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elviciosoerrante

QUE FALSEDAD

¡Vaya ridículo! ¡Qué cantidad de tergiversaciones interesadas! ¡Qué patético resulta todo ahora a la luz de la verdad!
Nos marearon durante tres largos años con la cantinela monocorde del “¡queremos saber!” y, al fin, hemos sabido. Pedían investigación hasta el fondo y la han tenido: ¿Y ahora qué?

Estamos en una democracia madura, muy madura; vivimos en un estado de derecho y la justicia se ha pronunciado. Una impecable labor procesal encabezada por el juez Javier Gómez Bermúdez después de la instrucción de su colega Juan del Olmo (tan vilipendiado y ahora, por fin, reivindicado), han puesto negro sobre blanco la versión oficial de lo que ocurrió en Madrid aquel aciago 11 de marzo de 2004. El fallo judicial se ciñe a los hechos probados, no a las conjeturas tan disparatadas como interesadas de tantos. La justicia ha hecho su labor en un régimen garantista, tanto que uno de los principales actores en el proceso, Rabei Osman, el egipcio, ha sido absuelto para disgusto de muchos de los familiares de las víctimas, entre ellos Pilar Manjón, quien ha anunciado ya el ejercicio de un derecho que les asiste como es el de recurrir la sentencia. El mecanismo legal funciona y, a pesar de las discrepancias que cada cual pueda manifestar, debemos felicitarnos por ello como sociedad.

La justicia ha hablado y ha echado por tierra cualquier atisbo de la fantasmagórica “teoría de la conspiración”. Queda meridiana y contundentemente claro que la banda terrorista ETA no tuvo nada que ver con estos atentados, desmontando así el principal argumento empleado por algunos conspicuos miembros del Partido Popular y determinados medios de comunicación empeñados en que la verdad jurídica no destruyera sus nada inocentes ensoñaciones. Preocupa en este sentido que Mariano Rajoy haya dejado un resquicio abierto mostrando su apoyo a “cualquier otra línea de investigación”, algo que, realmente, se define por sí solo.

Tampoco ha habido indefensión en los acusados por el manejo del secreto del sumario del juez Del Olmo ni se rompió la cadena de custodia de la famosa mochila (llamada en la sentencia apropiadamente bolsa de deportes) ni en la Renault Kangoo. Lo mismo cabe decir acerca del delirio de los explosivos (del tipo goma 2) procedentes de Mina Conchita ni de la cuestionada labor policial que ha quedado debida y justamente reivindicada en la sentencia judicial.

Ayer debió quedar cerrado un capítulo negro y siniestro de nuestra reciente historia. Sería bueno, al menos, que así fuera por dignidad y fortaleza democrática. Si alguien quiere recurrir puede hacerlo y mientras tanto todos debemos acatar el fallo y no elucubrar con “autores intelectuales” ni otras quimeras desarboladas por la propia fuerza de los hechos. ¡Ya está bien! Las víctimas y sus familiares se merecen un respeto que algunos parece que no van a reconocer fácilmente.

Como última derivada hay que subrayar que la sentencia viene a suponer un triunfo del periodismo honesto y responsable frente al interesado amarillismo de algunos medios que ahora deberían pedir perdón a sus lectores y oyentes. ¿Lo harán?: claro que no, desechen de inmediato cualquier duda al respecto.

Y otra más, de paso, el Partido Popular tampoco entonará el mea culpa. Después de todo lo que han dicho José María Aznar, Mariano Rajoy, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Jaime Ignacio del Burgo, Agustín Díaz de Mera, Jaime Mayor Oreja y Vicente Martínez Pujalte, entre otros, hoy cabría esperar un atisbo de mínima autocrítica ante el ridículo papel en el que quedan sus afirmaciones. Pero tampoco ocurrirá, y es una pena porque a cuatro meses de las elecciones del 9 de marzo, este país merece tener una oposición que no lo tome por tonto.

Mayor Oreja ¡fascista!

“¿Cómo voy a condenar el franquismo, lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles?”, se pregunta el ex ministro del Interior y, en la actualidad, eurodiputado. Mayor Oreja aduce además que “hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad.”

Un testigo poco sospechoso
¿Cuál era la “placidez” de aquel tiempo? ¿Cuál era la “naturalidad” y la “normalidad”, aludidas por el ex ministro de José María Aznar? Recurramos para ello a un testigo en absoluto sospechoso de veleidades antifranquistas -todo lo contrario-, el conde Galeazzo Ciano, más conocido como el conde Ciando, yernísimo de Benito Mussolini.

Victoria fascista
En 2001 fue publicado por Temas de hoy, de la editorial Planeta, un libro El conde Ciano, la sombra de Mussolini, del escritor y periodista norteamericano Ray Moseley. Buena parte de su trabajo se basa en el diario personal del propio Ciano. El 27 de marzo de 1939, el yerno del Duce escribió jubilosamente: “Madrid ha caído y con la capital todas las otras ciudades de la España roja. La guerra ha terminado. Es una nueva y formidable victoria para el fascismo, quizá la mayor de todas.”

Hitler y Mussolini
Queda claro, por consiguiente, que el triunfo militar de Franco fue saludado con alborozo por los máximos dirigentes del régimen fascista italiano. La ayuda de Mussolini a los militares sublevados fue –como la de Hitler- cuantiosa. Ciano en un artículo publicado en la revista del Gobierno de Italia Gerarquia enumeraba las contribuciones del Fascio a la guerra civil española: “3.277 muertos, 11.227 heridos, 5.318 bombardeos.”

Camaradería
El artículo concluía del modo siguiente: “Una auténtica camaradería de armas ha surgido de esta guerra que hemos luchado en común”. Al Gobierno italiano la contribución de sus soldados a la victoria franquista le costó, según Ciano, 6.646 millones de pesetas.

De gira por España
Hasta aquí, la alegría de Ciano. Meses más tarde, acabada la guerra, Ciano visitó España. “Hizo una gira –se lee en el libro mencionado- por los campos de batalla de la guerra civil y 100.000 falangistas salieron a las calles de Madrid para darle la bienvenida.”

“Esclavos de guerra”
Y añade Moseley: “Ciano quedó horrorizado cuando llegó a Vitoria el 15 de julio y descubrió las miserables condiciones en que vivían los prisioneros republicanos. “No son prisioneros de guerra, son esclavos de guerra”, escribió. Visitó a Franco en San Sebastián y le pidió que resolviera el problema lo antes posible, pero no recibió respuesta satisfactoria.”

Sin piedad
Continúa la documentada versión de Moseley: “Ciano reflejó en su informe de la visita que el nuevo régimen no tenía piedad con los vencidos. Había ya 200.000 rojos bajo arresto en varias prisiones y se celebraban juicios cada día “a una velocidad que describiría como sumaria (…) Todavía hay gran número de fusilamientos. Sólo en Madrid entre 200 y 250 al día, en Barcelona 150; en Sevilla, una ciudad que nunca estuvo en manos de los rojos, 80.”

Blanco y en botella
Como Mayor Oreja se niega explícitamente a condenar el franquismo y hasta lo elogia, y como él, franquistas y fascistas lucharon juntos en la guerra surgida del golpe de Estado de julio de 1936, seguro que no ha de ser ningún desdoro para él calificarlo de ¡fascista!

Mayor Oreja se niega a condenar el franquismo y Acebes evita desautorizarle

En su edición del domingo el periódico La Voz de Galicia publica una entrevista con el político vasco en la que le pregunta por la Ley de Memoria Histórica y el franquismo. El periodista pregunta al ministro "¿Por qué le cuesta tanto al PP condenar el franquismo?". "Porque eso forma parte de la historia de España. Yo no lo he condenado, yo elogio y alabo la transición democrática. ¿Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles?". El periodista replica que tampoco habría que criticar el nazismo o el estalinismo porque muchos alemanes y soviéticos lo apoyaron. "En la guerra hubo dos bandos y en el nazismo sólo uno", insiste Mayor. ¿Y en la dictadura?: "También hubo dos [bandos durante la dictadura], porque el franquismo fue la consecuencia de una Guerra Civil en la que hubo dos bandos. No es lo mismo que el régimen nazi, donde había un solo verdugo".

Mayor rechaza la condena "por muchas razones". "¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con normalidad y naturalidad? En mi tierra vasca hubo unos mitos infinitos. Fue mucho peor la guerra que el franquismo. Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez. Dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores", llega a afirmar.

Ángel Acebes, lejos de desautorizar las declaraciones, prefirió reinterpretarlas a su manera para pasar a la crítica de la Ley de Memoria, allí donde sí coincide todo el PP: "Lo que ha dicho Jaime Mayor es que este debate, que divide y enfrenta a los españoles, es un debate del pasado que incumbe a los historiadores", apuntó Acebes.

"Traer a la actualidad el dolor del enfrentamiento que supuso la Guerra Civil entre españoles no aporta nada bueno. Creo que esto es lo que ha criticado Jaime Mayor", reiteró Acebes, obviando la negativa de su compañero a condenar el franquismo. Tampoco aclaró qué dirigentes del PP acudirán a la beatificación de 498 religiosos muertos en zona republicana durante la Guerra Civil.

La entrevista corrió de mano en mano en la reunión de la ejecutiva federal del PSOE. Causó "estupor", según asistentes a la reunión. El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, ligó la crítica del PP a la Ley de Memoria con estas consideraciones "gravísimas". "Es muy grave que algunos dirigentes del PP no sólo no condenen el franquismo sino que defiendan la dictadura. Rajoy debe decir si cree que la dictadura de Franco es o no condenable, o si la justifican".

SEIS DE CADA DIEZ ASALARIADOS QUE TRABAJAN EN ESPAÑA SON "MILEURISTAS"

En españa existen casi 11 millones de mileuristas, entendiendo por estos a los trabajadores que ganan menos de 13.400 euros brutos al año o lo que es lo ismo, menos de 1.100 euros brutos al mes. en consecuencia, este colectivo está integrado por el 58% del total de asalariados en españa, según datos de la Agencia Tributaria.

Por comunidades autonomas, Andalucia es la comunidad con mayor cantidad de ellos: más de 2,19 millones de asalariados.

No obstante, el mayor porcentaje de este nivel de asalariados se encuentra en Extremadura, donde casi siete de cada diez trabajadores de esta región percibe un salaro mensual inferior a los 1.100 euros. A continuación y por este orden, fuguran Murcia, con el 67% de mileuristas sobre el total; Canarias, con casi el 66 por ciento; y Andalucía, con el 64,5%.

Tras estas autonomías y también por encima de la media nacional se encuentran Castilla-La Mancha, Galicia, Baleares y Comunidad Valenciana. En todas ellas, seis de cada diez de sus trabajadores cobran menos de 1.100 euros brutos al mes.

Por debajo del promedio nacional pero por encima de la mitad de asalariados se situan Castilla y león, Cantabria, La Rijoa, Asturias y Catalunya. Cierran la lista con un % de mileuristas inferior al 50% Aragón, Comunidad de Madrid, Melilla y Ceuta.

 

Desiguales ante la ley (Francesc Sanuy)

El presidente de la compañía Hyundai, Cheng Mong-koo, no estaba demasiado tranquilo a principios de septiembre. En su condición de titular del gran chaebol coreano que ocupa el sexto puesto en la clasificación mundial de fabricantes de automóviles, había sido condenado a tres años de cárcel por delitos de malversación, apropiación indebida y abuso de confianza.
Pero ahora ya respira aliviado, porque el Tribunal Superior de Seúl ha suspendido la aplicación de la sentencia y le ha dejado en libertad para que siga administrando la empresa y, por lo que parece y de la decisión se desprende, para que siga delinquiendo con total impunidad. La cosa por sí misma ya es bastante grave, pero aún lo es más que una pena basada en una resultante de hechos probados pueda ser perdonada en virtud de un considerando que invoca, como principal motivo de este indulto encubierto, su contribución a la economía nacional (y a la suya personal, ¿no?) y a la necesidad de ayudar a Hyundai a superar los retos de la economía global.

RESULTA, PUES, que si un delincuente es muy rico y maneja un negocio de grandes dimensiones, tiene que quedar exonerado de cualquier pena en aras del bien co- mún, dado que si tuviese que cumplir la pena de general aplicación resultaría lesionada de rebote alguna parcela de este. Pero, ante esta aberración jurídica, el tribunal coreano se ha sentido obligado a condicionar la libertad del reo al cumplimiento del compromiso de que su hijo haga efectiva la donación de 1.100 millones de dólares en un período de siete años a una causa de beneficencia y a la construcción de una sala de conciertos, un teatro de la ópera y varios centros culturales por todo el país. ¡Qué fuerte!, ¿no? En definitiva, el ladrón puede comprar su libertad y burlarse de la justicia.
A fin de ponerlo en conocimiento de los estudiosos de la jurisprudencia, el autor de esta vergonzosa decisión es el juez Lee Jaehong, que queda inscrito en las páginas del oprobio y el estigma. Por cierto, el hijo que va a pagar, Chung Euisun, responde así de un dinero que el padre se embolsó de la propia empresa, pero también de los 224 millones de dólares de perjuicios a las filiales. Y, mira por donde, el jú- nior es presidente de una de las damnificadas, o sea, la filial KIA. Y es que, al final, todo queda en casa, ¿no?
A la vista de todo lo anterior, algún lector quizá creerá que se trata de un hecho aislado o de unas malas prácticas propias de un país de cultura muy diferente a la nuestra. Pero cuando los abogados pedían indulgencia y clemencia lo hacían invocando a las fábricas en construcción en Chequia, Turquía y Eslovaquia, a la pérdida de mercado en China y a la reducción de beneficios y recurriendo, sin disimulo, al chantaje. Mientras tanto y para cubrir las apariencias, la oficina antitrust de Corea ha impuesto a Hyundai una multa de 63.000 millones de won por subvenciones ilegales a las filiales y subsidiarias. Y, si hacemos memoria, veremos que el consejero delegado de la petrolera SK Corp.,
Chey Tae-won, también quedó redimido de pena de cárcel en el 2004 a fin de que pudiese seguir dirigiendo la empresa. Queda, pues, claro que estas decisiones viciadas son realmente sistémicas y que producen al menos el efecto de que se ha creado un mercado de la justicia para recomprar sentencias.
Por otro lado, aquí entre nosotros, y en el resto del mundo más avanzado, nadie está libre de pecado para lanzar la primera piedra. En realidad, los plutócratas se dedican a la filantropía para colocar el enriquecimiento por encima de las críticas, para legitimar su acumulación de riqueza y pretender que la ambición, el egoísmo y la codicia pueden pasar por la lavadora del mecenazgo o de la obra social. Hasta el punto de que la filantropía no acaba siendo un antídoto del capitalismo brutal y sin compasión, sino una forma capitalista más. Sirve de lavandería de la imagen para las celebridades y para sustraer de las estructuras democráticas las decisiones relatoras a la asignación de recursos. En efecto, si los astronó- micos beneficios fueran impuestos cobrados por los poderes públicos, serían las autoridades democráticamente elegidas las encargadas de marcar las prioridades, en lugar del cantante Bono, que hace campaña por la condonación de la deuda del Tercer Mundo, o de Angelina Jolie, que predica la caridad global, sin que ni a uno ni a otro les haya votado nadie para redistribuir la riqueza de acuerdo con sus preferencias.

EL ECONOMISTA Modest Guinjoan se preguntaba en un artículo titulado ¿Tienen beneficios las cajas? si los directivos de estas entidades, especialistas del negocio financiero, son los más indicados para determinar la cifra de unas rentas que van a parar a finalidades socialmente redistributivas y culturales. Pero, aparte del mecenazgo blanqueador, también por lo que se refiere a la justicia que se aplica a los poderosos, España se parece mucho a Corea. Recordemos, si no, cómo los Albertos viven fastuosamente en el limbo de la condena indefinidamente suspendida que, intuite personae, les confeccionó a medida el presidente del Tribunal Constitucional Manuel Jiménez de Parga. O bien el temor reverencial con el que se trataron los asuntos de las cesiones de crédito o de las primas únicas. A la coreana, claro.

*Abogado

Sarkzy, lecciones para las izquierdas

Pasan las semanas y sigue en Francia la increíble fascinación mediática por el presidente Nicolas Sarkozy. Una admiración fuera de lo normal, reverenciosa, estática, obsequiosa, obscena. En este país de revoluciones, alborotos e insurgencias, que se dispone a celebrar el cuarenta aniversario del amotinamiento de Mayo del 68, semejante servilismo resulta inaudito y nauseabundo. No hay precedente.

En el ámbito internacional, sólo podría compararse con la atmósfera de domesticación bochornosa que conoció Italia en los años de Sua Emittenza Berlusconi (dueño de gran parte de las comunicaciones de masas) o con la epoca de vil rendición periodística, en Estados Unidos, posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Lo singular del caso francés es que ni Sarkozy es dueño de los medios (sus amigos sí lo son), ni el país ha padecido la agresión del terrorismo. De ahí que las derechas europeas contemplen su pasmoso éxito con envidia y se pregunten cuáles son sus recetas ideológicas para triunfar.

Sarkozy fue elegido presidente el pasado 6 de mayo, frente a la candidata socialista Ségolène Royal. El innegable talento político demostrado en el curso de la campaña, esa mezcla de voluntarismo, autoridad, personalización, provocación, nacionalismo y liberalismo, conjugado con un arte oratorio brillante y un astuto manejo de las comunicaciones, le permitieron, gracias también al apoyo masivo de los poderes mediático y económico, imponerse con manifiesta nitidez.

Sarkozy sabe que los grandes medios de comunicación constituyen hoy el principal aparato ideológico del sistema. Y no ignora que la nueva jerarquía de poderes instaurada por la globalización coloca en la cumbre, como poder principal, al poder financiero seguido del poder mediático, mercenario del anterior. Este dúo domina el poder político. Un poder que, en nuestras democracias de opinión, sólo se conquista con el consentimiento cómplice de los dos primeros.

Sarkozy obtuvo su victoria con una tasa de participación muy elevada (83,97%) y contradiciendo la ley que se viene verificando en casi toda Europa segun la cual una mayoría política que termina un mandato es derrotada en la siguiente elección. Temiendo esa fatalidad, Sarkozy prometió una ruptura con la línea de su predecesor gaullista Jacques Chirac. Pero las primeras medidas sociales y económicas propuestas (supresión del mapa escolar, modificación del contrato de trabajo y del derecho de huelga, reducción de impuestos para los muy ricos, disminución de las tasas de sucesión, reducción de la protección social, retraso de la edad de la jubilación) dan un significado muy reaccionario a esa pretendida ruptura.

Lo que más ha asombrado ha sido la desenvoltura intelectual con la que Sarkozy ha establecido la nueva frontera que separa ahora la derecha de la izquierda. Algunos analistas se preguntaban si esa línea se había movido bajo el ímpetu de la globalización neoliberal. Sarkozy zanjó la discusión. Y mediante la composición de su gobierno, demostró que el perímetro de la derecha incluye ahora buena parte del Partido Socialista, en todo caso su ala social-liberal.

Eso explica que haya obtenido la adhesión a su programa neoliberal de importantes responsables de izquierdas. En el nuevo gabinete, varios miembros (Bernard Kouchner, Eric Besson, Jean-Pierre Jouyet, Martin Hirsch, Fadela Amara) vienen de la izquierda. También ha fichado a personalidades socialistas de primer plano (Jack Lang, Hubert Védrine, Jacques Attali, Michel Rocard) para que elaboren informes a su conveniencia. Sin hablar de los antiguos intelectuales mitterrandistas (André Glucksmann, Pascal Bruckner, Georges-Marc Bénamou), convertidos ahora en lameculos del poder.

Todo ello no hace sino reflejar la derechización de la sociedad francesa. Una derechización paradójica, dado que el sufrimiento social no ha dejado de aumentar, y que las luchas persisten en un mundo laboral muy golpeado por la precarización y la tercerización, las deslocalizaciones y el desempleo.

Por eso, el sarkozismo constituye una suerte de populismo francés que aspira a reunir en su seno a todas las derechas, de los gaullistas a los social-liberales, seduciéndolas mediante una ilusión de movimiento y de apertura calificados de modernos o de progresistas, y cuya principal fuente de inspiración ideológica es el modelo (hoy por los suelos) republicano neoconservador de Estados Unidos.

El fracaso de la izquierda ha sido sobre todo una derrota intelectual. El hecho de no haber producido, por inmovilismo y por pereza, una renovada teoría política para construir un país más justo, cuando todas las estructuras de la sociedad fueron transformadas en los últimos quince años, terminó por resultar suicida.

La izquierda parece haber perdido la batalla de las ideas. Porque su experiencia gubernamental la llevó a bloquear salarios, cerrar fábricas, eliminar empleos, liquidar las cuencas industriales y privatizar parte del sector público.

En toda Europa, las izquierdas padecen una atracción fatal por medidas que son genéticamente de derechas: desmantelar los regímenes de protección social, denunciar la sociedad del Bienestar, acusar a gran parte de los pobres de no ser mas que una clase parásita que impide a los demás de avanzar mas rápido. Pensando y actuando así, las izquierdas le hacen la cama a las derechas, pues aceptan una misión histórica contraria a su esencia: adaptar las sociedades a la globalización, modernizarla a expensas de los asalariados. Ése es el origen de su actual debilidad intelectual. Una situación de la que sólo saldrá recuperando las cuestiones fundamentales. Y poniéndose a refundar.

Ignacio Ramonet es director de Le Monde diplomatique, París.

Los indencios de Carlos

Carlos Llamas llegó a merecer el sobrenombre de Carlitos incendios. Pero nuestro Carlos jamás tuvo aficiones de pirómano, nunca quiso inflar el perro, se atuvo a los datos de la información, los buscó con ahínco, quiso presentarlos siempre en su contexto para que fueran comprensibles. Otra cosa es que tuviera las mejores ideas de bombero. Sabía que vivimos inmersos en una inundación informativa que por acumulación alcanza los máximos niveles cuando llega la medianoche y que en esas situaciones extremas, con el agua al cuello, lo primero que falta es agua potable. Entendía que facilitar ese suministro vital era su deber con la audiencia millonaria que le seguía encendida.

Lo querían a rabiar y lo sabía, pero nunca dejó que ese afecto empañara sus deberes, ablandara sus actitudes o le impulsara por el despeñadero de los predicadores. Tampoco se prestó a hacer caja con ese caudal de adictos. Jamás quiso inocular venenos ni sembrar sectarismos, se atenía a su particular manual contra la manipulación comunicativa. Abominaba de los secuaces. Estaba curado de ingenuidades pero era un combatiente ajeno a las deserciones, sabedor del papel de aguafiestas de los periodistas cabales, atento a formular la pregunta que descoloca al entrevistado. Jugaba limpio más allá de las convicciones o afinidades que pudieran embargarle en una situación o ante un acontecimiento.

Carlos Llamas hablaba a los oyentes de Hora 25, cuidaba los textos que iban a leerse, preparaba las entrevistas, mantenía activas sus fuentes, dirigía el informativo y lidiaba después con la tertulia, que sumaba una concurrencia siempre propensa al desafuero y al antagonismo. Procuraba que todos intervinieran, los que estaban a su vista en el estudio de Gran Vía y los que reencontraban dispersos en otras emisoras de la cadena SER. Disfrutaba cuando el tinglado viajaba para hacer el programa con público en distintas capitales. Quería que todos se lucieran. Tenía la casi perdida nobleza de rectificar cuando se detectaban errores o excesos. Era una rara mixtura de Sanabria y Canillejas, su barrio madrileño.

Se abstenía de ocupar el espacio público de su programa, prefería cedérselo a la información y a sus compañeros de tertulia. Siempre anidó en las antípodas del vedetismo fatuo de tantos colegas que trocaron el prestigio del buen hacer por hacerse un lugar en la lista del famoseo denigrante. Supo llevar el peso de la notoriedad pública sin ensoberbecimiento alguno, como tantas veces he visto hacer a esa leyenda del cine español que es Sancho Gracia. Para cualquiera que le reconociese guardaba la deferencia y gratitud debida cualquiera que fuera su posición en la escala social o de influencia. Era un oyente y con eso le bastaba. Eso de 'no sabe usted con quien está hablando' nunca salió de su boca. Se dejaba contar las cosas y por eso todos querían informarle. Era consciente de la obligación de dar voz a los sin voz.

Ese proceder inalterable lo mantenía cada noche en un estudio vacío porque siempre lo consideró abarrotado por la audiencia, de la que se hacía una fiel representación mental. Se había ganado limpiamente el liderazgo entre sus compañeros y colaboradores de la redacción, fueran periodistas bregados o becarios recién incorporados a la tarea. En su trato campeaba la consideración y el respeto.

Terminaba el programa pero continuaba la función porque después de tanta aceleración necesitaba un tiempo en la cámara de descompresión antes de reintegrarse al domicilio. Era un tiempo para reconsiderar la tarea cumplida y la que ya aguardaba para el día siguiente. Ajeno al buenismo que tantas tragedias ha originado, era, como dijo Antonio Machado de sí mismo, en el mejor sentido de la palabra, bueno.

 

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

Un defensor de la verdad y la palabra

Carlos Llamas era un buen periodista. Tenía un don especial para realizar ese trabajo tan complicado, que consiste en informar con veracidad, con sencillez y también con compromiso. Quedarse al margen, ver pasar la actualidad ante sus ojos y contarla sin sentirse implicado no iba con él. Y ése es un valor esencial para todos aquellos que creemos que no se puede ser indiferente ante las cosas, y que cada uno, desde lo suyo, debe hacer lo que pueda por defender lo que cree y piensa.

Él llamaba 'al pan, pan y al vino, vino'. Era muy directo y la verdad era su bandera. Hace poco he leído el libro de Mark Twain, Qué es el hombre, en el que el autor da una visión muy pesimista del individuo. Dice que el hombre no suele decir la verdad, esconde la verdad e incluso más allá de la muerte seguiría escondiendo la verdad. Pero si existe el más allá, Mark Twain conocerá a Carlos Llamas y tendrá que rectificar lo que dijo, ya que hay hombres como Carlos Llamas que dicen la verdad y defienden la verdad. Además, con personas como él sólo se puede tener una visión optimista del hombre. Era un buen periodista y una gran persona, un hombre con un sentido optimista de la vida, pero con razón, razones y convicción.

Todos hemos perdido la referencia de la noche en la radio. Pero hemos perdido mucho más: hemos perdido una voz poderosa, irónica y mordaz, que se alzaba contra los abusos de los poderosos. Una voz cálida, afectuosa, próxima a los problemas de la gente corriente y abanderada de sus sentimientos y sus anhelos.

Carlos transmitía lo que pensaba, lo que sentía, aquello en lo que creía. Él era un personaje reconocido de los medios de comunicación, sin embargo, jamás se le subieron los vapores del triunfo a la cabeza.

Todos hemos perdido la voz nocturna de la radio. Yo, además, he perdido un amigo, a quien tanto quiero.

Cándido Méndez. Secretario general de UGT