La izquierda ante la globalización
Tanto la globalización como la antiglobalización son términos demasiado amplios y en estado líquido, lo que significa que hay muchas imprecisiones al definirlos.
Alessandro Baricco, celebre autor de Seda y uno de los más brillantes pensadores italianos del momento, escribió un ensayo sobre la globalización titulado Next. En él se niega a definirla porque le parece que no cabe en una definición, y opta por describir el mundo global que estamos tejiendo en las redes de la comunicación instantánea y el papel de las multinacionales en esas redes.
Los ensayos y reflexiones sobre la mundialización y sus efectos son interminables, no cabrían en la fantástica biblioteca de Borges. También son interminables los ensayos y noticias de la antiglobalización y los antiglobalizadores. Los movimientos antiglobalización son muy variados y han cambiado mucho desde su vistosa aparición en el escenario internacional a finales de 1999, en Seattle, con motivo de la reunión de la Organización Mundial de Comercio, que define las reglas y arbitra las incidencias del comercio mundial. La movilización fue enorme, allí acudieron centenares de miles de manifestantes, tantos que pusieron a la ciudad en estado de sitio y los decepcionantes resultados en la política comercial relacionada con los países en vías de desarrollo quedaron ocultos por el ruido, la furia y la violencia de lo que se conoció como la batalla de Seattle.
LA BATALLA de Seattle fue elevada a nivel de símbolo, tanto que en Hollywood acaban de rodar una película con ese mismo título con la bella Charlize Theron de protagonista. El éxito de la convocatoria se debió a la activa implicación del poderoso sindicato norteamericano Afl-Cio que aportó a la movida millares de trabajadores. Y allí se mezclaron trabajadores temerosos por sus puestos de trabajo como consecuencia de la deslocalización de las empresas con jóvenes radicales y antisistema de distinta procedencia. Este sindicato capitalizó el éxito, pero nunca se le volvería a ver en tan peligrosa compañía.
Desde entonces el ruidoso cortejo de manifestantes acompañó siempre las reuniones del G8, de la OMC y del Banco Mundial, así como los movimientos de Bush por las capitales del mundo, excepto en la albanesa Tirana. Los soflamas antiglobalización están siempre presentes, pero ahora tienen más efectividad los contrarios a la guerra de Irak. La última reunión del G8 en la ciudad alemana de Heiligerdamm estuvo rodeada de violentos encontronazos entre manifestantes y policías con un saldo notable de heridos. La radiografía de los manifestantes es curiosa y llamativa. Allí se mezclaron, entre otros, representantes de la izquierda vagabunda y huérfana del maoísmo con jóvenes alemanes herederos del nazismo. Y llamando la atención el grupo black boc bautizado así por su indumentaria negra y su radicalismo violento. Una extraña mezcla de extremismos.
La mundialización puede ser un fenómeno positivo o negativo, pero es una realidad irreversible. Va ligada a las tecnologías de la comunicación. Y hoy vivimos en una interconexión planetaria, lo que significa una interdependencia global. Lo que ocurre en un lugar de la tierra tiene repercusiones mundiales. Los no globales saben que no hay una alternativa estructural a la globalización o a la mundialización. Hoy la mundialización afecta a todo, a los capitales y a la criminalidad, a la información y al comercio, al tráfico de drogas y al terrorismo, al medio ambiente y a las migraciones. En cuanto al medio ambiente está naciendo una conciencia general para ponerlo en el corazón de la política.
En amplios sectores que se vienen confesando antiglobalización, como ocurre con el Foro Social de Porto Alegre, no tienen inconveniente en afirmar que no están en contra de la globalización sino en contra de las desastrosas derivaciones de la globalización. La globalización es negativa por las fuerzas ultraliberales que están decidiendo y marcando los caminos globalizadores, al margen del control de la política. Será positiva cuando la política marque los compases y determine las reglas del juego de la globalización.
EN LOS últimos años han entrado con fuerza en el juego activo del paisaje global China, India y Vietnam. Y no precisamente para darle un impulso positivo sino negativo, especialmente China en donde produce a unos costes bajísimos por la explotación de la mano de obra. Esto genera una precariedad laboral en todo el mundo, ya que es imposible competir con unos salarios de miseria y explotación, resulta como mínimo extraño que el régimen comunista la tolere. Paradojas de la historia.
El papel de la izquierda está en cambiar las reglas del mercado global y luchar contra la explotación. Pactar unas normas que las empresas deban cumplir para cambiarse de país, facilitar la distribución de medicamentos en los países que están en la cuneta de la historia, distribución adecuada del agua potable, prohibir la explotación de los niños. Extender la globalización a amplias zonas del mundo que hoy están fuera, como África. A partir de la revolución industrial, la izquierda posible o la izquierda pragmática fue logrando mayores cotas de justicia en la distribución de las riquezas, ahora continúa el mismo desafío y parecida lucha.
1 comentario
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Tras la celebración de la cumbre de la FAO se aprecia que las divisiones y los intereses particulares de los países han prevalecido, hemos visto que han sido muchas las palabras que se han pronunciado durante la cumbre y ninguna solución ha sido realmente propuesta.
Y es que temas claves como la regulación de los precios sobre el mercado agrícola internacional, la bioenergía, la biotecnología y la especulación sobre el precio de los alimentos no han sido ni siquiera citadas en la declaración final o han sido tratadas de manera muy superficial.
Por otra parte hay que recordar que el hambre y la malnutrición son inaceptables en un mundo que la capacidad de producción es una realidad.
Tal vez lo más llamativo haya sido que el Papa Benedicto XVI hizo un llamamiento a la FAO y a las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, basándose en la "globalización de la solidaridad", llamamiento que desgraciadamente parece no se está dispuestos a seguir.
Carlos Menéndez
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