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La esclerosis lateral amiotrófica, un mal implacable

El doctor Eduardo Rico era un luchador. Decidido, vociferante, destemplado, furioso. Rechazaba con pasión la práctica de la paciencia que le aconsejaban los demás porque era la única cosa que no se podía permitir.

      Eduardo Rico estaba enfermo de esclerosis lateral amiotrófica, la temida e incurable ELA. Cuando un médico diagnostica ELA a un enfermo le está comunicando una sentencia de muerte a un plazo brevísimo, a tres o cuatro años como media. Será un proceso sin esperanza y de una crueldad sin límites: primero le fallarán las piernas, luego los brazos, después, el habla, después la deglución. Se le caerán los dientes, babeará, necesitará un respirador, tendrán que darle masajes continuos para que el dolor de la atrofia muscular no sea insoportable. Y finalmente, morirá. Lo único que no perderá en el proceso serán sus facultades mentales: hasta el último momento de vida sabrá lo que le está pasando y se verá morir impotente.

      Cuando le fue diagnosticada la ELA, Eduardo Rico, sabiendo que casi no le quedaba tiempo, decidió que no podía dejarse morir sin luchar. Era un científico con una misión: mantener viva la esperanza de todos los enfermos de ELA que escudriñan cualquier estudio, cualquier investigación, cualquier ensayo clínico o fármaco nuevo, y quieren ver en ellos una promesa, por mínima que sea, de explicación de los mecanismos del mal y la garantía de que en un futuro lejano, se llegue a curar.

      Se dispuso a luchar. Sabía, claro, que la ELA no tiene cura, que los 4.000 enfermos que la padecen en España siempre serán 4.000, no porque la enfermedad se haya hecho crónica, sino porque otros 4.000 sustituyen paulatinamente a los que se van muriendo. Por supuesto que lo único que cabe es hacer que la vida que le queda al paciente sea lo más cómoda, lo menos dolorosa, lo menos angustiosa posible, intentando de paso aligerar la condena que le ha caído a la familia, a la que el asalto de la ELA ha pillado completamente desprevenida, sin preparación, sin capacidad de reacción frente el sufrimiento que se le viene encima.

      Pero a Rico todo eso le importaba poco. Lo único que le importaba era que nadie pudiera robarle la esperanza de vida: y si, como médico, sabía que era ridículo aferrarse a ella, como ser humano, no tenía otro camino. Hizo de la esperanza su razón de vivir y de morir.

      Esta esperanza, para un condenado a muerte por ELA, consiste en mantener una fe ciega en la investigación, en la farmacología, en la terapia génica, en la utilización de las células madre y en el funcionamiento de unidades clínicas de atención a los pacientes. Es una fe que no tiene más sustento que el trabajo de científicos responsables, que cuenten con el apoyo continuado de las autoridades. En España ha habido tradicionalmente una unidad clínica de ELA, en el hospital Carlos III de Madrid, que ha acogido a pacientes provenientes de toda España. La unidad del Carlos III ha participado en ensayos clínicos a nivel internacional muy activamente, aunque ahora la confusión reinante y algunas peleas políticas han apartado a la medicina española de la colaboración internacional en un momento en que estar presente en ella resultaba esencial. ¿Peleas políticas?

      Sabiendo que le quedaba poco tiempo, Eduardo Rico se puso al frente de un grupo de pacientes para vociferar a las puertas de la Asamblea de Madrid y en la prensa y exigir la mejora de las condiciones de atención a los enfermos. La irritación era grande y la falta de expectativas, mayor. Y cuando el Servicio Madrileño de Salud manifestó en una nota que los pacientes estaban perfectamente atendidos y que se estaban realizando con éxito ensayos clínicos en varios hospitales de la CAM, lo que constituía un cruel sarcasmo, la gota colmó el vaso. Las protestas fueron de tal calibre que Esperanza Aguirre se vio obligada a intervenir tras entrevistarse con el doctor Rico. Y el 29 de diciembre de 2005, la Asamblea de Madrid anunció la creación de una unidad de ELA para la asistencia integral y multidisciplinar de los pacientes y para la investigación.

      ¿Una?, dijo el Servicio Madrileño de Salud; no, una no: cinco. ¿Y se abría así un horizonte menos sombrío? No del todo. Imaginen que a Fernando Alonso, en lugar de entregarle un coche de carreras estupendo, la McLaren le suministrara cinco, pero repartiendo los cilindros del primero entre todos. No muy bueno.

      Y, en vista de que nada se había resuelto, Eduardo Rico consiguió entrevistarse alguna vez más con Esperanza Aguirre. Después aseguró que acabaría tumbándose cuán largo era a las puertas del Gobierno de Madrid para llamar la atención. Decía con buen humor que le encantaría ser detenido por escándalo en la vía pública.

      En marzo de este año, él y varios pacientes más se presentaron en la Asamblea de Madrid para denunciar que, después de la creación de las Unidades de ELA poco más de un año antes, nada había cambiado. El déficit asistencial y el bloqueo de la unidad del Carlos III seguían siendo los mismos. Le dijeron que no se preocupara: tendría una nueva entrevista con la presidenta de la Comunidad. No la volvió a ver.

      Eduardo Rico murió a los pocos días. Esperando.

      Fernando Schwartz es escritor y secretario de la Fundación para la ayuda a la investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (FUNDELA).

      Descubierta una proteína que puede causar afecciones neurodegenerativas

      Científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) han descubrierto una proteína que interviene en la demencia frontotemporal y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA, a menudo denominada enfermedad de Lou Gehrig), según un estudio publicado hoy por la revista Science. La identificación de esta proteína podría ayudar en el estudio de las demencias y las enfermedades neurológicas motoras.

      La demencia frontotemporal es un complejo grupo de trastornos, genéticos y patológicos y la mayor causa de demencia en personas menores de 65 años después del mal de Alzheimer.

      "Es fascinante"

      La esclerosis lateral amiotrófica es un trastorno neurológico progresivo que destruye las neuronas motores y una de sus complicaciones frecuentes es la demencia. La proteína, identificada como TDP-43, fue hallada en acumulaciones anormales en el tejido cerebral postmortem de personas que sufrieron alguna de esas dos enfermedades, añade el informe sobre la investigación.

      La proteína vinculada con ambas enfermedades fue recogida solamente en zonas afectadas del sistema nervioso central, entre ellas el hipocampo y la médula espinal, según explican los científicos. El descubrimiento abre nuevas vías para investigar de qué forma esta proteína causa el comportamiento extraño y hasta criminal de la demencia frontotemporal y la parálisis de la esclerosis lateral amiotrófica, que también se conoce como enfermedad de Lou Gehrig.

      Además, según los científicos, el descubrimiento confirma de una vez por todas la relación patológica de la proteína TDP-43 con ambas enfermedades. "Es fascinante haber descubierto este vínculo entre la demencia y una enfermedad neurológica motriz", subraya Virginia Lee, directora del Centro de Investigaciones de Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Pensilvania.

      6ªLección: ¿Quién soy yo?

      El 27 de Junio de 1969 era viernes y, como todos los fines de semana, miles de jóvenes homosexuales, en su mayoría de clase obrera, acudían a una serie de locales neoyorkinos donde podían tomarse una copa sin sentir la necesidad de esconder su identidad sexual. Los ciudadanos que acudían a locales como Stonewall sabían que, en cualquier momento, la policía podría realizar una redada, entrar violentamente en el bar en el que se encontraban y cargar contra todos ellos sin ningún tipo de piedad. Pero esa noche cambió todo. Cuando la policía acudió a realizar la redada pertinente, los cerca de 200 homosexuales que se encontraban en el mítico local de Manhattan decidieron enfrentarse a la policía. Se resistieron a ser llevados a comisaría, a ser condenados y humillados por su condición sexual. Iniciaron una batalla campal contra los agentes de seguridad y, gracias a su valentía, los derechos de los homosexuales empezaron progresivamente a ser reconocidos.

      Pero solo progresivamente, porque cabe recordar que en numerosos países como Irán, por el simple hecho de ser homosexual, una persona puede ser condenada a la pena capital, es decir, todavía en pleno siglo XXI, una persona puede llegar a ser ahorcada en función de su orientación sexual.

      Capítulo 6
      Y mientras tanto, la afirmación de que “Educación para la Ciudadanía promueve la homosexualidad”, ha sido repetida incesantemente a lo largo de los últimos meses por todos los sectores que se oponen ferozmente a la implantación de esta asignatura. Todos, sin excepción, desde jerarcas eclesiásticos, madres objetoras de conciencia, profesionales en defensa de una supuesta ética, y hasta autodenominados defensores de la familia, han repetido una y otra vez que la implantación de esta asignatura responde en parte a las demandas de un supuesto “lobby gay”. Con estos antecedentes, me sumergí en la lectura del capítulo sexto del manual para EpC del editorial SM.

      ¿Quién soy yo?
      Tú, se afirma en este capítulo, formas parte de una nación, de una cultura, de una religión y como parte de los mismos, adquieres una identidad nacional, cultural, o religiosa. Tú puedes ser hombre o mujer, y debes saber que en los países desarrollados las mujeres y los hombres son iguales. Tú tienes el derecho de poseer una determinada identidad religiosa si lo deseas, porque en países como el nuestro la libertad de conciencia está garantizada. España “tiene una Constitución laica, lo que significa que no hay una religión oficial del Estado, aunque tradicional y culturalmente la religión católica ha sido la mayoritaria”. Y tú, como ciudadano español, puedes defender tus derechos y luchar por ser feliz. También, obviamente, puedes ser homosexual.

      La identidad sexual
      Tan sólo dos párrafos en el manual de SM abordan la cuestión de la homosexualidad. En el primero de ellos, se explica que un heterosexual es “aquella persona que se siente atraída por personas del otro sexo”, mientras que un “homosexual” se siente atraído por personas de su mismo sexo”. Acto seguido, se afirma textualmente que “la homosexualidad ha sido severamente juzgada durante gran parte de la Historia, y, en la actualidad, la legislación de algunos países sigue condenándola. Sin embargo, tenemos la obligación ética de respetar la dignidad de todas las personas reflejada en la Constitución y las leyes españolas, que prohíben discriminación por razón de sexo o de orientación sexual”.

      ¿Dónde se promueve la homosexualidad?
      En definitiva, una vez concluida mi lectura por esta lección de Educación para la Ciudadanía, no logro encontrar en qué apartado, sección o párrafo de este capítulo se promueve la homosexualidad. Tan solo observo la pretensión de explicar qué es un homosexual, para después, afirmar que toda persona, independientemente de su orientación sexual, debe ser totalmente respetada. Es increíble, pienso entristecido, que por estas líneas en defensa de la igualdad haya personas y colectivos capaces de dedicar parte de su tiempo a iniciar una campaña mediática en contra de un Gobierno determinado.

      España no es Polonia
      Pienso, aún más entristecido, que sería mucho más fácil si estas madres objetoras de conciencia, supuestos profesionales éticos, defensores de familias, y jerarcas eclesiásticos reconocieran, de una vez por todas, que lo que de verdad les molesta es que en las escuelas se pronuncie la palabra homosexual, y que estos no sean perseguidos sino que, al contrario, un Estado reconozca íntegramente sus derechos. España, señoras objetoras, ni es Polonia, ni está gobernada por un par de gemelos homófobos que pretenden iniciar su particular cruzada contra “el mal”.

      ¿Contra qué están en desacuerdo?
      Me gustaría que todos aquellos que utilizan como argumento que se promueve la homosexualidad para oponerse a esta asignatura dijeran con qué parte de lo afirmado en este manual están en desacuerdo. No lo harán, porque no hay nada contra lo que se pueda estar en él.

      Homófobos
      Pero no es necesario recurrir al mítico Stonewall neoyorkino. Justo la semana pasada se publicó en prensa que un grupo de amigos gays se encontraban tomando una cerveza en la terraza de un bar de Gandía cuando de repente aparecieron 3 desalmados que, emulando con el dedo índice la forma de una pistola, les dijeron: “¡Pim, pam, pum!, si por mí fuera, os daba un tiro a cada uno y acababa con vosotros, maricones de mierda, sois la escoria del país”. Después, a uno de ellos lo patearon y lo volvieron a insultar.

      Merece la pena
      Ante hechos como los acaecidos en Gandía o en Polonia, (donde miles de personas se avergüenzan de tener ese tipo de dirigentes), merece la pena explicar en las escuelas qué significa ser homosexual y que toda persona humana debe ser respetada independientemente de su sexo u orientación sexual, porque de otro modo, nunca conseguiremos vivir en una sociedad justa e igualitaria y acabar con actos como los acontecidos en Irán o Nueva York -este, en el pasado-.

      5ª Lección: ¿Cómo debe ser el buen ciudadano?

      Era el 1 de diciembre de 1955. Rosa Parks tenía por entonces 42 años y trabajaba de costurera en unos grandes almacenes. Como todos los días, una vez terminada su extensa jornada laboral, Parks se subía en un autobús que le llevaba a su residencia de Montgomery. Por aquel entonces, en los autobuses del sur de Estados Unidos se aplicaba la denominada segregación racial, que consistía en que las cuatro primeras filas del autobús solo podían ser utilizadas por personas de raza blanca, mientras que los negros, pese a que representaban el 75% de los usuarios de este transporte público, tan solo podían utilizar las filas restantes de atrás, pero eso sí, siempre y cuando, ningún blanco se quedara sin asiento.

      Esta situación empezó a cambiar a partir el 1 de diciembre de 1955, cuando Rosa Parks tuvo la valentía de reclamar sus derechos. "¡Estoy cansada!", espetó Parks, “de ser tratada como una ciudadana de segunda clase”, después de que el inhumano chofer del autobús, James Blake, ordenara a esta ciudadana y a otros tres pasajeros negros, levantarse y dejar libres sus asientos a un usuario blanco que no encontraba ningún asiento en el que poder sentarse.

      381 días que cambiaron la historia
      Rosa Parks alegó que había “pagado su billete como cualquier otro” y tras ser multada a pagar 10 dólares por desobedecer la ley, llamó al resto de los ciudadanos negros de Estados Unidos a iniciar una huelga contra la compañía de autobuses. Ningún usuario negro se subió a ningún autobús hasta que, 381 días después, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declarara ilegal la segregación racial y pusiera fin a las leyes racistas que fomentaban la separación entre negros y blancos en Estados Unidos.

      Capítulo 5
      Aunque Rosa Parks no es el ejemplo de partida en el capítulo quinto del manual de la editorial SM de Educación para la Ciudadanía, (lo es Nelson Mandela), esta ciudadana que acabó recibiendo la Medalla de Honor del Congreso de Estados Unidos como un “icono viviente de la libertad en EEUU”, bien podría servir para explicar lo que se pretende: ¿Cómo debe ser el buen ciudadano?

      ¿Cómo debe ser el buen ciudadano?
      El buen ciudadano, se afirma en este capítulo, tiene que ser responsable, justo y solidario. Debe convivir con los demás y tener conciencia cívica. Debe ser consciente de sus derechos y de sus deberes. Debe de tener la valentía de reclamarlos y la valentía de cumplirlos. Debe tener responsabilidad colectiva y cooperar por construir un mundo más justo, entendiendo la justicia como el arte de conseguir lo bueno y lo justo. Y también, el buen ciudadano debe ser solidario.

      ¿Dónde está el mal?
      En definitiva, se afirma que “todo ciudadano debe fomentar los sentimientos que le ayuden a reclamar sus derechos, a cumplir los deberes, a ser sensible ante el dolor ajeno y que le adviertan de cuándo no los ha cumplido”. Y ante todo lo afirmado, sería cuestión de preguntar a los sectores que tanto han criticado y critican a la asignatura de nueva implantación: ¿Con cuáles de estos deberes enunciados no están ustedes de acuerdo? ¿Es esta la anunciada asignatura del “mal”, ante la que debemos estar alerta? ¿Es esta la “prueba inequívoca de cómo un Estado democrático se vuelve totalitario”?

      “Tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros”
      Quizás, la lectura de este capítulo no deje ver dónde está la pretensión de ideologizar a los indefensos alumnos adolescentes.Antes al contrario, la lectura de este capítulo de la temida Educación para la Ciudadanía, nos lleva a una cita muy conocida entre los católicos. En efecto, Mateo decía: “Así pues, tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros”.

      “Amar al prójimo como a uno mismo”
      La cruda realidad es que para defender que estos conceptos tengan cabida en nuestro sistema educativo, no es necesario recurrir, ni al ejemplo de Rosa Parks, ni a los autobuses de los años 50 de Montgomery, sino que es suficiente con tomar el metro de Madrid y observar cómo muchos adolescentes no ceden su asiento, por ejemplo, ni a las mujeres embarazadas, ni a los más mayores de nuestra sociedad. Quizás, pienso entristecido, es que algunos, de tanto predicar, se han olvidado de que se “debe amar al prójimo como a uno mismo” y que, para eso, previamente, en vez de luchar, lo que es necesario es amar y enseñar a hacerlo.

      José María García: “Cualquier presidente tiene que agotar las posibilidades de acuerdo con ETA”

      José María García parece haber aprendido mucho a raíz de su cáncer de garganta. En su viaje por superarlo, se ha dado cuenta de que durante 35 años ha vivido sin vivir, luchando contra molinos y sin querer renunciar a sus principios. Paulatinamente, ha vuelto a la arena pública, y ya prepara un nuevo proyecto “tremendamente ambicioso y peligroso”. Esto es lo que se desprende de una entrevista concedida al periódico El Mundo, en la que el periodista asturiano volvió a criticar a Aznar, Losantos, Florentino Pérez y la mala situación en la que se encuentra el periodismo español.

      A la pregunta de qué emisora de radio le producía rechinar de dientes, García dijo que la COPE y la SER por su falta de objetividad, pero, especialmente la cadena de los obispos, por culpa de Federico Jiménez Losantos. El periodista asturiano reconoce que Losantos es “uno de los periodistas más ilustrados de este país”, pero explica que “le ha decepcionado” ya que un periodista es “plural, imparcial, trata a ambas partes iguales, él [Losantos] no”.

      Aznar
      Al hablar de Aznar, Gracía repite los argumentos que ha esgrimido en otras ocasiones: “Soberbio, arrogante, prepotente”. Ya en otra aparición pública en el programa de tele 5 “Esta pasando” dijo que Aznar era”el mayor censor de España”, que era la persona que más le ha decepcionado a lo largo de su vida profesional y que “el gran favor que le hace al PP es no hablar”.

      Crispación política
      Como la mayoría de los españoles, García no ve con buenos ojos la crispación política actual y que no haya consenso en la lucha antiterrorista. Al periodista asturiano le gustaría poder mediar entre el PSOE y el PP para que llegaran a acuerdos en lo fundamental, “se olvidaran de sus caprichos y pensaran en el interés general”.

      Legítimo negociar
      Asimismo, García cree legítimo el intento de Zapatero por llegar a la paz con ETA. “Cualquier presidente tiene que agotar las posibilidades de acuerdo con ETA”, explica el periodista. Y añade: "No es justo intentar censurar a un presidente del Gobierno que, sin concesiones, trata de llegar a un acuerdo…lo que pasa es que aquí tenemos que plantearnos la viabilidad o no de un Estado federal”.

      Pedro J.
      Lo que no dice García es su opinión sobre el director del periódico al que concede la entrevista, Pedro J. Ramírez.. Sí dijo lo que pensaba de él en la misma aparición en el programa de Tele 5 “Esta pasando”, en la que dijo del director de El Mundo que “por vender periódicos es capaz de vender su alma al diablo”. Además, aseguró que Pedro J. tiene una “moralidad inexistente” y que haría lo que fuera por vender más periódicos.

      4ª lección: "la dignidad y los derechos humanos"

      “Importan dos maneras de concebir el mundo. Una, salvarse solo, arrojar ciegamente a los demás de la balsa. La otra, un destino de salvarse todos, comprometer la vida hasta el último naufrago, no dormir esta noche si hay un niño en la calle”. Este fragmento del poeta Armando Tejada Gómez sirve de introducción de la cuarta lección del libro de Educación para la Ciudadanía de la editorial SM titulado “La dignidad y los derechos humanos”.

      España es la casa común de todos y para convivir necesitamos unos cimientos firmes, que aguanten el peso de todo lo que se va a construir encima. La polémica asignatura, que elplural.com se ha propuesto analizar, trata de rellenar esos cimientos con valores de hormigón armado: “libertad, igualdad, seguridad y paz”. “Para conseguirla –explica el libro- debemos comportarnos solidaria y justamente”.

      La dignidad humana
      El problema de valores tan potentes pero a la vez tan abstractos es delimitar su significado. Según cuenta el libro, la dignidad humana es el reconocimiento de que todas las personas son iguales simplemente por el hecho de serlo, es decir, “que ser persona es ocupar un puesto único en el universo, es tener un título innato de nobleza”.

      Según San Mateo
      El concepto de dignidad humana como igualdad bebe de la tradición católica. En el evangelio según San Mateo, capítulo 28, versículo 8 dice Jesús hablando con sus discípulos: “Uno sólo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos”.

      Valores fundamentales
      “De la dignidad derivan los derechos humanos. Ya que todos somos iguales en dignidad, también somos iguales en derechos”, cuenta el libro. Y a continuación explica algunos de los derechos fundamentales que debería disfrutar todo ser humano: libertad, derecho a la seguridad, derechos sociales, políticos y económicos.

      Cimientos básicos
      No explica en profundidad estos valores, en realidad, el libro no explica ningún concepto a fondo. Se enuncian los valores fundamentales para que cada cual piense por sí mismo que casa quiere construir con esos cimientos básicos.

      Deberes y normas
      En una segunda parte, la cuarta lección se pone más interesante. Después de tres temas y medio hablando de derechos, introduce el concepto del “deber” y de la “norma”. San Agustín decía que la libertad no consiste en hacer lo que me da la gana, sino en hacer lo que debo porque me da la gana. Y Jean Paul Sartre aseguraba que mi libertad termina donde empieza la de los demás.

      Pagar impuestos
      Como ejemplo de deber social, pone el de pagar impuestos. El libro explica como con el dinero de los impuestos se permite, por ejemplo, que todos los niños puedan estudiar, es decir, “alguien está dando parte de su sueldo para asegurar un mejor futuro a los niños y adolescentes”. Se podría añadir que con el dinero de todos también se paga la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

      Esfuerzo y dignidad humana
      Es probable que en un país como Estados Unidos poner de ejemplo pagar impuestos no estaría bien visto. Allí no hay seguridad social universal, ni educación de calidad para todos y la universidad es privada. El esfuerzo y la superación personal en base a las reglas capitalistas están por encima de la propia dignidad humana. En Europa, por el contrario, se tiende a pensar que todos los hombres tienen unos derechos básicos inalienables, sin menoscabo del esfuerzo.

      Violencia de género
      El capítulo se cierra con un análisis sobre la violencia de género, que se enfoca como un ataque a la dignidad. Es extraño que este tipo de valores que parecen de perogrullo tengan que darse en el colegio, cuando deberían ser el pan de cada día que los padres dieran a sus hijos.

      Oposición
      Tanta oposición a una asignatura como esta parece dar la razón a quienes creen que es necesaria como base sólida para la democracia. Pero como rezaba un dicho que se ponía en muchas clases de mi colegio: “Quod natura non dat Salamantica non prestat”. (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta)

      Por cierto, hasta el momento, de homosexuales, divorcio y sexo no he encontrado ni una sola palabra

      ENTREVISTA FELIPE GONZÁLEZ EX PRESIDENTE DEL GOBIERNO

      En una calurosa mañana de sábado, en su casa de Madrid, Felipe González ha mantenido una larga conversación con EL PAÍS. Es la primera vez que habla de Zapatero, de la derecha y de los motivos de su silencio de los últimos tiempos.

      Pregunta. Hace unos días, en el cementerio de la Almudena, durante el entierro de Jesús de Polanco, estuve observándole un largo rato. Le veía llevarse las manos a la corbata, a la nuez, a la garganta, una y otra vez. Y me preguntaba que podría estar pensando, sintiendo, bajo aquel sol asfixiante del mediodía.

      Respuesta. Pues... no lo sé. Sobre todo un sentimiento de ausencia. Me había impactado la reacción de Javier Solana y tenía un sentimiento de ausencia, fundamentalmente. Lo que pasa es como los seres humanos estamos raramente programados, pues tenía ese sentimiento de ausencia y, al mismo tiempo, quería hacerle un homenaje personal a Jesús. Quería contemplar el fortalecimiento y el desarrollo de un Grupo que es ya un Grupo más importante por la influencia que ejerce que por su propio poder económico que me parece menos relevante. Porque han construido una extraña independencia. Y pensaba en esos momentos que esa independencia es lo que les ha llevado a tener adversarios irreconciliables. Y la gente que se siente adversario irreconciliable se siente permanentemente incómoda por la independencia de un Grupo, pero bueno, eso es así. La verdad es que lo que más me afectaba era ese sentimiento de ausencia porque en los últimos meses no le había visto mucho a Jesús. Pensaba en cómo se había construido nuestra amistad, a diferencia de lo que la gente cree, fue después de mi salida del Gobierno y no antes. Y no por el hecho de la salida del Gobierno, que podía haber influido, cuanto por el hecho de que Jesús fue sometido, como cabeza del Grupo, a una implacable persecución por parte del Gobierno que me sustituyó. Eso fue lo que me hizo solidario, más que con el Grupo empresarial, con el Grupo que representaba una parte del paquete de libertades al que yo creo que algo he contribuido.

      P. Me imagino que usted era consciente de que todo el mundo le observaba. No es usted una persona al que le resulte fácil expresar sus sentimientos. Por eso su presencia allí era lógica pero, al mismo tiempo, singular.

      R. Sí, era singular que yo estuviera allí, pero solo en parte. Para ser precisos en este caso. No, no podía haber estado ausente. Incluso creo que aunque hubiera estado a muchos kilómetros de Madrid habría venido como fuera. Es verdad que yo contengo mis sentimientos. Como también contengo mis sentimientos ahora mismo, en el momento el que estamos hablando, de que tendría que pasar a decirle adiós a Cisneros, en su capilla ardiente, y no he tenido ninguna relación de amistad con él.

      P. Percibí que le estaba resultando muy penoso, y muy turbador, contenerse. Y me pregunté quien había sido para usted Jesús de Polanco, aquel hombre que estábamos enterrando sin que usted pudiera hacer otra cosa que seguirle con la mirada.

      R. Es que todavía no he tenido tiempo de reflexionar sobre eso. La verdad es que me he sentido próximo, muy próximo, a Jesús en estos últimos doce años. Es muy difícil para mí expresar lo que siento. Digamos que lo que expresa lo que quiero decir es que cuando empezó aquella estúpida guerra para liquidarlo y para prohibirle la salida de España, para hacerle todo tipo de cosas, a él y a Juan Luis Cebrián, tuvimos una discusión curiosa, discusión en el mejor sentido de la palabra, que yo creo que nos aproximó mucho. Y le decía a Jesús: "veo que estáis enfocando la defensa de esta agresión como la defensa de la libertad de empresa, pero teniendo en cuenta que yo no soy accionista de la empresa tengo claro que si fuerais una empresa que produjera acero inoxidable probablemente me preocuparía pero no me tendría tan inquieto como me inquieta esto. Porque yo creo que es un ataque a otro tipo de empresa que es la empresa de las libertades y del pluralismo y en esa empresa de las libertades y del pluralismo yo sí que tengo un paquete de acciones gordo y por eso mi reacción va a ir por ahí. Yo no me siento ligado al valor accionarial de la empresa pero sí a las acciones de las libertades que representa y en eso yo voy a hacer lo que creo que debo hacer. A mí no me parece acertado lo que hacéis para defender esto como libertad de empresa". Jesús lo comprendió sin decir que sí, pero lo entendió perfectamente, quizás por eso de su estilo cántabro que a pesar de no haber nacido en Cantabria me recordaba muchas veces a mi padre. Y, bueno, a partir de entonces hablamos muchísimas veces y muy extensamente, y se forjó una relación amistosa, de total confianza, que analizaba todo, todo lo que sucedía. Yo viví la angustia de Jesús en el 99, en su setenta cumpleaños, cuando me pedía, ya con unas copas, me pedía que hiciera algo, que me presentara. Estábamos entonces con la crisis de Borrell y Almunia, y no se qué. Y su lamento era: "no veo una salida, no me queda mucho tiempo de vida -esto era siempre una obsesión suya- y me gustaría ver una salida. Me equivoqué en el 96, porque creí que tenías que salir del Gobierno, que tenías que acabar y no era verdad". Esa era su actitud conmigo y le desesperaba realmente mi firme decisión de no volver a tener una responsabilidad institucional.

      P. Pese a todo, siempre me he preguntado qué cosas podía compartir, en el terreno personal, con una persona tan diferente a usted como Jesús de Polanco.

      R. Lo más dramático y singular de lo que pasaba es que Jesús era un hombre conservador, conservador en el sentido liberal del término, no en el sentido de la derecha que todavía no ha comprendido cuales con las reglas del juego. Pero era un tipo muy moderno. Su visión de un Estado no confesional, o laico si se quiere decir, su visión de las libertades. Yo creo que él se situaba en esa posición de centro-izquierda en ese grupo de libertades, y de centro derecha conservadora en la política económica. En ese sentido tenía una posición muy centrada. Pero da igual lo que se tiene en común desde el punto de vista ideológico y de hecho Jesús y yo discutíamos mucho, y muy apasionadamente. Pero a mí me llamaba mucho la atención su visión de España, porque él era muy patriota, en este sentido muy español; no digo nacionalista, que no lo era, pero muy español. Esa condición suya estaba muy condicionada por su presencia, de a pié, por América Latina, que le permitía ver la proyección de España sin esas fronteras interiores que nos vamos creando dentro de nuestra psicología colectiva.

      P. No sé si usted era consciente de que en aquellas horas, de sol y de tristeza, estábamos enterrando algo más que un hombre. Si no era todo un mundo de valores el que estaba desapareciendo bajo sus pies, señor González.

      R. Yo no quisiera exagerar, pero cuando Javier Solana me planteaba algo parecido a lo que usted dice, apenas hora antes de morir Polanco, Javier me decía: "tenemos que hacer algo, se nos van los valores de una generación". Javier acababa de soportar el gran dolor de la pérdida de su buen amigo Uría y tenía esa percepción de la pérdida de las referencias necesarias, y venía de paso, en esa vida que hace Solana, de paso para Filipinas y luego a otra parte, y se enfrentaba ahora a la muerte de Jesús. Y yo le decía: "es así la vida, Javier, es así". Pero dentro de ese "es así" yo no soy pesimista. Es verdad que hay una preocupación, que para mí sí que es una preocupación un poco especial. Yo creo que está cambiando una generación y que en lo afectaría a Jesús de Polanco, a su tarea, que era una tarea, como él decía, de vendedor de libros, que luego nos sorprendió con la aventura de un periódico y después con la apuesta por los medios audiovisuales, él comprendió, pero no entró, en la revolución tecnológica, pues en ese aspecto yo creo que las nuevas generaciones están mejor preparadas y con una percepción del mundo que es distinta, pero que no me parece peor respecto a nuestra generación. Eso lo haría extensible a una nueva generación de emprendedores españoles y a otros sectores de la actividad social y cultural. Y siento como preocupación que sí que hay un problema que no es sólo un problema generacional, ni siquiera fundamentalmente generacional, y es que hay un cierto retraso en la política que veo en el mundo, un cierto retraso para adaptarse a los requerimientos de la nueva realidad, de los nuevos desafíos que tiene el mundo. Creo que en general España se está adaptando bien pero tenemos que darnos prisa para tener una percepción política adecuada a la nueva realidad.

      P. Sin embargo usted pudo oír, como yo, en aquellos momentos del entierro de Jesús de Polanco, un comentario unánime: "esto se acaba, estos valores se están acabando".

      R. Sí, claro que lo escuché; era imposible no oírlo. Y sin embargo yo no lo creo así. Si puedo contemplar, como entonces, los rostros de los hijos de Polanco, el de Jesús, el de Nacho, el de Isabel, el de Manuel, como elementos simbólicos de la familia, si tengo que decir que no veo en sus rostros los valores que su padre encarna pues... Es que yo eso no lo puedo afirmar, en modo alguno; es que yo sé que las generaciones funcionan así y yo siempre me he resistido a eso. Yo sé que es algo inevitable desde el punto de vista vital. Yo sé que tenemos la percepción, cuando rebasamos la frontera de los sesenta, de que la gente de cuarenta años es demasiado joven, pero cuando nosotros tenemos cuarenta son la gente que tiene veinte años la que tiene la percepción de que nosotros estamos demasiado mayores. Entonces, sí yo asumí la responsabilidad de gobernar con cuarenta años y, por decir algo, Cebrián estaba en la frontera de los treinta cuando asumió la dirección de un periódico que se ha hecho el buque insignia de la transición y de la democracia española y de la representación simbólica de lo que España piensa de los problemas de España y del mundo. Bueno, creo sinceramente que no debemos crear una distorsión generacional. Cuando tenemos la edad que yo tengo ahora, 65 años, nos parece que la gente con veinticinco años menos es demasiado joven. Y ¿por qué no nos parecía, cuando estábamos asumiendo la responsabilidad del poder que nosotros éramos demasiado jóvenes? Yo no quiero sufrir ese proceso, quiero ver las cosas con una mayor objetividad, igual que trato de mantenerme vivo, de mantener una rebeldía conmigo mismo, de no conformarme. Trato de intentar vivir más que metiéndome en los archivos, para reflexionar sobre lo que fue, trato de vivir pendiente de cuales son los nuevos desafíos, las nuevas amenazas, la nueva configuración del mundo, los nuevos retos, las oportunidades y los riesgos. No me siento distante de las generaciones jóvenes, y ahora que ya soy abuelo, siento una mayor proximidad con la gente de veinte años .

      P. Entonces... ¿Por qué se vivía aquella sensación de orfandad en el entierro de Polanco?

      R.- Porque éramos una generación la que estaba representada allí, aparte del desgarro que podían sentir los hijos y los nietos. Era una generación que estaba despidiendo a unos de sus miembros más representativos. Ya he encontrado la explicación, porque antes no me entendía nadie cuando decía "yo soy de la generación de Helmuth Khöl" y él mismo no me entendía cuando yo decía eso... o de la generación de Mario Soares, o de Mitterrand, o Willy Brandt, o de Olof Palme. Ellos eran los primeros que no me entendían, hasta que encontré la explicación: pertenecen a la misma generación los seres humanos que han peleado en la misma trinchera de la misma guerra. Somos los sobrevivientes de aquella guerra. ¿Qué puede haber una diferencia de edad de quince años? Pues sí; pero lo importante para su vida es que estuvieron en la misma trinchera durante una época clave su vida, compartieron la misma experiencia vital. Eso define a una generación, y el otro día estábamos despidiendo a Jesús de Polanco toda una generación, incluida esa generación de Juan Luis Cebrián, aunque tuviera quince años menos que la mayoría. ¿Qué importan quince años de diferencia cuando se han compartido treinta? Tuvimos esa sensación de orfandad porque hemos pasado muños años juntos. Como dice Gabo en "El amor en los tiempos del cólera", de todo ya han pasado treinta años. Esa sensación yo ya la he tenido muchas veces pero hay que analizarla con calma. Es verdad que somos hijos, y hacedores al mismo tiempo, de la transición y que la transición se montó sobre unos valores y unos temores, mezclados, que dieron unas pautas comportamiento a la generación que protagonizó todo aquello.

      P. Una generación que no se reconoce en un período como el que estamos viviendo, amenazado por ese pensamiento débil que...

      R. Da lo mismo! Yo le digo a la gente que ya tiene el pelo cano, o que no tiene pelo, lo mismo que le digo a los jóvenes: si no están conformes con lo que está pasando que lo cambien. ¡Ya está bien la broma! Nadie te aparta de nada. Es la gente la que se aparta porque no lucha o porque no quiere ocupar el espacio. El espacio nunca se regala, simplemente se ocupa. Por eso a la gente que tiene mi edad y quiere trabajar y quiere hacer un esfuerzo debe de hacerlo. Yo trabajo, lo que no quiero son responsabilidades institucionales. Pero los que no están conformes pues que rebelen, que hagan lo que tienen que hacer. Yo tengo las preocupaciones que tengo, las mías, y me acompañarán como generación. Y tengo también mis propias rebeldías. Lo que no estoy en absoluto dispuesto es a esa resignación que conduce o la melancolía o al cinismo. Eso no lo acepto porque sería la aceptación de una derrota sobre una nostalgia. No me interesa. Pero en cualquier caso puedo admitir que estamos en una etapa de pensamiento débil pero porque la política se ha retrasado respecto de las respuestas que se necesitan para la nueva realidad. Y hasta que no se resuelva eso estaremos escuchando discursos viejos aunque los pronuncien gente joven.

      P. Usted no es muy dado a los discursos últimamente. Llevaba mucho tiempo callado, apartado, refugiado en su exilio interior.

      R. Yo no estoy callado, aunque admito que muchos compañeros tienen también esa misma percepción que usted. Pero no es cierto, no he estado callado en ningún momento. He estado hablando durante los últimos doce años permanentemente. Es verdad que he tratado de no hacer demasiado ruido, pero no he dejado de reflexionar hacia dentro y hacia fuera sobre las realidades que nos afectan, desde Europa hasta América, China o África.

      P. No se vaya tan lejos. ¿Por qué no habla nunca sobre este país, sobre su situación política?

      R. Porque no me toca. Me costó mucho trabajo apartarme de la pantalla, de la primera línea de la comunicación. Y es verdad que como, a nivel internacional, lo que no está en la CNN no existe, también se produce eso, y mucho más agudamente, en la política nacional. Si no estás en la televisión, es que no estás, y en eso sí que me he retraído, es cierto.

      P. ¿Por qué?

      R. Por una razón para la que me ha costado muchísimo trabajo reentrenar mi cabeza. Durante décadas, mi cabeza ha estado entrenada, por obligación, para recibir información y, al tiempo que la recibía, la reciclaba en forma de respuesta. Esto fue así en todos los ámbitos de mis responsabilidades políticas. En la última, como presidente del Gobierno durante casi catorce años, se convirtió en un hábito. Uno tiene que comprender que cuando ya no es el responsable de dar las respuestas, le toca callarse. Y ese cambio radical es lo más difícil de hacer en la vida, lo más difícil, ¡se lo aseguro!, el ejercicio más difícil de la vida, y algunos lo resuelven volviendo al ruedo.

      P. Su silencio resulta aún más clamoroso cuando en este país hay tanto ruido.

      R. Sí, sí. Y además, uno de los grandes dramas es que la mayor parte de los ruidos son vacíos. Es asombroso que haya tanto ruido con el problema de ETA cuando tenemos una amenaza más importante en esa materia. Yo he gobernado con cincuenta muertos de ETA, y Adolfo Suárez, con setenta y con ochenta. Y resulta que entonces parecía que ETA tenía menos importancia que la que hoy le atribuyen, cuando ahora está muy debilitada, aunque pueda matar, ¡eh!, que eso lo digo por propia experiencia, que en algún momento puede matar. Pero ETA está derrotada. Y la cuestión está clara: ¿por qué es más importante ETA ahora que está derrotada que hace veinticinco años, cuando secuestraba y mataba en la dimensión que todos hemos conocido? ¡Es que no es verdad, ETA, no es más importante ahora! ¡Es una manipulación política irresponsable! Pero aún es más ofensivo que haya gente que diga que es "un milagro" que se detenga a los terroristas de ETA. Porque yo que he estado en la sala de máquinas, igual que estuvo, por cierto, quien dice ahora esa barbaridad, sé que el mundo de los milagros pertenece a quienes se oponen a la educación para la ciudadanía. Lo que se está produciendo no es un milagro, sino el resultado de la eficacia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Esto es lo que me turba de nuestra situación política: que estamos viviendo de falsos problemas.

      P. Esa estrategia que ha utilizado el PP de crear el problema, de incendiar el país para luego ofrecerse de bombero parecía producirles resultados.

      R. Sí, esa estrategia les ha funcionado un tiempo, pero yo creo que, como siempre pasa, la sobredosis produce efectos indeseables, imprevisibles. Lo malo no es que produzca sólo desafección, sino que también produce hastío, rechazo. Siempre he pensado que todo lo exagerado es ridículo, y eso en política es una regla absolutamente de oro. Trasladarse a una playa de Ibiza arremangado para descubrir un prestige ibicenco es un despropósito que crea una imagen de ridículo penosa.

      P. ¿Pero usted calculaba que esta estrategia de agitación del PP en la calle podía enardecer tanto a la gente, crispar la situación y enfrentar a los españoles como se ha pretendido?

      R. Siempre he temido que el PP acabara en ese intento de buscar el enfrentamiento entre las gentes de este país. Por eso siempre he dado tanta importancia a la responsabilidad de los líderes políticos.

      P. No sé lo que usted piensa del patriotismo que exhibe el PP.

      R. Es muy subjetivo eso, porque cada uno ama a su patria a su manera. Yo no soy partidario de entrar en las definiciones sobre el patriotismo de esta derecha que tenemos. Yo creo que está, probablemente sin darse cuenta, como una parte de la jerarquía de la Iglesia, en una regresión increíble. Es el comportamiento de una nueva generación de la derecha que está instalada en una posición preconstitucional. Ése es un revisionismo implícito de la transición que además contagia, contamina a otros que responden con otro revisionismo desde el lado contrario. Y, además, no conduce a nada, sólo a romper las áreas de consenso que nos hacen fuertes, y también al fracaso. Y si España no encuentra la alternativa de centro derecha que toda sociedad templada y fuerte necesita, les conducirá al fracaso, y no tanto al fracaso de la alternativa de centro derecha como a desequilibrar las relaciones sociales en el país.

      P. ¿Cree que el PP está preparado para perder de nuevo las elecciones?

      R. Por educación democrática deberían perderlas, pero en términos generales pienso que quien rechaza la derrota es muy peligroso como gobernante. Estoy pensando en lo que pasó el 14-M, en lo que yo viví entre el 93 y el 96. Tengo claro que quien no sabe perder no sabe ganar.

      P. Aquellos años noventa, pero también todos los anteriores. Su tiempo político fue un tiempo convulso, pero lleno de encrucijadas, de decisiones difíciles. Sin embargo, el fantasma de las dos Españas no se paseaba por el país como ahora. ¿Lo evitó usted, lo está agitando la derecha o lo está provocando el Gobierno?

      R. Yo tuve mucha suerte porque mis propósitos para el país, mis objetivos, no sólo coincidían con aspiraciones profundas de la mayoría que me apoyaba, sino con las aspiraciones profundas de la otra parte de la sociedad que no me había votado, pero que coincidía en esos objetivos. A eso le llamo yo suerte: tener un apoyo social muy amplio, más allá de las fronteras de voto. Sin embargo, en lo que respecta al problema de las dos Españas, es verdad que yo fui particularmente sensible, pero también que entonces era bastante más responsable la oposición, durante muchos años, para comprender que había que hacer cosas como la transformación de las Fuerzas Armadas, revisar las relaciones con la Iglesia y con un Concordato que tiene difícil encaje constitucional y que la mantiene, todavía hoy, en una situación incomparable respecto a cualquier otro país.

      P. Entonces, ¿por qué cree usted que la jerarquía de la Iglesia mantiene una actitud tan beligerante con el Gobierno de Zapatero?

      R. ¡Me parece incomprensible, realmente incomprensible! Y la guinda para esa incomprensión mía es ese rechazo a la educación para la ciudadanía que he tratado de analizar para ver si hay trampa detrás. Me habría preocupado menos que la Iglesia hubiera querido participar en la formación de los ciudadanos, porque es obvio para la Iglesia del siglo XXI que haya ciudadanos formados en los valores de una Constitución democrática, convivencial, que tiene la flexibilidad de acoger a todos en su seno, incluso a los enemigos de la Constitución. Es obvio que para esa Iglesia debería ser un bien objetivo. Creo que la razón última de esa beligerancia de la Iglesia española está en que en ella, en sus dirigentes, hay una regresión integrista preconcilio Vaticano II.

      P. El de la Iglesia es el último de los problemas con los que se ha enfrentado Zapatero. Pero la cuestión territorial y la negociación con ETA se le han acumulado casi sin solución de continuidad. Parece inevitable responsabilizar al presidente del Gobierno por haber abierto esas dos zanjas al mismo tiempo, ¿no?

      R. Yo podría hacer un deslizamiento y decir qué cosas no me gustan de las políticas del Gobierno. Y lo haría si hubiera una oposición sensata. Sin embargo, ante la insensatez de la oposición, esa parte, que sería una parte razonablemente crítica, porque creo que ha hecho cosas bastante buenas y bien hechas, pues me la callo. Y me la callo y lo reconozco: confieso que no hago la parte crítica de algunas de las políticas del Gobierno porque no hay una oposición responsable para manejar incluso la aportación de ideas que podría suponer esa crítica. Los dirigentes del PP son totalmente irresponsables, están desmesurados, están en una regresión que le llaman radical, pero no es radical, es de otra naturaleza, grave, y no les voy a hacer ningún favor, ningún juego. Pero ya que entramos en uno de los asuntos, el de ETA, le diré que la diferencia entre el tratamiento de la tregua que ha vivido Zapatero y el de la tregua que vivió Aznar, es que Zapatero, como se ha visto, no sólo no cedió, sino que no bajó la guardia de la vigilancia. Y esa diferencia es sustancial. Hasta el punto de que cuando oí hace pocos días una reflexión en público, del señor Aznar, que se podía haber ahorrado, sobre los desastres de la tregua gestionada por Zapatero, Aznar estaba viviendo un lapsus porque estaba reviviendo los desastres de su propia gestión de la tregua. Con una sola diferencia: que Zapatero, que estaba en la oposición, no hizo ningún gesto para poner de relieve esos errores manifiestos, desde la primera palabra hasta el último día de la tregua. En una especie de revival, este señor Aznar describe lo que él hizo mal y se lo cuelga a Zapatero. Por tanto, incluso con las diferencias que yo podría tener del tratamiento de la tregua, quizá porque a uno le ha golpeado la vida y desconfía más, la gestión de la tregua en sí misma, la relación con el terrorismo que ha hecho Zapatero es muchísimo mejor que la de Aznar, ¡sin duda!

      P. Pero usted le reprochó a Zapatero que no tenía un plan b por si la tregua y la negociación fracasaban. Y me consta que eso le irritó mucho, a él y a Rubalcaba.

      R. Eh... Eso no incluía lo que acabo de decir. Yo me refería a que no tenían plan b en el sentido de haber creído en lo que no se podía creer, que era que efectivamente los terroristas habían aceptado la separación de las exigencias políticas del desarme definitivo de la banda. Yo creo que había un exceso de optimismo por parte de Zapatero, lo creo a día de hoy, tal y como han ido las cosas.

      P. Lo que sí ha sido un terremoto en el interior del PSOE es el debate territorial. No sé cómo vivió usted la cuestión del Estatut, que a punto estuvo de dividir a su partido en dos.

      R. Bueno, yo no diría tanto. A mí me pareció que la primera propuesta no era aceptable porque afectaba seriamente a la cohesión. También había otra cuestión que hoy me sigue preocupando, y es que el Estatut me parece excesivamente reglamentista. Pero también le quiero decir que el espectáculo que estamos viviendo de ver al PP repudiar las mismas materias, recurriendo al Constitucional, porque es Cataluña, mientras les parece bien lo que se aprueba en Baleares o en Andalucía, es un espectáculo de incoherencia difícilmente superable.

      P. ¿Se imagina, por un momento, que Maragall se hubiera atrevido a hacerle a usted la misma propuesta de Estatut?

      R. No me imagino a Maragall planteándome un Estatut como ése; pero le aseguro también que él tampoco se imagina haciéndome semejante propuesta. Conozco bien a Pasqual y hemos sido amigos muchos años; él tampoco se lo imagina. Y es que hay un error de percepción en la dirección política, que ha existido siempre, que es creer que lo que viven los políticos en su ámbito es lo que viven los ciudadanos, y así tratan de implicar a los ciudadanos en un debate que no les interesa. Y la gente responde ¡no! Eso también lo debe saber Maragall, aunque ahora diga que Zapatero se ha venido a mis posiciones.

      P. Pero el Estatut de Zapatero produjo tensiones graves en el interior del PSOE.

      R. Zapatero ha tenido el partido mucho menos fracturado y menos dividido de los últimos años. Desde luego, menos dividido que en mi época, en la que yo tenía serios problemas. Yo tenía más debate, más polémica y más crítica que la que tiene Zapatero... Lo que sí produjo el problema del Estatut fue desconcierto. Y la fortísima campaña que hizo la derecha aumentó el desconcierto, sin duda, entre los socialistas.

      P. Y llegó a cuajar la idea del PP de que España se rompía. Había mucha gente inquieta y preocupada en el PSOE con la política territorial de Zapatero.

      R. Yo creo que la gente ha mantenido, aun con preocupación, la idea de que España es algo mucho más sólido y más serio, que es lo que pienso yo. Es verdad que ante la preocupación de la gente, yo he vivido la situación tratando de callarme; tenía que hacer un ejercicio de no ser impertinente, de no agobiar a nadie que tuviera que dar la respuesta diciendo que yo tenía esa respuesta o quejándome de que no me consultaran.

      P. Supongo que también le costará aceptar los elogios del PP, que ahora le reconocen como un hombre de Estado para compararle y agredir a Zapatero.

      R. Todos hacemos un juego de esa naturaleza; todo depende de la dosis con que se haga. Yo, por ejemplo, siempre tuve la sensación de que, a pesar de mis profundas discrepancias con Manuel Fraga, él tenía más sentido del Estado cuando estaba al frente del PP que sus sucesores. Y alguna vez lo dije. La verdad es que a mí nunca me han impresionado ese tipo de halagos intencionados. Y que ahora me alaben con la intención de fastidiar a Zapatero... bueno, uno ya está demasiado viejo para eso. Más me afecta recordar las agresiones, tan injustas, de las que fui objeto cuando estaba en el Gobierno.

      P. En cualquier caso, Zapatero parece no tener complejos respecto de usted, aunque, al mismo tiempo, huya de su sombra.

      R. La verdad es que yo no soy capaz de juzgar cuál es la motivación personal de Zapatero para actuar de una u otra forma. Ni me toca ni soy capaz de hacerlo. Que haya afirmado su liderazgo sin mi sombra no sólo lo acepto, sino que lo aplaudo. Es más, ahora quiero decir algo que tiene su significado, y es que cuando él fue elegido secretario general me pidió que fuera presidente del partido, pero le dije que no lo podía aceptar porque creía que se iba a interpretar mi presidencia como una especie de vigilancia o de sombra que se proyectaba sobre el nacimiento de un nuevo liderazgo en el partido. No quise aceptar, no por mí, que me habría gustado, sino por él, porque yo no quería estorbar. Y, bueno, la dosis de la relación que pueda tener conmigo la pone él. A mí me cuesta un enorme esfuerzo mantener una actitud de no interferencia y, al mismo tiempo, de total disponibilidad.

      P. Debe resultarle muy duro saberse prescindible, ¿no?

      R. Yo eso lo asumo bastante bien, se lo aseguro. Y también la idea de que a uno le pueden pedir consejo sin que por ello tengan que hacer lo que uno piensa que hay que hacer. Yo doy un consejo cuando me lo piden, pero no me ofende que no me hagan caso. P. ¿Cómo es la actitud de Zapatero respecto de la Monarquía, con su fervor republicano? ¿Le preocupa a usted esto?

      R. No, no me preocupa en absoluto, porque no hay ningún motivo de preocupación en la actitud de Zapatero respecto a la Monarquía. Y le diré una cosa: en la etapa histórica que estamos viviendo, desde la muerte de Franco para acá... Lo objetivaré: el trato al papel de la institución monárquica y a la Jefatura del Estado ha sido, incomparablemente, mejor, superior, y más respetuoso cuando han gobernado los socialistas. ¡Incomparablemente! Y que Zapatero se defina como republicano, pues yo también se lo digo personalmente al Rey, que soy republicano, y le diré que el Rey lo comprende y lo respeta. Y, bueno, me desahogaré por primera vez para decirle que el más grave y delicado ninguneo contra la institución monárquica se ha producido entre el 96 y el 2004.

      P. Es la época de Aznar en el Gobierno...

      R. ... (silencio)

      P. No quisiera terminar esta conversación sin saber si usted descarta totalmente cualquier posibilidad de una nueva negociación con ETA.

      R. Sí. Lo descarto. Creo que lo mejor que le ha pasado al País Vasco se llama Josu Jon Imaz. Y pienso que la posición más clara respecto a la negociación de todo el espectro político, ¡de todo!, es la de Josu Jon Imaz. Como esto le puede costar un disgusto, debo decir que no ha renunciado nunca a nada que lo identificara como nacionalista vasco; lo único que ha hecho es tener clara en su cabeza la época en la que vivimos. Es de las mentes más lúcidas y más valientes que he visto en mucho tiempo. Y respecto a ETA, lo que hay que hacer es que pierda toda la esperanza. Lo que hay que hacer es lo que ahora está haciendo el Gobierno.

      3ª lección: La lucha por la felicidad.

      Hay gente reaccionaria que comentan que se oponen a Educación para la Ciudadanía ejercen su derecho constitucional a la objeción de conciencia. Pero repasando la carta magna española sólo se encuentra explicada dicha objeción en el artículo 30, que trata sobre "el derecho y el deber de defender España":  

      "La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria”.

      Sentar jurisprudencia
      Nada se habla de otro tipo de objeción de conciencia, que debe ser regulada por los tribunales de Justicia mediante sus sentencias. Por lo tanto apelar a la Constitución para oponerse a una asignatura que promueve sus valores no parece el mejor argumento ni la mejor forma de luchar por sus convicciones morales.

      "La lucha por la felicidad"
      Y hablando de luchas. De eso precisamente trata la tercera lección del libro de SM de Educación para la Ciudadanía. Bajo el título de “La lucha por la felicidad” se analizan algunas de las grandes batallas que han librado las sociedades occidentales: la lucha contra la esclavitud, y las luchas por la democracia, por la igualdad de la mujer y por los Derechos Humanos.

      Reconocer y admirar
      Es importante reconocer que disfrutamos de todas las comodidades, derechos y libertades gracias a que otras personas, nuestros antepasados, lucharon e incluso murieron porque así fuera. Así lo explica la introducción de la lección que resumiría en estas frases:

      “Muchas cosas que ahora nos parecen normales han tardado miles de años en conseguirse. Todos somos deudores de las personas que lucharon por conseguir mayor justicia. Debemos sentir por ellas admiración y gratitud”.

      Ejemplos
      Gandhi, la madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, son tres ejemplos que pone el libro para explicar estas luchas sociales cuyo denominador común es la búsqueda de la felicidad. Al llegar a este tema 3 ya empiezas a entender que el libro ensalza a las grandes figuras de la historia y no da una visión revanchista ni señala con el dedo a nadie.

      Lucha por la democracia
      Tomo por ejemplo el apartado de “la lucha por la democracia”. Explica, como si de un cuento se tratara, que la humanidad ha vivido durante milenios bajo un sistema político de tiranía, en el que una persona o un grupo reducido tenían el poder absoluto. Acto seguido, sitúa a la democracia al otro lado de la balanza: “un modo de organizar la sociedad reconociendo que todos los ciudadanos son iguales y tienen el derecho a participar en el gobierno de un país”.

      Lucha por la igualdad de la mujer
      Más concreto es el ejemplo que pone el libro sobre la lucha por la igualdad de la mujer. La ley española vigente hasta 1972 –antesdeayer- consideraba que la mujer no era capaz de vivir sola hasta los 25 años y, por eso, tenía que pedir autorización a su padre para independizarse, aunque fuera mayor de edad. Lo mismo ocurría, pero sin límite de edad, para comprar un piso, un coche o pedir un crédito entre otras cosas.

      Postura antidemocrática
      Puede que, entonces, alguien pensara que aquella ley comulgaba con sus convicciones morales, mientras que los que estaban en contra eran tachados de rojos. Pero era una ley que se cayó por su propio peso. De la misma forma ahora hay padres que se oponen a que sus hijos estudien en el colegio que hay que respetar a los homosexuales. Esa postura antidemocrática también terminará cayendo.