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Canonizador de demócratas

Pero, ¿cómo voy a ser yo de izquierdas? Se reía al decirlo, muy divertido de que este país desmesurado hubiera fijado semejante disparate. Lo cierto es que Jesús de Polanco siempre ha provocado grandes paradojas y ha descubierto la extraña cartografía política de nuestra derecha. El primer fenómeno de que fui testigo se produjo con la llegada de PRISA a la SER. De pronto, los anteriores propietarios aparecían convertidos en demócratas fervientes, víctimas de un azote totalitario llamado Polanco. Yo llevaba 15 años en la empresa y hasta ese día no había percibido el vigor de esas convicciones, ni había oído hablar de ellas. Antonio Garrigues, Ramón Varela, etcétera, eran desde luego demócratas de verdad. Pero la actividad se desarrollaba confortablemente, sin que la política ocupara ni poco ni mucho y se evitaran cualesquiera problemas con el poder. Nosotros creíamos que con PRISA llegaba a la SER el nuevo modelo de gestión, el periodismo moderno. Pero descubrimos el gran poder de Polanco: canonizar demócratas. Desde entonces ha habido muchas más canonizaciones y a medida que su empuje empresarial llevaba más y más lejos sus proyectos era más cruelmente denostado. Y quienes le atacaban se autocondecoraban como verdaderos liberales, verdaderos defensores del mercado, y de la verdad, y de la decencia. Un interesante comportamiento que no nos dice gran cosa de Jesús pero sí mucho de nuestra derecha. Porque de ese sector procedían los principales reproches. No hemos logrado saber por qué milagro quienes han tenido tanta misericordia para, por ejemplo, las andanzas de Berlusconi en nuestros medios se han mostrado tan brutales con todas las actuaciones de Jesús.

Al comienzo de la transición, los periodistas lamentábamos que no hubiera muchos y grandes empresarios en nuestro oficio, luego hemos visto cómo ha sido tratado el que más lejos llegó. Los que hemos tenido el honor de trabajar con él, los que le hemos visto sorprenderse de que le hayan empujado a la izquierda, hemos comprobado una vez más cómo las gasta el rancio españolismo con los que se esfuerzan por introducir en nuestro país el pensamiento ilustrado y la modernidad. Sus últimas declaraciones, que provocaron tan formidable escandalera y tanto enfado, deberían ser escuchadas nuevamente y con más calma, y se comprobaría cuánto le apenaba cierta contumacia de la derecha española y hasta qué punto lo consideraba una anomalía histórica. Por cierto, nunca me dijo lo que yo tenía que decir, nunca me dijo lo que a él le gustaría que yo dijera, nunca un profesional pudo trabajar con más libertad. Y, finalmente, el hombre al que más se ha insultado gratis tuvo la elegancia asombrosa de no contestar jamás.

Iñaki Gabilondo es director del informativo de noche de Canal Cuatro.

El enfermo italiano que pedía la eutanasia muere en huelga de hambre

Giovanni Nuvoli, de 53 años, llevaba cuatro postrado en una cama sin poder moverse. Padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA). El lunes, después de meses pidiendo que se le desconectara el respirador artificial que le mantenía vivo, falleció. Reclamaba su derecho a morir dignamente. Cumplió su deseo pero después de una huelga de hambre y sed. Su muerte ha reabierto el debate sobre la eutanasia en Italia.

"Ha sufrido como un perro", declaró la esposa de Nuvoli, Magdalena Soro, que aseguró que su marido falleció el lunes en Alghero (Cerdeña), tras tomar la decisión de no ingerir alimentos ni líquidos el pasado 16 de julio. Antiguo representante de comercio y árbitro de fútbol, Giovanni Nuvoli padecía ELA desde hacía siete años. Hace cuatro no se pudo levantar más de la cama en la que permaneció hasta el pasado lunes. Había solicitado poner fin a su "tortura" en una carta enviada al presidente de la República Italiana y a los principales periódicos italianos.

Según Marco Pannella, cofundador del Partido Radical italiano, todo estaba dispuesto para que un anestesista llevara a cabo la petición de Nuvoli de que se le aplicase un sedante y ser desconectado de los aparatos que le mantenían con vida. Sin embargo, a principios de mes la policía italiana intervino para evitar que se repitiera un caso parecido al de Piergiorgio Welby, el enfermo que murió en diciembre de 2006 después de que se le desconectara el respirador. En Italia, la colaboración para provocar la muerte a un enfermo está prohibida, pero el derecho a rechazar los cuidados está reconocido por la ley en el artículo 32 de la constitución.

Tras la intervención de la policía, Nuvoli empezó a rechazar la comida a modo de protesta, según el relato de su esposa, que explicó que el respirador al que estaba conectado permanentemente el enfermo estaba funcionando en el momento de su muerte. "Se ha dejado morir", aseguró Soro.

La muerte de Nuvoli, como ya ocurrió en su día con la de Piergiorgio Welby, ha reabierto el debate en Italia sobre la legalización de la muerte asistida y la necesidad de introducir el llamado Testamento Biológico o Vital, una declaración anticipada de las voluntades sobre cómo ser tratado en caso de enfermedades crónicas, como es la ELA que padecía Nuvoli.

El suceso ha provocado también numerosas reacciones en la opinión pública italiana, sobre todo teniendo en cuenta que la defunción de Nuvoli llegó pocas horas después de que trascendiera la decisión judicial de no procesar al médico anestesista que sedó y desconectó el respirador de Welby. El europarlamentario del Partido Radical, Marco Cappato declaró que los últimos momentos de Nuvoli fueron "mucho peores" que los de Welby. "Ha muerto de un modo indigno, como no se toleraría que muriera ni un animal, y ha sido todo por decisión obligada del Estado italiano", subrayó Cappato.

El portavoz del partido Italia de los valores, Massimo Donadi, que forma parte de la coalición gubernamental de centroizquierda, dijo que el caso de Nuvoli y la decisión judicial de no procesar al anestesista "representan un llamamiento a los legisladores" para que "afronten el asunto delicado e ineludible del testamento biológico". "El Parlamento tiene que encontrar el tiempo y el modo para aprobar definitivamente una ley clara sobre estos casos", añadió Donadi. Una comisión formada por 47 expertos italianos y ocho extranjeros debaten desde hace meses, sin ponerse de acuerdo, sobre la definición de un texto para elaborar un proyecto de ley para introducir el Testamento Vital en Italia.

El oncólogo y ex ministro de Sanidad italiano, Giovanni Veronesi, calificó ayer la sentencia redactada por una jueza de Roma como "un paso adelante de extraordinaria importancia" y que el Parlamento "no puede ignorar".

Riqueza a costa de los asalariados

En vísperas del pasado debate de política general, los ciudadanos españoles asimilaban con perplejidad toda una serie de informaciones contradictorias. Se nos decía que éramos líderes de la UE en crecimiento económico, en creación de puestos de trabajo, en construcción de viviendas, en compra de empresas a los países vecinos y en incremento del número de millonarios. Pero, a la vez, éramos los primeros en consumo de cocaína, en número de divorcios, en déficit exterior --el mayor del mundo en términos relativos y el segundo en términos absolutos después de EEUU--, en número de asalariados mileuristas, o en prostitución (en las comarcas de Girona no hay ni un solo municipio que no tenga al menos un puticlub) y en remesas de inmigrantes instalados aquí, que ya representan el 5% de los ingresos totales por turismo y unos 2.000 millones de euros al año.

SON COSAS que han ocurrido muy de prisa y sin ninguna intervención de los poderes públicos. Son el resultado del laissez-faire, laissez-passer y de la incapacidad del Gobierno de controlar las fronteras, la especulación urbanística o la inflación. Es lógico, por tanto, que de pronto nos encontremos ante la necesidad de un cambio de modelo, consecuencia imprevista de una actitud inconsciente de hacer surfing y dejarse llevar por el oleaje. Ya no vale aquel concepto que expresaba el canciller Helmut Schmidt cuando decía que las inversiones de hoy son los beneficios de mañana y los nuevos puestos de trabajo del futuro.


Ahora todo vale en un total boxing sin reglas que convierte el enriquecimiento obsceno, sin límites ni regulaciones, en una finalidad en sí mismo. Y, naturalmente, en esta ley de la selva, se impone la voluntad del más fuerte o más apalancado por el poder, y siempre a costa de las mismas víctimas, es decir, de los trabajadores asalariados. ¿Saben que en determinados sectores ya hace muchos años que no suben los sueldos porque hay dos millones de inmigrantes dispuestos a realizar el mismo trabajo en condiciones inferiores? ¿O que, en otros, la amenaza de deslocalización también ha significado la congelación salarial?

No debe extrañarnos, pues, que la OCDE, el organismo que agrupa la treintena de países más industrializados y civilizados del mundo, haya publicado un informe que indica que España es el único país miembro que en los últimos tres años ha sufrido un descenso real de los salarios del 4%. Estamos, pues, ante un caso sin precedentes en el mundo entero que rompe todas las normas éticas y todos los principios de justicia social generalmente aceptados. Una escandalosa prosperidad que en lugar de repartir la riqueza, la acumula en manos de los ricos y en detrimento de la clase trabajadora. Hasta el extremo de causar un intolerable resultado que es la pérdida de peso relativo de los salarios en el conjunto del PIB mientras que aumenta el porcentaje del total que va a parar a las rentas del capital. Y eso que el número de trabajadores ha aumentado en todo este periodo.

Sin embargo, pocos políticos se refieren a esta cuestión que erosiona de forma imparable y constante el poder adquisitivo de las familias y su capacidad de llegar a final de mes. Ni tampoco al hecho de que las tarifas de las empresas de servicios públicos de primera necesidad (hoy privatizadas y gestionadas por los amigos del poder de turno) reciban autorizaciones del Gobierno respectivo para ser aumentadas hasta extremos que no compensan la inflación, sino que pasan a ser su principal causante. O que las puedan revisar cada tres meses, frente a la revisión anual de convenios. Se ha hablado, eso sí, de los 2.500 euros por bebé mientras se hunde la familia en su conjunto o se sigue menospreciando la pensión de las viudas.

Al parecer, ya no está vigente el principio de que hay que crear riqueza a fin de poder repartirla y que ahora puede hacerse exactamente lo contrario en nombre de la socialdemocracia. Hemos pasado, pues, de los políticos que hablan como las hermanitas de los pobres a los que actúan como las amiguitas de los ricos.

Y MENOS MAL que a la hora de predicar en el desierto aún se ha escuchado una voz, la de Josep Maria Álvarez, secretario general de la UGT de Catalunya, que ha dicho que la polarización de la renta y el retroceso de los salarios como parte de la riqueza nacional no es justa, porque crecer a costa de los salarios, además de ser inmoral como aquí se ha dicho, también es insostenible. ¡Gracias, compañero! Probablemente, eres uno de los pocos que se han dado cuenta de lo que ocurre cuando los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, cada vez más pobres. En esto ha coincidido con el Instituto de Competitividad y Prosperidad de Toronto, que presenta como un éxito del Canadá la capacidad de conciliar la prosperidad con la igualdad económica. Porque el 20% más pobre de la población se siente todavía más desvalido si no se reduce la brecha de la desigualdad de los ingresos. Y cuando quedan desbordados por los nuevos plutócratas, su percepción les hace sentir amargados por el creciente diferencial que les impide mantener su modesto y merecido nivel de vida.

La izquierda ante la globalización

Tanto la globalización como la antiglobalización son términos demasiado amplios y en estado líquido, lo que significa que hay muchas imprecisiones al definirlos.


Alessandro Baricco, celebre autor de Seda y uno de los más brillantes pensadores italianos del momento, escribió un ensayo sobre la globalización titulado Next. En él se niega a definirla porque le parece que no cabe en una definición, y opta por describir el mundo global que estamos tejiendo en las redes de la comunicación instantánea y el papel de las multinacionales en esas redes.
Los ensayos y reflexiones sobre la mundialización y sus efectos son interminables, no cabrían en la fantástica biblioteca de Borges. También son interminables los ensayos y noticias de la antiglobalización y los antiglobalizadores. Los movimientos antiglobalización son muy variados y han cambiado mucho desde su vistosa aparición en el escenario internacional a finales de 1999, en Seattle, con motivo de la reunión de la Organización Mundial de Comercio, que define las reglas y arbitra las incidencias del comercio mundial. La movilización fue enorme, allí acudieron centenares de miles de manifestantes, tantos que pusieron a la ciudad en estado de sitio y los decepcionantes resultados en la política comercial relacionada con los países en vías de desarrollo quedaron ocultos por el ruido, la furia y la violencia de lo que se conoció como la batalla de Seattle.

LA BATALLA de Seattle fue elevada a nivel de símbolo, tanto que en Hollywood acaban de rodar una película con ese mismo título con la bella Charlize Theron de protagonista. El éxito de la convocatoria se debió a la activa implicación del poderoso sindicato norteamericano Afl-Cio que aportó a la movida millares de trabajadores. Y allí se mezclaron trabajadores temerosos por sus puestos de trabajo como consecuencia de la deslocalización de las empresas con jóvenes radicales y antisistema de distinta procedencia. Este sindicato capitalizó el éxito, pero nunca se le volvería a ver en tan peligrosa compañía.

Desde entonces el ruidoso cortejo de manifestantes acompañó siempre las reuniones del G8, de la OMC y del Banco Mundial, así como los movimientos de Bush por las capitales del mundo, excepto en la albanesa Tirana. Los soflamas antiglobalización están siempre presentes, pero ahora tienen más efectividad los contrarios a la guerra de Irak. La última reunión del G8 en la ciudad alemana de Heiligerdamm estuvo rodeada de violentos encontronazos entre manifestantes y policías con un saldo notable de heridos. La radiografía de los manifestantes es curiosa y llamativa. Allí se mezclaron, entre otros, representantes de la izquierda vagabunda y huérfana del maoísmo con jóvenes alemanes herederos del nazismo. Y llamando la atención el grupo black boc bautizado así por su indumentaria negra y su radicalismo violento. Una extraña mezcla de extremismos.

La mundialización puede ser un fenómeno positivo o negativo, pero es una realidad irreversible. Va ligada a las tecnologías de la comunicación. Y hoy vivimos en una interconexión planetaria, lo que significa una interdependencia global. Lo que ocurre en un lugar de la tierra tiene repercusiones mundiales. Los no globales saben que no hay una alternativa estructural a la globalización o a la mundialización. Hoy la mundialización afecta a todo, a los capitales y a la criminalidad, a la información y al comercio, al tráfico de drogas y al terrorismo, al medio ambiente y a las migraciones. En cuanto al medio ambiente está naciendo una conciencia general para ponerlo en el corazón de la política.

En amplios sectores que se vienen confesando antiglobalización, como ocurre con el Foro Social de Porto Alegre, no tienen inconveniente en afirmar que no están en contra de la globalización sino en contra de las desastrosas derivaciones de la globalización. La globalización es negativa por las fuerzas ultraliberales que están decidiendo y marcando los caminos globalizadores, al margen del control de la política. Será positiva cuando la política marque los compases y determine las reglas del juego de la globalización.

EN LOS últimos años han entrado con fuerza en el juego activo del paisaje global China, India y Vietnam. Y no precisamente para darle un impulso positivo sino negativo, especialmente China en donde produce a unos costes bajísimos por la explotación de la mano de obra. Esto genera una precariedad laboral en todo el mundo, ya que es imposible competir con unos salarios de miseria y explotación, resulta como mínimo extraño que el régimen comunista la tolere. Paradojas de la historia.

El papel de la izquierda está en cambiar las reglas del mercado global y luchar contra la explotación. Pactar unas normas que las empresas deban cumplir para cambiarse de país, facilitar la distribución de medicamentos en los países que están en la cuneta de la historia, distribución adecuada del agua potable, prohibir la explotación de los niños. Extender la globalización a amplias zonas del mundo que hoy están fuera, como África. A partir de la revolución industrial, la izquierda posible o la izquierda pragmática fue logrando mayores cotas de justicia en la distribución de las riquezas, ahora continúa el mismo desafío y parecida lucha.

Mejores empleos, mejores salarios

La economía española lleva 14 años creciendo de forma sostenida, a un ritmo superior al crecimiento medio de los países de la Unión Europea y de la zona euro. El PIB per cápita español, en relación con el de la UE, ha subido del 79,4% en 1997 al 90,5% en 2006.

Es necesario cambiar el modelo productivo español para que el empleo sea de calidad

Sin embargo, el crecimiento económico no ha favorecido a todos por igual. Durante este largo ciclo de bonanza de la economía española las rentas salariales han disminuido su participación en la renta nacional. El menor peso de los salarios en la distribución de la renta es una tendencia generalizada en los países europeos, pero mucho más acentuada en nuestro país. En efecto, mientras en la zona euro y en la UE el peso de las rentas salariales en PIB ha caído 2 y 0,9 puntos porcentuales, respectivamente, entre 1997 y 2006, en España la caída ha sido de 5,5 puntos porcentuales. Entre otras cosas, porque el patrón de crecimiento dominante en España se viene sustentando en el consumo y la construcción, lo que está generando importantes beneficios empresariales a costa de una creación de empleo de baja calidad y bajos salarios.

Si la pérdida de peso de los salarios en la renta de España no ha sido más intensa se debe, precisamente, al importante incremento del empleo de estos últimos años. Sin olvidar que de los 2.700.336 nuevos empleos asalariados, creados entre 2002 y 2006, 438.500 fueron en la construcción y 2.204.800 en los servicios; es decir, en sectores con niveles salariales bajos y alta temporalidad.

Otros factores han colaborado en el descenso del salario medio, como son que en 2005 se incorporaron a las estadísticas los salarios ocultos y, en su mayoría muy bajos, de un gran número de trabajadores inmigrantes que fueron regularizados; el aumento del empleo femenino, cuyos salarios son un 15% inferiores a los masculinos, según Eurostat, o un 30%, según los datos censados de las declaraciones de IRPF; y la sustitución natural o incentivada de los trabajadores con más antigüedad y salarios más elevados por nuevos trabajadores con salarios inferiores.

Si analizamos las distintas estadísticas recogidas en la Encuesta de Convenios Colectivos por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, vemos que la negociación colectiva entre 2002 y 2006, coincidiendo con los Acuerdos Interconfederales para la Negociación Colectiva, ha propiciado una mejora del poder adquisitivo de los salarios de 2,5 puntos porcentuales sobre la inflación media del mismo periodo. En cambio, según la Contabilidad Nacional y la Encuesta Trimestral de Costes Laborales del INE, el comportamiento ha sido de pérdida de poder adquisitivo en los años 2002, 2005 y 2006. No hay, pues, coincidencia a este respecto.

Ante esta pérdida de cuota de los salarios en la renta, no faltan los que ofrecen soluciones directas vinculando salarios al incremento de la productividad. Las recetas que proponen los estamentos comunitarios, con el Banco Central Europeo a la cabeza, para reducir el ritmo de crecimiento de los costes laborales y así restablecer la competitividad, consisten en que si las ganancias de productividad no logran crecer a un mayor ritmo, los salarios nominales tienen que soportar el peso del ajuste. Es decir, que si los empresarios no invierten más para aumentar la productividad del trabajo, los trabajadores tendrán que pagar por ello. Estas instituciones parece que adolecen de un desconocimiento de la realidad, donde la pérdida de competitividad no está moderando el crecimiento de los beneficios empresariales, sino todo lo contrario.

Como vemos, existen un número considerable de factores que explican por qué el salario medio en España ha venido perdiendo poder adquisitivo en los últimos años, lo cual no significa que haya que aceptarlo como algo irreversible.

La política salarial que defiende UGT ante esta evolución injusta de la distribución de la renta nacional tiene dos vertientes fundamentales. Por un lado, el reforzamiento de la negociación colectiva, extendiendo y generalizando el modelo de determinación salarial, teniendo en cuenta dos elementos fundamentales: el objetivo de inflación y la necesidad de establecer cláusulas de revisión salarial de plena eficacia que permitan la mejora del poder adquisitivo de los salarios en relación con el aumento de las ganancias de productividad.

Por otro lado, a través del diálogo social, donde queremos profundizar en la redistribución final de la renta a través de las políticas y los servicios públicos, y la mejora de la protección social, con una política fiscal equitativa que contribuya a la redistribución de la renta en términos de justicia social.

Además, hay que establecer salarios mínimos garantizados en los distintos sectores profesionales, con incrementos superiores a la media, que sirvan de suelo retributivo y mecanismo corrector de desigualdades. Es preciso, además, impulsar la convergencia del salario mínimo interprofesional hacia el 60% del salario medio neto, como establece la Carta Social Europea.

Pero, además, no se nos olvide, a medio y largo plazo, es absolutamente necesario cambiar el modelo productivo español para que el empleo que genera nuestra economía sea empleo de calidad. Para ello se precisa más inversión en I+D+i, en capital físico y humano y en estabilidad del empleo, lo que permitirá un cambio en nuestro patrón de crecimiento económico y una mayor productividad.

En este cambio profundo del modelo productivo que propugnamos desde UGT, empresarios y Gobierno tienen un papel determinante, cuyo incumplimiento defraudaría nuestras expectativas y las de los trabajadores de este país.

LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO

La Estrategia de Seguridad y Salud en el Trabajo recién aprobada en Consejo de Ministros es uno de los frutos más relevantes del diálogo social, según el autor, que analiza sus principales planteamientos. En su opinión, lo más destacable de la nueva normativa es el esfuerzo por facilitar su cumplimiento en las pymes.

Después de un largo proceso de negociación, no exento de dificultades, se ha aprobado el viernes pasado, por el Consejo de Ministros, la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo para el periodo 2007-2012. Se trata de uno de los frutos más relevantes del diálogo social, que si inspira efectivamente la política de los poderes públicos, así como la actividad de los sujetos que intervienen en la organización y desarrollo de la prevención de riesgos laborales, y de los propios empresarios y trabajadores, permitirá avanzar en la mejora de los indicadores de siniestralidad y de salud laboral.

Lo más destacable de la Estrategia, en mi opinión, es el esfuerzo por facilitar el cumplimiento de la normativa preventiva en las pequeñas y medianas empresas. Olvidando los planteamientos puramente sancionadores, aunque sin bajar la guardia en la persecución, administrativa y penal, de los incumplimientos, se prevé la adopción de medidas para la adaptación de las exigencias legales a las circunstancias específicas de las pymes.

La simplificación burocrática y la atenuación de la carga documental para las empresas de hasta 50 trabajadores constituye, en ese sentido, una vía segura para un mejor cumplimiento en las mismas de la normativa preventiva. También, acertadamente, se incentiva la asunción de las correspondientes obligaciones con medios propios, con recursos preventivos de la propia empresa. Se permite que el empresario pueda desarrollar personalmente la actividad de prevención en las empresas de hasta 10 trabajadores y se exime de la obligación de auditoría externa a las empresas de hasta 50 trabajadores que organicen su sistema de prevención con recursos propios.

Igualmente, se prevén bonificaciones en las cotizaciones sociales para las empresas que decidan, sin estar obligadas a ello, tener servicios propios, y también para la contratación de trabajadores designados, con formación de nivel intermedio y dedicación efectiva a tareas preventivas, o que formen parte de los servicios propios. Éstos, además, podrán subcontratar determinados y concretos medios necesarios para la realización de las actividades preventivas, cuando la dispersión geográfica de los centros de trabajo o el elevado coste de tales medios así lo justifique.

Todo ello, unido al establecimiento de criterios de calidad y eficacia para los servicios de prevención ajenos, trata de corregir la tendencia a la excesiva externalización de las actividades de prevención. La ausencia total de recursos preventivos propios en las empresas trata, así, de erradicarse, ya que sin algún recurso preventivo propio, simplemente no hay prevención.

Más discutible resulta la prohibición impuesta a las empresas con obligación de disponer de servicio de prevención propio de formar parte de servicios de prevención mancomunados 'sectoriales', aunque sí se permiten los constituidos para empresas del mismo grupo. Ello limitará el recurso a una figura, el servicio mancomunado, cuya potencialidad no ha sido hasta ahora suficientemente explotada.

Por otra parte, se potencia el papel asesor de la Inspección de Trabajo, que podrá establecer programas de apoyo y asesoramiento a las empresas de hasta 50 trabajadores, para que puedan planificar actuaciones preventivas de mejora de la seguridad y salud. En tales programas se evitará la propuesta de sanciones para las empresas, siempre que se cumpla la planificación establecida y se consigan los objetivos de mejora programados (y en ausencia de accidentes de trabajo graves, muy graves o mortales y de enfermedades profesionales).

Se recupera también la idea, tan insistentemente reclamada como ayuna de toda concreción normativa, de adaptación de las cotizaciones sociales por riesgos profesionales a la siniestralidad de las empresas. El compromiso asumido es, sin embargo, débil, ya que simplemente se dice que el Gobierno deberá proceder 'al estudio de la posibilidad de establecer' sistemas de reducción de dichas cotizaciones, cuando las empresas acrediten que su índice de siniestralidad está por debajo del promedio de su sector de actividad.

Novedosa e importante es la previsión de un Plan Renove de equipos de trabajo obsoletos en aquellos sectores en los que los datos de siniestralidad u otros datos objetivos pongan de manifiesto la conveniencia de modernizar la maquinaria. Esta renovación de equipos de trabajo, junto a la mayor atención a la investigación en seguridad y salud laboral, puede ser una vía muy importante de reducción de la siniestralidad.

Por último, hay que reseñar la mayor atención a la vigilancia de la salud y a la medicina del trabajo y la apuesta por la implicación en las tareas preventivas de empresarios y trabajadores, en particular en las pymes carentes de representación laboral. Ello se hace, siguiendo el modelo del sector de la construcción, por medio de un organismo paritario sectorial o territorial. Se apuesta, así, por la colaboración, sin duda más fructífera para alcanzar los objetivos pretendidos, que la confrontación.

Si se avanza, efectivamente, en todos estos planteamientos, y si se está atento, como se dice, a la adaptación permanente del modelo de prevención a los cambios en el mercado de trabajo y en el tejido productivo, estaremos en el camino adecuado para mejorar nuestra salud laboral y reducir las estadísticas de siniestralidad a una dimensión más acorde con nuestro desarrollo económico, social y cultural.

NO IMPONER, NO IMPEDIR

La ruptura del alto el fuego por parte de ETA y su voluntad inequívoca de asesinar, afortunadamente evitada hasta el momento, ha llenado el lenguaje político vasco de expresiones recurrentes. Una de ellas, 'mantener la iniciativa política', parte del convencimiento legítimo de que ETA no puede marcar nuestra agenda política. Para ello, los partidos vascos deberíamos tomar iniciativas para mostrar que no estamos quietos, y que vamos a seguir construyendo el futuro de este país pese a ETA.

ETA va a marcar la agenda. Nos guste o no. En estos momentos en los que la organización terrorista ha tomado la decisión de violentar la democracia en Euskadi, la prioridad es hacerle frente. La primera medida, que hasta el momento está siendo además efectiva, no debe ser otra que la eficacia policial. Si ETA mostrase una voluntad inequívoca de querer poner fin a la violencia, lo cual desgraciadamente no es el caso, el recurso al final dialogado recuperaría su sentido. En las circunstancias actuales, sólo la acción policial y la deslegitimación social y política de su entorno son los caminos que nos permiten trabajar por la paz y la libertad en Euskadi. Ojalá lleguen otros tiempos. Pero, mientras tanto, reconozcamos que sólo su debilitamiento operativo, social y político llevará a ETA a la reflexión necesaria para que opte por cerrar definitivamente su persiana. Lo demás es voluntarismo.

Pese a ello, este país tiene que seguir viviendo, avanzando, forjando su autogobierno y construyéndose. ETA nos marcará la agenda política, pero tenemos que evitar que imposibilite el camino democrático. La cuestión es cómo avanzamos en el autogobierno, en un autogobierno que responda a la voluntad democrática de los vascos y a las necesidades que una sociedad moderna de principios del siglo XXI tiene para desarrollar una identidad abierta, mejorar su creatividad, competitividad y calidad de vida, y mantener una cohesión social.

EAJ-PNV aprobó en octubre de 2005 un documento sobre la pacificación y la normalización política. En él, la apuesta por el futuro del autogobierno vasco toma como clave de bóveda una formulación: no imponer-no impedir. En estas cuatro palabras se resume una filosofía que engarza con la mejor tradición pactista de la historia vasca: pacto entre vascos para alcanzar mayorías en Euskadi superiores a las que obtuvo el Estatuto de Gernika, lo cual nos obliga a acuerdos entre las diferentes sensibilidades y tradiciones políticas que hagan posible esa mayoría (no imponer), y pacto con el Estado a través de un acuerdo para que en la tramitación en Cortes Generales los partidos implicados en el mismo lo aceptemos en su integridad (no impedir). Lógicamente, a esta tramitación sigue el referéndum de ratificación por la ciudadanía vasca. Se cumplen así tres principios: el respeto a la voluntad democrática de los vascos, el respeto a la pluralidad política de la sociedad vasca y el principio de legalidad en base al marco jurídico vigente.

Es una filosofía evidentemente limitativa de unos y de otros. No imponer garantiza la aceptación, en clave de integración política, de la voluntad de la sociedad vasca, pero a su vez limita a la mayoría nacionalista. No impedir, supone dar cauce al reconocimiento jurídico y político de las decisiones adoptadas, limitando a su vez las mayorías de los partidos de ámbito estatal en las Cortes Generales. Se trata, pues, de aceptar, por principio, la fórmula más democrática y más integradora. Este es un camino, un método, en el que podemos y debemos implicarnos para alcanzar acuerdos políticos en Euskadi. Para sostener la iniciativa política e impedir que ETA nos marque la agenda. Como decimos en el Acuerdo de Gobierno que EAJ-PNV, EA y EB suscribimos en junio de 2005, «para alcanzar un consenso integrador en relación con las diferentes visiones y sensibilidades políticas existentes en la sociedad vasca sobre los aspectos cruciales para la normalización política». Consenso que evidentemente sólo podrá ser llevado a cabo entre aquellos que tenemos un firme compromiso en la defensa de la vida humana y rechazamos la violencia como forma de alcanzar fines políticos. Por tanto, iniciativa política sí, en un camino de integración y que nos permita alcanzar de forma efectiva una mayor cota de autogobierno.

El debate sobre el referéndum es otra maraña en la cual podemos perdernos. Lo decíamos en nuestro documento de octubre de 2005: «La consulta es, por lo tanto, el resultado de un proceso en el que no vamos a ahorrarnos ningún esfuerzo. No es, de ningún modo, un arma arrojadiza, ni una excusa de los partidos para delegar en la sociedad la obligación que tienen de trabajar y lograr un acuerdo». La consulta tiene un previo: el acuerdo, tal y como el Acuerdo de Gobierno tripartito de junio de 2005 afirma. El referéndum será la ratificación del mismo. Y en las circunstancias actuales, esta condición de acuerdo previo e integración es el mínimo democrático exigible. Porque no podemos olvidar que, aunque no nos guste, ETA está ahí. Mirando lo que hacemos.

Una consulta ciudadana planteada como escenario de acumulación de fuerzas para una confrontación política es muy discutible, y desde luego contraria al espíritu y a la letra de la posición de EAJ-PNV expresada en el documento de octubre de 2005. Pero en las condiciones actuales es más grave. Puede ser el 'plan b' al que se acoja una ETA, que declare un alto el fuego 'permanente' como los anteriores, esperando que la misma se lleve a cabo. ¿Qué pasaría el día después si no hubiera acuerdo político con el Estado? Visto lo visto durante tantos años, no hace falta ser adivino para imaginar a ETA matando en nombre de la defensa de una presunta voluntad popular no atendida. La consecuencia de todo ello puede ser diabólica. No en nuestro nombre.

EL DEBATE DE LOS VALORES

El debate de los valores irrumpió con fuerza en la campaña electoral francesa de la mano de la derecha representada por Sarkozy. La reafirmación de los valores del neoliberalismo, el neoconservadurismo y el neoimperialismo implícitos en el discurso de Sarkozy ha llevado a la derecha francesa a ganar las elecciones presidenciales, ante una izquierda poco armada ideológicamente, que no ha sabido articular un ideario solvente para conseguir aunar las demandas de las clases medias que defienden los valores postmaterialistas y de las clases trabajadoras que se mueven entre el miedo a la situación económica y la precariedad laboral y el deterioro de los servicios públicos.

Muchas son las reflexiones que se pueden generar a partir de los hechos vividos en Francia en las últimas semanas. Los datos que están en la mente de todos se pueden resumir de la siguiente manera: una altísima participación electoral; un debate en el que aparecen reflejados dos modelos de sociedad; una bipolarización entre derecha e izquierda; una derechización de la sociedad francesa; y, por último, una preocupación que ensombrece nuestro futuro: ¿lo ocurrido en Francia se puede dar en España?

Cuando leas este artículo ya conoceremos los resultados de las elecciones municipales y tendremos más datos para poder evaluar y comparar unos y otros comicios. Lo escribo antes de conocer estos resultados y por ello me voy a centrar en analizar los contenidos del discurso de Sarkozy para plantear si es aplicable en España la estrategia que ha triunfado en Francia y para insinuar cómo debería ser la respuesta de la izquierda.

Sarkozy insiste en restaurar los valores del trabajo, del mérito, del esfuerzo, de la responsabilidad, del respeto a la autoridad, y en enterrar el espíritu del 68. Ese discurso va unido a una defensa de la identidad nacional, a una apuesta por una visión nueva de la laicidad y por una defensa sin complejos tanto de la historia nacional como de las raíces cristianas de Francia y de Europa. En política internacional defiende estrechar el vínculo con Estados Unidos, sostiene que la prioridad es mantener una buena relación con el Estado de Israel; por último su acercamiento a Europa incluye la negativa a la entrada de Turquía y una reformulación a la baja del tratado constitucional europeo.

Son muchos los elementos que aparecen en este discurso que comparte el Partido Popular en España, ya que casi todos los elementos pueden encajar en la combinación entre neoliberalismo, neoconservadurismo y neoimperialismo americano que caracteriza la ideología dominante en el mundo occidental en el momento actual.

Neoliberalismo y valores neoconservadores

Sarkozy aparece como neoliberal en la medida en que asume todas las tesis contrarias al modelo social francés. Es consciente de que este modelo está asociado a la identidad nacional y a los valores de la república, pero considera que conduce al inmovilismo, a la burocratización y al estancamiento económico. Siguiendo la fórmula neoliberal no oculta la crudeza de los problemas ante los que nos enfrentamos; los problemas son graves –nadie lo discute, dirá– pero lo que ya es indiscutible es la inviabilidad de las soluciones de izquierda. Su habilidad ha consistido en aparecer como el innovador como si no tuviera ninguna responsabilidad por el malestar, el estancamiento y la corrupción; como si no hubiera sido ministro los últimos años. Al oponer la innovación liberal al inmovilismo burocrático disfraza su propuesta como una propuesta rupturista con un modelo que ha llevado, a Francia al estancamiento por la política realizada durante treinta años. Una política en la que habría coincido la derecha y la izquierda y no el hombre providencial que viene a rescatar a Francia de su declive.

El segundo componente es el recurso a los valores neoconservadores de la familia, de la patria, del trabajo, de la autoridad, de la moral. Es importante resaltar que se vuelva a la idea de introducir los valores en el debate público. Recordemos que en este punto hay una gran coincidencia con el movimiento neoconservador norteamericano, que también apareció a finales de los años sesenta como una replica a los movimientos cívicos que habían cuestionado la participación en la guerra del Vietnam y que habían señalado el carácter autoritario de la familia, de la escuela, de la universidad y de la sociedad industrial avanzada. Todos los que tenemos los mismos años que Sarkozy no vivimos ni el 68 francés, ni el español, ni el norteamericano, ni el mexicano. Pero es evidente que recordamos el influjo que tuvo lo ocurrido aquel año en las generaciones posteriores. El doble aldabonazo que supuso París y Praga, las matanzas en la plaza de las tres culturas en México y la crisis profunda de la sociedad norteamericana que tanto impresionó, por ejemplo, a José Luis Aranguren cuando se tuvo que refugiar en Estados Unidos al ser expulsado de la universidad franquista. Aquella era una contracultura libertaria que fue decisiva para cambiar el modelo de enseñanza, de familia, para cuestionar la política imperial y para incentivar el radicalismo de la clase media en pos de valores poseconomicistas.

Estos son los valores que combate Sarkozy y de ahí su insistencia en denigrar la reducción de la jornada laboral a 35 horas. Para la mentalidad mercantil es inconcebible pensar en un mundo donde cambie la relación entre el trabajo y el ocio como había defendido durante años André Gorz. No es que la izquierda no tenga valores como insisten los neoconservadores al hablar de una dictadura del relativismo (Ratzinger) o de un imperio del nihilismo (A.Glucksman). Claro que hay valores. El problema que muestran las elecciones francesas es que los valores de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad, tienen distintas lecturas. Que no cabe pensar en una lectura unívoca de los mismos y eso se ve al hablar del tercer elemento. El neoliberal en lo económico y neoconservador en lo moral rompe con elementos esenciales de la tradición gaullista en política exterior. No es extraño por ello el apoyo de pensadores como Glucksman que llevan años abominando de la política exterior francesa y que piensan que es el momento de afianzar la relación con Estados Unidos y con el Estado de Israel. Para todos ellos es el momento de decir adiós de una vez por todas al sueño de una autonomía de la política exterior francesa que tuvo su momento de gloria en la reunión del Consejo de seguridad en el invierno del 2003 al liderar Francia el rechazo a la política norteamericana en Irak.

Ante este panorama ¿qué puede hacer la izquierda? Los valores republicanos, laicos, socialistas, de Jaures a León Blum, están ahí, tienen una gran fuerza en la sociedad, pero no son mayoritarios porque sumando los votos de los conservadores, de los centristas, y de la ultraderecha hay una amplia mayoría frente a la suma de socialistas, comunistas, tronquistas y ecologistas.

¿Por qué es minoritaria la izquierda? Básicamente porque le cuesta aunar en una mayoría electoral a las clases medias que defienden los valores postmaterialistas y a las clases trabajadores que viven el miedo ante la situación económica, el miedo motivado por la precariedad de los empleos y el deterioro de los servicios públicos. Para los primeros es prioritaria la calidad de vida, el desarrollo sostenible y el cosmopolitismo, para los trabajadores es una realidad la incertidumbre, la inmovilidad y la constatación de que el ascensor social ha dejado de funcionar.

El laboratorio francés nos debe ayudar a reflexionar. Estamos ante una sociedad que vive la política con pasión, que participa en los debates y que acude masivamente a las urnas. ¿Es trasladable lo ocurrido a España? No cabe duda que los tres elementos del discurso victorioso son los que enarbola en España el Partido Popular. Sarkozy –el amigo de Aznar– aparece como un ejemplo a seguir. Los medios de comunicación más solventes de la derecha animan a Rajoy a que siga ese camino y se olvide de conspiraciones y de tramas. Que abandone la conspiración y se centre en la defensa de los valores y en la reafirmación de la identidad nacional. Si alguna lección hay que aprender es que si la derecha da esa batalla no se puede ir a ese combate electoral sin articular un relato que permita conjugar los elementos de un discurso alternativo. La izquierda española tiene que aunar todo lo realizado durante esta legislatura y articularlo en un discurso comprensible. La memoria histórica y la España plural, el matrimonio homosexual y la educación para la ciudadanía, la alianza de civilizaciones y la extensión de los derechos cívicos exigen un relato que integre estas decisiones en un marco global. En un marco que muestre que no son decisiones arbitrarias ya que están fundadas en una manera de entender los valores de la libertad, de la igualdad y de la tolerancia.

Nadie tiene el monopolio de la moral. Como las elecciones francesas muestran, hasta el neoliberal Sarkozy habla de fraternidad y a pesar de que nos parezca imposible conjuga su política económica con esa llamada tardía a la solidaridad, hay que reconocer que su proyecto ha triunfado. Aprendamos la lección y pensemos bien los valores que vamos a defender y los símbolos que vamos a utilizar para hacerlos creíbles.

La izquierda española tiene que aprender de lo sucedido en Francia y ser consciente de que a una confrontación electoral hay que acudir con un discurso comprensible y bien argumentado tanto en el fondo como en la forma.