¿QUIÉN ES DE BAJA O ALTA EMPLEABILIDAD?
La simplificación o simpleza domina a los políticos cuando se conoce el dato mensual del paro. Cada mes se publica la cifra:sube un poco, baja unos miles, vuelve a subir mucho, baja de nuevo
Lo repetimos los periódicos, la radio y la tele. Y siempre ocurre lo mismo. Si se titula 15.000 parados menos, el Gobierno está encantado y la oposición minimiza la importancia del dato. Si es al revés, para el Gobierno no es algo representativo y la oposición se escandaliza. En el fondo, es una simplificación. Además de que el dato global es falso (nunca hay 15.000 parados más, sino 45.000 parados más y también 30.000 empleados más, lo que da los 15.000). Y se olvida el principal problema: la masa de 900.000 parados que sufren baja empleabilidad, aberración semántica acuñada por expertos laborales.
¿Quién tiene baja empleabilidad? Aquellos que son demasiado mayores o carecen de cualificación o habilidad incluso para desempeñar trabajos sencillos. ¿Harán los políticos algo por ellos? ¿Lo haremos los hoy altoempleables y quién sabe si mañana? Pongamos dos ejemplos:
Bajoempleable número 1
William Morla Martínez, 50 años, casado y padre de dos hijas, mecánico en un humilde taller de un suburbio de Guayaquil, quien aterriza hoy, lunes, a las cinco de la tarde, en El Prat, vuelo de Iberia de 14 horas y 10 minutos de duración. Será su segundo viaje a España. Hace nueve años, William trabajó durante siete meses en un desguace de coches en Barcelona. Pero aquí, en España, tampoco consiguió salir de pobre: mayor de 40, escasa cualificación, inmigrante de piel cobriza Carne de cañón para empresarietes insalubres. No merecía la pena. Así que regresó a Ecuador. Dos años más tarde, ante la evidencia de que su situación en Guayaquil no iba a mejorar, William y su esposa, Alexia, deciden hipotecar su casa para conseguir el dinero con que ella, en lugar de él, se vaya a España, a Barcelona, acompañada por su hija mayor, a probar suerte. Cinco años después, la segunda hija se une a su madre y a su hermana. Hoy llega William y todos se reencuentran. El visado está vigente hasta el 25 de noviembre, pero probablemente no haga falta más porque la familia se quedará, al completo, en España, gracias a las leyes de reagrupamiento de inmigrantes.
Bajoempleable número 2
Sergi Xavier Martín Martínez, 21 años, de Santa Coloma de Cervelló, Barcelona, 7.700 habitantes, conocido popularmente como Locati, es el tonto del pueblo, un clásico en los chistes. Hace unos días, agredió sin mediar palabra a la hija menor de William Morla Martínez en un tren de cercanías de Barcelona. Sin soltar el móvil. Hijo de padre alcohólico, abandonado por su madre, criado por su abuela sin posibles ni ayuda, diez años en tratamiento médico por problemas psiquiátricos, internado un año en un hospital de salud mental para adolescentes, derivado luego hacia otro centro psiquiátrico de Sant Boi para seguimiento, practicante intermitente de todas esas terapias porque la familia no le podía llevar, consumidor posterior de alcohol y drogas, responsable de heridas autoinfligidas desde niño, sin preparación, frustrado por su incapacidad de mantener puestos de trabajo eventuales, un tipo primario, malhablado y permanentemente iracundo. Un fracasado escolar más, otro macarra.
Desde hoy, cuando aterrice, William Morla estará unido a Sergi Xavier Martín por su segundo apellido y por la baja empleabilidad de ambos. Sin embargo, ahora William pretende quedarse, está tan empujado por todos que es posible que perciba que hoy, a diferencia de hace nueve años, goza de una gran empleabilidad en España. ¿De dónde le viene esa nueva sensación? De que, desde la agresión a su hija, ha sido agónicamente buscado, cortejado y agasajado por las máximas autoridades de Ecuador y España, que le han facilitado gratis, ante las cámaras de televisión el billete, el visado y una promesa de agrupación familiar en Barcelona. Ha sido perseguido, acosado y entrevistado por todos los medios de comunicación ecuatorianos, lo mismo que la horda de fotógrafos y cámaras en Barcelona hacen con Sergi Xavier. Y, por supuesto, esa percepción surge de que ha recibido ofertas anónimas de españoles para ayudarle con trabajo y dinero en una nueva vida en España, según la prensa ecuatoriana.
¿Es una patada en la cara a tu hija inmigrante, grabada por una cámara de seguridad y propinada por un nativo idiota, el factor que te proporciona alta empleabilidad en España cuando eres mayor de 50 años? En el caso de William Morla, parece que es así. Y seguro que no merece que sea así, porque él es mecánico de coches, desde hace mucho, mucho tiempo, y probablemente sabe tanto de motores como el que más. Lo que es seguro es que ya tiene más empleabilidad que Sergi Xavier, de quien no sabemos si en el futuro tendrá alguna como estrella de la televisión-basura, matón de club de carretera o en la lavandería de la cárcel. Quizá sea preferible que alguna autoridad laboral o sanitaria, antes que la judicial, se ocupe también de él.
Integración
Por él mismo, por la pobre chica insultada y salvajemente agredida y, en general, porque en España necesitamos que no haya más nativos españoles que, aquejados de baja empleabilidad, quieran hacer pagar a otros, los inmigrantes en este caso, su alta empleabilidad. Especialmente porque, si vemos estadísticas demográficas y labores, en absoluto está claro hoy quién es inmigrante o nativo, y quién poco o muy empleable. El cambio demográfico español de los últimos diez años está siendo tan profundo, como consecuencia de la baja natalidad nativa y la entrada de inmigrantes, que los conceptos de empleabilidad alta y baja han cambiado.
El camino es la integración. En 1992 comenzaron a llegar a la vida activa los 700.000 jóvenes que nacieron en España en 1976 una España sin inmigrantes, que fueron la mayor legión de jóvenes de la historia del país. Desde entonces, esta cifra ha ido descendiendo y lo seguirá haciendo hasta que en 2012 cumplan 16 años los nacidos en 1996, que fueron la mitad que 20 años antes: 350.000. Estos jóvenes se incorporarán a la vida activa con entre 18 y 20 años en promedio, alrededor del año 2015. Desde entonces la cifra de los nacidos en España que cumplirán 16 años volverá a aumentar lentamente, gracias a que desde 2001 los inmigrantes extranjeros están aportando más del 15% de los neonatos. Cuando todo esto empiece a ocurrir, ¿quién será más o menos empleable?
¿Quién tiene baja empleabilidad? Aquellos que son demasiado mayores o carecen de cualificación o habilidad incluso para desempeñar trabajos sencillos. ¿Harán los políticos algo por ellos? ¿Lo haremos los hoy altoempleables y quién sabe si mañana? Pongamos dos ejemplos:
Bajoempleable número 1
William Morla Martínez, 50 años, casado y padre de dos hijas, mecánico en un humilde taller de un suburbio de Guayaquil, quien aterriza hoy, lunes, a las cinco de la tarde, en El Prat, vuelo de Iberia de 14 horas y 10 minutos de duración. Será su segundo viaje a España. Hace nueve años, William trabajó durante siete meses en un desguace de coches en Barcelona. Pero aquí, en España, tampoco consiguió salir de pobre: mayor de 40, escasa cualificación, inmigrante de piel cobriza Carne de cañón para empresarietes insalubres. No merecía la pena. Así que regresó a Ecuador. Dos años más tarde, ante la evidencia de que su situación en Guayaquil no iba a mejorar, William y su esposa, Alexia, deciden hipotecar su casa para conseguir el dinero con que ella, en lugar de él, se vaya a España, a Barcelona, acompañada por su hija mayor, a probar suerte. Cinco años después, la segunda hija se une a su madre y a su hermana. Hoy llega William y todos se reencuentran. El visado está vigente hasta el 25 de noviembre, pero probablemente no haga falta más porque la familia se quedará, al completo, en España, gracias a las leyes de reagrupamiento de inmigrantes.
Bajoempleable número 2
Sergi Xavier Martín Martínez, 21 años, de Santa Coloma de Cervelló, Barcelona, 7.700 habitantes, conocido popularmente como Locati, es el tonto del pueblo, un clásico en los chistes. Hace unos días, agredió sin mediar palabra a la hija menor de William Morla Martínez en un tren de cercanías de Barcelona. Sin soltar el móvil. Hijo de padre alcohólico, abandonado por su madre, criado por su abuela sin posibles ni ayuda, diez años en tratamiento médico por problemas psiquiátricos, internado un año en un hospital de salud mental para adolescentes, derivado luego hacia otro centro psiquiátrico de Sant Boi para seguimiento, practicante intermitente de todas esas terapias porque la familia no le podía llevar, consumidor posterior de alcohol y drogas, responsable de heridas autoinfligidas desde niño, sin preparación, frustrado por su incapacidad de mantener puestos de trabajo eventuales, un tipo primario, malhablado y permanentemente iracundo. Un fracasado escolar más, otro macarra.
Desde hoy, cuando aterrice, William Morla estará unido a Sergi Xavier Martín por su segundo apellido y por la baja empleabilidad de ambos. Sin embargo, ahora William pretende quedarse, está tan empujado por todos que es posible que perciba que hoy, a diferencia de hace nueve años, goza de una gran empleabilidad en España. ¿De dónde le viene esa nueva sensación? De que, desde la agresión a su hija, ha sido agónicamente buscado, cortejado y agasajado por las máximas autoridades de Ecuador y España, que le han facilitado gratis, ante las cámaras de televisión el billete, el visado y una promesa de agrupación familiar en Barcelona. Ha sido perseguido, acosado y entrevistado por todos los medios de comunicación ecuatorianos, lo mismo que la horda de fotógrafos y cámaras en Barcelona hacen con Sergi Xavier. Y, por supuesto, esa percepción surge de que ha recibido ofertas anónimas de españoles para ayudarle con trabajo y dinero en una nueva vida en España, según la prensa ecuatoriana.
¿Es una patada en la cara a tu hija inmigrante, grabada por una cámara de seguridad y propinada por un nativo idiota, el factor que te proporciona alta empleabilidad en España cuando eres mayor de 50 años? En el caso de William Morla, parece que es así. Y seguro que no merece que sea así, porque él es mecánico de coches, desde hace mucho, mucho tiempo, y probablemente sabe tanto de motores como el que más. Lo que es seguro es que ya tiene más empleabilidad que Sergi Xavier, de quien no sabemos si en el futuro tendrá alguna como estrella de la televisión-basura, matón de club de carretera o en la lavandería de la cárcel. Quizá sea preferible que alguna autoridad laboral o sanitaria, antes que la judicial, se ocupe también de él.
Integración
Por él mismo, por la pobre chica insultada y salvajemente agredida y, en general, porque en España necesitamos que no haya más nativos españoles que, aquejados de baja empleabilidad, quieran hacer pagar a otros, los inmigrantes en este caso, su alta empleabilidad. Especialmente porque, si vemos estadísticas demográficas y labores, en absoluto está claro hoy quién es inmigrante o nativo, y quién poco o muy empleable. El cambio demográfico español de los últimos diez años está siendo tan profundo, como consecuencia de la baja natalidad nativa y la entrada de inmigrantes, que los conceptos de empleabilidad alta y baja han cambiado.
El camino es la integración. En 1992 comenzaron a llegar a la vida activa los 700.000 jóvenes que nacieron en España en 1976 una España sin inmigrantes, que fueron la mayor legión de jóvenes de la historia del país. Desde entonces, esta cifra ha ido descendiendo y lo seguirá haciendo hasta que en 2012 cumplan 16 años los nacidos en 1996, que fueron la mitad que 20 años antes: 350.000. Estos jóvenes se incorporarán a la vida activa con entre 18 y 20 años en promedio, alrededor del año 2015. Desde entonces la cifra de los nacidos en España que cumplirán 16 años volverá a aumentar lentamente, gracias a que desde 2001 los inmigrantes extranjeros están aportando más del 15% de los neonatos. Cuando todo esto empiece a ocurrir, ¿quién será más o menos empleable?
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