LA MUERTE DE LA INMIGRACIÓN.
Es cierto (y sabido) que, cuando amenaza crisis económica, de pronto los medios de comunicación comienzan a mostrar mozas dotadas de esplendidos caracteres sexuales segundarios; mensaje subliminal, vaya, para indicar a las féminas que lo bueno es la maternidad, el hogar y
dejar puestos de trabajo libres para los varones. Ahora es extremadamente revelador (y alarmante) ver como el concepto de raza y su utilización en las ciencias sociales vuelven al galope. ¿Es para separar los que deben ser privilegiados de los demás? Por ejemplo, se comenta la aparición de un libro de Didier y Eric Bassin titulado De la question sociale a la question raciale?1. Un paso importante desde que, en su libro Face au racisme2, P. A. Taguieff subrayara que la incapacidad de una determinada izquierda progresista para pensar el renacimiento de los estereotipos xenófobos y antisemitas
, y el ascenso del Front Nacional, precisamente han permitido tomar conciencia de las ilusiones y de los límites de la acción antirracista tal y como ha sido llevada hasta ahora
La lucha contra el racismo o la xenofobia
no puede ya obviar trabajos e investigaciones de las ciencias sociales
Esto es un aviso a los antirracistas del futuro: un día, tendrán que adaptarse. Jean Birnbaum, a su vez, explica que hoy el movimiento antirracista conoce una crisis sin precedente
Algunos investigadores sociales intentan considerar no ya el
sino la como representación colectiva y como categoría ya inviable:
Lo que era ocultado se ha tornado omnipresente, lo callado es hoy un lugar común
[Se habla de] recolocar el hecho racial en primera fila y ello por dos motivos: por una parte, se asiste a la liberación de un discurso tendente a la estigmatización de tal o cual población en función de sus orígenes o de su color de piel
Por otra parte, hay que reconocer que los mismos marcadores identitarios pueden, a la inversa, ser utilizados para luchar contra la discriminación3. Concluye Taguieff que la raza se ha transformado en un arma política, utilizado por los actores para defender intereses, atraer electores, reivindicar posiciones y consolidarlas.
Lo cierto es que, el 06-XI-2006, el diario británico The independent publicaba una carta étnica de Gran Bretaña en la que distingue entre blancos; mestizos subdivididos en hijos de blancos y negros del Caribe, ídem de África, de blancos y asiáticos, y otros de origen mixto; asiáticos o ingleses de Asia, subdivididos en iraníes, paquistaníes, blangladíes, y otros; negro o ingles negro, subdivididos en caribeños, africanos, y otros origen negro; chinos y otra población étnica, subdivididos en chinos, y otros
Y así ya están identificadas, por ejemplo, las zonas donde hay más paquistaníes (el barrio de Frizinghall, en la ciudad de Bradford: 73% de la población), judíos (en Salford), mestizos (Princes Park, en Liverpool: 11%).
Y en la misma dirección se va en Francia: la encuesta del INSEE (o sea la Seguridad Social) se prepara, en el futuro, a recoger informaciones sobre el origen de las personas, las pertenencias étnicas declaradas y los factores discriminatorios (color de la piel, acento, prácticas alimentarías, etc). Y es que, como afirma la socióloga Dominique Schnapper, el establecimiento progresivo de estadísticas étnicas se ha tornado, sin duda, inevitable. El propio Presidente de la República, Sarkozy, se ha declarado favorable a la mención de los orígenes tanto en las empresas como en las estadísticas de delincuencia4. Igualmente, en los USA, y ya desde el año 2000, se pregunta si la persona es Spanish/Hispanic/Latino o Puerto Rican, o bien Mexican, Mexican Am, Chicano o Cuban, y si son de raza blanca, o Black, African Am, or negro etc, etc, etc. En Holanda a su vez se pide, en el censo, el lugar de nacimiento del censado más el de los dos progenitores.
Es cierto que, en algunos casos, hurgar en el origen racial se ha debido originariamente a los efectos de la concesión de conocer la situación e importancia de las minorías raciales discriminadas a afecto de compensaciones administrativas y de otro tipo; pero, en otros casos, el mensaje es claro: dejar de escuchar a los que afirman (inmigraccionistas de extrema izquierda, liberales-libertarios, y determinados neo-liberales ultras) que no hay que hacer nada para impedir la inmigración salvaje pues de lo que se trata, con la inmigración, es de un aspecto más de la mundialización neoliberal, y que la inmigración salvaje no sería rechazable si de lo que se trata es de cambiar el mundo. Pero hoy, prohibir las regulaciones masivas y regular el flujo migratorio se esta transformando en un imperativo político, económico y social (cuando no incluso también religioso); y, cuando eso no es posible, se termina procediendo a repatriaciones cada vez más intensas (caso de Europa), o masivas (caso de Malasia, por ejemplo), o edificando muros y vallas (USA, España,
), o/y zonas tampón (por ejemplo el Maghreb ante de la frontera sur de la UE).
Demasiado Estado o demasiado mercado matan, respectivamente, al Estado o al mercado
y demasiada inmigración matará, tarde o temprano, a la inmigración, previo pase por cerrojazos, broncas, enfrentamientos étnicos, y lepenización de las mentes. Así, según sondeo de TNS-SOFRES5 26% de los franceses se declaran de acuerdo con las ideas de J. M. Le Pen
y sólo un entrevistado de cada tres franceses juzga sus posiciones inaceptables
.
Tomemos ahora el caso español: 5 millones de españoles se estima que emigraron a América Central y del Sur posteriormente a Colón. La misma cifra ha entrado en España en los últimos 5 años; sólo que tan sólo a España, y no a las dos terceras partes de un inmenso continente. ¿Entonces? Siendo el pueblo español un pueblo acogedor, consciente de haberse instalado, a veces violenta y masivamente, por todo el ancho mundo, es lo cierto que demasiado es demasiado, tanto en cantidad como en velocidad de los flujos. Y no es exagerado pensar que, para cada vez un mayor número de españoles, esta inmigración es tan masiva que recuerda el aserto de Jordis Lohausen6: Una inmigración puede sustituir una invasión
Van cambiando las percepciones, y de forma inquietante pero lógica. Porque a los españoles nos van a malograr. Por ejemplo: Sobre si los inmigrantes pueden traer sus familias, la respuesta es, generosamente, si para el 73%; acceder a la educación pública, generosamente: 92,5%; tener asistencia sanitaria gratuita: generosamente 81·%; obtener un puesto de trabajo en igualdad de condiciones que los españoles: generosamente 86,4%, etc. No nos importa mucho, generosamente, que lleguen a ser a nuestros jefes o casarse con un familiar nuestro, o que vayan a los mismos colegios que nuestros hijos
Si, pero, cuando en el Barómetro del CIS de Noviembre de 2005, la inmigración era el tercer problema (detrás del paro y del terrorismo), en el de Septiembre del 2006, se transformó en el primer problema (casi el 60%), el segundo el paro, y el tercero la vivienda (pero es que ambos tienen que ver con la cuestión migratoria). ¡Cuanta ceguera frente hacia donde nos encaminamos! Pues ya en el Barómetro noviembre del 2005: 1) el 92,9% de los españoles consideraban que los inmigrantes eran, entre bastantes y demasiados; 2) 6,8% consideraban que había que permitir la entrada libre frente a 90,7% que se muestra partidario de algún tipo de limitación. Y sin embargo la clase dominante, claramente apoyada por patronales, sindicatos, y medios de comunicación, no sólo no se da por aludida, o escurre el bulto, sino que insiste una y otra vez en que lo que la sobreinmigración no sólo es inevitable, sino beneficiosa
PRIMER MITO: TODOS CONTENTOS. La inmigración se hallaría, dicen, en el origen del crecimiento español. En realidad, el agente principal del crecimiento español ha sido el ingreso en la UE, el 01-01-1986. Desde entonces hemos crecido 20 puntos, es decir, un punto por año. Como señala Concha Martín8 buena parte de los avances se explican por los fondos a los que España ha podido acceder y que suman más de 150.000 millones de euros en estos últimos 20 años. Financiación de la agricultura, de las infraestructuras, ayudas a empresas, al desarrollo regional, a la cohesión, a la formación: una auténtica lluvia de dinero que hay que sumar a algo menos aludido (y por ello menos conocido): los latigazos económicos provocado por el acceso del mercado europeo, la devolución de la moneda, cuando se pasó al euro, y además por los colosales déficits y endeudamientos tanto de las autonomías como de los municipios9. No significa esto que el aporte económico de la inmigración haya sido despreciable pero, como veremos, ha sido mucho menor de lo que afirma el molinillo de rezos del pensamiento cero, y con muchas más disfunciones de lo reconocido
De hecho hay toda una mitología sobre la inmigración, sostenida tanto por la izquierda bien pensante caviar, y por las clases dominantes y
también por las ONG, tan atentas ellas a un mercado tan expansión como es el de los pobres, de allá y de acá10, tan en expansión y tan rentable a la hora de mamar de los presupuestos estatales.
SEGUNDO MITO: LOS INMIGRANTES VIENEN A DESEMPEÑAR TRABAJOS QUE LOS AUTÓCTONOS YA RECHAZAMOS: Falso. Vienen a desempeñar trabajos que están muy mal pagados. Si la remuneración fuera decente, esos puestos de trabajo estarían ocupados por los españoles o por los comunitarios. Y cualquier sociólogo sabe que (desgraciadamente) el estatus social está hoy prácticamente determinado por la remuneración (antaño lo era por el prestigio social). Lo bien pagado es lo hoy valorado, y no es abandonado a terceros. Comparen ustedes estas dos noticias, 1) Uno de cada tres nuevos médicos en España ya es extranjero11; y 2) Mil médicos españoles emigran cada año mientras las autonomías fichan a extranjeros12. Y no es sólo aquí: afirma Heidi Przybyla13 que, en los USA, un creciente número de economistas no cree que los estadounidenses no estén dispuestos a aceptar empleos modestos; son los salarios, y no el trabajo en si, lo que los mantienen al margen. Los estudios de esos economistas demuestran que muchos estadounidenses quieren los empleos que toman los inmigrantes, sólo que no pueden aceptarlos por las menguantes pagas y prestaciones
. [Por todo ello] la idea de que se necesitan personas para cubrir los empleos que no aceptamos es una locura.
Pero, y además (y seguimos siendo los españoles buenos chicos pues, en el Barómetro de Noviembre de 2005, tan sólo el 47% pensaban que por general, los sueldos bajan como consecuencia de la llegada de personas que vienen a vivir y a trabajar a España), es evidente que la inmigración tira los salarios a la baja14. Hasta hace poco había una relación inversa entre la desigualdad interior y la exterior. Así, 1) la Francia de Luís XIV no tenía un nivel de vida medio inferior del Imperio chino, pero en ambos países la desigualdad interior era brutal; 2) la desigualdad se redujo en Europa durante la era del Keynesianismo, a la par que aumentaba la desigualdad entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado. Hoy, da la casualidad de que, aumentan simultáneamente la desigualdad interior y la entre naciones
. Pues bien: en ese proceso mucho tiene que ver la inmigración, y (como veremos) también las deslocalizaciones. Es sabido que existe una ley en economía de libre-cambio: los salarios tienden a alinearse sobre aquellos pagados en los países en los que peores salarios se pagan. Súmese a eso el hecho de que la inmigración permite importar los salarios bajos de los demás y se podrá comprender por que el salario medio de los españoles no ha aumentado desde ¡1997! El obrerito español (y europeo) ha podido ser calmado a la fuerza en sus reivindicaciones, antaño mediante un ejercito nacional de parados, y hoy por uno mundial. De ahí la felicidad de las patronales por una parte, y de los sindicatos compradores, vendidos15, por otro: en el primer caso, producto de una miopía económica drástica pues salarios más bajos implica demanda global deprimida (excepto endeudamiento de las familias hasta las cejas, caso de España; pero ¿por cuánto tiempo sostenible?) y, lo que es peor para los patronos, freno a ganancias reales productividad. Así, explica Guillermo López Casanovas, de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que hay que rechazar la idea que la inmigración aumenta la productividad: La mayoría de los inmigrantes trabajan en sectores de productividad débil y en peor forma de todo la UE. La llegada de inmigrantes permite quizá evitar que algunas fábricas cierren, pero sólo hace retrasar la solución del gran problema de la economía española, a saber la productividad. Sin la inmigración, el necesario proceso de adaptación ya habría comenzado. Mismo sonido de campana desde Xavier Salai Martín, de la Universidad de Columbia: los inmigrantes, cuando llegan aquí, empujan los salarios a la baja e interrumpen las evoluciones tecnológicas16. En cuanto a los sindicatos, favorecer sistemáticamente a los inmigrantes, o sea alinearse sobre la patronal y aceptar la competencia desleal para con el trabajador autóctono en material salarial, les conducirá, no a lo que ellos creen a (aumentar la afiliación o a compensar las pérdidas de la misma), sino a perder la base estable nacional, europea, sobre la que se asientan. Corren hoy los sindicatos por la misma pendiente de una izquierda por la que es cada vez más difícil hacer votar a las clases obreras
.
TERCER MITO: ACOGIENDO LOS POBRES DE LOS PAÍSES EMISORES, CONTRIBUIMOS A ALIVIAR, ALLÁ, ADEMÁS DE COYUNTURAS NEGATIVAS PERSONALES, COYUNTURAS NEGATIVAS NACIONALES.
Si la inmigración impide, acá, la mutación necesaria en la productividad, impide en parte allá, es decir en origen, el necesario despegue económico y científico. Y ello porque esos países son sangrados de los mejor de sus cuadros
Porque no son aquellos con una mano delante y otra detrás los que mayoritariamente vienen acá, sino los que están formados (a costa del erario público) y los que tienen capacidad (individual, grupal, o familiar) de generar el excedente con el que pagan el cayuco, al traficante,
y al funcionario del Estado que mira para otro lado. En otras palabras, como afirma Ángel Aranda17, dando cuenta del Estudio sobre Inmigración y Transformación Social en España18: Sorprendentemente, y contrariamente a lo que suele pensarse de forma generalizada, la pobreza de los inmigrantes no es un factor predominante a la hora de trasladarse a miles de kilómetros de distancia con la esperanza de iniciar una vida mejor. De hecho, según los catedráticos Enrique Argullol y Guillem López (también de la Pompeu Fabra, de Barcelona), los inmigrantes que se asientan en España no son los más pobres de sus países. Cuando más pobre se es, menos se emigra
.
El drenaje de cerebros: En cuanto a la formación, el 20,7% de los inmigrantes a España la poseen universitaria (contra 23,2% en los autóctonos)19. Y se trata de un fenómeno generalizado: El informe International Migration, Remittances & Brain Drain del Banco Mundial20, afirma que una proporción importante de las poblaciones con educación de los países pobres abandonan estos, lo cual es particularmente preocupante en ámbitos tan cruciales como la salud o la enseñanza21. El daño provocado a los países de origen puede reflejarse en la noticia de que hay más médicos de Malawi en Manchester que en todo Malawi
¿Suplen las remesas esa hemorragia?
CUARTO MITO: LOS INMIGRANTES APORTAN MÁS DE LO QUE CUESTAN. Falso doblemente, ni con carácter inmediato, ni a término, es cierta esa afirmación. Y además, depende de ¿para quién?. Es evidente que, si a largo plazo, los inmigrantes frenan los incrementos de productividad, a corto plazo son muy rentables para el capital, tratándose de mano de obra barata, sumisa y paciente. Ello por ahora; porque téngase en cuenta que con la generación aquí nacida, o aquí traída desde la infancia, el panorama variará considerablemente, acabándose (véanse Francia y sus suburbios) lo que para muchos suple el mito del buen salvaje. Tomemos esta afirmación de H.M. Enzensberger22: Nadie emigra sin promesa. Antaño, lo que vehiculaba la esperanza eran las leyendas y los rumores. La Tierra Prometida, la Arabia feliz, la legendaria Atlántida, el Dorado, el Nuevo Mundo: tales eran los relatos mágicos que incitaban a las masas a emprender el camino. Hoy, son sustituidos por la imágenes
que la red mediática planetaria manda hasta el último pueblecito del Tercer Mundo. Ahora bien, aquí reside uno de los factores que explicarían la relación real, existente, entre sobrecriminalidad y sobre inmigración.
Porque ese mundo ideal descrito es ficticio también en este caso. Volvamos a Enzensberger (pág. 25): Dichas imágenes contienen aún menos realidad que las leyendas de moda en el inicio de los tiempos modernos, pero su efecto es incomparablemente más potente. En particular, la publicidad es vista
, en el Tercer Mundo, como la descripción fiable de un modo de vida posible. Con consecuencias muy graves. Porque ¿qué pasa con los hijos de los inmigrantes, aquí instalados? Se tratará de personas que, mentalmente, han pasado de agradecer (más o menos), a exigir (más), y ya no se conformarán con un salario de clandestino. Y, o bien obtendrán más que aquello con que sus padres conformaban, o bien tenderán a la sobredelincuencia, generando por cierto un incremento del gasto público y privado en materia de lucha contra la delincuencia, pero también en otros ámbitos
Y con la cuestión de la inseguridad estamos entrando en si la inmigración es un gran negocio no sólo para el capital, sino también para él español de a pie. Ya hemos visto que se disparan, por la inmigración, los gastos públicos en materia de seguridad ciudadana y justicia23. También lo harán en otro ítem como es la sanidad. Lo harán vía muchos factores, pero en particular por las interconsultas y los medicamentos; y si no se incrementa el gasto (porque se comprima), entonces asistiremos a una degradación de la asistencia sanitaria: de hecho las listas de pacientes de muchos médicos de la Seguridad Social no recogen aquellos numerosos enfermos carentes de tarjetas sanitarias. Lo mismo acontece con la enseñanza en la que hay que gastar mucho más si queremos detener la caída en picado del nivel en las escuelas públicas a pesar de los esfuerzos desesperados del profesorado. El caso de Madrid es perentoriamente ilustrativo: La población inmigrante en Madrid representan el 12,1% del total. Sin embargo, consume el 46% de la factura en programas sociales de la región, entre los que se incluyen prestaciones por desempleo. El fomento del alumno extranjero cuesta anualmente 2.976 euros, cien más que un nacional.
Siete factores más empeoran el panorama:
1º. En breve, y como es lógico, la parte de la Europa Central ingresada en la UE detraerá una cantidad cada vez mayor de los fondos que hasta ahora eran destinados prioritariamente a España.
2º. El Sistema Impositivo español es, de hecho, cada vez más regresivo. Por ello, los sobregastos derivados de la inmigración serán financiados, sobre todo por lo que paguen las clases medias y bajas (y no por las clases altas, que son, además, las más beneficiadas por la inmigración).
3º. Cada vez más el paro recae sobre los inmigrantes, y (recuérdese el punto anterior) se disparan los gastos que los demás tenemos que financiar para cubrir el seguro de desempleo. Ya Guillem López Casanova (otro vez de la Pompeu Fabra)25 señaló recientemente que no sólo sin la inmigración el proceso de adaptación [de la economía española] ya se habría iniciado, [sino que] a la inversa, acumulamos hoy una población en edad laboral que, en caso de crisis puede tornarse un problema. Pues bien estas son las últimas noticias: Casi la mitad de los nuevos parados en noviembre [del 2006] eran extranjeros
El paro se ha concentrado en sectores con gran presencia de inmigrantes (servicios y construcción) 26. Y así seguirá y se incrementará. 4º. Y no digamos ya la sangría que se prepara cuando haya que pagar transferencias afuera de nuestras fronteras por las pensiones de jubilación.
5º. En cuanto al tan cacareado aporte de los inmigrantes frente al déficit de la Seguridad Social, el caso de Madrid es definitorio: los inmigrantes suponen un 12% de los afiliados a la Seguridad Social, pero sus cotizaciones apenas llegan al 6%....
6º. Y, además, lo que pagan los inmigrantes como fiscalidad es mucho menos de lo que suponen como gasto. Según Fernando Merry del Val y Lucía Figar (en una investigación para las Consejerías de Economía e Innovación Tecnológica y de Inmigración, ambas de Madrid)27: el aporte global de los inmigrantes residentes en Madrid a la Hacienda estatal ascendió a 1.115 millones de euros en el 2005; mientras su gasto en servicios sociales, sanidad y educación se elevó a 1.374 millones. O sea que el aporte fiscal que realizan los inmigrantes es exiguo: cada inmigrante paga una media anual de 1.468 en concepto de IRPF, IVA y cotizaciones a la Seguridad Social, mientas que sus gastos en servicios sociales, sanidad y educación ascienden a 2.097. Por tanto, cada extranjero genera un saldo negativo de 629 anuales a las arcas públicas.
Añadamos a esto que si la cesta de la compra media española es de 6.577, la de un inmigrante apenas rebasa el 50% de aquella; en ese aspecto no contribuyen sensiblemente a la inflación, pero tampoco al consumo. Si que está claro, sin embargo, que en el sector de la vivienda, el españolito medio sufre la presión inmigratoria: durante el primer trimestre del 2006, un 13,41% de los pisos fueron comprados por extranjeros, contribuyendo a disparar los precios del metro cuadrado.
7º. Atención al gasto público no cuantificable: porque aumentos de la población inmigrante tan brutales como el sufrido por España, y además en un tiempo record, suponen una auténtica explosión de inversiones en carreteras, conducciones de agua y gas, urbanizaciones, nuevos colegios,hospitales y centros de salud, comisarías, juzgados, prisiones, ayudas especiales a extranjeros (guarderías, comedores, ayudas para la educación
).
Pero insistamos sobre la cuestión de las ayudas y de las remesas: en julio del 2006, el número de parados extranjeros era de 133.109 personas, o sea un 21,6% más que un año antes; sin embargo el aumento de las prestaciones percibidas había aumentado (en el mismo plazo) un 33%. La importancia relativa en el gasto total pasó del 4,3 al 5,2%. Pero hay que algo peor: porque si lo percibido en concepto de paro sirviera para sostener el consumo interior, el problema sería menor. Sin embargo, en realidad, una parte considerable tanto de los salarios, como de los seguros de desempleo percibidos, sale para el extranjero bajo forma de remesas. Que ello sirva para paliar, al menos parcialmente, en el país emisor la hemorragia de personal formado a expensas del mismo29 es una cosa sin duda menos desagradable que la desinversión relativa que suponen para España esas transferencias de capital.
Se sabe que, en el Mundo, las transferencias financieras de los inmigrantes se han multiplicado por más del doble en 10 años y alcanzan ahora 150.000 millones de dólares según cifras oficiales (en realidad más), es decir, dos veces el volumen anual total de ayudas al desarrollo. En España, en el 2004, de una masa de 20.000 millones de euros percibidas en concepto de salarios, una estimación por lo bajo daría 8.710 millones transferidos lo cual nos sitúa en el octavo lugar en el ranking de países transferidores31, pero ¡el primero en la UE!: en el 2004, las remesas que de aquí salieron supusieron 3.258´3 millones de euros, es decir más de un tercio más que las que salieron de Alemania, y más del doble de las francesas. Cuando el peso en el PIB de nuestras remesas es de 0,39% (frente al 0,09 de Alemania y el 0,08 de Francia), el incremento de las remesas en los últimos cinco años ha sido de 14,9% (cuando en Francia ha disminuido en un 0,8%)32. De lo que acabamos de describir, se puede pensar que es una moralmente justa compensación por el daño causado al país de los inmigrantes; pero objetivamente, para nosotros, se trata de una desinversión
.
QUINTO MITO: LOS INMIGRANTES TIENDA A REJUVENECER LA POBLACIÓN Y, POR ELLO A ASEGURAR NUESTRA VEJEZ.
Realmente aquí coexisten (y se alimentan mutuamente) dos mitos. O mejor una estafa y un mito. Comencemos por la estafa: se nos dice que corresponde a la población activa mantener a los que dejan de trabajar. ¿Sólo a ella? Es decir, ¿no tienen nada que aportar las enormes ganancias de productividad de las que año tras año se beneficia el capital? Por ejemplo: si hace 20 años se necesitaban tres turnos de 8 horas para producir 300 automóviles, y hoy tan sólo se necesita uno. ¿Nada tiene que ver esa empresa en el mantenimiento de los ya inactivos? Es decir, a productividad mayor obtenida por las empresas ¿no corresponde mayor obligación social? Por lo visto, al trabajador toda la obligación, pero al capital si te he visto no me acuerdo
.
Ahora el mito: a saber la mayor natalidad de los inmigrantes. De hecho, estos se adaptan muy rápidamente al patrón dominante de la madre española. Es decir dos hijos por pareja como media. Contribución a una sobrenatalidad: prácticamente nada. Y, de hecho, las parejas inmigrantes adoptan ese patrón de comportamiento por los mismos motivos que las parejas españolas: no se hacen hijos con salarios bajos y con inestabilidad laboral. Pero, además, ese alineamiento sobre el patrón dominante no se consigue por la vía, barata, de la contraceptación, sino por la cara, del aborto. Así casi la mitad de los inmigrantes que abortan lo habían hecho ya antes al menos dos veces. Peor: el 10% de las inmigrantes que abortaron ya lo había hecho entre 5 y 10 veces más antes, a lo largo de su vida. Y eso no son los datos reales, pues muchas irregulares recurren al aborto clandestino. Resultado: entre el 40 y el 50% de los abortos practicados en España corresponden a inmigrantes.
Dos realidades futuras (si se permite). Demasiada inmigración, hemos dicho, matará la inmigración. Y será entonces el momento de volver a planteamientos inmigratorios mucho más selectivos34. Pero esas compuertas en muchos países abiertas de par en par35 nos van a dejar dos lamentables herencias. La primera es la evolución divergente, aquí, de la situación del obrero y del patrono. Asemejan una autopista, es decir de doble vía, donde se circula en paralelo pero en sentido inverso: el obrero hacia atrás y el patrono hacia delante. Este último se apoya en la complicidad del Estado, de los sindicatos, del poder mediático y del eclesiástico para ganar dinero como nunca. Y como con la inmigración clásica parece no bastar para detener esa bulimia de ganancias, pues les llevamos las empresas a casa: así en España según noticia del 04-12-05 los beneficios empresariales siguen creciendo más del 20% mientras la economía crece un 3,5%...36, pero un tal Instituto de Estudios Económicos ligado a la CEOE
. recomienda a las empresas que se trasladen a países con costes más bajos37. Aquí, en España, o no hay datos o, sencillamente, no los dan; pero en Francia han quedado muy tocados por las deslocalizaciones sectores como el textil, la vestimenta, y el cuero, los electrodomésticos y el electrónico y se calcula la disminución de puestos de trabajo desde 1.270.00 en 1980 a 670.000 en el 2002.
Habitualmente, los inmigrantes son los primeros en poner el grito en el cielo cuando se habla de restringir la inmigración, y, sin embargo, una inmigración excesiva les perjudica tanto como al trabajador foráneo. No es sólo que el salario del Nacional esté estancado, sino que, además en el 2005, el sueldo real de cada extranjero cayó un 2%. Pensando en toda Europa, escribe Serge Maury39, que alentar irresponsablemente una inmigración masiva constituye un crimen cara a millones de inmigrantes ya instalados, en situación legal o no, cuyas condiciones de existencia de vivienda, de trabajo constituyen un escándalo. Toda nueva explosión migratoria hace retroceder sus posibilidades de acceder a una vida decente.
Segunda gran cuestión: el racismo. Y un cosa es condenar el nazismo por lo que fue, es decir, un régimen autoritario, xenófobo e imperialista, y otra cosa tragarse todo lo que la propaganda de la postguerra ha dicho sobre él. Por ejemplo, el antisemitismo antijudío fue central en el nazismo pero, créalo o no el lector, el nazismo incorpora el racismo en general como un elemento más, y no central. Y, sobre los trabajos del báltico Alfred Rosenberg empeñado en demostrarla superioridad de la raza germánica, es conocido el sarcasmo de Hitler según el cual Cuando Roma era ya Roma, los germanos aún vestíamos pieles de oso40. Y no se conocen restricciones impuestas a los/as ciudadanos/as alemanes/as para contraer nupcias con las/os demás ciudadanos/as europeos/as excepto la chorrada de ser arios. Paradójicamente sin embargo, se equivocaba Maurice Bardeche, el mayor teórico del fascismo en la postguerra, cuando afirma que nunca se había visto no quedar nada de un régimen que fuera tan popular. Nos guste o no: algo quedó, quizá porque responde a un elemento básico de la biología del comportamiento, cual es la llamada ley de proximidad genética. Y ésta nos dice que el grado de sacrificio para con otra persona está en función directa de la similitud genética. Es decir, que excepto sometiéndose a un autocontrol decidido, primero cuido a mis hijos, luego a sus primos, y sólo en tercer lugar al vecinito de la esquina. El racismo lo llevamos pues en los genes, nos guste o no. Y combatirlo requiere un nivel de conciencia y de voluntad no desdeñable. Pero, si lo llevamos en los genes, significa que cualquier error, cualquier abuso, cualquier sobrepasamiento o descuido le beneficia. Y por ello el racismo parece la única herencia del nazismo destinada a sobrevivir, y a expandirse si no se la controla, y a hacer inútiles los esfuerzos en contra si se dejan crear condiciones objetivas favorables para su alimentación. Más aún: cuando se produce sobreinmigración, se produce esa cosa tan aparentemente inesperada como la que describen Sami Nair y Enzensberger Nair: el inmigrante, una vez integrado se vuelve
intolerante hacia los extranjeros e inmigrantes que llegan posteriormente. Enzensberger: Dos viajeros en un comportamiento de tren
Están confortablemente instalados, como en su casa
Las plazas libres están ocupadas por periódicos, abrigos, bolsas. Se abre la puerta y entran otros dos viajeros. Manifiestamente existe repugnancia en apretujarse, en liberar los asientos libres y espacio para las nuevas maletas. Los dos primeros viajeros, aunque no se conozcan, manifiestan una sorprendente solidaridad. Frente a los recién llegados, se comportan como un grupo. Se está disponiendo de su territorio. Cualquier que en él penetra es considerado un intruso. Se sienten naturalmente como la gente del país, del que reivindican la totalidad del espacio. No es una visión racional de las cosas. Pero está muy anclada en ellos. [Sólo que] he aquí, ahora, que otros dos viajeros más abren la puerta del comportamiento. El estatus de los dos que previamente han llegado se modifica en el mismo instante. Eran intrusos, marginales; helos aquí, de pronto, transformados en autóctonos. Desde ese momento, forman parte del clan de los sedentarios, propietarios del compartimiento, reivindicando todos los privilegios que se atribuían los predecesores. Paradójicamente defienden así un territorio [y] no sienten la menor simpatía por esos últimos llegados
. Téngase en cuenta que todo el proceso está condicionado (a la postre, determinado) entre otros, pero con especial inmediatez, por la capacidad del departamento
variable en función, volvamos a tierra, de factores económicos a su vez condicionados por la no tendencia al empobrecimiento per cápita de los ocupantes instalados e incluso por la no tendencia a la merma de sus expectativas. Por ello es por lo que cada vez más inmigrantes en Francia votan por Le Pen o por Sarkozy.
Las gentes de a pie piden protección para el Pueblo frente a la mundialización y sus consecuencias (inmigraciones y deslocalizaciones masivas; arbitraria circulación de capitales; sometimiento de los bancos centrales a los imperativos del mercado, es decir a los 2000 nombres de oligarcas dominantes), y ello es absolutamente normal. Y si defender ese punto de vista es populismo o/y proteccionismo ¡pues bienvenido sean! Alguien tiene que contraponer los intereses del pueblo a los de las elites. El peligro no reside en defender al Pueblo, que falta hace, sino en qué se entiende por este, y el exceso de inmigración puede transformar la oleada populista vislumbrada43 en un tsunami etno-populista que implique a sociedades duales, con blancos protegidos por una parte, y otras poblaciones incitadas de una forma u otra a retornar a sus países de origen. Así, pueden coexistir en el tiempo, y en relación a un país como Canadá, país impensable sin la inmigración, dos noticias: la primera, del 12-12-05 explica que Canadá quiere aún más inmigrantes. Modelo de integración, este país vive la inmigración como un enriquecimiento; la segunda: "Fin del sueño multicultural: Canadá figuró mucho tiempo como modelico en materia de integración. Pero con la llegada masiva de nuevos inmigrantes europeos, el pais descubre la exclusión y el racismo. Todo lo anterior explica la alarma de ver un racismo inquieto, más locuaz y más agresivo sustituir a un racismo tranquilo.
Epílogo.
América Latina esta virando en algunos casos hacia una izquierda populista que obviamente va a repartir rentas petroleras o/y mineras47 (ejemplo: Hugo Chávez), y en otros hacia una seudo izquierda que terminará siendo social-liberal pero mientras algo hará para la galería (ejemplo, Lula); a su vez, en el 2006, el Producto Interior Bruto del continente africano crecerá casi un 6%48. Es pues el momento de aplicar políticas claras en relación con una sobreinmigración insoportable no sólo para el país en si sino, y sobre todo, para las clases más desfavorecidas; política cuyos puntos mínimos serían:
1º. Hasta poder asistir correctamente a los inmigrantes ya dentro de España, cerrar puertas a los inmigrantes no europeos.
2º. Devolución incentivada de todos los inmigrantes que hayan cometido delitos importantes y, desde luego, de todos los ilegales. Primero porque no existe ningún derecho humano (ni en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa ni en la onusiana) que permita forzar la entrada a la casa del vecino (y menos aún sin aceptar cumplir con las normas básicas de convivencia de la casa huésped). Segundo, porque si la inmigración tira los salarios a la baja, la ilegal los lleva al abismo
.
3º. Inmigración sólo aceptada en base a contratos previamente obtenidos y temporales (y validados, por un visado en buena y debida regla en el caso de inmigrantes no europeos): si la precariedad afecta al trabajador español y al inmigrante legal ya establecido, lo menos es que al mismo rasero sea sometido el aspirante no europeo.
4º. Números clausus en las empresas: en tanto se cumpla dicha limitación, aportaran las empresas una cantidad a la Seguridad Social destinada a financiar los gasto de vivienda, sanidad y educación tanto del inmigrante como de su familia reagrupada y coste del transporte de repatriación. En el caso de que la empresa emplee ilegales habría que duplicar esa aportación.
5º. Políticas estrictas de visados para el llamado falso turismo.
6º. Legalizaciones sólo caso por caso.
7º. Nacionalizaciones sólo caso por caso, tras 5 años de residencia permanente, y siempre, y cuando la entrada en el país sea legal y no se haya delinquido gravemente.
8º. Reagrupación familiar sólo en el caso de familias de nacionalidad europea. Lucha contra el fraude en la materia.
9º. Cuatro años de vida en común demostrada para obtener la nacionalidad por matrimonio o pareja de hecho.
10º. Consideración final: Los españoles somos europeos. Ciertamente tuvimos una deuda con Hispanoamérica tras la colonización de ésta, deuda ya saldada, vía inversiones, emigración, inmigración, y lo que allá dejamos. Tenemos una deuda con África por tráfico de esclavos, que habrá que saldar con ayuda masiva al desarrollo; pero somos ante todo europeos, y además Europa nos ha inundado de riqueza y solidaridad en los últimos 20 años. La apertura de Europa hacia el Este, nos obliga, moralmente, a un esfuerzo solidario en materia de inmigración procedente de dicha zona.
Junio-Septiembre, 2007.
La simplificación o simpleza domina a los políticos cuando se conoce el dato mensual del paro. Cada mes se publica la cifra:sube un poco, baja unos miles, vuelve a subir mucho, baja de nuevo
Lo repetimos los periódicos, la radio y la tele. Y siempre ocurre lo mismo. Si se titula 15.000 parados menos, el Gobierno está encantado y la oposición minimiza la importancia del dato. Si es al revés, para el Gobierno no es algo representativo y la oposición se escandaliza. En el fondo, es una simplificación. Además de que el dato global es falso (nunca hay 15.000 parados más, sino 45.000 parados más y también 30.000 empleados más, lo que da los 15.000). Y se olvida el principal problema: la masa de 900.000 parados que sufren baja empleabilidad, aberración semántica acuñada por expertos laborales.
¿Quién tiene baja empleabilidad? Aquellos que son demasiado mayores o carecen de cualificación o habilidad incluso para desempeñar trabajos sencillos. ¿Harán los políticos algo por ellos? ¿Lo haremos los hoy altoempleables y quién sabe si mañana? Pongamos dos ejemplos:
Bajoempleable número 1
William Morla Martínez, 50 años, casado y padre de dos hijas, mecánico en un humilde taller de un suburbio de Guayaquil, quien aterriza hoy, lunes, a las cinco de la tarde, en El Prat, vuelo de Iberia de 14 horas y 10 minutos de duración. Será su segundo viaje a España. Hace nueve años, William trabajó durante siete meses en un desguace de coches en Barcelona. Pero aquí, en España, tampoco consiguió salir de pobre: mayor de 40, escasa cualificación, inmigrante de piel cobriza
Carne de cañón para empresarietes insalubres. No merecía la pena. Así que regresó a Ecuador. Dos años más tarde, ante la evidencia de que su situación en Guayaquil no iba a mejorar, William y su esposa, Alexia, deciden hipotecar su casa para conseguir el dinero con que ella, en lugar de él, se vaya a España, a Barcelona, acompañada por su hija mayor, a probar suerte. Cinco años después, la segunda hija se une a su madre y a su hermana. Hoy llega William y todos se reencuentran. El visado está vigente hasta el 25 de noviembre, pero probablemente no haga falta más porque la familia se quedará, al completo, en España, gracias a las leyes de reagrupamiento de inmigrantes.
Bajoempleable número 2
Sergi Xavier Martín Martínez, 21 años, de Santa Coloma de Cervelló, Barcelona, 7.700 habitantes, conocido popularmente como Locati, es el tonto del pueblo, un clásico en los chistes. Hace unos días, agredió sin mediar palabra a la hija menor de William Morla Martínez en un tren de cercanías de Barcelona. Sin soltar el móvil. Hijo de padre alcohólico, abandonado por su madre, criado por su abuela sin posibles ni ayuda, diez años en tratamiento médico por problemas psiquiátricos, internado un año en un hospital de salud mental para adolescentes, derivado luego hacia otro centro psiquiátrico de Sant Boi para seguimiento, practicante intermitente de todas esas terapias porque la familia no le podía llevar, consumidor posterior de alcohol y drogas, responsable de heridas autoinfligidas desde niño, sin preparación, frustrado por su incapacidad de mantener puestos de trabajo eventuales, un tipo primario, malhablado y permanentemente iracundo. Un fracasado escolar más, otro macarra.
Desde hoy, cuando aterrice, William Morla estará unido a Sergi Xavier Martín por su segundo apellido y por la baja empleabilidad de ambos. Sin embargo, ahora William pretende quedarse, está tan empujado por todos que es posible que perciba que hoy, a diferencia de hace nueve años, goza de una gran empleabilidad en España. ¿De dónde le viene esa nueva sensación? De que, desde la agresión a su hija, ha sido agónicamente buscado, cortejado y agasajado por las máximas autoridades de Ecuador y España, que le han facilitado gratis, ante las cámaras de televisión el billete, el visado y una promesa de agrupación familiar en Barcelona. Ha sido perseguido, acosado y entrevistado por todos los medios de comunicación ecuatorianos, lo mismo que la horda de fotógrafos y cámaras en Barcelona hacen con Sergi Xavier. Y, por supuesto, esa percepción surge de que ha recibido ofertas anónimas de españoles para ayudarle con trabajo y dinero en una nueva vida en España, según la prensa ecuatoriana.
¿Es una patada en la cara a tu hija inmigrante, grabada por una cámara de seguridad y propinada por un nativo idiota, el factor que te proporciona alta empleabilidad en España cuando eres mayor de 50 años? En el caso de William Morla, parece que es así. Y seguro que no merece que sea así, porque él es mecánico de coches, desde hace mucho, mucho tiempo, y probablemente sabe tanto de motores como el que más. Lo que es seguro es que ya tiene más empleabilidad que Sergi Xavier, de quien no sabemos si en el futuro tendrá alguna como estrella de la televisión-basura, matón de club de carretera o en la lavandería de la cárcel. Quizá sea preferible que alguna autoridad laboral o sanitaria, antes que la judicial, se ocupe también de él.
Integración
Por él mismo, por la pobre chica insultada y salvajemente agredida y, en general, porque en España necesitamos que no haya más nativos españoles que, aquejados de baja empleabilidad, quieran hacer pagar a otros, los inmigrantes en este caso, su alta empleabilidad. Especialmente porque, si vemos estadísticas demográficas y labores, en absoluto está claro hoy quién es inmigrante o nativo, y quién poco o muy empleable. El cambio demográfico español de los últimos diez años está siendo tan profundo, como consecuencia de la baja natalidad nativa y la entrada de inmigrantes, que los conceptos de empleabilidad alta y baja han cambiado.
El camino es la integración. En 1992 comenzaron a llegar a la vida activa los 700.000 jóvenes que nacieron en España en 1976 una España sin inmigrantes, que fueron la mayor legión de jóvenes de la historia del país. Desde entonces, esta cifra ha ido descendiendo y lo seguirá haciendo hasta que en 2012 cumplan 16 años los nacidos en 1996, que fueron la mitad que 20 años antes: 350.000. Estos jóvenes se incorporarán a la vida activa con entre 18 y 20 años en promedio, alrededor del año 2015. Desde entonces la cifra de los nacidos en España que cumplirán 16 años volverá a aumentar lentamente, gracias a que desde 2001 los inmigrantes extranjeros están aportando más del 15% de los neonatos. Cuando todo esto empiece a ocurrir, ¿quién será más o menos empleable?