A banderazo limpio
Hay una cita en el libro de Juan Marsé “Si te dicen que caí”, que afirma que muchas de las gentes que ahora, desde un lado a otro, andan enarbolando banderas, deberían aprender para dejar de hacer con ellas una guerra entre mediática, política y de enfrentamiento electoral. La cita, que es dura, dice: “Todas las banderas están llenas de mierda o de sangre”. Naturalmente, no es lo mismo una cosa que la otra, pero, como dijo la Vicepresidenta del Congreso en la sesión de control, “las banderas no hay que imponerlas, hay, con ellas, que convencer ”.
Desgraciadamente, en este país la bandera fue símbolo, durante más de cuarenta años, de imposición pura y dura, de represión y, muchas veces, seguro, lo último que vieron las gentes a las que se iba a fusilar. Los hechos históricos, y heroicos, de Filipinas o Cuba o de la propia guerra de Marruecos, se hundieron bajo la brutal represión del franquismo, que impuso su bandera, con su águila y sus cosas.
Mientras en muchas naciones la bandera ha sido la señal de defensa de la libertad de ese país frente a represiones exteriores -pensemos en la tricolor francesa, en la británica, etc- y bajo ella murieron muchos de sus ciudadanos, sin distinción ni credo, aquí se señaló, desde el primer día de la sublevación de Franco, qué significaba aquella bandera, frente a la tricolor, que también carecía de historia.
Y ese es uno de nuestros más graves problemas como nación, y es que siempre se ha intentado, igual con banderas, con credos y con ideas, imponer las del más fuerte sobre las más débiles sin mirar el daño que se podía hacer al resto de una gran mayoría de las gentes del país.
Y ese reflejo de autoritarismo banderil se produce en Euskadi, en Cataluña, en Galicia, en Andalucía y en los campos de fútbol, no como una alegría con su equipo o con su territorio, sino como una pura y dura agresión.
Años y años de atravesar el duro desierto de la Historia nos ha enseñado muy poco. El problema es que ahora, como al PP casi todo se le acaba -11M; terrorismo; crisis económica; Cataluña como enemiga y la Educación para la Ciudadanía- se agarra al mástil de lo que queda, que son las banderas, y empiezan a banderazo limpio.
Un poco de serenidad, ante esta campaña electoral que se avecina, no nos vendría mal a todos y dejar de espurgar en lo mas sombrío de nuestra convivencia.
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