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SOCIAL-SINDICAL

3ª lección: La lucha por la felicidad.

Hay gente reaccionaria que comentan que se oponen a Educación para la Ciudadanía ejercen su derecho constitucional a la objeción de conciencia. Pero repasando la carta magna española sólo se encuentra explicada dicha objeción en el artículo 30, que trata sobre "el derecho y el deber de defender España":  

"La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria”.

Sentar jurisprudencia
Nada se habla de otro tipo de objeción de conciencia, que debe ser regulada por los tribunales de Justicia mediante sus sentencias. Por lo tanto apelar a la Constitución para oponerse a una asignatura que promueve sus valores no parece el mejor argumento ni la mejor forma de luchar por sus convicciones morales.

"La lucha por la felicidad"
Y hablando de luchas. De eso precisamente trata la tercera lección del libro de SM de Educación para la Ciudadanía. Bajo el título de “La lucha por la felicidad” se analizan algunas de las grandes batallas que han librado las sociedades occidentales: la lucha contra la esclavitud, y las luchas por la democracia, por la igualdad de la mujer y por los Derechos Humanos.

Reconocer y admirar
Es importante reconocer que disfrutamos de todas las comodidades, derechos y libertades gracias a que otras personas, nuestros antepasados, lucharon e incluso murieron porque así fuera. Así lo explica la introducción de la lección que resumiría en estas frases:

“Muchas cosas que ahora nos parecen normales han tardado miles de años en conseguirse. Todos somos deudores de las personas que lucharon por conseguir mayor justicia. Debemos sentir por ellas admiración y gratitud”.

Ejemplos
Gandhi, la madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, son tres ejemplos que pone el libro para explicar estas luchas sociales cuyo denominador común es la búsqueda de la felicidad. Al llegar a este tema 3 ya empiezas a entender que el libro ensalza a las grandes figuras de la historia y no da una visión revanchista ni señala con el dedo a nadie.

Lucha por la democracia
Tomo por ejemplo el apartado de “la lucha por la democracia”. Explica, como si de un cuento se tratara, que la humanidad ha vivido durante milenios bajo un sistema político de tiranía, en el que una persona o un grupo reducido tenían el poder absoluto. Acto seguido, sitúa a la democracia al otro lado de la balanza: “un modo de organizar la sociedad reconociendo que todos los ciudadanos son iguales y tienen el derecho a participar en el gobierno de un país”.

Lucha por la igualdad de la mujer
Más concreto es el ejemplo que pone el libro sobre la lucha por la igualdad de la mujer. La ley española vigente hasta 1972 –antesdeayer- consideraba que la mujer no era capaz de vivir sola hasta los 25 años y, por eso, tenía que pedir autorización a su padre para independizarse, aunque fuera mayor de edad. Lo mismo ocurría, pero sin límite de edad, para comprar un piso, un coche o pedir un crédito entre otras cosas.

Postura antidemocrática
Puede que, entonces, alguien pensara que aquella ley comulgaba con sus convicciones morales, mientras que los que estaban en contra eran tachados de rojos. Pero era una ley que se cayó por su propio peso. De la misma forma ahora hay padres que se oponen a que sus hijos estudien en el colegio que hay que respetar a los homosexuales. Esa postura antidemocrática también terminará cayendo.

2ª lección: La democracia es la forma más perfecta de organizar la convivencia.

Los mayores reparos a Educación para la Ciudadanía vienen por parte de padres y algunos sacerdotes convencidos de que el derecho fundamental a la educación es el derecho de los padres a escoger un modelo educativo de acuerdo con sus principios, en el ejercicio de su libertad ideológica, religiosa y de conciencia. Es curiosa la posición de la Iglesia sobre esta asignatura. El portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, aseguró el lunes que los contenidos de la materia fijan una moral obligatoria que todos deben estudiar. ¿Es que ellos en sus colegios no fijan una moral obligatoria? 

Más allá de esta polémica, lo importante es analizar si, efectivamente, la asignatura de Educación para la Ciudadanía trata de imponer unas determinadas ideas y si éstas tienen su base en la Constitución o no. En la primera lección del libro de SM se hablaba de la necesidad de los seres humanos de vivir en comunidad para ser felices. La segunda trata sobre los conflictos, que surgen como consecuencia de necesidades, deseos o intereses enfrentados, y sus posibles soluciones por medio del uso de la inteligencia.

Resolver conflictos
Así en la página 31 del libro, su autor, José Antonio Marina llega a decir:

“En educación para la ciudadanía contamos (…) el intento de los seres humanos por resolver bien los conflictos, por abandonar la ley de la violencia, y construir el proyecto común. Estudiamos las mejores soluciones que ha encontrado y sigue encontrando la inteligencia humana para resolver los problemas fundamentales que plantea la búsqueda de la felicidad personal y la convivencia”.

Basada en los Derechos Humanos
Como ejemplo de problemas fundamentales, conflictos y de capacidad de superación de los mismos propone los Objetivos del milenio, que entre otras cosas consisten en reducir a la mitad la pobreza extrema, el calentamiento global e impulsar los microcréditos del bengalí Muhammad Yunus. Como solución para resolver problemas, el libro propone el diálogo y escuchar el punto de vista de los demás y formula una ética universal basada en la Declaración de los Derechos Humanos, contenida en el preámbulo de la Constitución española.

El juez y la democracia
Una figura importante en la mediación de los conflictos es el juez, según sigue explicando la lección en su apartado número cuatro. En este, se destaca la importancia de la figura del magistrado en el sistema democrático, definido como la forma más perfecta de organizar la convivencia. Unas afirmaciones que dan una visión sobre la realidad que, por otro lado, comparten la mayoría de los españoles y viene expresada en la Constitución:

Estado democrático y de Derecho
“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Buenos y malos sentimientos
Más imposiciones. El libro dedica un apartado en cada lección para hablar de los sentimientos. En este segundo capítulo habla sobre cuáles son, bajo su punto de vista, los buenos y malos sentimientos para resolver conflictos. “La furia y la falta de humanidad obstaculizan la realización de un mundo mejor", explica el libro, "mientras que la empatía, la compasión y la tolerancia contribuyen a su realización”.

"Subjetivamente ideológica"
Según escribió Justino Nova en El Mundo el pasado 15 de julio, Educación para la Ciudadanía “es una asignatura subjetivamente ideológica que impone una visión exclusiva y parcial de la vida. Tal como ha sido diseñada, pretende una determinada formación de la conciencia moral de los niños -en asuntos que chocan frontalmente con las convicciones de muchos- y quiere el Gobierno hacerlo sin respetar el derecho de los padres a la elección de enseñanza para sus hijos”.

Pero, con lo visto hasta ahora, ¿habrá algún padre que esté en contra de los valores contenidos en el libro?

1ª Lección: ¿Qué es Educación para la Ciudadanía?

El libro de Educación para la Ciudadanía de la editorial SM no quemaba como pensé la primera vez que los tuve entre mis manos. Son tantos los que han satanizado la polémica asignatura que ha impulsado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que comenzará a impartirse a partir de septiembre, que realmente temí ser excomulgado por cometer tamaño sacrilegio.

Investigando sobre el tema se pueden encontrar toda clase de descalificaciones sobre la aún no nacida asignatura dentro de toda una campaña de desprestigio que ha hecho que llegara a temer a la malévola EdpC. Entre otras perlas se ha podido escuchar: “Promueve la homosexualidad y la educación afectiva sexual a edades muy tempranas”, “el manual del buen socialista”, “ideal de insecto”, “intrusión muy grave en materia moral”, recuerda “a sistemas totalitarios del pasado reciente”, “formación del espíritu progre”, disciplina de contenido específicamente ideológico”, “pretencioso y absurdo buenismo”, “instrumento de adoctrinamiento laicista”, “prueba inequívoca de cómo un Estado democrático se vuelve totalitario”…

El filósofo
Aún sin atreverme a abrirlo, encontré en la portada al autor del libro, José Antonio Marina, el que sin lugar a dudas debía ser el lucifer de tan malvadas páginas. Marina es filósofo y ensayista español, catedrático en filosofía y Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia; colabora en televisión, radio y en el periódico El Mundo. Ha estudiado mucho sobre inteligencia y educación y parece un experto en las innovaciones pedagógicas.

Primera unidad
Empecé a dudar. Esperaba que el libro lo escribiera Pedro Zerolo, José Blanco o el propio Llamazares. Aunque ya se sabe que los filósofos no son gente de fiar porque nunca responden una pregunta con claridad y suelen tener ideas subversivas, antiespañolas e incluso anticatólicas. Abrí el libro por la primera unidad: ¿Qué es la ciudadanía?

La felicidad
La ciudadanía está muy relacionada con la felicidad. El tema de la felicidad interesa a todo el mundo. Todo lo que hacemos en la vida lo hacemos para ser felices. (…) Para alcanzar la felicidad es necesario vivir en sociedad, pero además la sociedad debe poner las condiciones para la vida feliz de sus individuos, de los ciudadanos”.

Tuve que leer el prólogo de la primera lección cuatro veces. Un libro que de lo primero que habla es de que la finalidad del ser humano es la felicidad, ¿Puede haber algo más satánico?

El contenido
Ya metidos dentro de la unidad, ésta trata sobre la necesidad de la “convivencia política” para alcanzar “el bien común”, que se alcanza por medio de las leyes y las instituciones tales como el Parlamento, el sistema judicial, el sistema educativo o las fuerzas de seguridad. Después habla del concepto de ciudadanía y de la sociedad como medio para alcanzar la felicidad. Una sociedad que es la “casa común” de todos y que debe promover valores como “el respeto” del otro, la no violencia, la justicia, la compasión y la solidaridad.

El debate
Los valores que se defienden en el primer capítulo parecen justificarse por sí mismos, pero puede ser que algún padre no quiera que su hijo se eduque en estos valores. Para estos padres, al final de la unidad, se propone un debate porque “conviene pensar en los demás, comparar nuestros argumentos con los de otras personas”.

El botellón
Por último, y antes de la página de ejercicios prácticos, el libro trata a fondo el tema del botellón bajo el título: “¿Por qué es un problema?”. Se aportan datos sociológicos, recortes de periódico, informaciones sanitarias y una última parte reflexiva donde se propone a los jóvenes estudiantes que se informen, reflexionen y que, por último, actúen en consecuencia.

Responsabilidad
Eso es lo que hay que hacer con Educación para la Ciudadanía: estudiar con responsabilidad los manuales, reflexionar sobre su significado y actuar en consecuencia. Es responsabilidad de este periódico aportar su voz en este debate tan interesante para la opinión pública española.

PEINETA NO

El traslado del Club Atlético de Madrid al Estadio de la Comunidad de Madrid, conocido popularmente como "La Peineta", constituye una ofensa y humillación hacia el sentimiento atlético y un desprecio hacia la masa social del club, de la corporación municipal que desea eliminar la imagen del Atlético del centro de la ciudad, potenciar la imagen del Real Madrid y especular con los terrenos del actual estadio, el histórico, Vicente Calderón.

Los actuales propietarios del club (reconocidos delincuentes por la justicia española) colaborarán con el Ayuntamiento en busca de su propio beneficio, siendo el único, pero gran perjudicado de la operación, el aficionado atlético.

Desde este blog se pretende recoger el anhelo de la afición colchonera que atiende impasible ante estos gravísimos hechos. La familia rojiblanca ha de hacer valer su condición de mejor afición del mundo y defender lo que es suyo, defender a su Atleti. Desde aquí os animamos a secundar protestas y actividades en contra de esta operación que solo busca el lucro de unos cuantos a costa de la desaparición del club y sus símbolos, así como la humillación y sometimiento constante del aficionado.

Riqueza a costa de los asalariados

En vísperas del pasado debate de política general, los ciudadanos españoles asimilaban con perplejidad toda una serie de informaciones contradictorias. Se nos decía que éramos líderes de la UE en crecimiento económico, en creación de puestos de trabajo, en construcción de viviendas, en compra de empresas a los países vecinos y en incremento del número de millonarios. Pero, a la vez, éramos los primeros en consumo de cocaína, en número de divorcios, en déficit exterior --el mayor del mundo en términos relativos y el segundo en términos absolutos después de EEUU--, en número de asalariados mileuristas, o en prostitución (en las comarcas de Girona no hay ni un solo municipio que no tenga al menos un puticlub) y en remesas de inmigrantes instalados aquí, que ya representan el 5% de los ingresos totales por turismo y unos 2.000 millones de euros al año.

SON COSAS que han ocurrido muy de prisa y sin ninguna intervención de los poderes públicos. Son el resultado del laissez-faire, laissez-passer y de la incapacidad del Gobierno de controlar las fronteras, la especulación urbanística o la inflación. Es lógico, por tanto, que de pronto nos encontremos ante la necesidad de un cambio de modelo, consecuencia imprevista de una actitud inconsciente de hacer surfing y dejarse llevar por el oleaje. Ya no vale aquel concepto que expresaba el canciller Helmut Schmidt cuando decía que las inversiones de hoy son los beneficios de mañana y los nuevos puestos de trabajo del futuro.


Ahora todo vale en un total boxing sin reglas que convierte el enriquecimiento obsceno, sin límites ni regulaciones, en una finalidad en sí mismo. Y, naturalmente, en esta ley de la selva, se impone la voluntad del más fuerte o más apalancado por el poder, y siempre a costa de las mismas víctimas, es decir, de los trabajadores asalariados. ¿Saben que en determinados sectores ya hace muchos años que no suben los sueldos porque hay dos millones de inmigrantes dispuestos a realizar el mismo trabajo en condiciones inferiores? ¿O que, en otros, la amenaza de deslocalización también ha significado la congelación salarial?

No debe extrañarnos, pues, que la OCDE, el organismo que agrupa la treintena de países más industrializados y civilizados del mundo, haya publicado un informe que indica que España es el único país miembro que en los últimos tres años ha sufrido un descenso real de los salarios del 4%. Estamos, pues, ante un caso sin precedentes en el mundo entero que rompe todas las normas éticas y todos los principios de justicia social generalmente aceptados. Una escandalosa prosperidad que en lugar de repartir la riqueza, la acumula en manos de los ricos y en detrimento de la clase trabajadora. Hasta el extremo de causar un intolerable resultado que es la pérdida de peso relativo de los salarios en el conjunto del PIB mientras que aumenta el porcentaje del total que va a parar a las rentas del capital. Y eso que el número de trabajadores ha aumentado en todo este periodo.

Sin embargo, pocos políticos se refieren a esta cuestión que erosiona de forma imparable y constante el poder adquisitivo de las familias y su capacidad de llegar a final de mes. Ni tampoco al hecho de que las tarifas de las empresas de servicios públicos de primera necesidad (hoy privatizadas y gestionadas por los amigos del poder de turno) reciban autorizaciones del Gobierno respectivo para ser aumentadas hasta extremos que no compensan la inflación, sino que pasan a ser su principal causante. O que las puedan revisar cada tres meses, frente a la revisión anual de convenios. Se ha hablado, eso sí, de los 2.500 euros por bebé mientras se hunde la familia en su conjunto o se sigue menospreciando la pensión de las viudas.

Al parecer, ya no está vigente el principio de que hay que crear riqueza a fin de poder repartirla y que ahora puede hacerse exactamente lo contrario en nombre de la socialdemocracia. Hemos pasado, pues, de los políticos que hablan como las hermanitas de los pobres a los que actúan como las amiguitas de los ricos.

Y MENOS MAL que a la hora de predicar en el desierto aún se ha escuchado una voz, la de Josep Maria Álvarez, secretario general de la UGT de Catalunya, que ha dicho que la polarización de la renta y el retroceso de los salarios como parte de la riqueza nacional no es justa, porque crecer a costa de los salarios, además de ser inmoral como aquí se ha dicho, también es insostenible. ¡Gracias, compañero! Probablemente, eres uno de los pocos que se han dado cuenta de lo que ocurre cuando los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, cada vez más pobres. En esto ha coincidido con el Instituto de Competitividad y Prosperidad de Toronto, que presenta como un éxito del Canadá la capacidad de conciliar la prosperidad con la igualdad económica. Porque el 20% más pobre de la población se siente todavía más desvalido si no se reduce la brecha de la desigualdad de los ingresos. Y cuando quedan desbordados por los nuevos plutócratas, su percepción les hace sentir amargados por el creciente diferencial que les impide mantener su modesto y merecido nivel de vida.

Mejores empleos, mejores salarios

La economía española lleva 14 años creciendo de forma sostenida, a un ritmo superior al crecimiento medio de los países de la Unión Europea y de la zona euro. El PIB per cápita español, en relación con el de la UE, ha subido del 79,4% en 1997 al 90,5% en 2006.

Es necesario cambiar el modelo productivo español para que el empleo sea de calidad

Sin embargo, el crecimiento económico no ha favorecido a todos por igual. Durante este largo ciclo de bonanza de la economía española las rentas salariales han disminuido su participación en la renta nacional. El menor peso de los salarios en la distribución de la renta es una tendencia generalizada en los países europeos, pero mucho más acentuada en nuestro país. En efecto, mientras en la zona euro y en la UE el peso de las rentas salariales en PIB ha caído 2 y 0,9 puntos porcentuales, respectivamente, entre 1997 y 2006, en España la caída ha sido de 5,5 puntos porcentuales. Entre otras cosas, porque el patrón de crecimiento dominante en España se viene sustentando en el consumo y la construcción, lo que está generando importantes beneficios empresariales a costa de una creación de empleo de baja calidad y bajos salarios.

Si la pérdida de peso de los salarios en la renta de España no ha sido más intensa se debe, precisamente, al importante incremento del empleo de estos últimos años. Sin olvidar que de los 2.700.336 nuevos empleos asalariados, creados entre 2002 y 2006, 438.500 fueron en la construcción y 2.204.800 en los servicios; es decir, en sectores con niveles salariales bajos y alta temporalidad.

Otros factores han colaborado en el descenso del salario medio, como son que en 2005 se incorporaron a las estadísticas los salarios ocultos y, en su mayoría muy bajos, de un gran número de trabajadores inmigrantes que fueron regularizados; el aumento del empleo femenino, cuyos salarios son un 15% inferiores a los masculinos, según Eurostat, o un 30%, según los datos censados de las declaraciones de IRPF; y la sustitución natural o incentivada de los trabajadores con más antigüedad y salarios más elevados por nuevos trabajadores con salarios inferiores.

Si analizamos las distintas estadísticas recogidas en la Encuesta de Convenios Colectivos por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, vemos que la negociación colectiva entre 2002 y 2006, coincidiendo con los Acuerdos Interconfederales para la Negociación Colectiva, ha propiciado una mejora del poder adquisitivo de los salarios de 2,5 puntos porcentuales sobre la inflación media del mismo periodo. En cambio, según la Contabilidad Nacional y la Encuesta Trimestral de Costes Laborales del INE, el comportamiento ha sido de pérdida de poder adquisitivo en los años 2002, 2005 y 2006. No hay, pues, coincidencia a este respecto.

Ante esta pérdida de cuota de los salarios en la renta, no faltan los que ofrecen soluciones directas vinculando salarios al incremento de la productividad. Las recetas que proponen los estamentos comunitarios, con el Banco Central Europeo a la cabeza, para reducir el ritmo de crecimiento de los costes laborales y así restablecer la competitividad, consisten en que si las ganancias de productividad no logran crecer a un mayor ritmo, los salarios nominales tienen que soportar el peso del ajuste. Es decir, que si los empresarios no invierten más para aumentar la productividad del trabajo, los trabajadores tendrán que pagar por ello. Estas instituciones parece que adolecen de un desconocimiento de la realidad, donde la pérdida de competitividad no está moderando el crecimiento de los beneficios empresariales, sino todo lo contrario.

Como vemos, existen un número considerable de factores que explican por qué el salario medio en España ha venido perdiendo poder adquisitivo en los últimos años, lo cual no significa que haya que aceptarlo como algo irreversible.

La política salarial que defiende UGT ante esta evolución injusta de la distribución de la renta nacional tiene dos vertientes fundamentales. Por un lado, el reforzamiento de la negociación colectiva, extendiendo y generalizando el modelo de determinación salarial, teniendo en cuenta dos elementos fundamentales: el objetivo de inflación y la necesidad de establecer cláusulas de revisión salarial de plena eficacia que permitan la mejora del poder adquisitivo de los salarios en relación con el aumento de las ganancias de productividad.

Por otro lado, a través del diálogo social, donde queremos profundizar en la redistribución final de la renta a través de las políticas y los servicios públicos, y la mejora de la protección social, con una política fiscal equitativa que contribuya a la redistribución de la renta en términos de justicia social.

Además, hay que establecer salarios mínimos garantizados en los distintos sectores profesionales, con incrementos superiores a la media, que sirvan de suelo retributivo y mecanismo corrector de desigualdades. Es preciso, además, impulsar la convergencia del salario mínimo interprofesional hacia el 60% del salario medio neto, como establece la Carta Social Europea.

Pero, además, no se nos olvide, a medio y largo plazo, es absolutamente necesario cambiar el modelo productivo español para que el empleo que genera nuestra economía sea empleo de calidad. Para ello se precisa más inversión en I+D+i, en capital físico y humano y en estabilidad del empleo, lo que permitirá un cambio en nuestro patrón de crecimiento económico y una mayor productividad.

En este cambio profundo del modelo productivo que propugnamos desde UGT, empresarios y Gobierno tienen un papel determinante, cuyo incumplimiento defraudaría nuestras expectativas y las de los trabajadores de este país.

LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO

La Estrategia de Seguridad y Salud en el Trabajo recién aprobada en Consejo de Ministros es uno de los frutos más relevantes del diálogo social, según el autor, que analiza sus principales planteamientos. En su opinión, lo más destacable de la nueva normativa es el esfuerzo por facilitar su cumplimiento en las pymes.

Después de un largo proceso de negociación, no exento de dificultades, se ha aprobado el viernes pasado, por el Consejo de Ministros, la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo para el periodo 2007-2012. Se trata de uno de los frutos más relevantes del diálogo social, que si inspira efectivamente la política de los poderes públicos, así como la actividad de los sujetos que intervienen en la organización y desarrollo de la prevención de riesgos laborales, y de los propios empresarios y trabajadores, permitirá avanzar en la mejora de los indicadores de siniestralidad y de salud laboral.

Lo más destacable de la Estrategia, en mi opinión, es el esfuerzo por facilitar el cumplimiento de la normativa preventiva en las pequeñas y medianas empresas. Olvidando los planteamientos puramente sancionadores, aunque sin bajar la guardia en la persecución, administrativa y penal, de los incumplimientos, se prevé la adopción de medidas para la adaptación de las exigencias legales a las circunstancias específicas de las pymes.

La simplificación burocrática y la atenuación de la carga documental para las empresas de hasta 50 trabajadores constituye, en ese sentido, una vía segura para un mejor cumplimiento en las mismas de la normativa preventiva. También, acertadamente, se incentiva la asunción de las correspondientes obligaciones con medios propios, con recursos preventivos de la propia empresa. Se permite que el empresario pueda desarrollar personalmente la actividad de prevención en las empresas de hasta 10 trabajadores y se exime de la obligación de auditoría externa a las empresas de hasta 50 trabajadores que organicen su sistema de prevención con recursos propios.

Igualmente, se prevén bonificaciones en las cotizaciones sociales para las empresas que decidan, sin estar obligadas a ello, tener servicios propios, y también para la contratación de trabajadores designados, con formación de nivel intermedio y dedicación efectiva a tareas preventivas, o que formen parte de los servicios propios. Éstos, además, podrán subcontratar determinados y concretos medios necesarios para la realización de las actividades preventivas, cuando la dispersión geográfica de los centros de trabajo o el elevado coste de tales medios así lo justifique.

Todo ello, unido al establecimiento de criterios de calidad y eficacia para los servicios de prevención ajenos, trata de corregir la tendencia a la excesiva externalización de las actividades de prevención. La ausencia total de recursos preventivos propios en las empresas trata, así, de erradicarse, ya que sin algún recurso preventivo propio, simplemente no hay prevención.

Más discutible resulta la prohibición impuesta a las empresas con obligación de disponer de servicio de prevención propio de formar parte de servicios de prevención mancomunados 'sectoriales', aunque sí se permiten los constituidos para empresas del mismo grupo. Ello limitará el recurso a una figura, el servicio mancomunado, cuya potencialidad no ha sido hasta ahora suficientemente explotada.

Por otra parte, se potencia el papel asesor de la Inspección de Trabajo, que podrá establecer programas de apoyo y asesoramiento a las empresas de hasta 50 trabajadores, para que puedan planificar actuaciones preventivas de mejora de la seguridad y salud. En tales programas se evitará la propuesta de sanciones para las empresas, siempre que se cumpla la planificación establecida y se consigan los objetivos de mejora programados (y en ausencia de accidentes de trabajo graves, muy graves o mortales y de enfermedades profesionales).

Se recupera también la idea, tan insistentemente reclamada como ayuna de toda concreción normativa, de adaptación de las cotizaciones sociales por riesgos profesionales a la siniestralidad de las empresas. El compromiso asumido es, sin embargo, débil, ya que simplemente se dice que el Gobierno deberá proceder 'al estudio de la posibilidad de establecer' sistemas de reducción de dichas cotizaciones, cuando las empresas acrediten que su índice de siniestralidad está por debajo del promedio de su sector de actividad.

Novedosa e importante es la previsión de un Plan Renove de equipos de trabajo obsoletos en aquellos sectores en los que los datos de siniestralidad u otros datos objetivos pongan de manifiesto la conveniencia de modernizar la maquinaria. Esta renovación de equipos de trabajo, junto a la mayor atención a la investigación en seguridad y salud laboral, puede ser una vía muy importante de reducción de la siniestralidad.

Por último, hay que reseñar la mayor atención a la vigilancia de la salud y a la medicina del trabajo y la apuesta por la implicación en las tareas preventivas de empresarios y trabajadores, en particular en las pymes carentes de representación laboral. Ello se hace, siguiendo el modelo del sector de la construcción, por medio de un organismo paritario sectorial o territorial. Se apuesta, así, por la colaboración, sin duda más fructífera para alcanzar los objetivos pretendidos, que la confrontación.

Si se avanza, efectivamente, en todos estos planteamientos, y si se está atento, como se dice, a la adaptación permanente del modelo de prevención a los cambios en el mercado de trabajo y en el tejido productivo, estaremos en el camino adecuado para mejorar nuestra salud laboral y reducir las estadísticas de siniestralidad a una dimensión más acorde con nuestro desarrollo económico, social y cultural.

EL DEBATE DE LOS VALORES

El debate de los valores irrumpió con fuerza en la campaña electoral francesa de la mano de la derecha representada por Sarkozy. La reafirmación de los valores del neoliberalismo, el neoconservadurismo y el neoimperialismo implícitos en el discurso de Sarkozy ha llevado a la derecha francesa a ganar las elecciones presidenciales, ante una izquierda poco armada ideológicamente, que no ha sabido articular un ideario solvente para conseguir aunar las demandas de las clases medias que defienden los valores postmaterialistas y de las clases trabajadoras que se mueven entre el miedo a la situación económica y la precariedad laboral y el deterioro de los servicios públicos.

Muchas son las reflexiones que se pueden generar a partir de los hechos vividos en Francia en las últimas semanas. Los datos que están en la mente de todos se pueden resumir de la siguiente manera: una altísima participación electoral; un debate en el que aparecen reflejados dos modelos de sociedad; una bipolarización entre derecha e izquierda; una derechización de la sociedad francesa; y, por último, una preocupación que ensombrece nuestro futuro: ¿lo ocurrido en Francia se puede dar en España?

Cuando leas este artículo ya conoceremos los resultados de las elecciones municipales y tendremos más datos para poder evaluar y comparar unos y otros comicios. Lo escribo antes de conocer estos resultados y por ello me voy a centrar en analizar los contenidos del discurso de Sarkozy para plantear si es aplicable en España la estrategia que ha triunfado en Francia y para insinuar cómo debería ser la respuesta de la izquierda.

Sarkozy insiste en restaurar los valores del trabajo, del mérito, del esfuerzo, de la responsabilidad, del respeto a la autoridad, y en enterrar el espíritu del 68. Ese discurso va unido a una defensa de la identidad nacional, a una apuesta por una visión nueva de la laicidad y por una defensa sin complejos tanto de la historia nacional como de las raíces cristianas de Francia y de Europa. En política internacional defiende estrechar el vínculo con Estados Unidos, sostiene que la prioridad es mantener una buena relación con el Estado de Israel; por último su acercamiento a Europa incluye la negativa a la entrada de Turquía y una reformulación a la baja del tratado constitucional europeo.

Son muchos los elementos que aparecen en este discurso que comparte el Partido Popular en España, ya que casi todos los elementos pueden encajar en la combinación entre neoliberalismo, neoconservadurismo y neoimperialismo americano que caracteriza la ideología dominante en el mundo occidental en el momento actual.

Neoliberalismo y valores neoconservadores

Sarkozy aparece como neoliberal en la medida en que asume todas las tesis contrarias al modelo social francés. Es consciente de que este modelo está asociado a la identidad nacional y a los valores de la república, pero considera que conduce al inmovilismo, a la burocratización y al estancamiento económico. Siguiendo la fórmula neoliberal no oculta la crudeza de los problemas ante los que nos enfrentamos; los problemas son graves –nadie lo discute, dirá– pero lo que ya es indiscutible es la inviabilidad de las soluciones de izquierda. Su habilidad ha consistido en aparecer como el innovador como si no tuviera ninguna responsabilidad por el malestar, el estancamiento y la corrupción; como si no hubiera sido ministro los últimos años. Al oponer la innovación liberal al inmovilismo burocrático disfraza su propuesta como una propuesta rupturista con un modelo que ha llevado, a Francia al estancamiento por la política realizada durante treinta años. Una política en la que habría coincido la derecha y la izquierda y no el hombre providencial que viene a rescatar a Francia de su declive.

El segundo componente es el recurso a los valores neoconservadores de la familia, de la patria, del trabajo, de la autoridad, de la moral. Es importante resaltar que se vuelva a la idea de introducir los valores en el debate público. Recordemos que en este punto hay una gran coincidencia con el movimiento neoconservador norteamericano, que también apareció a finales de los años sesenta como una replica a los movimientos cívicos que habían cuestionado la participación en la guerra del Vietnam y que habían señalado el carácter autoritario de la familia, de la escuela, de la universidad y de la sociedad industrial avanzada. Todos los que tenemos los mismos años que Sarkozy no vivimos ni el 68 francés, ni el español, ni el norteamericano, ni el mexicano. Pero es evidente que recordamos el influjo que tuvo lo ocurrido aquel año en las generaciones posteriores. El doble aldabonazo que supuso París y Praga, las matanzas en la plaza de las tres culturas en México y la crisis profunda de la sociedad norteamericana que tanto impresionó, por ejemplo, a José Luis Aranguren cuando se tuvo que refugiar en Estados Unidos al ser expulsado de la universidad franquista. Aquella era una contracultura libertaria que fue decisiva para cambiar el modelo de enseñanza, de familia, para cuestionar la política imperial y para incentivar el radicalismo de la clase media en pos de valores poseconomicistas.

Estos son los valores que combate Sarkozy y de ahí su insistencia en denigrar la reducción de la jornada laboral a 35 horas. Para la mentalidad mercantil es inconcebible pensar en un mundo donde cambie la relación entre el trabajo y el ocio como había defendido durante años André Gorz. No es que la izquierda no tenga valores como insisten los neoconservadores al hablar de una dictadura del relativismo (Ratzinger) o de un imperio del nihilismo (A.Glucksman). Claro que hay valores. El problema que muestran las elecciones francesas es que los valores de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad, tienen distintas lecturas. Que no cabe pensar en una lectura unívoca de los mismos y eso se ve al hablar del tercer elemento. El neoliberal en lo económico y neoconservador en lo moral rompe con elementos esenciales de la tradición gaullista en política exterior. No es extraño por ello el apoyo de pensadores como Glucksman que llevan años abominando de la política exterior francesa y que piensan que es el momento de afianzar la relación con Estados Unidos y con el Estado de Israel. Para todos ellos es el momento de decir adiós de una vez por todas al sueño de una autonomía de la política exterior francesa que tuvo su momento de gloria en la reunión del Consejo de seguridad en el invierno del 2003 al liderar Francia el rechazo a la política norteamericana en Irak.

Ante este panorama ¿qué puede hacer la izquierda? Los valores republicanos, laicos, socialistas, de Jaures a León Blum, están ahí, tienen una gran fuerza en la sociedad, pero no son mayoritarios porque sumando los votos de los conservadores, de los centristas, y de la ultraderecha hay una amplia mayoría frente a la suma de socialistas, comunistas, tronquistas y ecologistas.

¿Por qué es minoritaria la izquierda? Básicamente porque le cuesta aunar en una mayoría electoral a las clases medias que defienden los valores postmaterialistas y a las clases trabajadores que viven el miedo ante la situación económica, el miedo motivado por la precariedad de los empleos y el deterioro de los servicios públicos. Para los primeros es prioritaria la calidad de vida, el desarrollo sostenible y el cosmopolitismo, para los trabajadores es una realidad la incertidumbre, la inmovilidad y la constatación de que el ascensor social ha dejado de funcionar.

El laboratorio francés nos debe ayudar a reflexionar. Estamos ante una sociedad que vive la política con pasión, que participa en los debates y que acude masivamente a las urnas. ¿Es trasladable lo ocurrido a España? No cabe duda que los tres elementos del discurso victorioso son los que enarbola en España el Partido Popular. Sarkozy –el amigo de Aznar– aparece como un ejemplo a seguir. Los medios de comunicación más solventes de la derecha animan a Rajoy a que siga ese camino y se olvide de conspiraciones y de tramas. Que abandone la conspiración y se centre en la defensa de los valores y en la reafirmación de la identidad nacional. Si alguna lección hay que aprender es que si la derecha da esa batalla no se puede ir a ese combate electoral sin articular un relato que permita conjugar los elementos de un discurso alternativo. La izquierda española tiene que aunar todo lo realizado durante esta legislatura y articularlo en un discurso comprensible. La memoria histórica y la España plural, el matrimonio homosexual y la educación para la ciudadanía, la alianza de civilizaciones y la extensión de los derechos cívicos exigen un relato que integre estas decisiones en un marco global. En un marco que muestre que no son decisiones arbitrarias ya que están fundadas en una manera de entender los valores de la libertad, de la igualdad y de la tolerancia.

Nadie tiene el monopolio de la moral. Como las elecciones francesas muestran, hasta el neoliberal Sarkozy habla de fraternidad y a pesar de que nos parezca imposible conjuga su política económica con esa llamada tardía a la solidaridad, hay que reconocer que su proyecto ha triunfado. Aprendamos la lección y pensemos bien los valores que vamos a defender y los símbolos que vamos a utilizar para hacerlos creíbles.

La izquierda española tiene que aprender de lo sucedido en Francia y ser consciente de que a una confrontación electoral hay que acudir con un discurso comprensible y bien argumentado tanto en el fondo como en la forma.