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elviciosoerrante

Matilde Fernández, portavoz del Grupo Socialista en la Asamblea de Madrid:

Veterana política socialista, ex ministra y diputada nacional a lo largo de varias legislaturas, tras la crisis del Partido Socialista de Madrid ha sido designada portavoz de su grupo en la Asamblea de la Comunidad madrileña por parte de la gestora que provisionalmente dirige esta federación (hasta el congreso extraordinario de finales del próximo mes de julio). Matilde Fernández analiza la situación interna del PSM y las posibles causas del triunfo de la derecha, al tiempo que se muestra crítica con la actitud del presidente del Gobierno por su participación directa en la designación de los candidatos socialistas en Madrid.


Qué está pasando en la federación madrileña del PSOE?
—El hecho es que los socialistas hemos perdido mucho espacio de responsabilidad en los municipios, y no
hemos cubierto la expectativa electoral que teníamos en la Asamblea. ¿Por qué? Hemos de ser rigurosos para analizar las responsabilidades internas del PSM, y los condicionantes externos, sin buscar culpables. Creo que habría que sentarse con sociólogos, con politólogos, con responsables de centros de investigación sociológica para recibir de ellos unas informaciones útiles para hacer ese análisis. Mi opinión individual –que estoy dispuesta a someter a toda crítica- es que creo que hay factores externos, de ámbito internacional: el socialismo democrático ha perdido cohesión en discurso, en este mundo globalizado; ha perdido cohesión en sus líderes, Blair no dice lo mismo que los escandinavos, la Internacional Socialista, el Partido Socialista Europeo hemos dejado de tener líderes internacionales para tener líderes muy nacionales, muy adaptados, con un componente pragmático, a su realidad.
Esto ha desorientado a hombres y mujeres de izquierdas. Segundo, ha habido temas de la agenda nacional que ha sabido utilizar en Madrid, de forma especial, la derecha, aunque no han podido usarlo igual en otras regiones –probablemente por no ser tan centro geográfico, mediático y político-; Madrid, a veces, desaparece para ser España. En Madrid la política nacional afecta mucho más intensamente que en otros lugares. La agenda de mi Gobierno socialista ha sido una agenda de seguir descentralizando, con los estatutos de autonomía, llevando el poder a las administraciones autonómicas –y, ojalá pronto a las locales- para acercar a los ciudadanos la gestión de lo que les afecta. La derecha ha querido usar estos estatutos para asustar con que se rompe España. Ese discurso ha calado más que el de que se descentraliza España, como toda Europa, para acercar a los ciudadanos la gestión de sus vidas cotidianas. También el intento de acabar con ETA y firmar la paz y la convivencia, tan importante, la derecha lo ha puesto en negativo y lo ha rentabilizado.

—Las encuestas establecen que son mayoría los madrileños que se definen políticamente de centro-izquierda, ¿Cómo puedellevar tanto gobernando la derecha y aumentando sus resultados?
—En nuestra región hemos tenido que cometer errores. Errores en cómo nos hemos organizado. Cuando la Ejecutiva me enviaba por la región, he visto a gente que estaba bastante sola, que los dirigentes de la vieja Ejecutiva no se movían lo que se tenían que mover para estar con la gente: Ha habido esa deficiencia organizativa. Creo que el discurso no hemos sabido comunicarlo bien. Una ciudadana me paró en el hospital de mi área y me dice, "Matilde, ¿por qué estáis en contra de los hospitales?". Yo le dije que no estamos en contra, sino que aún pedimos más. De lo que estamos en contra es de que se gestionen de forma privada. La derecha ha sabido llegar con un discurso simple. El nuestro en defensa del sector público no se lo hemos sabido hacer llegar a la ciudadanía o nos hemos preadelantado. La derecha ha convencido a la gente con el cortísimo plazo. Luego, tal vez, defendiendo lo público, nosotros abrimos un abanico de economía mixta, pero mayoría pública; empezamos a hablar de matices, de más inspectores para controlar al sector privado. Eso es muy largo, y la derecha dice: "Yo, quien me lo gestione más barato". Ese simplismo llega a una parte de los votantes mucho más fácilmente que lo nuestro, que tiene mucho más de pedagogía, de proyecto de sociedad, de unas políticas públicas que no sirvan sólo para quien tiene menos renta. El modelo socialdemócrata en Europa ha ido orientado a conseguir una sociedad más igualitaria y para universalizar políticas. También es posible que estuviéramos demasiado centrados en la rabia de haber ganado las autonómicas en 2003 y dos cabritos, si me permiten decirlo, se dejaron comprar por una UTE de intereses de la construcción (tremendo que los socialistas hayamos tenido gente como esa en nuestras listas).

—De todos modos, la FSM, ahora PSM, siempre ha sido un foco de conflictos internos.
—Madrid es un territorio complicado, que igual que a la hora de hablar de la información, casi todo se convierte en nacional, pues aquí existen unos líderes y unas voces nacionales que están en el mismo territorio, y casi haciendo el mismo trabajo que los dirigentes del PSM. Se solapan cosas, aquí militan altos cargos que provienen de otros lugares del país, hay muchas tensiones de las lógicas (o ilógicas) del poder. Lo que comparto es que si en Madrid se sigue funcionando un poco con las viejas reglas de grupos de familias, vamos mal. Y yo vengo del guerrismo, pero soy guerrista para hablar de ideas, no para decir "detrás de mí hay tantos y, por ello quiero tanta cuota de poder". Esas cosas hay que superarlas, pero no sólo en Madrid, también en Valencia, en Murcia y en muchos lugares.

—Pero, ¿cómo se sale de una situación en la que ha pesado tradicionalmente la presencia de tres familias (guerristas, renovadores e Izquierda Socialista) en la federación?
—Buscando un liderazgo que sea capaz -y eso lo hizo Rafael Simancas, que pacificó mucho el partido, sumó de todos- de unificar. Ahora necesitamos seguir con esa cultura, buscar unos líderes, un equipo que tenga el respeto de la organización (y no tanto el peso numérico) que llegue a superar esa realidad sumando lo mejor de todos.

—¿Es reconciliable lo que hay?
—Sí, sin lugar a dudas. De hecho, lo que hay que analizar son las cosas realizadas por este partido, y no sólo los últimos datos. En el fondo, esta dialéctica de las familias existe en todo el partido, en todas las regiones. En tal caso, esta es la parte negativa de aquello que apareció en un momento, el felipismo y el guerrismo, que tenía una base en el modelo de partido y las prioridades políticas, más socialdemócratas o más social-liberales, según cada opción. Pero dejó de ser eso para ser utilizado sólo en clave orgánica, en clave de poder. Que aparezcan todas las sensibilidades en nuestro partido y que haya unas prioridades políticas y que se discuta sobre eso, pero no que se utilice para hacer grupitos de poder, de negociación del poder en las estructuras del partido. Es el reto que tenemos los socialistas de toda España. Eso sólo se consigue con liderazgos carismáticos -y no sólo uno-.

—Ya mencionaba esa mezcla que se da en Madrid entre las estructuras del poder nacional del PSOE y los órganos regionales. A la hora de elegir cargos públicos madrileños influye mucho la decisión de los órganos nacionales, ¿no es así? Ahí está el ejemplo de Miguel Sebastián.
—Eso ha sentado mal a militantes. Y es verdad que, tal vez ahí, José Luis Rodríguez Zapatero ha pasado los límites de su liderazgo como secretario general. Él no ha ido a otras regiones, no ha ido a Sevilla o a Logroño a plantear su propuesta de alcalde. Tal vez no tendría que haberlo hecho en Madrid. Rafael Simancas fue cariñoso y respetuoso con el secretario general nacional, pero José Luis Rodríguez Zapatero se pasó -dicho con sonrisa, y entre comillas- un poquito, e incluso administró mal los tiempos. No se puede nombrar a Trinidad Jiménez para un cargo en Exteriores, produciendo un vacío, y a partir de ahí, decir que ese vacío lo va a rellenar él, y empezar a hablar de ex ministros, hasta llegar a Sebastián. Eso fue un desgaste. Ahora, responsable de los resultados de Madrid, pues es posible que el que menos haya sido el propio Sebastián, porque tuvo el coraje de decir que sí, y es muy difícil, a falta de dos o tres meses para unas elecciones, siendo una persona que era conocida por menos del 20 por ciento de la población, poder encabezar una lista. Los sociólogos analizan que para encabezar una lista nunca puedes colocar a una persona que sea conocida por menos del 65 por ciento de los electores.

—Hablando de liderazgos, ¿qué le parece el ofrecimiento del alcalde de Parla, Tomás Gómez, para ponerse al frente del PSM tras el congreso de julio?
—Me parece bien. Tomás es un dirigente joven, comprometido con el Partido Socialista que, de pronto da el salto a la responsabilidad de ser alcalde. Se ha convertido, además, en el alcalde más votado de toda España en los dos últimos procesos electorales (75, 53 y 74,43 por ciento de los votos). Y cuando tú vas a Parla, tiene una forma tan cercana de hacer política... Ha sido un joven socialista con éxito político institucional, querido por la gente. Yo quiero ser prudente y respetuosa con la organización, porque quiero esperar en los tiempos de este proceso electoral interno que se proponen. Hoy creo que estamos con una persona con muchísimas posibilidades de continuar con el liderazgo que inició Rafael Si-mancas, y que se ha visto truncado por esta hiperresponsabilidad ante este fracaso. Y digo hiperresponsabilidad, porque los compañeros de la Ejecutiva Federal han sido injustos; se han cebado en Madrid, y la Comunidad Valenciana tiene peores resultados, Murcia tiene peores resultados, o en Cantabria, que estamos gobernando y hemos pasado a ser la tercera fuerza política, donde el populismo de los regionalistas nos ha adelantado. Ha habido fallos en estos procesos electorales que tienen que analizar todas las estructuras del partido. Y sin flagelarnos, porque nos quedamos en este pensamiento crítico que tiene la izquierda, y no disfrutamos ni cinco minutos de que vamos a gobernar en más comunidades y en muchos más ayuntamientos. Y para mí eso no es poder; es responsabilidad para sacar adelante los problemas de la gente.

— Hay miedo en el PSOE a perder las elecciones generales? ¿Qué ha de hacerse para evitar esa eventualidad?
—Hay que extraer buenas conclusiones de esto que hemos hablado. Hay que saber rentabilizar el buen trabajo del Gobierno socialista, que los ciudadanos sepan lo que se está haciendo, e incluso, para que entiendan la lógica de cómo algunas cosas se tienen que acabar haciendo con la lealtad de las responsabilidades autonómicas y municipales. En este país hay muchas transferencias; el Gobierno puede hacer una ley marco, como la de Dependencia, y poner un presupuesto económico, pero tiene que acabar transfiriéndolo a las comunidades autónomas, y éstas a los ayuntamientos, para que se desarrolle ese derecho. En política social, en política económica, en política internacional, el Gobierno de España vuelve a recuperar altos niveles de respeto en el ámbito internacional. Esperemos poder comunicar esto bien para poder seguir un ciclo más largo, de segunda modernización. Los socialistas debemos estar ocupados en comunicarnos con los ciudadanos acerca de lo que se ha hecho y de lo que se tiene que seguir haciendo. Es un trabajo de día a día, además de poner medios y recursos humanos para desarrollar esas políticas.

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