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Desiguales ante la ley (Francesc Sanuy)

El presidente de la compañía Hyundai, Cheng Mong-koo, no estaba demasiado tranquilo a principios de septiembre. En su condición de titular del gran chaebol coreano que ocupa el sexto puesto en la clasificación mundial de fabricantes de automóviles, había sido condenado a tres años de cárcel por delitos de malversación, apropiación indebida y abuso de confianza.
Pero ahora ya respira aliviado, porque el Tribunal Superior de Seúl ha suspendido la aplicación de la sentencia y le ha dejado en libertad para que siga administrando la empresa y, por lo que parece y de la decisión se desprende, para que siga delinquiendo con total impunidad. La cosa por sí misma ya es bastante grave, pero aún lo es más que una pena basada en una resultante de hechos probados pueda ser perdonada en virtud de un considerando que invoca, como principal motivo de este indulto encubierto, su contribución a la economía nacional (y a la suya personal, ¿no?) y a la necesidad de ayudar a Hyundai a superar los retos de la economía global.

RESULTA, PUES, que si un delincuente es muy rico y maneja un negocio de grandes dimensiones, tiene que quedar exonerado de cualquier pena en aras del bien co- mún, dado que si tuviese que cumplir la pena de general aplicación resultaría lesionada de rebote alguna parcela de este. Pero, ante esta aberración jurídica, el tribunal coreano se ha sentido obligado a condicionar la libertad del reo al cumplimiento del compromiso de que su hijo haga efectiva la donación de 1.100 millones de dólares en un período de siete años a una causa de beneficencia y a la construcción de una sala de conciertos, un teatro de la ópera y varios centros culturales por todo el país. ¡Qué fuerte!, ¿no? En definitiva, el ladrón puede comprar su libertad y burlarse de la justicia.
A fin de ponerlo en conocimiento de los estudiosos de la jurisprudencia, el autor de esta vergonzosa decisión es el juez Lee Jaehong, que queda inscrito en las páginas del oprobio y el estigma. Por cierto, el hijo que va a pagar, Chung Euisun, responde así de un dinero que el padre se embolsó de la propia empresa, pero también de los 224 millones de dólares de perjuicios a las filiales. Y, mira por donde, el jú- nior es presidente de una de las damnificadas, o sea, la filial KIA. Y es que, al final, todo queda en casa, ¿no?
A la vista de todo lo anterior, algún lector quizá creerá que se trata de un hecho aislado o de unas malas prácticas propias de un país de cultura muy diferente a la nuestra. Pero cuando los abogados pedían indulgencia y clemencia lo hacían invocando a las fábricas en construcción en Chequia, Turquía y Eslovaquia, a la pérdida de mercado en China y a la reducción de beneficios y recurriendo, sin disimulo, al chantaje. Mientras tanto y para cubrir las apariencias, la oficina antitrust de Corea ha impuesto a Hyundai una multa de 63.000 millones de won por subvenciones ilegales a las filiales y subsidiarias. Y, si hacemos memoria, veremos que el consejero delegado de la petrolera SK Corp.,
Chey Tae-won, también quedó redimido de pena de cárcel en el 2004 a fin de que pudiese seguir dirigiendo la empresa. Queda, pues, claro que estas decisiones viciadas son realmente sistémicas y que producen al menos el efecto de que se ha creado un mercado de la justicia para recomprar sentencias.
Por otro lado, aquí entre nosotros, y en el resto del mundo más avanzado, nadie está libre de pecado para lanzar la primera piedra. En realidad, los plutócratas se dedican a la filantropía para colocar el enriquecimiento por encima de las críticas, para legitimar su acumulación de riqueza y pretender que la ambición, el egoísmo y la codicia pueden pasar por la lavadora del mecenazgo o de la obra social. Hasta el punto de que la filantropía no acaba siendo un antídoto del capitalismo brutal y sin compasión, sino una forma capitalista más. Sirve de lavandería de la imagen para las celebridades y para sustraer de las estructuras democráticas las decisiones relatoras a la asignación de recursos. En efecto, si los astronó- micos beneficios fueran impuestos cobrados por los poderes públicos, serían las autoridades democráticamente elegidas las encargadas de marcar las prioridades, en lugar del cantante Bono, que hace campaña por la condonación de la deuda del Tercer Mundo, o de Angelina Jolie, que predica la caridad global, sin que ni a uno ni a otro les haya votado nadie para redistribuir la riqueza de acuerdo con sus preferencias.

EL ECONOMISTA Modest Guinjoan se preguntaba en un artículo titulado ¿Tienen beneficios las cajas? si los directivos de estas entidades, especialistas del negocio financiero, son los más indicados para determinar la cifra de unas rentas que van a parar a finalidades socialmente redistributivas y culturales. Pero, aparte del mecenazgo blanqueador, también por lo que se refiere a la justicia que se aplica a los poderosos, España se parece mucho a Corea. Recordemos, si no, cómo los Albertos viven fastuosamente en el limbo de la condena indefinidamente suspendida que, intuite personae, les confeccionó a medida el presidente del Tribunal Constitucional Manuel Jiménez de Parga. O bien el temor reverencial con el que se trataron los asuntos de las cesiones de crédito o de las primas únicas. A la coreana, claro.

*Abogado

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