Blogia
elviciosoerrante

POLITICO

Para explicar la globalización

Cuando un defecto alcanza a 46 millones de baterías, deja de ser un defecto para convertirse en un rasgo de carácter. Si las baterías de 46 millones de teléfonos móviles de Nokia, tal como se nos ha advertido, tienen tendencia al sobrecalentamiento, es porque las baterías de esa marca tienen tendencia al sobrecalentamiento. Los saltos cualitativos, con perdón, se producen por aumento de la cantidad. Los juguetes de Mattel con pintura tóxica, en cambio, apenas llegan a los siete millones de unidades. Eso sí puede calificarse de fallo. Si habláramos, en cambio, de 20 o 25 millones, no sería arriesgado afirmar que el veneno formaba parte del proyecto.

Ahora estamos analizando las cifras de la pasta de dientes en mal estado, que en principio tampoco son muy alarmantes. Que no cunda el pánico, pues. Desde el punto de vista estadístico, es casi imposible que en un mismo hogar el padre de familia se esté cepillando los dientes con una pasta emponzoñada al tiempo que la madre habla por teléfono con un Nokia recalentado y el hijo chupa un juguete con plomo. Lo que sí sabemos es que mientras un niño juega en Alicante con un cochecito contaminado, un chino se suicida o es fusilado en Pekín. ¿Qué mejor modo de explicar la globalización a la infancia?

Gallardón no se reproduce en cautividad

Las imágenes en las que tres personas capturan al tiburón de Tarragona son idénticas a aquellas otras en las que se ve a Aguirre, Zaplana y Acebes inmovilizando a Gallardón. Cada uno lo coge de un sitio para obligarle a entrar por el aro, pero él se hace astutamente el muerto, como en otras ocasiones, y al final lo dejan estar. No tardaremos mucho en ver de nuevo su aleta merodeando por las playas de la sucesión, sobre todo ahora que a Rajoy lo dan por muerto hasta sus propios promotores. Si al escualo lo han enviado al zoo, a Gallardón lo han amenazado con el Senado, que tiene las dimensiones políticas de una piscina.

El Senado le viene pequeño al alcalde de Madrid. No es que no pueda vivir en cautividad, de hecho lleva años ocupando espacios más pequeños de los que exigiría su naturaleza, pero es incapaz de reproducirse en tales condiciones. No ha tenido en todo este tiempo un solo hijo político, no hay dentro del PP una corriente, por pequeña que sea, que le apoye. ¿Y por qué no le apoyan?, cabría preguntarse. ¿Por demócrata? ¿Por ambicioso? ¿Por guapo? ¿Por feo? ¿Por impaciente? En un mundo donde hasta Martínez Pujalte ha creado escuela, resulta un misterio indescifrable. Aunque lo más probable es que no le apoyen por Gallardón.

Imaz pierde la batalla ante el sector soberanista del PNV y abandona la política

El presidente del PNV, Josu Jon Imaz, ha anunciado hoy en un artículo enviado a varios medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS, que abandona la vida política activa. "No seré candidato a la presidencia del EBB del Partido Nacionalista Vasco, para la que fui elegido hace cuatro años. Volveré a la actividad profesional después de más de trece años de compromiso intenso", afirma en el texto. "Un partido no puede llevar adelante una modernización necesaria en un contexto de competición por el discurso. La reflexión serena exige liderazgos no cuestionados y partidos unidos y sólidos", asevera.

La noticia se conoce después de que la Ejecutiva del PNV aprobara el lunes por unanimidad la ponencia política que definirá la estrategia del partido para los próximos cuatro años, después de que los dos sectores enfrentados, el liderado por Imaz y el soberanista encabezado por el presidente de la ejecutiva guipuzcoana, Joseba Egibar, lograran consensuar un documento.

Dicho texto contempla la posibilidad de realizar directamente una consulta a la sociedad sobre el derecho a decidir de los vascos, en el caso de que no sea posible articular un acuerdo previo entre los partidos vascos o entre sus instituciones. Con esta fórmula se salvan las dos posiciones, la de Imaz, partidario de que la consulta esgrimida por Juan José Ibarretxe sea para refrendar un pacto entre las principales corrientes políticas de Euskadi, y la del propio lehendakari y Egibar, partidarios de utilizar este mecanismo para legitimar las tesis más soberanistas.

Con esta decisión, Imaz parece haber perdido la batalla ante el sector soberanista de Egibar. Ambas partes arrastran un enfrentamiento larvado desde que Imaz ganase a Egibar la presidencia de la formación nacionalista en 2003.

Salir del pesimismo

A un personaje del Torquato Tasso de Goethe le debemos una formulación que probablemente sea el paradigma de todas las disculpas: "De lo que uno es / son los otros quienes tienen la culpa". Esta convicción no explica nada pero alivia mucho; sirve para confirmar a los nuestros frente a ellos, esquematiza las tensiones entre lo global y lo local o proporciona un código elemental para las relaciones entre la izquierda y la derecha. Podemos estar seguros de que algo de este planteamiento sostiene la confrontación política cuando el discurso encaminado a mostrar que los otros son peores ocupa todo el escenario. Pero revela muy propia confianza en el propio proyecto, ideas y convicciones.

Así funciona, con escasas excepciones, el actual antagonismo entre la izquierda y la derecha. Por eso los análisis que en estas mismas páginas han hecho Sami Naïr de la política de Sarkozy o José María Ridao acerca del entorno ideológico de Bush son magníficas descripciones de lo equivocada que está la nueva derecha, pero dicen muy poco acerca de lo débil que es la izquierda. ¿Y si invirtiéramos la máxima de aquel personaje de Goethe y pensáramos qué culpa tiene la izquierda en el triunfo de la derecha? Este tipo de análisis suelen ser más provechosos porque no se enturbian con el prejuicio de pensar que si nuestros competidores son muy malos, entonces nosotros tenemos necesariamente razón. Creo que buena parte de lo que le pasa a la izquierda en muchos países del mundo es que se limita a ser la anti-derecha, algo que no tiene nada que ver, aunque lo parezca, con una verdadera alternativa. Se ha dicho que la izquierda tiene dificultades en movilizar a su electorado y hay quien piensa que esa operación vendría a ser, no tanto despertar la esperanza colectiva como inquietar al electorado para ganarse la preferencia que resignadamente nos hace decidirnos por lo menos malo.

Por decirlo sintéticamente: hoy la derecha es optimista y la izquierda pesimista. Tal vez el antagonismo político se articule actualmente más como disposición emocional que como proposición ideológica. Lo que ocurre es que las emociones y las ideas se relacionan más estrechamente de lo que solemos suponer. Si examinamos las cosas de este modo, percibiremos el desplazamiento ideológico que está teniendo lugar. Tradicionalmente la diferencia entre progresivo y conservador se correspondía con el pesimismo y el optimismo, en el orden antropológico y social. Mientras que el progresismo se inscribía en un desarrollo histórico hacia lo mejor, el conservadurismo, por decirlo con expresión de Ernst Bloch, ha estado siempre dispuesto a aceptar una cierta cantidad de injusticia o sufrimiento como un destino inevitable. Pero esto ya no es así, en buena medida. El estado de ánimo general de la derecha, que tiene su mejor exponente en Sarkozy, es todo lo contrario de la resignación: decidida y activa, sin complejos, confiada en el futuro y con una firme resolución de no dejar a nadie el mando de la vanguardia. Esta disposición es lo que está poniendo en dificultades a una izquierda que, aun teniendo buenas razones para oponerse, no las tiene a la hora de proponer algo mejor. Si recoge las causas de los excluidos o se convierte en abogada del pluralismo, no lo hace para construir a partir de todo ello una concepción alternativa del poder, y eso se nota en la mala conciencia de quien sabe que no está haciendo otra cosa que reclutar aliados.

La izquierda es, fundamentalmente, melancólica y reparadora. Ve el mundo actual como una máquina que hubiera que frenar y no como una fuente de oportunidades e instrumentos susceptibles de ser puestos al servicio de sus propios valores, los de la justicia y la igualdad. El socialismo se entiende hoy como reparación de las desigualdades de la sociedad liberal. Pretende conservar lo que amenaza ser destruido, pero no remite a ninguna construcción alternativa. La mentalidad reparadora se configura a costa del pensamiento innovador y anticipador. De este modo no se ofrece al ciudadano una interpretación coherente del mundo que nos espera, que es visto sólo como algo amenazante. Esta actitud recelosa frente al porvenir procede básicamente de percibir al mercado y la globalización como los agentes principales del desorden económico y las desigualdades sociales, dejando de advertir las posibilidades que encierran y que pueden

ser aprovechadas. Movilizar los buenos sentimientos e invocar continuamente la ética no basta; hace falta entender el cambio social y saber de qué modo pueden conquistarse en las nuevas circunstancias los valores que a uno le identifican.

La primera dificultad de la izquierda para configurarse como alternativa esperanzadora procede de esa especia de "heroísmo frente al mercado" (Zaki Laïdi) que le impide entender su verdadera naturaleza y le hace pensar que el mercado no es más que un promotor de la desigualdad, una realidad antisocial. Para una buena parte de la izquierda razonar económicamente es conspirar socialmente. Piensa que lo social no puede ser preservado más que contra lo económico. La denuncia ritual de la mercantilización del mundo y del neoliberalismo procede de una tradición intelectual que opone lo social a lo económico, que tiende a privilegiar los determinismos y las construcciones frente a las oportunidades ofrecidas por el cambio social. Desde este punto de partida es difícil comprender que la competencia es un auténtico valor de izquierda frente a las lógicas de monopolio, público o privado, sobre todo cuando el monopolio público ha dejado de garantizar la provisión de un bien público en condiciones económicamente eficaces y socialmente ventajosas.

Y es que también hay monopolios públicos que falsifican las reglas del juego. A estas alturas sabemos bien que existen desigualdades producidas por el mercado, pero también por el Estado, frente a las que algunos se muestran extraordinariamente indulgentes. En ocasiones, garantizar a toda costa el empleo es un valor que debe ser contrapesado con los costes que esta protección representa respecto de aquellos a los que esa protección impide entrar en el mercado de trabajo, creando así una nueva desigualdad. Enmascarada tras la defensa de las conquistas sociales, la crítica social puede ser conservadora y desigualitaria, lo que explica que la izquierda está actualmente muy identificada con la conservación de un estatus.

Esta actitud conservadora podría redefinirse en términos de innovación política modificando los procedimientos en orden a conseguir los mismos objetivos: se trata de poner al mercado al servicio del bien público y la lucha contra las desigualdades. La nostalgia paraliza y no sirve para entender los nuevos términos en los que se plantea un viejo combate. No es que una era de solidaridad haya sido sustituida por una explosión de individualismo, sino que la solidaridad ha de articularse sobre una base más contractual, sustituyendo aquella respuesta mecánica a los problemas sociales consistente en intensificar las intervenciones del Estado por formulaciones más flexibles de colaboración entre Estado y mercado, con formas de gobierno indirecto o promoviendo una cultura de evaluación de las políticas públicas.

Y la otra causa de que la izquierda presente actualmente un aspecto pesimista es su concepción únicamente negativa de la globalización, que le impide entender sus aspectos positivos en orden a la redistribución de la riqueza, la aparición de nuevos actores o el cambio de reglas de juego en las relaciones de poder. Al insistir en las desregulaciones vinculadas a la globalización, la izquierda corre el riesgo de aparecer como una fuerza que protege a unos privilegiados y rechaza el desarrollo de los otros. Es cierto que la dinámica general del mundo nunca había sido tan poderosa, pero también tan prometedora para muchos.

Por eso la izquierda del siglo XXI debe poner cuidado en distinguirse del altermundialismo, lo que no significa que no haya problemas graves a los que hay que buscar una solución, sin ceder a la letanía de deplorar la pérdida de influencia sobre el curso general del mundo. En lugar de proclamar que "otro mundo es posible", más le vale imaginar otras maneras de concebir y actuar sobre este mundo. La idea de que no se puede hacer nada frente a la globalización es una disculpa de la pereza política. Lo que no se puede es actuar como antes. La izquierda no se librará de ese pesimismo que la atenaza mientras no se esfuerce en aprovechar las posibilidades que genera la mundialización y orientar el cambio social en un sentido más justo e igualitario.

Un proyecto político tiene que encarnar una esperanza, razonable e inteligente, o no pasará de ser más que la inercia necesaria para seguir tirando.

Daniel Innerarity es profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza.

Sobre poesía, pesca en el Atlántico y lectura de periódicos

¿Qué lee el presidente del Gobierno en verano? Por confesión propia: Manuel Longares, autor de Romanticismo, Albert Sánchez Piñol (La piel fría), Mijaíl Bulgákov (El maestro y Margarita), el autor israelí Amos Oz y, sorpresa, Antonio Gamoneda, uno de sus poetas preferidos.-Pero ya no le debe de quedar nada de Gamoneda por leer, a estas alturas.-No claro, pero una de mis aficiones es releer. Yo en esto soy muy borgiano. Decía Borges que hay que releer mucho y leer menos. Y luego he estado también con La piel fría, que es una novela extraordinariamente bella, desde mi punto de vista. Longares es un cronista excelente de Madrid, que deja el sabor de una ciudad que me gustaría pisar más. Y luego, aunque luzca muy poco, me he leído un resumen de 500 folios de la acción de gobierno realizada en estos tres años y medio, que me lo puse como exigencia después del debate del Estado de la Nación.-¿De forma consecutiva, primero el informe de 500 páginas y luego a Gamoneda, o a la vez?-No, a la vez. Siempre me gusta leer en paralelo.-Debe resultar rarísimo estar leyendo detalles sobre infraestructuras o cifras macro, y Gamoneda por el otro lado.-Pero es la forma de poder hacerlo.La fotografía de arriba, proporcionada por el equipo de comunicación del presidente, demuestra que además de infraestructuras y poesía, Rodríguez Zapatero se ha dedicado a correr por la playa. Aznar también corría, y presumía de las marcas que lograba.-No, yo de marcas nada. Corro para estar lo mejor posible físicamente. Me gusta andar por la montaña, hacer senderismo. También he estado pescando, unos peces que se llaman tambores, en aguas del Atlántico, cerca de Sanlúcar de Barrameda. A mí siempre me ha gustado mucho la pesca de la trucha porque vengo de una provincia reina en este arte, que exige dedicación, sensibilidad.-No le imagino a usted de adolescente pescando.-Pues sí. Mi padre me enseñó a pescar en torno a los 13 ó 14 años. Y durante toda mi vida, hasta que mis responsabilidades me llevaron a vivir en Madrid, he ido a pescar, casi siempre con mi padre y mi hermano. Era también una forma de convocarnos y estar juntos en el campo, en la naturaleza. El río te genera una sensación de evasión, de aislamiento. Es una de las actividades en las que, cuando uno se mete, resulta muy intensa, se olvida uno de todo. Relaja mucho.-¿No se le cruza nada por la cabeza? ¿El programa electoral, por ejemplo?-No, no. Pescar es de las pocas actividades con las que logro evadirme completamente. Pensar en la actividad política, planificar una campaña o un programa electoral se hace en otros momentos.-¿Cuándo? ¿A qué hora se levanta en verano?-Me levanto pronto y siempre hay unas primeras horas hasta que mi familia se despereza. A las siete o siete y media ya estoy poniendo la radio; a las ocho desayuno y a las ocho y media salgo a correr. Luego, a media mañana, un rato en el que ya estaba más relajado, era cuando pensaba y leía. Incluso todos los periódicos.-No como Rosa Regàs.-En verano es cuando con más intensidad leo los periódicos. Tengo más tiempo y me gusta leer la parte menos política: cultura, sociedad, verano.

Entrevista con el presidente del Gobierno JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO Presidente del Gobierno

La entrevista se celebra en La Moncloa el viernes por la tarde, a lo largo de casi tres horas. El presidente aparece con aspecto relajado y bronceado tras las vacaciones. Accede a todas las peticiones del fotógrafo en los jardines del palacio antes de comenzar la conversación. Rodríguez Zapatero afronta el nuevo curso, que se va a convertir, en realidad, en una inusual y larga campaña electoral, en uno de los mejores momentos políticos de los últimos meses, después del atentado de ETA en la T-4, en diciembre pasado, y la ruptura oficial del alto el fuego, en junio. La buena racha comenzó con el debate del estado de la nación, en el que derrotó a Rajoy, según todas las encuestas, y continuó gracias a la gresca en el Partido Popular sobre el futuro de su líder y la batalla anticipada por su sucesión. Zapatero dejaba así atrás varios meses en los que, tras el fracaso de la negociación con ETA, una de sus principales apuestas de la legislatura, y no apagados aún los ecos de la polémica a cuenta de las reformas territoriales, la estrella del presidente pareció apagarse. A la recuperación política han contribuido, sin ninguna duda, los continuos golpes a la banda terrorista (26 detenidos en total desde la ruptura del alto el fuego), el último, ayer mismo, lo que obligó a actualizar la entrevista el sábado por la tarde, tras el anuncio del departamento que dirige Alfredo Pérez Rubalcaba. El presidente esboza sus planes para gobernar España si logra un segundo mandato, y pide para ello una mayoría suficiente que permita al PSOE culminar lo que denomina la "modernización definitiva" del país. Excepto por el fracaso electoral en Madrid ("lo hemos asumido nosotros"), el presidente se resiste a aceptar ninguna crítica, ni en los temas que más han podido irritar en algunos momentos a muchos votantes socialistas (ETA y las reformas territoriales) ni en otros cuyo desenlace (la dimisión del líder socialista navarro) dejan en evidencia errores obvios de gestión.

Pregunta. ¿Podemos considerar esta entrevista ya como el balance de la legislatura?

Respuesta. Si el balance es también proyecto de futuro, adelante.

P. En realidad, la campaña electoral comienza mañana, con la vuelta al curso político. ¿Las elecciones son en marzo, como estaba previsto?

R. En marzo, serán en marzo. Quedan más de 30 leyes en el Parlamento, queremos aprobar la mayoría de ellas, algunas muy importantes en el área social. Hay que aprovechar la legislatura hasta el último minuto.

P. Seguro que recuerda a aquel grupo de jóvenes que la noche de su victoria electoral le gritaba: "No nos falles".

R. Hay dos cosas que recuerdo de aquella noche. La primera, el minuto de silencio que guardamos por las víctimas del 11-M, y el compromiso que establecí de honrar su memoria, de hacer todo lo posible para que el Estado de derecho funcionara y que los culpables pagaran por semejante atrocidad; y en segundo lugar, el "no nos falles". Siempre he interpretado el "no nos falles" como gobernar desde la verdad y cumplir los compromisos. Si hemos fallado o no, les corresponderá a ellos decirlo.

P. Pero tendrá que acudir a la próxima campaña electoral ante esos jóvenes asegurándoles que no les ha fallado...

R. Asegurándoles que voy a seguir trabajando para que mejore su educación, para que su empleo sea más estable. Hemos ganado empleo, hemos ganado en seguridad en el empleo. Tenemos que hacer más esfuerzos en materia de vivienda, y garantizar una convivencia para un país que se comporte en el mundo con los valores que tiene la mayoría. Siempre, cuando uno está en el Gobierno, debe estar atento y, por supuesto, pedir esa confianza renovada a los jóvenes de manera muy singular.

P. ¿Es consciente del desapego creciente de los jóvenes hacia la política? ¿Le preocupa la abstención?

R. Hay que hacer siempre una tarea de apelación a la participación. Yo fui elegido con una alta participación electoral y aspiro a volver a ganar con una amplia participación electoral.

P. Hay un sector del electorado socialista que se ha sentido desorientado con algunas decisiones, sobre todo con las reformas de los Estatutos.

R. Es difícil aventurar un análisis de esta naturaleza, pero España debe ser gobernada con una vocación integradora. La España moderna, la España integral, exige el reconocimiento de su diversidad y el reconocimiento del autogobierno como algo positivo. He explicado en muchas ocasiones que el autogobierno ha representado progreso para nuestro país, y también que el autogobierno de las comunidades autónomas es perfectamente compatible con la fortaleza de la idea general de España, de su cohesión, de los derechos de los ciudadanos y del equilibrio territorial. No hay incompatibilidad entre más autonomía política y un Estado más integrador. Solamente cuando se tiene en la mente una visión estrecha, estática, anquilosada, de cómo evoluciona la sociedad, se puede caer en la tentación de no ver su alcance. Es verdad que ha habido un debate muy intenso al respecto: con una visión del año 2007. Yo he hecho las reformas territoriales pensando en una España del 2007, del 2010, del 2012, donde las comunidades autónomas tienen que participar en la inmigración, en la investigación y el desarrollo, en la innovación; donde las comunidades autónomas gestionan mejor directamente la preservación de sus ríos, de sus espacios naturales, de sus costas; y el Estado, en un mundo globalizado, tiene otras tareas, de identidad, de igualdad, de derechos de cohesión y sobre todo de proyección de España en el mundo.

P. ¿Y cree que va a poder poner todo esto en valor de cara a las elecciones? Porque durante la legislatura hemos visto que en los momentos de debate más crispado, las encuestas mostraban un acercamiento del PP al PSOE en intención de voto.

R. Sin duda. Además, los hechos son muy contundentes. Y lo que es importante es que la ciudadanía sepa que tenemos un sistema de organización entre el poder central y los poderes territoriales de los mejores del mundo, que nos permite crecer económicamente, tener superávit público, extender los derechos sociales, aumentar las prestaciones y no olvidar a ninguna comunidad autónoma. Porque todas tienen voz y tienen la capacidad de gestión sobre muchas cosas que pueden resolver con la colaboración del Estado. Eso es una gran ambición como país, en el que esa convivencia integradora sea posible.

P. El otro gran punto es la negociación con ETA. Es obvio que eso también ha supuesto un factor de desgaste.

R. La obligación de un Gobierno es combatir, prevenir y luchar por acabar con la violencia terrorista. Eso es lo que he hecho desde el primer día. Y uno asume la responsabilidad del Gobierno para afrontar no sólo los problemas fáciles, sino también los difíciles. Es mi obligación y mi responsabilidad. Y por supuesto que la democracia ha ganado ya la partida a los violentos. El terrorismo es una lacra inasumible desde cualquier punto de vista y una expresión de vil cobardía. Con la misma firmeza que he defendido la posibilidad de un diálogo, voy a prevenir y a perseguir a aquellos que intentan con las bombas hacernos daño. Más allá de eso, insisto, la democracia ha ganado hace tiempo la batalla contra ETA. En torno a ETA sólo cabe pensar cuánto va a durar, nunca lo que pueda conseguir porque no va a conseguir nada.

P. ¿Cuál es su objetivo político para las próximas elecciones?

R. Que España esté en lo más alto en cohesión social y en sus políticas sociales. Podemos hacer en pocos años lo que en otras situaciones podría haber costado décadas.

P. En la última campaña prometió que no gobernaría si no lograba un voto más que Rajoy. ¿Mantiene esa promesa?

R. Sí, soy una persona coherente.

P. Y aspira a una mayoría absoluta.

R. Busco una mayoría suficiente que permita gobernar para desarrollar la segunda etapa de un proyecto de progreso y modernización definitiva de España. Sería la modernización definitiva de España en lo económico, en lo social, en los derechos, en las libertades individuales y en su proyección hacia el mundo, que tiene para mí una gran importancia. España está hoy donde tiene que estar en el mundo, se ha ido de donde no tenía que haber estado y hemos abierto nuevos espacios de presencia y de identidad. Se nos reconoce como el país que más ha aumentado la ayuda para el desarrollo, en el ámbito de Naciones Unidas, el que ha hecho las leyes más avanzadas en pro de la igualdad, de los derechos de la mujer y del reconocimiento de la libertad individual, y se nos reconoce como un país para el diálogo y la cooperación.

P. ¿Cree que los españoles están dispuestos a concederle esa mayoría absoluta?

R. No puedo hablar sobre lo que los españoles van a decidir. Yo les voy a pedir la confianza, se la voy a pedir por lo que van a ser estos cuatro años de reforma, de cambio, de progreso, de mejora general del país; y por los próximos cuatro años.

P. ¿Por dónde cree que deberían discurrir las líneas generales de la próxima legislatura?

R. Hay tres objetivos fundamentales. El primero de ellos, culminar, llegar a la meta de la nueva economía, que hemos empezado a producir en este tiempo, es decir, hacer un país más competitivo. En segundo lugar, ponernos a la altura de los países con más prestaciones, con más políticas sociales de Europa, y por tanto del mundo. Lo podemos conseguir en materia de educación, en materia de sanidad, en materia de pensiones, en materia de ayuda a la familia, donde hemos abierto un escenario hasta ahora prácticamente inédito. Y en tercer lugar, un país que forje una convivencia constructiva hacia el cambio demográfico que hemos vivido como consecuencia de la inmigración.

P. Ése sería el horizonte al que España debe aspirar en 2012.

R. No, no en 2012. Hay que tener más ambición. Llevamos dos años con un crecimiento superior a Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Canadá, Japón. Llegado el momento de las turbulencias financieras, España crece al 4% y la mayoría de los grandes países económicos está en torno al 2%. La mayoría de los países tiene déficit público y nosotros tenemos superávit. Hemos tenido superávit en 2005, en 2006, vamos a tener superávit en 2007, probablemente un 1,8% del PIB. En el 2010 vamos a ser el país con más kilómetros de tren de alta velocidad en el mundo, y el país con más kilómetros de autovías de Europa. Hemos logrado un avance importantísimo en la capitalización tecnológica del país, con una inversión en investigación, desarrollo e innovación. Los datos ya empiezan a dar resultados. La productividad del sector privado ha pasado del 0,3% ó 0,4% cuando llegamos al Gobierno al 1,1%, y la construcción pierde peso lentamente y gana peso la economía industrial e innovadora. Somos un país con un músculo económico y social extraordinariamente poderoso. Eso nos va a permitir en 2010, es decir, en dos años, estar a la cabeza en infraestructuras, en capital físico, como país, que sigue siendo fundamental, y cumplir los objetivos de Lisboa. Mientras tanto, estamos en condiciones de subir muchos escalones en la política social. Una de las prioridades que tenemos son las pensiones, hemos hecho un gran esfuerzo en materia de pensiones. En esta legislatura se han subido las mínimas, que son tres millones; queremos hacer una próxima legislatura también con un fuerte apoyo de las pensiones, y por supuesto desarrollar todas las políticas de familia, como la ley de Dependencia, la ley de Igualdad, que marcan un antes y un después. España es hoy diferente socialmente porque hemos conseguido hacer grandes leyes; y porque podemos financiarlo, que es lo más importante.

P. ¿En qué se diferencia su modelo de sociedad del que ofrece el PP?

R. Hay cosas tan evidentes como que el PP, en ocho años de Gobierno, aumentó menos las pensiones que nosotros en tres. El PP congeló el salario mínimo interprofesional y nosotros lo hemos aumentado un 25% en tres años, más que en los ocho anteriores. El año 2006 fue el año con mayor vivienda protegida, después de una caída de la vivienda pública en los años de Gobierno del PP. Éste es el Gobierno que, igual que en su día hizo la ley educativa que estableció la gratuidad hasta los 16 años, ha hecho la ley que garantizó el sistema público de sanidad universal para todos los ciudadanos, o las pensiones no contributivas. Ha sido un Gobierno progresista, un Gobierno del PSOE ha hecho la ley para la Autonomía Personal, que representa el cuarto pilar del Estado del bienestar. En este momento tenemos 150.000 solicitudes que se han presentado, y no concibo otro apoyo más poderoso a la familia que el que aquellos mayores o discapacitados que estén en el seno de una familia sepan que van a tener o una ayuda económica, o una plaza de residencia, o una ayuda a domicilio, garantizados por ley como un derecho. Es evidente que el PP nunca haría una ley de Igualdad como la que he hecho, por eso no la votaron, con medidas positivas en favor de las mujeres. Y es evidente que en materia de derechos y de convivencia al PP no se le habría pasado por la cabeza la ley para reconocer el matrimonio a personas homosexuales.

P. ¿Qué idea le gustaría que resumiese su mandato respecto a los ocho años anteriores de Aznar?

R. Es evidente que lo que quedará es que Aznar intentó situar a nuestro país en un modelo que ha sido un fracaso rotundo, un modelo de una visión del mundo neoconservadora, que no ha cuajado. Desde el primer día, yo quise que España estuviera en un lugar en que la historia no nos tuviera que juzgar por una decisión tan equivocada como la que adoptó Aznar con la guerra de Irak. Yo quiero que España pase a la historia por tener un protagonismo importante en la cooperación, el diálogo y la paz. Creo que el tiempo y la historia nos darán la razón.

P. La cuestión del carácter de los candidatos no suele jugar en Europa un papel importante, al contrario que en EE UU. Pero a mí sí me gustaría preguntarle por un rasgo que se le suele atribuir, y que ya forma parte de la discusión política, que es cierta tendencia a la improvisación.

R. Para mí lo que a veces puede ser analizado como improvisación significa tener cierta capacidad de innovación y tener una visión que se adapte. Pero yo invito a leer el programa electoral. Hemos sido muy fieles a un discurso, a un proyecto, y eso da mucha tranquilidad a la hora de comparecer ante los ciudadanos.

P. Yo creo que la crítica no se refiere tanto a los objetivos, como a los procedimientos. Quizá usted sabe perfectamente dónde estamos y dónde quiere llegar, pero no sabe cómo transitar de un punto a otro.

R. ¿Por ejemplo?

P. El Estatuto de Cataluña. Independientemente del resultado final, el proceso ha sido confuso, como mínimo.

R. Pero es que el proceso se produce en un sistema democrático, donde hay diversos factores que intervienen. Hay un proceso de deliberación, de discusión democrática y un resultado final, que coincide con el objetivo básico. El resultado final es el que cuenta, más allá de un debate en el que algunos han puesto demasiada pasión.

P. El último cambio de Gobierno ha supuesto la salida de dos ministras. ¿Fue una improvisación o responde a un cálculo político estricto? ¿Estaba descontento con la acción en esas dos áreas?

R. Responde a una necesidad de dar un nuevo perfil a dos áreas concretas. Una era, efectivamente, la vivienda. Ésta es una reflexión que compartí con la ministra y también en el área de Cultura. Con las dos ministras compartí la reflexión de que había que dar un nuevo perfil, establecer unas nuevas prioridades, y, a veces, para eso es necesario también un nuevo impulso en cuanto a los responsables.

P. A tan pocos meses de las elecciones. ¿Por qué no antes?

R. Ya verá lo largos que son los meses de aquí a marzo. Un mes es mucho tiempo en política. Y, por tanto, van a tener meses para hacer cosas con esa nueva perspectiva. Y además, lo vamos a ver. Lo vamos a ver. Vamos a empezar por Vivienda, ¿no?

P. ¿Responde la entrada de Carme Chacón en el Gobierno a la necesidad de mejorar o reforzar la acción y la imagen del Gobierno en Cataluña?

[El viernes se supo que Chacón encabezará la lista del PSC en las elecciones generales]

R. Carme Chacón es una persona que ha estado siempre muy directamente vinculada al proyecto. Fue una de las primeras compañeras del PSC que se sumó decididamente a apoyar mi candidatura. Pudo ser ministra antes. Podía ser ministra en cualquier momento.

P. Pero ahora no responde a ningún cálculo electoral...

R. No, no...

P. ¿Cuál fue la reflexión que hizo para cambiar a la ministra de Cultura?

R. La reflexión es que era necesario poner nuevos objetivos. Fundamentalmente, pensaba en la proyección de nuestra cultura. Es decir, la mayor fortaleza de la identidad de España, de su cultura. Básicamente, lo que emana de una lengua que hablan casi 500 millones de ciudadanos en el mundo. Y ese objetivo, el de hacer del Ministerio de Cultura una gran fábrica para la promoción de la cultura española en el mundo, me llevó a pensar en alguien que había hecho una gestión brillantísima al frente del Instituto Cervantes que es César Antonio Molina que, además, creo que tenía un reconocimiento muy importante. Yo he valorado bien, muy bien, la gestión de Carmen Calvo. Pero para la etapa de culminación en esta legislatura, de proyección ante determinados eventos que tenemos por delante, como la mejor manera de proyectar España, creo que el perfil de César era un perfil idóneo.

P. Esta semana ha habido un pequeño revuelo con la ya ex directora de la Biblioteca Nacional. Rosa Regàs ha invocado su nombre para afirmar que usted no comparte la opinión del ministro de Cultura de que no ha hecho nada en tres años al frente de la institución.

R. Yo tengo un cariño y un aprecio a Rosa Regàs, que ha cumplido una etapa al frente de la Biblioteca Nacional. Lo que es evidente es que cada ministro tiene que hacer su equipo y evaluar la gestión concreta de cada organismo. Y es evidente que el ministro tiene el respaldo del presidente del Gobierno.

P. Me gustaría saber en qué momento hizo usted la reflexión de que resultaba más conveniente dejar gobernar a UPN en Navarra que aliarse con Nafarroa Bai.

R. Es una decisión que he tenido siempre. Cuando planteábamos la hipótesis de cuál iba a ser el resultado electoral en Navarra, siempre entendí que una etapa de colaboración razonable entre UPN y PSN sería muy positiva para la Comunidad navarra. Si nos retrotraemos a la propia precampaña, nunca hubo por mi parte ningún guiño a lo que pudiera ser un Gobierno de cambio.

P. Eso es verdad. Pero el Partido Socialista de Navarra sí lanzó luego mensajes en ese sentido.

R. No, no. No en la campaña. Vamos a ver, yo creo que es que hay que entender...

P. En la campaña no. Pero luego sí.

R. No. Bueno. Posteriormente. Yo creo que hay que entender algunos aspectos de la situación de Navarra. Primero, el Partido Socialista de Navarra fue tercera fuerza política. UPN perdió la mayoría absoluta, pero obtuvo un resultado del 46%, un resultado importante. Es decir, yo creo que, siendo tercera fuerza política, tiene que haber una razón muy, muy poderosa, y un entendimiento indudable con la segunda fuerza política, en este caso con Nafarroa Bai, para hacer una alternativa en toda regla al Gobierno de UPN. Siempre que UPN, en este caso Miguel Sanz, hiciera una oferta razonable de colaboración. En mi opinión, va a ser bueno para la convivencia. Es decir, este país tiene que acostumbrarse a que puede ser que en Galicia el PSOE gobierne con el BNG, y que en Navarra colaboremos con UPN. O que mañana podamos gobernar con... Por cierto, quiero decir que tengo el máximo respeto democrático a Nafarroa Bai.

P. Pero si el razonamiento fue así desde el principio, ¿no hubiera sido conveniente dejar clara su opinión públicamente? ¿O habérsela hecho llegar con más claridad al Partido Socialista de Navarra para evitar las tensiones internas que se han producido al final?

R. Ha habido un debate, un debate democrático. Y todavía seguimos debatiendo. Mañana [por ayer] hay un comité regional en Navarra. Yo entiendo a los compañeros de Navarra. Han sufrido ataques muy duros de UPN, del Partido Popular, y tienen, lógicamente, el amor propio afectado. Pero a veces, en política, por el bien común, hay que saber aguantar esos ataques.

P. No digo que no, y no cuestiono la decisión final. Le pregunto, como otro ejemplo de lo que decíamos al principio de la entrevista, si el proceso de ir de un punto a otro se ha efectuado de manera óptima o se han cometido errores en la gestión.

R. Pero seamos objetivos. No era una situación fácil.

P. No digo que sea fácil.

R. Es decir, lo que no podemos es decir que las situaciones difíciles tienen respuestas fáciles. Eso pasa en pocas ocasiones. No era una situación fácil, porque UPN se había quedado a uno de la mayoría, porque nosotros estábamos detrás de Nafarroa Bai, porque había ganas de cambio, porque el PSN había recibido, y el PSOE, muchas agresiones de UPN y del PP. No era una situación fácil. La gestión no era fácil y era una gestión con problemas, todo el mundo lo ha visto y es reconocible.

P. Si tuviera que volver a gestionar el proceso, sabiendo el resultado final, ¿lo volvería a hacer igual?

R. En lo que depende de la dirección federal, básicamente sí. Es decir, aquí se había cruzado el impulso político, la pasión política, con una perspectiva de más largo plazo, más de fondo, de más día a día, que nosotros queríamos trasladar al PSN, y que lo hemos hecho con la mayor prudencia. Con el mayor tiempo por delante, para que la reflexión fuera compartida, integrada, y no fuera como...

P. No ha sido muy compartida ni muy integrada, al final.

R. Bueno, vamos a verlo.

P. ¿Cómo se van a curar esas heridas?

R. Vamos a verlo. Yo creo que está evolucionando positivamente.

P. ¿Navarra es una excepción? O, ¿por qué es una excepción Navarra a la táctica general que había seguido el Partido Socialista hasta ahora, en Cataluña, desde luego, o en Galicia, de aliarse con los nacionalistas para desalojar al PP del poder?

R. Hay tres razones. Primera, porque somos tercera fuerza política, y para mí ésa es muy poderosa. Si hubiéramos sido segunda fuerza política, a poca distancia de UPN, la situación sería distinta. Segundo, porque el discurso de Miguel Sanz no ha sido igual que el del PP, ni su oferta de colaboración. Ofrecerse para colaborar es inédito. El PP nunca lo ha hecho.

P. Se jugaba el cargo en ello...

R. No, pero...

P. Quiero decir, ¿cree usted de verdad que Miguel Sanz ha hecho una reflexión que le ha llevado a buscar otras posiciones, o ha hecho de la necesidad, virtud?

R. Yo creo que hay algo de todo.

P. No es sólo cálculo político.

R. Yo creo que hay una parte de reflexión y una parte de hacer de la necesidad, virtud. Pero hay una cierta singularidad de lo que representa UPN, en relación con el PP. La hay.

P. La habrá a partir de ahora. Desde luego en los últimos cuatro años...

R. La había. Quizá no había aflorado, pero a mí me consta que la hay. Me constaba y me consta.

P. De Juana Chaos está en la cárcel. Otegi también. No hay diálogo con los terroristas. ETA ha intentado un gran atentado repetidas veces este verano. Ha logrado hacer estallar este coche bomba con dos guardias civiles heridos. ¿Qué perspectivas tiene sobre la política antiterrorista para los próximos meses, o años, si logra la segunda legislatura?

R. Hay una determinación y una realidad. La determinación es que ETA, habiendo optado por la violencia, nuevamente se va a enfrentar a un Gobierno con toda la firmeza, con toda la autoridad del Estado de derecho, como demuestran las detenciones de las últimas horas. Y la realidad es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado vienen realizando una extraordinaria labor. Hay que ser siempre muy prudentes. Hacer un vaticinio en torno a la evolución de lo que puede ser la actividad de ETA exige, entre otras cosas, discreción por mi parte. Lo que sí puedo decir es que la unidad de los demócratas y el aislamiento absoluto, -social, político, internacional- de quienes quieren mantener la violencia nos llevará a estar en disposición de ver el final del terrorismo.

P. ¿No es ésa exactamente la posición en la que estábamos hace cuatro años?

R. Yo no haría una valoración de cómo estábamos hace cuatro años y cómo estamos ahora. Entre otras cosas, porque afecta a la propia lucha contra ETA, ¿no? Y hay que tener mucha prudencia. Puedo asegurar que no estamos peor. Ni la democracia, ni el Estado. Simplemente, no estamos peor.

P. ¿Y mejor?

R. No estamos peor. Y en todo caso, necesitamos un poco de tiempo para verlo con perspectiva.

P. Si no estamos mejor, ¿no han superado los costes del proceso de negociación con ETA (ruptura con el PP, crispación, división de la sociedad) a los beneficios?

R. Lo más interesante de la experiencia del proceso de paz es lo que no se debe hacer desde un partido democrático en la lucha contra el terrorismo. Es decir, lo que ha hecho el Partido Popular. Eso es lo más claro, lo más claro. Que nadie vuelva a hacer eso desde un partido democrático: utilizar, crispar el intento de acabar con la violencia. Eso ha sido para mí lo más definitivo. Y pesará, estoy convencido, pesará durante tiempo.

P. ¿Sigue pensando entonces que, pese a los costes que ha tenido, valió la pena todo ese gigantesco esfuerzo?

R. Intentar salvar vidas vale la pena, aunque uno se deje jirones. No es que sólo valga la pena, es que no me lo perdonaría a mí mismo. Intentar salvar vidas desde los principios democráticos. Sería un presidente sin alma, sin entrañas.

P. Sin el descalabro de Madrid, el PSOE probablemente hubiese ganado, también en número de votos, las elecciones municipales. Parte de lo que sucedió se puede atribuir directamente a errores suyos, personalmente.

R. Hay dos cosas que son evidentes, ¿no? La primera es que en Madrid los ciudadanos hablaron claro y nosotros respondimos rápido: congreso extraordinario; dimisión del candidato, de Miguel Sebastián; y un nuevo secretario general del partido en Madrid. No hay nadie que tenga, en toda la historia del Partido Socialista en Madrid, un respaldo como el que ha tenido Tomás [Gómez], el alcalde de Parla. Por supuesto. Estaría bueno que yo no asumiera la responsabilidad de lo que pasa en Madrid. ¿La tengo en Madrid y no la tengo en Andalucía? ¿La tengo en Madrid y no la tengo en Extremadura? En Madrid, por supuesto que tengo una responsabilidad importante, muy directamente. Es verdad que también, en lo que afecta a la candidatura a la alcaldía de Madrid, en mi opinión, hubo un trato poco objetivo a Miguel Sebastián, por algunos sectores...

P. ¿Qué sectores?

R. Algunos sectores de opinión.

P. Prensa, se refiere.

R. Sectores de opinión en general.

P. ¿Puede precisar más?

R. No. Sectores de opinión.

P. ¿El resultado de las municipales encendió alguna luz roja de alarma de lo que puede suceder en las generales?

R. Me resulta simpático, porque el partido en Madrid ha perdido, con contundencia, y ha tomado decisiones. Ha habido responsabilidades y cambio. El Partido Popular lleva perdiendo en Andalucía 25 años y presentan otra vez a Arenas. El señor Rajoy perdió unas elecciones desde la mayoría absoluta de su partido. También invirtiéndose el voto de tres millones, tres millones. El Partido Socialista subió prácticamente tres millones de votos. Y nadie asumió ninguna responsabilidad. Esto es sorprendente. Al Partido Socialista al menos se le podía reconocer, oiga, a ustedes les han dado un varapalo electoral en Madrid, ¿no? Pero han asumido la responsabilidad y han tomado nota de esa derrota, y han dimitido. Miguel Sebastián, que se ha ido de todo. Y Rafael Simancas, que ha asumido su responsabilidad, y ha hecho un congreso extraordinario. Hemos respondido con lenguaje democrático. Nadie ha ido a echar la culpa a nadie del resultado electoral. No. Lo hemos asumido nosotros. Pero el balance es el que es. Y el balance es que hoy gobernamos más comunidades autónomas y gobernamos más capitales de provincia.

P. ¿Qué cree que está pasando en el PP?

R. Una de las cosas más extraordinarias que uno ha visto. Es el primer partido en el que hay más codazos por ir de número dos que por ir de número uno. Es insólito. Es un fenómeno que yo creo que tiene su interés desde el punto de vista de los analistas políticos. Toda la pelea es quién va a ir de dos.

P. ¿A quién preferiría como contrincante: a Rajoy, a Rato o a Ruiz Gallardón?

R. Yo tengo respeto por todos. Mire, siempre he tratado con respeto al señor Rajoy. He contestado democráticamente en el Parlamento, cuando me ha interpelado y me ha criticado. Tengo un respeto democrático por todos. Espero que esta etapa en la que, en efecto, se ha abusado de la crispación, de la descalificación, sirva también para que tengamos una etapa de después de las siguientes elecciones en la que se cambie el estilo. Sería deseable, ¿no? Pronostico que, si como espero, hay una victoria del Partido Socialista, el estilo de quien lidere la oposición del PP, que no sé quién será, cambiará. Pero hay que respetar a todos los adversarios. Yo tengo igual de respeto a Rajoy como candidato que a cualquier otro. Y con todos hay que esforzarse al máximo. No hay rival fácil.

P. Su apuesta inicial en política exterior fue por el eje franco-alemán en la Unión Europea como alternativa al respaldo de Aznar a Bush y la guerra de Irak. ¿Qué queda de aquel planteamiento después de la elección de Merkel y Sarkozy?

R. Nuestra política exterior ha tenido unos vectores y unas líneas definidas y exitosas. Uno: europeístas, activos y constructivos. Hoy tenemos el Tratado constitucional, que espero que en la cumbre de Lisboa se apruebe definitivamente. Europa ha relanzado objetivos en materia energética, en materia migratoria, que es muy importante para nosotros. Hay un clima de mucho entendimiento en Europa. Y con Francia y Alemania, tanto con Schröder como con Merkel, tanto con Chirac como con Sarkozy, una colaboración muy intensa y una relación fluida. Por tanto, en Europa... Hoy no hay división en Europa, hay una unión bastante intensa y España aparece como un actor constructivo siempre.

Dos, segunda línea: la relación preferente con nuestros vecinos. Es un principio de política exterior muy conveniente. Marruecos, Argelia, Portugal y Francia. Una relación preferente.

Tres: hemos fortalecido nuestra presencia latinoamericana en términos políticos.

Cuatro: antes dije que España en estos periodos dejó de estar donde no debía estar, salió de donde no debía estar y ha empezado a estar donde no estaba y conviene que esté. Especialmente África y Asia, donde en términos políticos, económicos y de cooperación estamos cambiando las cosas. En el África subsahariana, pensando en la inmigración y en la cooperación; y en Asia, fundamentalmente, pensando en la proyección económica de nuestro potencial en los nuevos mercados.

Y por último, España se ha convertido en un país ejemplar en el apoyo a las instituciones multilaterales, y singularmente a Naciones Unidas.

P. ¿Va a ser la elección del general Félix Sanz Roldán como presidente del comité militar de la OTAN la piedra de toque de cómo están de verdad las relaciones con Estados Unidos?

R. Yo comprendo que periodísticamente y políticamente tiene ese interés. Pero ese cargo es un cargo en el que cuenta mucho la trayectoria profesional. Félix Sanz tiene una gran trayectoria, un gran prestigio, como Jefe del Estado Mayor de la Defensa, y presidir el Comité Militar de la OTAN es una excelente culminación a una brillante carrera que además, sin duda, es una proyección para nuestros profesionales de las Fuerzas Armadas. Hay un candidato italiano y un candidato polaco, y habrá una campaña que harán básicamente los propios protagonistas.

P. Ha realizado el Gobierno gestiones para...

R. No, no, porque en una votación de esta naturaleza no puede asegurarse nada.

P. Asegurarse no. Pero sondeos discretos...

R. Lo que sí sabemos es que Félix Sanz tiene un gran prestigio. Puedo decir que, si sale elegido, yo me alegraré por un lado, pero por otro también es un jefe de Estado Mayor con el que me he sentido excepcionalmente bien.

P. ¿Tiene la idea de que la acción de la diplomacia española en América Latina es suficiente para el papel que España debería jugar? Ha habido voces críticas respecto a la deficiencia de la acción diplomática, política, la presencia de España.

R. Pues la verdad es que yo no he escuchado esas voces. Tenemos una comunicación fluida permanente con todos los gobiernos de Latinoamérica, hemos creado una Secretaría especial para Latinoamérica, tenemos una relación bilateral, multilateral continua, un incremento permanente de la ayuda a la cooperación y un apoyo. Esto es lo que percibo de todos los gobiernos latinoamericanos por cómo mantenemos esas relaciones, esa ayuda y esa cooperación. Y hemos enderezado muchos problemas de nuestras empresas en determinados países, en situaciones siempre problemáticas.

P. Tradicionalmente los presidentes del Gobierno español descubren la política exterior a partir del segundo mandato. ¿Le gusta la política exterior? ¿Disfruta con ella?

R. Ah, por supuesto. Sobre todo, todo lo que afecta a los organismos multilaterales. Una de las experiencias más enriquecedoras de la Presidencia del Gobierno es Europa, el Consejo Europeo. El futuro de la política exterior pasa por reforzar y hacer crecer los organismos multilaterales, tanto desde la perspectiva regional, Europa, como desde la perspectiva internacional en general. Y ahí es donde he puesto más énfasis.

P. ¿En general diría usted que la presencia, la potencia de España en términos políticos y diplomáticos en el mundo corresponde con su nivel económico, el octavo?

R. Yo distinguiría que España es hoy un país respetado por los grandes, y querido por los que intentan desarrollarse y son emergentes. Esa es una posición que le conviene.

P. En los últimos meses ha habido un conjunto de iniciativas para recuperar los símbolos y la idea de España por parte del Gobierno, tras el intento de apropiación del PP a raíz de los debates territoriales.

R. No tiene nada que ver con el debate territorial. Pero como presidente del Gobierno yo veía, desde hace dos años casi, que aparecían anunciando cosas, organismos dependientes de la Administración General del Estado, que por cierto nadie entiende lo que significan, como ADIF, ICO, en fin...¿Cómo les vamos a pedir a los ciudadanos que sepan lo que es el ADIF, el ICO o el JEMAD? Esto no tiene sentido. Y resulta que el Gobierno de España no tenía un elemento de identidad común, único, de todo su despliegue, sino que parecía que cada organismo autónomo funcionaba por su cuenta.

P. Fue una reflexión suya personal.

R. Absolutamente, sí. Hay dos iniciativas muy personales mías de esta etapa de gobierno. Y además siempre han sido producto de eso, de constatar algunas reflexiones en algunas noches en las que he dormido menos. Porque normalmente duermo bastante bien. Una, la creación de la UME, la Unidad Militar de Emergencias, que es una decisión mía personal y la gente ha dicho que fue cuando el incendio de Guadalajara. No es verdad, fue con las primeras nevadas que tuvimos una noche aciaga en Burgos, que a las cuatro de la mañana yo estaba escuchando a los ciudadanos en la Cadena SER, como siempre por cierto, diciendo que estaban allí atascados por la nieve y que nadie les venía a sacar. Y los mensajes oficiales que a mí me llegaban de la cadena de mando eran que estaba todo solucionado. Ahí fue cuando dije, bueno, y ¿qué pasa? Un Estado que es la octava potencia mundial, un gobierno ante una tragedia, y yo soy el presidente del Gobierno, el primer responsable de la seguridad de la gente y ¿qué tengo a mi alcance? Y no teníamos nada, prácticamente. Nada. Y esa fue la decisión de crear una Unidad Militar de Emergencias, porque le daría potencia, eficacia, estabilidad y desde luego cambiaría muchos de los problemas que en riesgos hemos tenido. Y dos, uno va a Andalucía, "Junta de Andalucía"; a Madrid, "Comunidad de Madrid". Aquí de lo único que no se habla es del Gobierno de España y resulta que es el que dispone de más presupuesto y el que más responsabilidades tiene. Y llamé a la vicepresidenta, hará cerca de un año. Ha costado casi un año, para que todos los múltiples organismos fueran adaptando lo que es su imagen de marca. Y ahora estamos en el proceso final de establecer un logotipo que sea el del Gobierno de España.

P. Televisión Española también va a tener entre sus tareas "contribuir a la construcción de la identidad de España", según el próximo mandato-marco.

R. No intervengo nada en la televisión pública, ni en ésa ni en ninguna. Pero me parece bien. Pero vamos, ni he sido consultado ni he tomado una iniciativa a ese respecto. Como en todo lo que pasa en la televisión pública.

P. Pero como presidente del Gobierno tendrá alguna responsabilidad, porque...

R. Sí, pero hay un Estatuto de la Televisión, y hay un compromiso por mi parte de respetarlo. Es decir, no llamé nunca a la directora general de Radiotelevisión Española, a Carmen Caffarel, hoy directora del Instituto Cervantes, y no he llamado hasta el día de hoy, nunca, al presidente de la Corporación, a Luis Fernández. Igual me aguanto las ganas.

P. Pero opinión sí tiene, o sí tenía. En una entrevista en 2004 dijo usted que no concebía "un modelo de televisión pública en una sociedad moderna y avanzada cuyo objetivo sea competir para liderar la audiencia". En determinados aspectos, básicamente eventos deportivos -fútbol y motociclismo-, eso es lo que está haciendo Televisión Española.

R. Hay un acuerdo para reducir su publicidad. Y hay una serie de recordatorios de las televisiones privadas para que se cumpla el compromiso de reducción de la publicidad. Y se va a cumplir. Y eso nos va a exigir lógicamente un esfuerzo financiero. A mí hay programas que me gustan más que otros en la televisión pública y decisiones comerciales que puede tomar la televisión pública que me pueden gustar más o menos. No intervengo. Y sí, me reafirmo en lo que dije en 2004: quiero más una televisión de servicio público que comercial.

P. Desde que el PP introdujo el tema del deporte y la televisión en la política con la ley del fútbol, en este país ha resultado imposible asentar un modelo racional de explotación de los derechos. Ahora vuelve una empresa a romper los acuerdos firmados y a poner en peligro el modelo.

R. Rubalcaba no me permitiría que dijera que entiendo de fútbol. Por tanto, voy a decir que no entiendo mucho de fútbol, más que nada porque si no, Ru-balcaba me dará duro. Y de derechos de fútbol entiendo menos. Yo lo único que deseo es que los intereses de los ciudadanos que quieren ver el fútbol se respeten y que haya paz. Ése es mi deseo.

P. Se lo pregunto porque algunos de los accionistas del grupo que está violando los acuerdos firmados se proclaman amigos suyos. Entiendo que eso supone un conflicto político.

R. Bueno yo, afortunadamente, puedo tener amigos en muchos campos, incluso de los medios de comunicación. Tengo amigos en todos los grupos de comunicación. Por lo menos yo creo que tengo amigos.

P. ¿Cree que España corre algún riesgo especial por el boom de la vivienda a raíz de la crisis hipotecaria desatada en EE UU?

R. Los problemas que han surgido en el sector inmobiliario norteamericano son por un exceso de riesgo a la hora de concesión de créditos hipotecarios. No han originado una crisis de liquidez en los mercados financieros, espero que no sea una crisis de crédito. No hay ninguna repercusión directa en el mercado inmobiliario y en el sistema financiero español. Nuestro sistema financiero, nuestras instituciones colectivas de crédito son de las más solventes del mundo, tanto bancas, como cajas, como aseguradoras. Ha habido una gran tarea del Banco de España para garantizar que la concesión del crédito hipotecario en España estuviera fundada en elementos sólidos. Por tanto, nuestra afectación creo que estaba en el 0,013% de lo que puede ser el mercado de capitales hipotecarios. Por tanto, tranquilidad.

P. ¿Puede afectar al crecimiento en los próximos meses o años?

R. Tenemos una posición muy sólida en crecimiento económico, somos el país que más crece de los principales países industrializados del mundo. Estamos duplicando con un crecimiento del 4% y mejorando la composición del crecimiento y, por tanto, el mensaje es de tranquilidad y de confianza. Además, mi opinión es que los tipos de interés y el Euribor deben haber tocado techo; eso lo que aconseja es una lectura económica razonable, y eso también puede dar una dosis de tranquilidad generalizada.

La americanización de Madrid

La derrota socialista en las elecciones de Madrid y Valencia plantea dudas razonables sobre el futuro de ese partido en unos territorios que históricamente consideraba como propios, a juzgar tanto por el precedente de la Segunda República y la Guerra Civil como por la más cercana experiencia de los primeros ayuntamientos democráticos. ¿Qué ha pasado? En España tendemos a pensar que las elecciones no las gana el vencedor sino que las pierden los derrotados, y con ese hábito mental se están juzgando los recientes resultados. En el caso de Valencia y Murcia, la derrota del PSOE se debería a la cancelación del trasvase del Ebro: un agravio comparativo por la presunta expropiación de unos derechos tenidos por adquiridos que los ciudadanos de Levante tardarán en olvidar. Y de modo análogo, también se piensa que el desastre de Madrid ha de ser atribuido a los propios socialistas: de ahí que sus candidatos hayan dimitido y que se plantee una refundación del PSM en profundidad. Pero es posible que la masiva victoria del PP en Madrid no sea responsabilidad de los socialistas, con lo que sus intentos refundadores podrían resultar inútiles. Y la hipótesis a plantear es que la victoria del PP en Madrid y Valencia pueda deberse a sus propios méritos, por dudosos que parezcan a muchos: unos méritos que los ciudadanos han creído reconocer y han querido premiar.

¿Qué clase de méritos políticos serían estos? En parte se trata de méritos negativos, dada la eficacia de la estrategia de la crispación que ha designado a ZP como el enemigo principal. Pero este efecto crispador no parece el más influyente, pues afectó por igual a toda España y fuera de Madrid no tuvo tanto éxito. Así que debemos buscar otros méritos más positivos, entre los que destaca el efecto-riqueza derivado de la burbuja inmobiliaria. Las clases medias de Madrid y Levante, como también las de Marbella que las precedieron, se han portado como estómagos agradecidos, premiando al partido que les hizo ascender en la escala social mediante un alza espectacular del precio de sus viviendas. Es la sempiterna estrategia latina del panem et circenses, que se legitima sobornando a los ciudadanos mediante fiestas, juegos, monumentos y sobre todo subvenciones, hoy representadas tanto por las rebajas fiscales como por las plusvalías inmobiliarias. Un soborno patrimonial que además se ve doblado por una ingente inversión a fondo perdido en obras faraónicas, arquitectura de diseño y acontecimientos espectaculares como la Copa del América. Puro pan y circo. O corrupción y fallas, pues los madrileños y levantinos, como desde siempre los marbellíes, no tienen complejos para votar a quien les eleve su patrimonio sin hacerse demasiadas preguntas.

Pero aún existe otro factor adicional, además de la burbuja especulativa, y es la transformación de la estructura social por la llegada masiva de inmigrantes, atraídos por el epicentro en Madrid y Levante del boom de la construcción. Unos inmigrantes que, al ocuparse de los trabajos serviles, son relegados a los estratos más bajos de la escala social, desplazando hacia arriba al resto de clases sociales que por efecto comparativo experimentan movilidad ascendente. La antigua clase obrera ha dejado de serlo porque ya no se ocupa del trabajo manual, y ahora se siente clase media propietaria de su vivienda privada, deseando distanciarse de sus vecinos inmigrantes que ahora okupan los servicios públicos (educación y sanidad). De ahí que los antiguos barrios de clase obrera (a excepción de Vallecas) dejen de votar socialista y se pasen al PP. Pero lo mismo hacen las nuevas clases medias, que antes votaban izquierda por esnobismo progresista y ahora se sienten clase media acomodada, demandando servicios públicos de mayor calidad y limpios de inmigrantes. De ahí que su voto implique un claro refrendo de la privatización educativa y sanitaria que está ejecutando el PP, al segregar en la práctica un Estado de bienestar dual: por abajo, servicios públicos de baja calidad para inmigrantes y marginados; y por arriba, rebajas fiscales, plusvalías patrimoniales y servicios privatizados étnicamente limpios para las clases medias.

Y esta metamorfosis de la estructura social está transformando el panem et circenses, que abandona su matriz originaria de tipo latino, al fin y al cabo universalista, para acercarse al modelo multicultural pero segregacionista estadounidense. La caída del voto socialista en Madrid no parece coyuntural, pues muestra una cierta tendencia de aproximación al modelo de EE UU, donde el partido socialista es históricamente inexistente. Desde que Sombart lo planteó hace un siglo, la ciencia social europea se ha venido preguntando "¿por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?" (REIS, núm. 71/72, 1995). Y la respuesta reside en la persistente combinación de unas tasas muy elevadas de inmigración y movilidad social, pues todos los estratos sociales, impulsados por los inmigrantes que presionan desde abajo, experimentan movilidad ascendente desclasándose hacia arriba sin tiempo de adquirir conciencia ni solidaridad de clase. Bien, pues desde hace algunos lustros, Madrid ha empezado a exhibir una pauta de crecimiento económico, urbanístico y demográfico, así como de reestructuración social, análoga al modelo estadounidense.

Cuando Gallardón empezó a competir con Maragall por la primacía en el ranking español, pronto se vio la oposición que se planteaba entre el modelo de ciudad de Barcelona, identificado con las viejas capitales europeas con arraigo popular, patriciado urbano y tradición histórica, frente al tipo de ciudad que Gallardón impulsó para Madrid, inspirado en un modelo a la americana como el de Los Ángeles, con yuxtaposición de barrios segregados y urbanizaciones periféricas conectados por mallas de autopistas y megacentros comerciales. Un modelo de ciudad a la americana que quizá sólo era posible en Madrid, la más reciente capital europea que, por razones históricas, siempre ha sido un cruce de caminos atractor de inmigrantes, antaño rurales y hoy extrapeninsulares. Una ciudad de paso y alta movilidad social que, por ello mismo, y también como las grandes urbes estadounidenses, posee escasa identidad propia, débil arraigo popular y nulo patriciado urbano. Aquí todos los extraños nos sentimos bien acogidos, pero nadie, ni el pueblo ni la élite, se siente dueño y señor de la ciudad: de ahí que tampoco se identifique con ella ni la defienda como cosa suya, prefiriendo dejarla bajo el poder del que más pague.

En suma, Madrid parece haberse americanizado sin posible retorno, y ello tanto para bien como para mal. Una americanización que el PSM debería tener en cuenta, pues las señas de identidad socialista a la europea, fundadas en la solidaridad de clase, ya no parecen base suficiente para recuperar algún día el poder. Lo cual quizás exija la americanización del propio PSM, si es que esto pudiera darse.

Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

La doble vida de Ruiz-Gallardón.

Si unos extraterrestres de derechas hubieran diseñado un Caballo de Troya para invadir la Tierra, les habría salido Ruiz-Gallardón, pues lo que a cualquiera (excepto a Bush) se le ocurre antes de ocupar un territorio ajeno es estudiar sus costumbres, su historia, su idiosincrasia (qué rayos querrá decir idiosincrasia), así como las debilidades de sus habitantes. De acuerdo con tales estudios, la organización más sólida de este planeta es la Iglesia católica, que cumplidos los 21 siglos de existencia sigue dando la lata como el primer día. ¿Y cuál es su secreto, se habrán preguntado los marcianos? Muy sencillo: predicar cosas distintas y hasta contradictorias según la dirección del viento o las necesidades del estómago. Por eso en unos sitios la Iglesia es partidaria de la pena de muerte, mientras que en otros se escandaliza por la existencia del aborto. Por eso predica la pobreza desde un trono de oro. Por eso es capaz de manifestarse a favor de la libertad al tiempo que da cobertura moral a asesinos declarados como Pinochet, o Franco, o Videla. Cuando los seres humanos ven fuera las contradicciones que llevan dentro, se enamoran. A todos nos gustaría ser de forma simultánea personas de orden y sinvergüenzas recalcitrantes, señores y truhanes, prosistas y poetas, y eso no lo ha logrado nadie con la finura de la Iglesia, que da trabajo a banqueros teologales, a obispos castrenses y a curas comunistas. Cabe de todo en ella, pues lo que no se vende en la primera planta se vende en la segunda, y lo que ni en una ni en otra, en Oportunidades.

A todos nos gustaría ser de forma simultánea personas de orden y sinvergüenzas

Con este modelo antropológico en la cabeza, los extraterrestres pusieron manos a la obra intentando concentrar en un solo individuo toda la compleja y sutil maquinaria del Vaticano. Necesitaban, pues, que su Caballo de Troya hiciera el bachillerato en los jesuitas (si buscas el término jesuita en un diccionario de sinónimos aparecen las siguientes alternativas: hipócrita, falso, doble, sibilino), y que después estudiara Derecho, que es una carrera de orden, y más tarde hiciera oposiciones a fiscal, ocupación que garantiza un sueldo hasta la muerte. Todo en un tiempo récord, pues a los 23 años Ruiz-Gallardón había tomado ya posesión de su puesto en la Audiencia Provincial de Málaga, donde enseguida (¡deprisa, deprisa!) pediría la excedencia para dedicarse a la política. Su biografía era perfecta desde cualquier cabeza biempensante, extraterrestre o no. Convenía, para completarla, que el joven político militara en las juventudes de AP, que fueron la versión Neandertal del PP, al que Aznar retrotraería luego al Australopiteco.

Tenemos, pues, a un Ruiz-Gallardón joven, guapo, abogado, fiscal y con profundas raíces familiares en el franquismo (está casado con la hija de un ex ministro del general asesino), virtudes a las que añade un catolicismo practicante y un verbo untuoso, cuyo ADN coincide al 100% con el de los portavoces de la Conferencia Episcopal. Para que el pastel eclesial estuviera completo, sólo faltaba añadirle algunos ingredientes contradictorios, como el de ser demócrata o el de estar a favor del aborto, del divorcio y de los matrimonios entre homosexuales. De este modo, la derecha vergonzante le votaría por parecer de izquierdas, y la izquierda retraída, por parecer de derechas.

Todo era perfecto. Allá donde el joven fiscal en excedencia iba, triunfaba simultáneamente como hombre profundamente conservador a la vez que radicalmente progresista. Si en un discurso convenía citar a Vallejo o a Azaña, los citaba. Si quedaba bien que le gustara la ópera, le gustaba la ópera. Si vestía tener una consejera de izquierdas, ponía a una consejera de izquierdas al frente de Cultura, que no hace daño a nadie. Uno de los años de sus numerosos mandatos felicitó las pascuas con una cita de Rilke que decía: "El que ha osado volar como los pájaros, una cosa debe aprender: a caer".

Todas estas historias daban la imagen de un tipo culto, sentimental, incluso sensiblero, que ganaba elecciones como el que hace rosquillas. Pero junto a este Ruiz-Gallardón que enamoraba a madres e hijas marcianas por igual, aparecía otro terrible: aquel, por ejemplo, que en la noche electoral del 6 de junio de 1993, una vez confirmada la cuarta victoria consecutiva del PSOE en las elecciones generales, se manifestó en rueda de prensa, junto a Javier Arenas Bocanegra, para denunciar, en una maniobra brutalmente desestabilizadora un pucherazo electoral. Se cuenta que el propio Rey tuvo que llamar a José María Aznar para que pusiera orden en el seno de sus filas. Quienes tenemos razones históricas para temer a la derecha de la que procede gran parte del PP, no lo olvidaremos jamás. Pero tampoco conviene dejar de lado a aquel otro Gallardón pelota que, con tal de agradar a su jefe, confeccionó una carrera política completamente absurda a Ana Botella, de la que llegaría a decir, para justificar su ignominiosa acción, que era una rebelde.

Quiere decirse que los extraterrestres se han pasado de rosca. Tal cúmulo de atributos discordantes puede resultar verosímil en una institución, no en una persona física, aunque le hayas fabricado un currículo descomunal. Un día, durante el transcurso de una cena en la que me colocaron cerca de Gallardón, le escuché decir que había que casarse con el Abc y acostarse con EL PAÍS, lo que resume a la perfección la idea (basada por otra parte en estudios de toda solvencia) de que los extraterrestres de derechas tienen de nosotros.

(Juan José Millás)