mucho tiempo. Llamé a la redacción y desde allí me tranquilizaron. Como no encontraba un taxi, y aunque todavía temía que algún energúmeno me pudiera reconocer, decidí volver al trabajo en Metro.

Fue entonces, en el Metro de Madrid, cuando me di cuenta de lo que acababa de vivir. Afiliados y simpatizantes del Partido Popular y de Nuevas Generaciones, aplaudian y ovacionaban a un historiador que no condena una dictadura que provocó, durante tanto tiempo, tanto dolor en nuestro país. ¿De verdad creen que en otros países normales de Europa, en Alemania, o en Italia, un partido democrático que aspira a gobernar podría defender a Hitler o Mussolini? No, esto sólo pasa en España.

Esta es la triste realidad. Este es el ¿centro derecha? que tenemos en España. Sí en plena precampaña electoral son capaces de mostrar tal desprecio y rencor hacía el otro, hacía el contrarío, no quiero ni imaginarme que pueden ser capaces de hacer si el Partido Popular gana las próximas elecciones generales.


Caldera analiza la reforma de la Seguridad Social

La Ley de Medidas en Materia de Seguridad Social, que hoy aprobará el Congreso de los Diputados, contiene una reforma global del sistema que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, según afirma el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, que analiza los principios básicos de la nueva norma

No es exagerado afirmar que una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX es la creación y consolidación de sistemas públicos de Seguridad Social. Ya entrado el siglo XXI, la sociedad española es consciente de la necesidad de preservar este patrimonio como mejor garantía del progreso y la cohesión social. Tal es precisamente el motivo de la aprobación de la Ley de Medidas de Seguridad Social.

Esta ley contiene una reforma global del sistema de Seguridad Social que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, incrementando la capacidad de encarar el futuro con tranquilidad. La reforma se asienta en tres principios fundamentales: consenso, responsabilidad y solidaridad.

l Al igual que el resto de medidas de política social adoptadas por el Gobierno de España a lo largo de la legislatura, ésta es una reforma fruto del consenso. Los objetivos perseguidos por la ley son compartidos por agentes sociales y partidos políticos. De un lado, el germen de la nueva norma es un acuerdo suscrito por el Gobierno con sindicatos y patronal en julio de 2006, como resultado del proceso de diálogo social. Y, de otro, la reforma ha recibido un fuerte respaldo en su tramitación parlamentaria, algo que no debe extrañar al tratarse de medidas que siguen las recomendaciones del Pacto de Toledo.

Que la reforma haya sido consensuada supone algo tan importante como que todos (partidos políticos y agentes sociales, y por extensión los ciudadanos) podamos sentirnos partícipes de ella; éste es el modelo de Seguridad Social que quiere la sociedad española.

El segundo principio que inspira la reforma es el de responsabilidad. Todas las medidas son fieles a un objetivo: garantizar la sostenibilidad futura de la Seguridad Social. En verdad, la salud financiera del sistema es hoy excelente, como acreditan el superávit de los últimos años y los 52.000 millones de euros que en 2008 alcanzará el Fondo de Reserva. Pero todos debemos ser conscientes de que estos datos no nos hacen inmunes a los desafíos futuros, algunos tan previsibles como el envejecimiento de la población.

Por ello, una parte de las medidas pretende corregir las disfunciones que actualmente afectan al sistema, así como adaptar la protección a la nueva realidad social. Así sucede con la modificación del régimen de la jubilación parcial, con la mejora de la coordinación entre entidades gestoras y los servicios de salud en la gestión de la incapacidad temporal, con la nueva fórmula de cálculo del complemento de gran invalidez o con la redistribución de la pensión de viudedad en el supuesto de concurrencia de beneficiarios.

Lo importante es que estos ajustes, marcados por un sentido de responsabilidad, permiten reforzar la buena salud de la Seguridad Social, algo que repercute positivamente en la capacidad de anticipación para evitar dificultades futuras.

l Por último, la reforma está presidida, sobre todo, por el principio de solidaridad. Siempre de forma responsable y equilibrada, la nueva ley mejora los derechos de protección social de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Así, entre las medidas más destacadas, el aumento de los incentivos para trabajar más allá de los 65 años, como la subida de la pensión en un 15% por la jubilación a los 70 años; un incremento de hasta 63 euros de la pensión de quienes se jubilaron anticipadamente antes de 2002; la extensión de la pensión de viudedad a las parejas de hecho y la creación de una prestación temporal sustitutiva para supuestos hasta ahora no protegidos; una subida de la base de cotización de los parados mayores de 52 años; la posibilidad de disfrute íntegro de la prestación por desempleo tras la incapacidad temporal, o la reducción del periodo mínimo de cotización para acceder a la pensión de incapacidad permanente en el caso de los menores de 31 años.

Un Gobierno responsable trata de estimular el compromiso, el orgullo y la identificación de los ciudadanos con sus instituciones; de este modo se fortalece la democracia. La defensa del sistema público de Seguridad Social como pilar esencial de nuestro Estado social avanza en esa dirección y nos convierte en una sociedad más cohesionada y justa, de ahí la importancia de la nueva ley.

Jesús Caldera

 

Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

Caldera analiza la reforma de la Seguridad Social

La Ley de Medidas en Materia de Seguridad Social, que hoy aprobará el Congreso de los Diputados, contiene una reforma global del sistema que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, según afirma el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, que analiza los principios básicos de la nueva norma

No es exagerado afirmar que una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX es la creación y consolidación de sistemas públicos de Seguridad Social. Ya entrado el siglo XXI, la sociedad española es consciente de la necesidad de preservar este patrimonio como mejor garantía del progreso y la cohesión social. Tal es precisamente el motivo de la aprobación de la Ley de Medidas de Seguridad Social.

Esta ley contiene una reforma global del sistema de Seguridad Social que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, incrementando la capacidad de encarar el futuro con tranquilidad. La reforma se asienta en tres principios fundamentales: consenso, responsabilidad y solidaridad.

l Al igual que el resto de medidas de política social adoptadas por el Gobierno de España a lo largo de la legislatura, ésta es una reforma fruto del consenso. Los objetivos perseguidos por la ley son compartidos por agentes sociales y partidos políticos. De un lado, el germen de la nueva norma es un acuerdo suscrito por el Gobierno con sindicatos y patronal en julio de 2006, como resultado del proceso de diálogo social. Y, de otro, la reforma ha recibido un fuerte respaldo en su tramitación parlamentaria, algo que no debe extrañar al tratarse de medidas que siguen las recomendaciones del Pacto de Toledo.

Que la reforma haya sido consensuada supone algo tan importante como que todos (partidos políticos y agentes sociales, y por extensión los ciudadanos) podamos sentirnos partícipes de ella; éste es el modelo de Seguridad Social que quiere la sociedad española.

El segundo principio que inspira la reforma es el de responsabilidad. Todas las medidas son fieles a un objetivo: garantizar la sostenibilidad futura de la Seguridad Social. En verdad, la salud financiera del sistema es hoy excelente, como acreditan el superávit de los últimos años y los 52.000 millones de euros que en 2008 alcanzará el Fondo de Reserva. Pero todos debemos ser conscientes de que estos datos no nos hacen inmunes a los desafíos futuros, algunos tan previsibles como el envejecimiento de la población.

Por ello, una parte de las medidas pretende corregir las disfunciones que actualmente afectan al sistema, así como adaptar la protección a la nueva realidad social. Así sucede con la modificación del régimen de la jubilación parcial, con la mejora de la coordinación entre entidades gestoras y los servicios de salud en la gestión de la incapacidad temporal, con la nueva fórmula de cálculo del complemento de gran invalidez o con la redistribución de la pensión de viudedad en el supuesto de concurrencia de beneficiarios.

Lo importante es que estos ajustes, marcados por un sentido de responsabilidad, permiten reforzar la buena salud de la Seguridad Social, algo que repercute positivamente en la capacidad de anticipación para evitar dificultades futuras.

l Por último, la reforma está presidida, sobre todo, por el principio de solidaridad. Siempre de forma responsable y equilibrada, la nueva ley mejora los derechos de protección social de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Así, entre las medidas más destacadas, el aumento de los incentivos para trabajar más allá de los 65 años, como la subida de la pensión en un 15% por la jubilación a los 70 años; un incremento de hasta 63 euros de la pensión de quienes se jubilaron anticipadamente antes de 2002; la extensión de la pensión de viudedad a las parejas de hecho y la creación de una prestación temporal sustitutiva para supuestos hasta ahora no protegidos; una subida de la base de cotización de los parados mayores de 52 años; la posibilidad de disfrute íntegro de la prestación por desempleo tras la incapacidad temporal, o la reducción del periodo mínimo de cotización para acceder a la pensión de incapacidad permanente en el caso de los menores de 31 años.

Un Gobierno responsable trata de estimular el compromiso, el orgullo y la identificación de los ciudadanos con sus instituciones; de este modo se fortalece la democracia. La defensa del sistema público de Seguridad Social como pilar esencial de nuestro Estado social avanza en esa dirección y nos convierte en una sociedad más cohesionada y justa, de ahí la importancia de la nueva ley.

Jesús Caldera

 

Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

Caldera analiza la reforma de la Seguridad Social

La Ley de Medidas en Materia de Seguridad Social, que hoy aprobará el Congreso de los Diputados, contiene una reforma global del sistema que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, según afirma el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, que analiza los principios básicos de la nueva norma

No es exagerado afirmar que una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX es la creación y consolidación de sistemas públicos de Seguridad Social. Ya entrado el siglo XXI, la sociedad española es consciente de la necesidad de preservar este patrimonio como mejor garantía del progreso y la cohesión social. Tal es precisamente el motivo de la aprobación de la Ley de Medidas de Seguridad Social.

Esta ley contiene una reforma global del sistema de Seguridad Social que persigue mejorar el nivel de protección y asegurar su viabilidad, incrementando la capacidad de encarar el futuro con tranquilidad. La reforma se asienta en tres principios fundamentales: consenso, responsabilidad y solidaridad.

l Al igual que el resto de medidas de política social adoptadas por el Gobierno de España a lo largo de la legislatura, ésta es una reforma fruto del consenso. Los objetivos perseguidos por la ley son compartidos por agentes sociales y partidos políticos. De un lado, el germen de la nueva norma es un acuerdo suscrito por el Gobierno con sindicatos y patronal en julio de 2006, como resultado del proceso de diálogo social. Y, de otro, la reforma ha recibido un fuerte respaldo en su tramitación parlamentaria, algo que no debe extrañar al tratarse de medidas que siguen las recomendaciones del Pacto de Toledo.

Que la reforma haya sido consensuada supone algo tan importante como que todos (partidos políticos y agentes sociales, y por extensión los ciudadanos) podamos sentirnos partícipes de ella; éste es el modelo de Seguridad Social que quiere la sociedad española.

El segundo principio que inspira la reforma es el de responsabilidad. Todas las medidas son fieles a un objetivo: garantizar la sostenibilidad futura de la Seguridad Social. En verdad, la salud financiera del sistema es hoy excelente, como acreditan el superávit de los últimos años y los 52.000 millones de euros que en 2008 alcanzará el Fondo de Reserva. Pero todos debemos ser conscientes de que estos datos no nos hacen inmunes a los desafíos futuros, algunos tan previsibles como el envejecimiento de la población.

Por ello, una parte de las medidas pretende corregir las disfunciones que actualmente afectan al sistema, así como adaptar la protección a la nueva realidad social. Así sucede con la modificación del régimen de la jubilación parcial, con la mejora de la coordinación entre entidades gestoras y los servicios de salud en la gestión de la incapacidad temporal, con la nueva fórmula de cálculo del complemento de gran invalidez o con la redistribución de la pensión de viudedad en el supuesto de concurrencia de beneficiarios.

Lo importante es que estos ajustes, marcados por un sentido de responsabilidad, permiten reforzar la buena salud de la Seguridad Social, algo que repercute positivamente en la capacidad de anticipación para evitar dificultades futuras.

l Por último, la reforma está presidida, sobre todo, por el principio de solidaridad. Siempre de forma responsable y equilibrada, la nueva ley mejora los derechos de protección social de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Así, entre las medidas más destacadas, el aumento de los incentivos para trabajar más allá de los 65 años, como la subida de la pensión en un 15% por la jubilación a los 70 años; un incremento de hasta 63 euros de la pensión de quienes se jubilaron anticipadamente antes de 2002; la extensión de la pensión de viudedad a las parejas de hecho y la creación de una prestación temporal sustitutiva para supuestos hasta ahora no protegidos; una subida de la base de cotización de los parados mayores de 52 años; la posibilidad de disfrute íntegro de la prestación por desempleo tras la incapacidad temporal, o la reducción del periodo mínimo de cotización para acceder a la pensión de incapacidad permanente en el caso de los menores de 31 años.

Un Gobierno responsable trata de estimular el compromiso, el orgullo y la identificación de los ciudadanos con sus instituciones; de este modo se fortalece la democracia. La defensa del sistema público de Seguridad Social como pilar esencial de nuestro Estado social avanza en esa dirección y nos convierte en una sociedad más cohesionada y justa, de ahí la importancia de la nueva ley.

Jesús Caldera

 

Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

El abrazo de la lectura (Fernando Fernán Gomez)

El libro se abre ante nosotros como se abre de piernas la amante entregada y posesiva. Como abren los brazos para acogernos el amigo y el familiar.En mi prehistoria se abrieron para mí los brazos diminutos, débiles y sucios de los primeros cuentos de calleja. Ya entre ellos se observaban diferencias sociales. Los más baratos cabían en la palma de la mano, su letra era casi ilegible y tenían las mejillas manchadas de tiznones como de carbón o de tinta de escribir palotes, curvas y garrotes. No parecían pensados para que los leyeran los niños, sino las abuelitas, desojándose, al borde de la cuna. En cambio, los más caros, en octavo, se leían con facilidad y tenían letras de oro en la portada.

Vinieron después los libros de aventuras. Cuando aún no se ha llegado a la adolescencia, cuando aún no nos han amaestrado y no nos han inyectado en el cerebro la suficiente cantidad de resignación, nos asombra dolorosamente la monotonía de la existencia. ¿Cómo es posible -se pregunta el niño-, haber pasado ocho años padeciendo esta sórdida repitición cotidiana?. Los libros de aventuras, con su mentira piadosa, le abren las puertas de la esperanza.

Los libros escondidos. Los libros secretos. Hay que tenerlos debajo de los libros de texto. Leerlos cuando no nos ven nuestros mayores o los profesores, en el colegio. Son libros de aventuras, novelas folletinescas, policiacas. Y muy pocos anos después -no años, meses-, novelas pornográficas. Qué inefable placer me proporcionan esas lecturas. Aldous Huxley dijo: "una orgía real nunca excita tanto como un libro pornográfico". Y con esto no intento sugerir a nadie que abandone las orgías.

Pero también el libro tiene enemigos entre los de su propia especie. En mi caso personal, fueron los libros de texto del bachillerato. Qué repulsión, qué aversión me inspiraron. Odio al libro, odio a la lectura, odio al conocimiento. Por fortuna, había en Madrid muchísimos puestecillos callejeros en los que vendían a mitad de precio noveluchas de segunda mano, o de tercera o cuarta, sobadas y requetesobadas, noveluchas de aventuras, policiacas y también verdes. Aquellos puestecillos hicieron que se conservara vivo mi amor al libro, que los catedráticos escritores habrían conseguido asesinar. En la guerra de libros -como no puede ocurrir en las guerras de verdad-, ganaron los pobres.

Aparecieron después los que algunos consideran enemigos del libro: el cine, la radio, la televisión... son, es cierto, otros medios de difusión de la poesía, y también de la música y de las artes plásticas. Pero, aunque enemigos en cierto aspecto, es dificil que derroten al libro, ni creo que pongan en ello interés, El libro les lleva la ventaja de la corporeidad, de la cercanía. El libro lo tengo, lo poseo, puedo incluso darle achares, no mirarlo, no leerlo y, sin embargo, conservarlo. No es efímero. Puedo también tenerlo en las manos, acariciarle el lomo como a un perro amigo, hojearlo, sobarlo, puedo besar algunos de sus renglones si me han conmovido. Tanto si es un libro lujoso, encuadernado en suave piel, como si es un libro popular, de los que se doblan y se pliegan sumisos para ser leidos en la cama, con los que uno puede acostarse sin muchas dificultades ( ... )

Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Sí sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho.

El fabuloso patrimonio de una jefa de Comisiones Obreras

Trabajar como sindicalista y amasar un importante patrimonio inmobiliario no son circunstancias incompatibles. Así lo demuestra al menos la trayectoria de María Jesús Paredes, máxima responsable de Banca de Comisiones Obreras y una de las personas de absoluta confianza del líder del sindicato, José María Fidalgo.

De acuerdo con los datos de diversos registros de la propiedad, a los que ha tenido acceso Público, Paredes y su pareja son dueños de un chalé en una urbanización de lujo de Madrid, una vivienda en uno de los barrios más caros de la capital, un piso en la sierra madrileña, una vivienda unifamiliar adosada en Manilva (Málaga) y dos apartamentos en Denia (Alicante). El valor de mercado de estos bienes supera actualmente los dos millones de euros.

Liberados sindicales

María Jesús Paredes es secretaria general de Comfia, la federación de servicios financieros y administrativos de CCOO. Ocupa este cargo desde el año 1987. Su pareja, Francisco Baquero, también es miembro de la Ejecutiva de Comfia. Ambos son empleados del BSCH, aunque llevan décadas trabajando como liberados sindicales. Es decir, su sueldo lo paga el banco y ellos trabajan en Comisiones.

De acuerdo con información interna del BSCH, Paredes y Baquero tienen categoría de administrativos de nivel 8 y una antigüedad superior a los 30 años. Según el convenio colectivo del banco, un empleado en dicha situación debería cobrar de sueldo alrededor de 35.000 euros brutos al año.

Fuentes de Comisiones Obreras explicaron a este diario que el sindicato también paga una dieta mensual a algunos de sus cargos ejecutivos, que como media se sitúa en los 600 euros. Como secretaria general de Comfia, Paredes debería cobrar dicha cantidad.

Inversores inmobiliarios

La mayor parte de las compras de la pareja se produjeron en un periodo reducido de tiempo: entre el 16 de diciembre de 1999 y el 28 de julio de 2005. En esos cinco años y medio, Baquero y Noriega adquirieron la vivienda de Manilva, un piso en el centro de Madrid, otro en la sierra madrileña y los dos apartamentos en Denia. Además, en diciembre de 2004, suscribieron una hipoteca garantizada con el chalé  que tienen en una lujosa urbanización de Pozuelo de alarcón (Madrid).

Como resultado de todas estas operaciones, en el verano de 2005, Paredes y Baquero tenían vivos tres préstamos hipotecarios por un importe que superaba los 600.000 euros. Según los datos de los registros de propiedad, las tres hipotecas siguen vigentes en la actualidad.
Este diario intentó, sin éxito, conocer la versión de la pareja sobre el origen de su Patrimonio. 

María Jesús Paredes anunció el pasado lunes su intención de dimitir como secretaria general de Comfia a finales del próximo mes de diciembre, un año antes de que finalice su mandato.

Más de 600.000 euros en hipotecas


Entre abril de 2002 y julio de 2005, la pareja formada por María Jesús Paredes y Francisco Baquero suscribió tres hipotecas inmobiliarias, por un importe total de 618.333 euros. Una capacidad de endeudamiento ciertamente llamativa tratándose de dos sindicalistas liberados, cuya categoría laboral es de administrativos de banca.

El hecho de que ambos sean empleados del sector bancario les permitió suscribir las hipotecas con mejores condiciones que las del mercado, como se admite en la escritura de uno de los préstamos.

Pese a ello, en 2005, las cuotas mensuales que debía afrontar la pareja por las tres hipotecas superaba los 3.000 euros. Una cantidad similar debería pagar en la actualidad, salvo que haya amortizado capital.

¿Cómo es posible dedicar 3.000 euros mensuales sólo al pago de hipotecas? Paredes no ha querido responder a esta pregunta planteada por ‘Público’.

Un precio de compra muy sospechoso

Una de las adquisiciones inmobiliarias de María Jesús Paredes y Francisco Baquero tendría que haber llamado la atención de la Agencia Tributaria. El motivo es que declararon un precio de compra de un piso en Madrid que estaba muy por debajo del valor de mercado. De esta forma, la pareja redujo la cantidad que debía abonar a Hacienda en concepto de Impuesto de Transmisiones Patrimoniales.

La vivienda, situada en la Plaza del Conde del Valle de Suchil, tiene una superficie total de 133 metros (incluyendo 11 de terrazas) y fue adquirida por 192.323 euros. Ello supone un valor oficial inferior a 1.500 euros por metro cuadrado, una cantidad ridícula para dicha zona en la fecha de compra del inmueble (abril de 2002).

Así lo confirma la tasación del piso realizada para solicitar una hipoteca al BSCH, que valoró la finca en 319.600 euros. Por tanto, el desfase entre el precio declarado y el precio de tasación fue de 127.277 euros.

El poder decisorio de la 'izquierda volátil'

Los votantes centristas no son los fundamentales para lograr el triunfo electoral en España, sino aquellos que oscilan entre el PSOE, IU o la abstención. El PP puede ganar, pero lo tiene 'a priori' cuesta arriba.

La creencia de que las elecciones generales en España son decididas por los votantes centristas es incorrecta. La evidencia empírica muestra que estos votantes, definidos como aquéllos cuyo voto oscila entre el PSOE y el PP, tienen escasa relevancia. Los votos decisivos son los de la izquierda volátil, aquellos que oscilan entre el PSOE, IU y la abstención. Esto equivale a decir -y sé que la equivalencia no es obvia- que en las elecciones generales el PP siempre juega en campo contrario: las puede ganar, pero lo tiene a priori cuesta arriba. En este artículo me propongo mostrar que estas afirmaciones y equivalencias están respaldadas por los datos electorales y, también, extraer algunas consecuencias que me parecen interesantes.

En primer lugar, analizaré los resultados de las elecciones generales desde 1982 con el objetivo de cuantificar el voto centrista y el de la izquierda volátil. En segundo lugar, y aunque este artículo trate de elecciones generales, recogeré algunas enseñanzas de las elecciones locales del 27 de mayo pasado. En tercer lugar, me detendré en la relación que existe entre el voto al PSOE, por una parte, y la abstención y el voto a IU por la otra. En cuarto lugar, discutiré hasta qué punto un incremento notable de la abstención en Cataluña puede hacer perder al PSOE las elecciones de 2008. Por último, haré observaciones sobre las estrategias de los dos grandes partidos estatales.

Con una única excepción: en el último cuarto de siglo, España ha votado mayoritariamente izquierda. Desde 1982 ha habido siete elecciones generales. En seis de ellas la izquierda (PSOE, IU y sus antecesores) obtuvo entre un mínimo de 2,3 y un máximo de 3,5 millones de votos más que la derecha (PP, aliados regionales y sus antecesores). Sólo en las elecciones de 2000, que tuvieron la tasa de participación más baja de la actual etapa democrática (69%), la derecha superó en votos a la izquierda: la diferencia fue de 1 millón de votos. En 2000 la izquierda perdió 2,7 millones de votos respecto a 1996, de los cuales 2 millones fueron a incrementar la abstención. Esos 2,7 millones de votos los volvió a ganar en 2004. La derecha ganó 0,6 millones de votos, alcanzando su máximo histórico de 10,3 millones, pero los volvió a perder en 2004. Me parece razonable utilizar estas cifras para cuantificar los colectivos que antes he denominado votantes centristas e izquierda volátil. Los primeros pueden estimarse en 0,6 millones, que son los votos que ganó la derecha en 2000 tras una etapa de gobierno en minoría del PP en la que hizo gala de moderación y de buena administración. Esta cifra coincide con los votos perdidos en 2004 tras una etapa de mayoría absoluta en la que la arrogancia sustituyó a la moderación y en la que se tomaron decisiones, como la guerra de Irak, alejadas del sentir de muchos ciudadanos. Cabe señalar que esos 0,6 millones de votos no decidieron las elecciones de 2000: el PP hubiese seguido gobernando aunque no los hubiese obtenido. Lo decisivo fue el desplome de la izquierda por la huida del voto volátil. Esta izquierda volátil puede estimarse en unos 2 millones de electores: los que votaron a la izquierda en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votarla en 2004.

Las elecciones locales de mayo de 2007 ilustran bien que el voto de la izquierda volátil es decisivo en España no sólo en las elecciones generales, sino también en elecciones de otro tipo. En el conjunto de España, y relativo a las elecciones locales de 2003, el PSOE perdió 240.000 votos, pero el PP sólo ganó 38.000. La aplastante victoria del PP en el municipio de Madrid resultó de una pérdida de 139.000 votos para el PSOE y de una ganancia de tan sólo 709 (sí, setecientos nueve) para el PP. La izquierda volátil volvió a decidir, esta vez a nivel local. No hay trazos de un trasvase significativo de votos del PSOE al PP. Además, el carácter decisorio del voto de la izquierda volátil no es un rasgo exclusivo de la actual etapa democrática. En las elecciones de 1933, la izquierda volátil -entonces el anarquismo- se abstuvo. Y ganó la derecha. En 1936, los anarquistas fueron a las urnas y los votos se incrementaron en más de 1 millón. Ganó la izquierda. No tengo ni conozco ninguna explicación convincente de por qué en España la izquierda volátil tiene este carácter decisorio, que no ha menguado ni tan siquiera con la aparición de una numerosa clase media en la segunda mitad del siglo XX. Sea cual sea la explicación, en esto los españoles somos atípicos. En la mayoría de los países de nuestro entorno la alternancia en el poder la deciden los votantes de centro, que votan ora a la izquierda ora a la derecha. Aquí, por algún motivo, somos diferentes.

Paso ahora a desarrollar el tercer punto de mi argumentación. Si bien, según mis definiciones, derecha y PP son casi sinónimos, izquierda y PSOE no lo son. En 1996 la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,76 millones. En 2004 se repitieron las cifras: la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,72 millones. En el primer caso ganó las elecciones el PP y en el segundo el PSOE. La diferencia la marcó el resultado de IU, que obtuvo un 11% de los votos totales en 1996, su máximo histórico, tras la memorable pinza Aznar-Anguita, y solamente un 4% del total en 2004. Un análisis estadístico de los datos electorales utilizando modelos sencillos de regresión, que cualquiera puede replicar descargando los datos del Ministerio del Interior en una hoja de cálculo, ofrece los siguientes resultados:

1. Existe una relación estadística muy significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PSOE, por una parte, y el porcentaje de participación en las elecciones y el porcentaje de voto a IU, por la otra parte; un aumento de la participación electoral de un 1% causa un aumento del porcentaje de voto al PSOE del 0,6%, mientras que un aumento del porcentaje de voto a IU del 1% causa una disminución del porcentaje del voto al PSOE del 1%.

2. No existe ninguna relación estadística significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PP y el porcentaje de participación en las elecciones. En román paladino, estos resultados quieren decir lo siguiente: con una participación lo suficientemente alta y con un voto a IU lo suficientemente bajo, el PSOE siempre ganará unas elecciones generales, haga lo que haga el PP. Esta "ley de hierro" fundamenta las afirmaciones y la equivalencia enunciadas en el primer párrafo de este artículo.

Con los parámetros mencionados en el párrafo anterior se puede construir una tabla de doble entrada para estimar el porcentaje del voto total al PSOE en función de la participación electoral y del porcentaje de voto a IU. Esta tabla, que, insisto, todo el mundo puede construirse, muestra que es improbable que el PSOE gane las elecciones de 2008 si el voto a IU se mantiene en el 4% y la participación cae por debajo del 71% (en 2004 fue el 76%). Si el voto a IU subiese al 6%, el PSOE necesitaría una participación del 74% o superior para ganar. Si bien una participación superior al 71% parece probable, una participación del 74% (coincidente con la media histórica) parece más difícil de conseguir. Este mismo tipo de tabla puede utilizarse para evaluar los efectos que tendría un gran aumento de la abstención en Cataluña, como resultado de la sensación de desgobierno que podrían tener los votantes de esa comunidad. Si la participación catalana cayese hasta el 64%, el mínimo histórico alcanzado en 2000, el PSC podría perder 3 o 4 escaños y entonces el PSOE necesitaría una participación mínima del 73% en el resto de España para seguir gobernando, algo que me parece complicado pero no imposible. No pueden descartarse participaciones inferiores al 64% en Cataluña. En este caso, el PSOE lo tendría muy difícil para ganar en 2008.

Para concluir, quiero recalcar que la metodología agregada y "de arriba abajo" usada en este artículo ignora aspectos tan importantes del proceso electoral como la Ley d'Hondt o la incorporación al censo de nuevas cohortes. Sin embargo, considero que es la mejor para obtener una visión de conjunto de la problemática electoral, que muchas veces se pierde en el análisis desagregado por circunscripciones. La izquierda volátil es un conjunto heterogéneo con pocos denominadores comunes, todos ellos negativos. Es común su rechazo frontal al PP y a todo lo que representa la derecha. Es común también su desdén hacia el PSOE, al que votan tapándose la nariz cuando le votan. Por lo razonado hasta aquí, el objetivo principal de una campaña electoral, de cualquier campaña electoral, en España debe ser para el PP que no vayan a votar los que le detestan y para el PSOE que acudan a las urnas los que le desprecian. ¿Son consistentes sus estrategias electorales con estos principios?

César Molinas es socio fundador de la consultora Multa Paucis.